El músculo de la atención

Ya he dicho que este blog es un espacio de paso, pero constitutivamente, para mí mismo: ir y venir, de unas páginas a otras, de papel o virtuales, y de vez en cuando pararse aquí a contaros y saber de vosotros. Hoy vengo de Ellen Duthie, de un artículo que ha escrito para la revista Leo y Lalío, de este grupo de Librerías Independientes, en el que habla de leer con los bebés sin renunciar a que sean textos complejos: no necesitan entenderlo todo y se beneficiarán de la calidad. Buscando la revista completa doy con un número anterior donde la columna corresponde a Pep Bruno:

… Por eso, admirados adultos que pensáis que es importante que vuestros vástagos o alumnado venga a escuchar cuentos, os recuerdo que es necesario que seáis vosotros, vosotras, quienes estéis pendientes de vuestras criaturas y veáis que están escuchando con atención y sin cansarse: y es que cada edad tiene un tiempo de escucha, tiempo que varía notablemente si han ejercitado o no con empeño el músculo de la atención.

Por un lado, la responsabilidad: no se trata de aparcar al niño en “el cuentacuentos”, como ocurre a veces, para empezar por respeto al propio niño y a sus tiempos. Por otro lado, recordar que esos tiempos son maleables, podemos influir en ellos, en realidad dependen de nosotros y de cómo organicemos la vida de los pequeños. Aquí el texto completo.

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Taller con ‘Rompecabezas’ en Casa Anita

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(Fuente: Kalandraka Catalunya)

Enlaces vivos

Mi concepción de este espacio es ante todo como espacio de paso. Ven, párate, rompe a volar de nuevo hacia otro lugar en el que te apetezca pararte. Seleccionar enlaces, más que coleccionarlos, ha sido tanto o más que seleccionar los libros que me daban de hablar. La columna derecha, de comentarios y fuentes de noticias de otros blogs, no ha sido menos importante para mí que la central de mis propias notas.

Mantener los enlaces, sin embargo, es un problema, y si van pasando los meses con poco tiempo disponible, los enlaces se mueren, sea porque reviven en otro lugar o simplemente completan su fase. Esa sección tiene ahora tantas cicatrices como flores y me disgusta que sea así, veré qué hago. Mantener los comentarios no es problema, aunque pasada la moda de los blogs, encuentro que hay pocos. En Facebook los debates son más vivos, pero se entierran en una temporalidad implacable, que prima lo de hoy sin atender a lo que importa (o confunde esto con aquello), así que lo disfruto, pero no me basta como sustituto del blog.

Para los enlaces vivos que incorpore, quizá retome otra que fue costumbre: destacarlos en una nota expresa. Empiezo por un blog que me ha entusiasmado, primero por su tema, que es el central de mi pasión literaria, la poesía infantil. Segundo porque los libros se comentan con detalle, sin rehuír la terminología literaria y retórica (que espanta al lector medio pero tiene su utilidad técnica), abordando los aspectos constructivos del libro como totalidad, y más importante aún: sin rehuír las dudas. El blog me gustó al encontrarlo pero me entusiasmó al ver cómo recogía problemas o distancias que yo he encontrado con algún libro (distancias que reconozco que yo no he acertado a expresar: o me he callado o he publicado una nota breve, poco entusiasta pero sin acento crítico).

Muy, pero que muy recomendable, como primero de la sección de enlaces vivos: Dulce pepinillo.

“Menuda fauna”, de Juan Carlos Martín Ramos, Lurdes López y Susana Rosique

“Rolf & Flor en el círculo polar”, en Los conciertos de Radio 3

He admirado

Tener un blog tanto tiempo me ha servido para admirar a gusto. Aprender de otros, que te estiran a probar, o simplemente a leerlos con cariño, sabedor de que por mucho que estire no será mi terreno. A veces surgen diálogos sobre esa atracción misma, en especial si es mutua. Una de las madres a las que he admirado por su blog de educación en casa me decía, si no recuerdo mal, que le gustaban en particular las notas que recogían poemas populares con una ilustración buscada.

La voz actual del blog, supongo, es un austeri(sui)cidio. No es que no busque imágenes que vayan bien a poemas rescatados, es que hablo de álbumes sin dar más que palabras, hablo de ilustración sin mostrarla.

Otra voz que por suerte aún admiro, pues no solo no ha dejado de escribir sino que ha abierto un blog personal firme y estable, quería este blog por su regularidad. Aparente, desde luego: yo escribía irregularmente y programaba una aparición regular. En estos días publico cuando escribo, sin apariencias.

Es así porque por un lado prefiero que el blog muestre a su persona detrás, con sus vaivenes, su existencia. La crítica y la reflexión vienen siempre de una persona, de vez en cuando conviene dejarlo claro, para empezar ante uno mismo. Aparte, estoy descontento con un par de años en los que publiqué mucha imagen y poca reflexión, y desequilibrando las notas confío en reequilibrar el rumbo del barco. Además, a Austeri se la puede querer. Al menos, los que hemos querido a las 3 brujas de Solotareff. Esqueli, Escoli, Escori, Austeri.

Leo para

Me gusta cuando un libro, de paso que nos leemos, me devuelve imágenes de lo que hago, me provoca y obliga a constatar los límites de lo que sé. Con El vuelo de la familia Knitter, de Guia Risari y Anna Castagnoli (A buen paso), constato hasta qué punto leo para.

Leo para, es decir, con finalidades: aprender, desaprenderme, compartir luego para intentar averiguar si las sensaciones son similares en otros lectores. Pero sobre todo leo para en otro sentido más personal: leo para mis hijos. Para leerles luego, para leer con ellos, coleer con ellos.

Así, a veces creo que un libro me distancia, no me atrapa, y sin embargo quizá es solo que preveo que no me funcionará bien en esa colectura. Últimamente me atrevo poco a afirmar lo grande, a hablar de calidad, a recomendar siquiera. En fin, atreverse… Es menos peliculero: me apetece poco; no es tanto valentía o no como sintonía o no. Y en cambio me interesa mucho observar la realidad de la lectura, con sus subjetividades y rasgos puramente personales, en sus circunstancias. Ese para tan concreto.

Es curioso, porque también da juego, un juego propio. Sin apenas darme cuenta empiezo descartando El vuelo por unas páginas iniciales de mucho texto, vale decir aquí: más texto del que en la práctica real me funciona. Y entonces El vuelo se calla y deja hablar a las imágenes durante tres páginas dobles sin texto, pero perfectamente expresivas. ¿Sé más flexible, me dicen? Creo que no. Me dicen, y esto me gusta: hay tardes de mucha palabra y vuelo corto, días sin palabras de solo volar. Desde el propio interior de la historia me sonríen y me dan la mano.

El libro nos funciona y llega para quedarse, y quiero que el tiempo nos dé para concebir nuestras propias islas-paraíso, más en estos tiempos de suelo tambaleante. Quizá hasta aquí no he dicho nada de El vuelo. Me importa poco. En nuestro leo-para ha llegado para quedarse, y eso sí me importa mucho y me vale la pena compartirlo.