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‘Traducir literatura infantil y juvenil: Notas a vuelapluma’, artículo de Mario Grande

Viene en El Trujamán un artículo de Mario Grande sobre la traducción de la literatura infantil y juvenil. No es lo más frecuente, desde luego (como autor de esa misma sección del Centro Virtual del Instituto Cervantes, yo he aportado cuanto he podido al respecto, pero para constatar, me temo, que mi grano de sal salaba muy poco el mar de los traductores). Este es el enlace original: Traducir literatura infantil y juvenil: Notas a vuelapluma. Por su interés específico para este blog, me permito también copiarlo íntegro a continuación:

No es raro oír la opinión de que la traducción de textos de literatura infantil y juvenil es «más fácil» que la traducción de literatura sin adjetivos, o sea, para adultos. Dejando para otro momento la incongruencia de incluir «infantil y juvenil» en un solo saco, tal vez convenga confrontar esa opinión con el hecho de que el epígrafe de literatura infantil y juvenil sirve para nombrar un cajón de sastre, pues apenas hay época o género (y súbgenero) literario que no abarque, lo que exige del traductor una buena dosis de versatilidad. Cualidad que debe extenderse a un buen conocimiento de las tradiciones literarias y culturales en las que cobran vida, se difunden y perduran los textos que va a traducir.

La diversidad de géneros se queda chica si contemplamos la literatura infantil y juvenil desde el punto de vista del lenguaje. Desde balbuceos, aliteraciones, trabalenguas y rimas a jergas adolescentes a veces efímeras y localizadas, slang, neologismos, ocurrencias del autor y un peso de la oralidad que tiñe muchos relatos de una carga ponderativa que no puede obviarse al traducir.

Por eso muchas veces la labor del traductor, además de traducir, consiste en adaptar e incluso crear a partir no de palabras, sino de ideas o imágenes. Además de tener presente la diversidad del español.

Vamos, que de «más fácil», nada. Visto lo visto, en la traducción de literatura infantil y juvenil quizá sea necesario matizar la invisibilidad del traductor. La cuestión es acertar en las estrategias de intervención, dar con el equilibrio adecuado.

A diferencia de otros ámbitos o géneros de la cultura popular (cómic, cine, música, videojuegos), en la literatura infantil y juvenil de nuestros días influye la pedagogía, que no tiene nada que ver con la literatura. Tal vez en ello radique la distinción entre libros de prescripción y libros comerciales que practican las editoriales del ramo y, sin duda, habrá razones que lo justifiquen. El inconveniente podría surgir si un criterio extraliterario como es el pedagógico funcionara como filtro, limando y reduciendo el lenguaje a la pura sintaxis, con riesgo de exclusión de otros referentes lingüísticos, culturales y estéticos, o decidiendo qué se incluye en el canon y qué es tabú. Ciertamente, es un tema delicado porque la edición forma parte de la industria cultural y está imbricada en el sistema educativo, por lo que debe tener necesariamente en cuenta muchas variables, aunque el conservadurismo tampoco sea sinónimo o garantía de rentabilidad. El caso es que, en ocasiones, estorba al trabajo del traductor, que se guía por criterios lingüísticos y literarios, no de modulación del aprendizaje.

Quizá en mayor medida que otros sectores editoriales, en la traducción de literatura infantil y juvenil es muy necesaria la cooperación y la buena sintonía de los traductores con los editores y correctores. Es decir, el enfoque del trabajo como algo colaborativo, de equipo, no de mera coordinación o, en el peor de los casos, competitivo. De ello depende en buena medida el éxito o el fracaso de una buena traducción y edición. La colaboración se inicia con los preceptivos informes de lectura: resumen de la obra y valoración. El resumen debe ser descriptivo, sin hacer comentario de textos; las opiniones deben reservarse para la valoración. Las editoriales suelen pedir valoración literaria y comercial. La calidad literaria no siempre coincide con el gancho comercial. Pero hay que defenderla. Y en cuanto a lo segundo, ser sinceros: si el libro puede venderse bien ¿por qué no decirlo? El traductor no ejerce aquí de crítico literario, sino de asesor para la toma de decisión editorial. Elegido el libro, queda un amplio campo de colaboración: título, léxico, nombres de personajes y lugares, glosarios, encaje en colección… no siempre fácil, pero que debe conducir a mejorar el producto final. El lema, para todos los intervinientes en el proceso, sería «menos ego y más lego».

‘Árboles en el camino’, de Régine Raymond-Garcia y Vanina Starkoff

De Vanina Starkoff me gustó mucho Bailar en las nubes, álbum que, si no he reseñado aquí, ha sido solo por falta de tiempo. Ahora ilustra este cuento de aire africano de la francesa Régine Raymond-Garcia, una bonita historia de protección por parte de los árboles (y sobre todo, del gran baobab), sustituto temporal de una madre en camino, al cabo de la cual el protagonista promete ser, cuando sea mayor, «el guardián de los árboles».

  • Régine Raymond-Garcia, ils. Vanina Starkoff, Árboles en el camino. OQO editora, 2012.
  • A mejorar, en la traducción de Pilar Férriz, correcta por lo demás, el detalle del ajuste de los nombres propios: lo que en francés es Khadija, en español debería ser Jadiyá (o Jadiya; no sé dónde cae el acento original).

‘Fotografía del 11 de septiembre’, de Wisława Szymborska

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——FOTOGRAFÍA DEL 11 DE SEPTIEMBRE

Saltaron hacia abajo desde los pisos en llamas:
uno, dos, todavía unos cuantos
más arriba, más abajo.
La fotografía los mantuvo con vida,
y ahora los conserva
sobre la tierra, hacia la tierra.
Todos siguen siendo un todo
con un rostro individual
y con la sangre escondida.
Hay suficiente tiempo
para que revolotee el cabello
y de los bolsillos caigan
llaves, algunas monedas.
Siguen ahí al alcance del aire,
en el marco de espacios
que justo se acaban de abrir.
Solo dos cosas puedo hacer por ellos:
describir ese vuelo
y no decir la última palabra.
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  • Traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia, en Francisco Rico y Rosa Lentini, Mil años de poesía europea, BackList, Barcelona, 2009. ISBN 978-84-08-08684-0.

Los miedos de la abuela (‘La abuela’, Peter Härtling)

—Tu abuelo, Karli, algunas veces empinaba bastante el codo. De vez en cuando te diré que hasta llegaba a casa a cuatro patas y yo, entonces, me juré no probar en la vida esos brebajes. Incluso cuando nos invitaban o cuando celebrábamos cualquier cosa yo la bebida apenas la tocaba. Ahora es diferente. Y ocurrió de una forma bien sencilla. El día en que murió el abuelo yo daba vueltas por la casa queriendo poner orden y enredándolo todo, en realidad, mucho más de lo que estaba. En la mesilla de noche del abuelo encontré, por casualidad, dos botellas de aguardiente y, en medio de toda la tristeza, me quedaron fuerzas todavía para ponerme furiosa. Abrí una de las botellas y me bebí un buen trago, como para contrariar al abuelo difunto. ¿Y sabes tú lo que pasó, Karli? Me sentó bien. Me dije que era estupendo para matar las penas. Y desde entonces me las mato con una copita o dos. Sobre todo cuando me entra miedo.
Karli la miró asombrado.
—¡Pero abuela, si tú no tienes miedo! Nunca te lo he notado.
—Tú, Karli, a tus ocho años, ya sabes mucho. Lo que pasa es que el miedo no puede verse.
Karli le aseguró que lo notaría. La abuela se rió.
—Tú confías demasiado en tus fuerzas, jovencito. Yo, sabes, no es que tenga miedo del gordo ese del tutelar de menores, o de la asistente social, o del portero, o de quién sea. Yo tengo miedo de cosas muy distintas y no sólo un miedo, muchos miedos. Tengo miedo de que venga otra inflación y se me lleve todo lo que he ahorrado, como ya nos sucedió otra vez. Yo entonces, en 1923, era casi una niña y mi padre, tu bisabuelo, tampoco es que hubiera podido ahorrar mucho. Pero, de la noche a la mañana, el poquitó de dinero que tenía no valía nada. Lo que antes había costado un marco costaba, de repente, miles de ellos. ¡De locura! Y luego, en 1931, cuando el dinero recuperó su valor lo que no hubo fue trabajo. Yo estaba recién casada, tu abuelo se había quedado sin empleo y vivíamos con lo poco que nos daban del subsidio de paro. No conseguíamos salir de apuros.
De eso tengo miedo. Y tengo miedo de ponerme enferma. ¿Qué va a ser de ti, entonces? Cada vez que vas a la escuela tengo miedo de que te pase algo. Tengo miedo de que nos suban el alquiler del piso. Estos son mis miedos. Y no consigo librarme de ellos. Me rondan constantemente por la cabeza. Y, cuando me fastidian demasiado, voy al aparador, me sirvo una copita de aguardiente, me la bebo de un trago y me digo: «¡Quién dijo miedo, Erna Bittel!». Y por un momento se me pasa.

  • Peter Härtling, La abuela (Oma. Die geschichte von Kalle, der seine Eltern verliert und von seinem Großmutter aufgenommen wird), pp. 60-61. Traducción de Víctor Canicio. Alfaguara, Madrid, 1978, 2002. ISBN 84-204-4768-4.
  • Como ocurre a menudo con las reediciones de la novela realista, la  cubierta más reciente promete personajes más alegres y menos problemáticos que el texto.
  • Reseña de Marcos en Libros juveniles

‘Luna de estío’, de Yamazaki Sokán

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Luna de estío:
si le pones un mango,
¡un abanico!

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  • Octavio Paz: Versiones y diversiones. Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2000. ISBN 84-8109-308-4.

‘La tienda hinchable’, de Willis Hall

Noguer sigue reeditando libros de su amplio fondo infantil, después de haberse integrado en el grupo Planeta, y el boletín Lecturas de andar por casa, de la FGSR, habla en su número más reciente (5, de invierno de 2011) de una de esas reediciones: La tienda hinchable, de Willis Hall, con ilustraciones de Babette Cole.

(Pulsad para ampliar)

Es una novela de aire entre cómico y satírico, basada en efecto en personajes pintorescos, como una madre que solo se interesa por participar en concursos creativos de toda clase (del estilo de: «elogia nuestros cereales con un máximo de veinte palabras»). Otro es un capitán escocés de lenguaje tirando a incomprensible que me hace pensar en la dificultad de traducir los textos humorísticos. En mi experiencia lectora la novela tardó un poco en levantar el vuelo, pero luego funcionó hasta el final, aun sin ser hilarante. Las ilustraciones son de la siempre divertida Babette Cole, pero relativamente escasas. Tal vez predominen los peros en esta reseña, pero (el último pero) ni la novela es ineficaz ni hay ocasión mala para enlazar con el trabajo de la FGSR.

‘Libertad, tu nombre escribo’, de Paul Éluard

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LIBERTAD, TU NOMBRE ESCRIBO

En mi cuaderno escolar
en el pupitre y los árboles
en la arena y en la nieve
tu nombre escribo
En las páginas leídas
en las páginas aún blancas
piedra papel sangre o ascuas
tu nombre escribo
En las doradas imágenes
en los pertrechos guerreros
en la coronal real
tu nombre escribo
En la jungla y el desierto
en los nidos de las cumbres
en el eco de mi infancia
tu nombre escribo
En los asombros nocturnos
en el pan blanco del día
en las épocas del año
tu nombre escribo
En mis jirones de azul
en la charca sol mohoso
en el lago luna viva
tu nombre escribo
En los campos y horizontes
en las alas de las aves
en el molino de sombras
tu nombre escribo
En el alba a bocanadas
en el mar en los navíos
en la montaña demente
tu nombre escribo
En la espuma de las nubes
en el sudor de tormenta
en la lluvia densa y sosa
tu nombre escribo
En formas que son centellas
en campanas de colores
en la física verdad
tu nombre escribo
En los senderos despiertos
en las rutas desplegadas
en las plazas desbordantes
tu nombre escribo
En la lámpara encendida
en la lámpara apagada
en mis casas reunidas
tu nombre escribo
En la fruta dividida
del espejo y de mi cuarto
en mi cama concha abierta
tu nombre escribo
En mi perro ávido y tierno
en sus orejas alzadas
en su pata desmañada
tu nombre escribo
En mi puerta trampolín
en las cosas familiares
en el fuego bendecido
tu nombre escribo
En toda carne acordada
en la frente del amigo
en cada mano tendida
tu nombre escribo
En el cristal del asombro
en los labios entreabiertos
por encima del silencio
tu nombre escribo
En mis refugios destruidos
en mis faros derrumbados
en los muros de mi hastío
tu nombre escribo
En la ausencia sin deseos
en la soledad desnuda
en las gradas de la muerte
tu nombre escribo
En la salud recobrada
en el peligro que huye
en la esperanza sin anclas
tu nombre escribo
Y el poder de una palabra
me hace volver a la vida
nací para conocerte
y nombrarte
libertad.

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  • Traducción de Jesús Munárriz publicada en Del huerto de Ronsard, Hiperión, Madrid, 1997, y recogida en Francisco Rico y Rosa Lentini, eds., Mil años de poesía europea, BackList, Barcelona, 2009. ISBN 978-84-08-08684-0.
  • Texto en francés: Sur mes cahiers d’écolier…