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Cuarteto concertante para artefactos sanitarios

«Compuesto para los siguientes instrumentos: calefón, lirodoro, desafinaducha y nomeolbídet». Me lo recuerda esta nota de Alberto Mut, cuya frase «Cualquiera puede hacer un chiste de cacas» resume no pocas propuestas de LIJ y, sobre todo, propuestas más o menos escénicas en las que en teoría se aspiraba a acercar a los niños a la lectura (pero concluyen, después de no poco ruido y agitación invertidos, sin que ningún chaval coja un cuento, aunque se hayan hecho en una biblioteca).

Sería injusto compararlo, qué sé yo, con la escena de los aseos del primer Austin Powers (un proyecto de infinito menos presupuesto), que no es que tenga gracia (ahora sin ironía: ¡ese tejano implorando el «courtesy flush»!), pero es un concepto ciertamente distinto de lo memorable.

 

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‘Andrés cabeza abajo’, de Pablo Albo y Roger Olmos

Ilustración de Roger Olmos

«Andrés, cabeza abajo, iba pensando: “¡VAYA FAENA!”. Acababa de ser engullido por un ogro y estaba cayendo por su garganta.
“Con la mala suerte que tengo, seguro que en la barriga del ogro me encuentro con un dragón terrible que me quiere devorar.”
¡Y así fue!
“¡QUÉ MALA PATA!”, pensaba Andrés, mientras caía, cabeza abajo, por la garganta del dragón. “Seguro que este dragón acaba de comerse un oso salvaje al que le encanta comer niños.”
¡Y así era!»
La fatalidad de Andrés no termina en el oso, claro, sino que cada vez se adentra más en estas muñecas chinas carnívoras: «Y, como se temía, Andrés se encontró en la barriga del lobo feroz, que estaba dentro del león hambriento, que estaba dentro de la barriga del oso salvaje, que estaba dentro de la barriga del dragón terrible, que estaba dentro de la barriga del ogro».

Ilustración de Roger Olmos

Ilustración de Roger Olmos

¿Llegará alguien —leñador o caballero— que abra toda la serie de barrigas? No, «por mucho que esperó, allí no llegó nadie». Así que tendrá que resolverlo por sí mismo y, como no está en una ballena que lo pueda expulsar con el agua, no será el medio más limpio ni perfumado: «buscando, palpando y empujando se metió por un agujero que había en la barriga del lobo hasta que consiguió salir por…». Sí, por ahí; como se dice en letra pequeñita: «por donde suelen salir las cosas que los lobos se comen».

Por esa clase de agujeros, deshace el camino de las cajitas chinas, ahora marranas e hilarantes. Al fin llega a la barriga del ogro y, al sentirse cerca de la liberación, piensa: «¡Seguro que afuera brilla el sol!». Seguro… que no, ¡pobre Andrés, «cansado, mojado y maloliente»! Él no pierde la esperanza: «Con la suerte que tengo, seguro que mañana o pasado sale el sol». Olmos, que con los lados menos amables de la vida se sale (La cosa que más duele del mundo, El príncipe de los enredos), se ríe aquí dibujando una nube exclusiva para el gafado.

Ilustración de Roger Olmos

Caca: una historia natural de lo innombrable, de Lynx

La editorial Lynx ha traducido Caca: una historia natural de lo innombrable, de Nicola Davies, con ilustraciones de Neal Layton. La escatología es una parte complicada de manejar, pero esencial en la literatura infantil. Es un aprendizaje que genera muchas tensiones e inseguridad y que por eso mismo, suele desatar la risa de los pequeños, como válvula de escape. En la división sensata del tema hay libros imprescindibles de los últimos años, como El topo que quería saber quién se había hecho aquello en su cabeza, de la pareja trabalenguas Holzwarth-Erlbruch (Alfaguara, con traducción de Miguel Azaola).

La propuesta de Lynx es distinta, pero de entrada me ha parecido interesante: un libro de historia natural, de condición esencialmente científica, con voluntad divulgativa y de entretenimiento. En un paseo por el monte, los excrementos son una fuente de información que no se explica en clase, pero es imprescindible para el naturalista. A su manera, cuando un perro anda siempre olisqueándolos, está leyendo la prensa local, según me decía un veterinario. (No el que visitamos ahora, que es más pulcro que un diccionario escolar de 1950 y habla de las “ventosidades que expele el can de edad anciana”. Creo que no podría leer nunca el “Cuento de amor y amistad” del divertidísimo narrador-contador-cantautor Luis María Pescetti.)

Más información, en el sitio web de la editorial. Que este es un sitio serio. 😀