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Reconocerse, construirse (#HOreel 1)

A O y a mí nos gusta reconocernos en Tipos duros (También tienen sentimientos) (Keith Negley, ed. Impedimenta). Es uno de los nocturnos habituales, una o varias veces por semana. En parte porque una de las tareas necesarias de un padre separado, creo, es transmitir seguridad pero a la vez sin bloquear la expresión de nervios, inquietudes, angustias. El abrazo con margen, quizá; el abrazo que no aprieta. Tipos duros nos gusta en general: O y yo somos hombre y niño típico, si quieren, con nuestros sueños de ninja y astronauta, motorista y superhéroe. Además nos gusta en particular porque nos deja lugar a la tristeza, y en la vida también la hay, y en una separación puede haberla, o abundar incluso, por todas las partes.

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En realidad, donde digo reconocernos, digo construirnos. Por eso preciso que nos gusta reconocernos. Aquí nuestro leer reconociéndonos no es pasivo, sino activo. No siempre estamos donde quisiéramos: no siempre sabemos volar, no siempre encontramos la puerta buena del espejo. La encontramos a menudo y volamos más que bien, desde luego, pero eso no es ni siempre ni todo ni Dios, como querríamos, porque también somos humanos en el afán, en la sed, en ir siempre una curva más allá, hasta que caigamos rendidos.

#HOreel

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‘Me importa un comino el rey Pepino’, de Christine Nöstlinger

Me importa un comino el rey Pepino, de Christine Nöstlinger, es una novela tan inquietante como divertida, con un doble nivel de lectura, pues no solo narra una aventura tragicómica desde un punto de vista infantil, sino que también plantea una reflexión útil sobre el autoritarismo y el rol del padre en la familia y la sociedad. La aparición del «rey Pepino», un ridículo tirano exiliado del sótano, trastorna al personaje paterno hasta el punto de aislarlo por completo de la familia. En realidad, el cambio solo está poniendo de relieve una distancia que ya existía:

He oído las voces de papá y Nik. Nik reía … Me ha puesto triste. He pensado: «¡Pobre Nik! Ahora aún te va bien. Ahora aún te llevas genial con papá. Pero ya solo te durará unos pocos años.»
Me acuerdo perfectamente de cuando aún me llevaba bien con papá. Era muy bonito, entonces. Con los pequeños, papá es muy cariñoso. Juega al dominó y arma figuras con el Lego y cuenta cuentos. En los paseos siempre era muy divertido. Jugaba con nosotros al escondite y a pillar. Yo pensaba que tenía un papá fantástico.
Ya no recuerdo cómo empezaron de verdad las dificultades con papá, pero de pronto, ya nada le gustaba. Decía que me lavaba demasiado poco, que respondía como un grosero, tenía malos amigos, llevaba los pelos demasiado largos, las uñas demasiado sucias. Le molestaban mis chicles. Mis jerseys eran chillones. Mis notas eran muy malas. No estaba lo bastante en casa. Y cuando estaba en casa, veía demasiada tele. Y cuando no veía la tele, interrumpía la conversación de los adultos. Y cuando no interrumpía, preguntaba cosas que no iban conmigo. Y cuando no hacía nada de nada, entonces me reprochaba que no hacía nada más que vaguear repanchingado.» (Traduzco de la edición de Rotfuchs, 1992.)

La novela, que fue premio nacional en Alemania, no ha tenido especial fortuna en castellano. Sin embargo, con una traducción ágil y una ilustración actual (como la que hizo Jutta Bauer para la editorial Beltz), sería un texto muy vigente y aún provocador. Resulta curiosa la traducción del título al español: la rima le da un tono de sorna que ya encaja, pero se reduce el enfrentamiento del nosotros (narrador, hermana, madre y abuelo, y en parte el hijo pequeño) al yo (narrador).

  • Christine Nöstlinger (1936-), Me importa un comino el rey Pepino (Wir pfeifen auf den Gurkenkönig, 1972). Ilustraciones de Werner Maurer. Traducción de M.ª Jesús Ampudia. Madrid: Alfaguara, 1984. ISBN 8420432288.