Archivo de la etiqueta: Víctor González

El río que se secaba los jueves (y otros cuentos imposibles), de Víctor González

Kalandraka ha reeditado El río que se secaba los jueves, con las mismas ilustraciones de Pablo Amargo. En la nota editorial comunican que con su publicación “se inaugura la colección KALANDRAKA+, que apuesta por rescatar grandes obras de la literatura hispana contemporánea”. Una buena noticia, sin duda. El nuevo ISBN es 978-84-8464-354-8.

darabuc.wordpress.com

LOS PATOS DE CHELM

Este cuento no es mío sino de Samuel Tenenbaum, pero es tan bueno que lo pongo aquí igual.

«Los habitantes de Chelm conocen una manera infalible de distinguir un pato de una pata. Le tiran un trozo de pan. Si el pato correo en su busca, es pato; si es la pata la que corre a buscarlo, es pata.»

Este libro de ¿cuentos? (Anaya, 2006) sorprende, provoca, incita y despierta. Está ilustrado con imágenes sugerentes de Pablo Amargo, de tonos oscuros, que juegan mucho con la repetición. Ofrece posibilidades muy distintas, que pueden tanto arrancarte la carcajada como pedirte que dejes el libro para otro momento más despejado; en eso (y algunas otras cosas) me recuerda sobre todo a Gómez de la Serna, alias Ramón. Como buen plato sabroso y cargado de sugerencias, quizá no sea lo mejor para todos los días (o dicho de otro…

Ver la entrada original 46 palabras más

Anuncios

Presentación de ‘El hombre sin ayer’ en Vigo

Librería Versus, 11 de noviembre de 2010. Pulsad para ampliar

‘La niña infotografiable’, de Víctor González (del libro ‘El hombre sin ayer’)

La niña infotografiable

La niña que nunca salía en las fotos era un caso único. Si se hacía una foto con su familia, salían todos menos ella. Si se hacía una foto ella sola, no salía nada. Lo mismo le pasaba con los vídeos.
Por lo demás, la niña era normal y en persona se la veía perfectamente, como a cualquier otra niña de su edad. No era una vampira porque en los espejos su imagen se reflejaba correctamente. Además, le gustaba el ajo.
El asunto era tan raro que un día la llevaron a un programa de televisión para entrevistarla, pero fue un fracaso, porque la gente no pudo verla y nadie creyó que estuviera allí. Lo único que veía el público era una silla vacía frente al presentador. Los espectadores se decían:
—¡Qué truco tan burdo! Están chiflados si esperan que nos creamos esta tontería.
Esta niña, en el carné de identidad, en lugar de foto llevaba un retrato a plumilla que le había hecho un amigo.

Ilustración de Sean Mackaui

Cuento imposible de Sóngoro Cosongo, de Víctor González

darabuc-victor-gonzalez-songoro-cosongo

Nicolás Guillén, al que muchos por ignorancia consideran un poeta, es en realidad un país entero. Un país imaginario del que pocos han hablado y que debido a una confusión del impresor al enviar las galeradas, no llegó a aparecer en la primera edición de The Dictionary of Imaginary Places de Alberto Manguel y Gianni Guadalupi. Algo que ambos autores han lamentado públicamente en repetidas ocasiones.

El país en cuestión tenía que estar por riguroso orden alfabético, entre Ngranek, el monte de la isla Oriaba del País de los Sueños y Nimmr, la legendaria ciudad fundada por los cruzados de Ricardo I en África. Pero no fue así y el error ha seguido reproduciéndose en las ediciones siguientes, por lo que confiamos en que al menos con la aparición de este breve artículo, el editor corrija en las próximas este pequeño defecto, seguramente el único en una obra tan hermosa.

Se desconoce la situación exacta de Nicolás Guillén, aunque se sabe con certeza que limita al norte con Camagüey y al sur con La Habana y Cienfuegos. Tiene una superficie de unos 130.845 kilómetros cuadrados, algo más que la isla de Cuba. El clima es templado y las temperaturas medias oscilan entre los diez y los veintidós grados centígrados. Su hermoso y accidentado territorio de montañas, selvas, cayos y vegas, bañado por los ríos «Dice Mi Abuela Negra», «Mayombé» y «Podré Trabajar al Sol», hace de esta pequeña república caribeña uno de los lugares más bellos del planeta, soñado por todos los hombres de bien. Entre los accidentes geográficos más hermosos de sus costas merece la pena citar el cabo «Soldado aprende a tirar, tú no me vayas a herir»; el golfo «Sensemayá»; y la majestuosa bahía de aguas blancas «San Berenito». En el interior abundan los yacimientos a cielo abierto de oro, plata y versos libres.

La flora de Nicolás Guillén es de una riqueza y singularidad incomparable. Existen más de diez mil especies vegetales repartidas por esta región, la mayoría endémicas, destacando entre ellas el «Mango de Sol», el «Pino de la Cumbancha», el «Mamey Colorao» y los grandiosos helechos arborescentes conocidos popularmente como «Higuerotes».

La población de Nicolás Guillén está formada por negros yoruba, de piel chocolate y ojos azules; y también por negros habaneros, mandingas, yolofos, indios taínos de piel lisa como la hierba, panches, kimbayas blancos que cantan a la lluvia, calimas, cimarrones de color aceituna, kikongos y otros pueblos maravillosos de gentes perfectas cuyos nombres, simplemente dichos en voz alta, hacen llorar.

La lengua de este pequeño país es el Sóngoro, un idioma bellísimo y musical formado por onomatopeyas, repeticiones silábicas y jitanjáforas. El Sóngoro, que los naturales conocen desde su mismo nacimiento, ha sido muy estudiado por filólogos y especialistas que sin embargo, nunca lo han llegado a descifrar. A los extranjeros nos resulta imposible aprenderlo: «Repica el congo solongo / congo solongo del Songo / baila yambó sobre un pie.»

Pablo Amargo en Garabat

Para celebrar su primer año de funcionamiento, la galería bilbaína Garabat inaugura, el sábado 24 de mayo, una exposición del ilustrador Pablo Amargo. Más información, en este enlace.

Entre otras muchas obras, Pablo Amargo ha puesto imágenes a El río que se secaba los jueves…, de Víctor González. Pero también, por ejemplo, a los boletos del sorteo de lotería de la Cruz Roja, en su edición de 2008. El número 83 de la revista Peonza (diciembre de 2007) trae en su sección Ilústrate un artículo de Gabriel Pacheco titulado: «Pablo Amargo, el mundo es lo que pensamos».

Garabat se presenta a sí misma con estas palabras:

Garabat es la tienda-galería centrada en la ilustración que comenzó su actividad en mayo del 2007 en la calle 2 de Mayo de Bilbao.
En ella pretendemos dar muestra del trabajo de aquellos ilustradores que nos parezcan interesantes, independientemente de si su trabajo es para literatura infantil, editorial de revistas, cómic u otros ámbitos. Para ello organizaremos exposiciones, inicialmente con una periodicidad trimestral, en las que se podrán adquirir originales de los artistas expuestos así como reproducciones de esas mismas obras a precios más populares.
Además contaremos con obra gráfica de diferentes ilustradores o artistas relacionados con la imagen entre la que se podrán encontrar: art-toys, prendas y complementos serigrafiados, libros de autor y todo tipo de material relacionado con la ilustración.

El río que se secaba los jueves (y otros cuentos imposibles), de Víctor González

Ilustración de Pablo Amargo. Pulsad para ampliar.

LOS PATOS DE CHELM

Este cuento no es mío sino de Samuel Tenenbaum, pero es tan bueno que lo pongo aquí igual.

«Los habitantes de Chelm conocen una manera infalible de distinguir un pato de una pata. Le tiran un trozo de pan. Si el pato correo en su busca, es pato; si es la pata la que corre a buscarlo, es pata.»

Este libro de ¿cuentos? (Anaya, 2006) sorprende, provoca, incita y despierta. Está ilustrado con imágenes sugerentes de Pablo Amargo, de tonos oscuros, que juegan mucho con la repetición. Ofrece posibilidades muy distintas, que pueden tanto arrancarte la carcajada como pedirte que dejes el libro para otro momento más despejado; en eso (y algunas otras cosas) me recuerda sobre todo a Gómez de la Serna, alias Ramón. Como buen plato sabroso y cargado de sugerencias, quizá no sea lo mejor para todos los días (o dicho de otro modo: quizá no es para leer sin parar, como una novela); pero a diferencia de Adrià, el precio es para todos los bolsillos, así que no hay excusa para perdérselo…