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Botánica poética, de Juan Lima

Botánica poética, de Juan Lima, editado por Calibroscopio —me lo recomendó Germán Machado, de El petit tresor— es el mejor libro de poesía para niños que he leído en los últimos años. Pero mejor es una palabra muy vacía, que destaca sin explicar. El mejor también ha sido el Trastario de Pedro Mañas, con ilustraciones de Betania Zacarías, editado por Kalandraka: es el libro que me gustaría escribir cuando sea mayor, por su perfección técnica (métrica y estructural) y diversión verbal (es una bomba lúdica). Botánica poética es el mejor en otros sentidos: el que más me ha movido a querer escribir y más imágenes me ha dejado flotando. Un libro verde que se abre con fotos y pospone los créditos a la última página quizá promete de entrada, pero mi entusiasmo es por haber salido prometido.

*

Una araucaria
un tulipán
cuatro filodendros
medio limón
una semilla de arrayán
un pétalo de rosa mosqueta
millones de microalgas
algunos granos de maní
tres hebras de azafrán
están escondidos
en algún lugar
de este poema

algunos los encuentran
y otros no
como casi todas las cosas
que valen la pena

 

(para el poeta
jugar es casi un juego)

*

Aparte quizá debería ser obligación nuestra cruzar más el charco. La globalización, la red, la multiplicación de posibilidades, sí, pero en la realidad seguimos sabiendo muy poco y leyendo muy poco lo que se escribe allá. Otro pequeño gran puente es LibreRío de la Plata, en Sabadell. Buscadlos en Facebook o Twitter, su web está ahora de reformas.

*

No insistas: el baobab
no cabe en tu terraza
no insistas: la coliflor no vuela
no insistas: hay más flores que islas

y prohibido romper los cocos
y prohibida la palabra kaki

algunos lectores se ponen de pie
(esto es opcional)
y protestan

todos quisiéramos inventar
un paraíso perdido

 

 

(el poeta está ahí
para atender reclamos)

*

Donde menos me ha seducido es en los montajes fotográficos con los que se ilustran los poemas (aunque ¿si el libro se abre con imágenes, no serán los poemas los que las ilustran a ellas?, y también ¿debo separarlos o saber mirarlos en conjunto?). Creo que veo la chispa, y la intención artística de los montajes, pero no me prenden o no las comprendo. No está de más decir, para situar lo anterior, que estoy poco preparado en este campo.

*

Nunca le creas
ni media palabra a la papaya
andá a saber con qué cara
se levanta de la siesta
parece un melón
cambiando de humor a cada rato

es fruta de agua
y la Luna hace lo que quiere
con sus mareas

 

(la papaya tiene cara de poeta
que ya no se afeita)

 

  • Juan Lima (textos, ilustraciones y diseño), Botánica poética. Calibroscopio: Buenos Aires, 2015. ISBN 978-987-1801-90-9.

Palabras para viajar, de Ana Alonso y Ángeles Agrela

Hablar de libros es una convención en la que, vista con algo de sorna, fingimos por un rato que yo sé de qué hablo, y además puedo hacerlo con objetividad. Por lo general el sistema, cuando se practica con prudencia, no solo no rechina, sino que incluso resulta útil: para empezar, se publica más de lo que nadie puede leer. Con Palabras para viajar he tenido una relación no sé si extraña o complicada, que ha hecho saltar las costuras de la convención, y por eso he empezado poniéndola sobre la mesa.

Se trata de un libro de poemas organizado (semántica y estructuralmente) en torno de los dos conceptos del título: el movimiento y la palabra. La quinta sección, por ejemplo, «Palabras para llegar», incluye los poemas «Casa», «Verano», «Amigo» y «Montaña». Predomina el verso libre sin base métrica, con algunos versos extralargos que me hacen pensar en la tradición surrealista («Yo podría respirar agua y ser una estrella blanda y roja en la arena / y no vería nada porque estaría tan oscuro que no distinguiría el día de la noche, / y ni siquiera podría oír», en «Fondo»), aunque algunos son de raíz clásica («Herida», que quizá puede leerse con el «Llegó con tres heridas» hernandiano, es un 5x5a5b11a11b). Predomina la expresión relativamente directa, de imágenes cotidianas y lenguaje corriente, unido a un afán comunicativo claro en torno a los problemas del crecimiento y las relaciones personales con los otros, del buscar el lugar propio en el mundo, típicos (aunque no exclusivos) de la adolescencia («A veces decir adiós cuesta tanto trabajo / como levantar la mano en clase / aunque te sepas la pregunta. // A veces solo quieres que los demás no noten que tú aún sigues ahí. // Hasta que te das cuenta / de que siendo tú mismo / no le haces daño a nadie», en «Adiós».)

En mi lectura la convención salta, y vale la pena explicarlo, por muchas coincidencias a medias. Yo también escribo poesía, pero más para niños que para adolescentes; me ha interesado el verso libre, pero sobre todo el de raíz métrica; me atraen el juego verbal, el lenguaje extraño y la imagen relativamente poco explicada. Lógicamente, mi yo aquí no importa nada: pero lectora (o lector, que también existe), si no te dijera que esto ha sido una relación de amor y odio, con chispazos por igual de descubrimiento y enfado, estaría falseando demasiado. He leído demasiado lejos de la convención de la lectura neutra y la exposición objetiva. Así que de momento aparquemos la ficción del observador no comprometido.

En el peor de los casos —dicho lo anterior, que no se olvide—, los poemas me han sonado tan prosaicos, directos y de voluntad útil que si quitamos el espacio que delimita los versos podrían estar en un libro de la (¿denostada pero imprescindible?) sección de autoayuda. Véase «Adiós» (citado parcialmente arriba) o «Amigo»: «¿Tú tienes un amigo en el que piensas / como en un fuego alegre que te espera lejano / ardiendo muy despacio en una chimenea? // Si aún no lo tienes / busca un amigo así. / Un amigo al que siempre / puedas volver. / Y trátalo muy bien. ¡Quiérelo mucho!». Según aquella vieja definición de la poesía como arte de lo memorable, ¿qué habría de memorable en esta expresión lingüística concreta (no en la idea, sino en las palabras elegidas y dispuestas como poema)?

A lo mejor, claro, aquella vieja definición es sencillamente una definición caducada. La poesía en los tiempos de whatsapp, ¿es el mensaje que podemos copiar en un «estado» para etiquetar a otro, como apelación directa? Con las formas de lectura real de nuestros adolescentes, ¿hasta qué punto tiene sentido complicar el poema en sus estructuras y elecciones léxicas? Con el sentido métrico de nuestra sociedad, el heredado de la música pop y no de Góngora, ¿cómo y hasta dónde hay que pulir el resultado? Si queremos que la poesía no sea el ratito obligado de la clase de literatura sino lo que copiaremos en las puertas del lavabo, ¿de qué nos sirve la tradición?

En el mejor de los casos, pues, los poemas de Alonso me acompañará mucho tiempo precisamente porque rompen mis costuras y me hacen dudar. No es la primera vez que me pasa con los premios de «El príncipe preguntón», de línea a mi juicio irregular, pero más arriesgada que los «Luna de aire» o «Ciudad de Orihuela».

Mención aparte merece la ilustración, que potencia el libro por el lado metafórico. Con imágenes grandes y claras, en su mayoría de personajes femeninos —recordemos de paso que Alonso es Ana, Agrela es Ángeles y hay más lectoras y profesoras que lectoros y profesoros—, y un estilo que yo situaría entre el neorrealismo y la ilustración científica, la ilustración juega a provocar y hacer volar la imaginación con dualidades, casi binomios fantásticos —mujer y árbol (o y nube, y libélula, y agua), caras de sol o de flor, corazones gigantes y otras cosas que llevamos a cuestas—, desde luego enigmáticos.

  • Palabras para viajar. Libro de poemas de Ana Alonso, ilustrado por Ángeles Agrela. Diputación de Granada, 2017. X Premio de poesía para niños “El príncipe preguntón”.

Aunque es de noche (#HOreel 2)

Un buen amigo comparte, propone:

Y al escucharlo y mirarlo, todo me lleva y me dice: «leer es eso», «escribir tampoco es más que eso». El yo se diluye en la tradición, escribir es regurgitar lo leído con lo vivido, leer es crecer a medida que vamos identificando la malla tupida que constituye nuestra verbalidad, suma de todas las arañas ajenas que fructifican en nuestro hilo móvil y presente. Del «Aunque es de noche» de Rosalía al de Morente. Del Refree jugando un dobles a Silvia Pérez Cruz (con Cohen con Lorca [que también Morente] con la recuperación de las canciones populares). De San Juan de la Cruz cantado al Amancio Prada que sanjuanea tanto como garcíacalva. Gallo rojo, gallo negro, interpretar a lo divino tanto como a lo pagano y a lo político, ¿leer es esta forma de marea?

Back to School (Allan Ahlberg)

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BACK TO SCHOOL

In the last week of the holidays
I was feeling glum.
I could hardly wait for school to start;
Neither could mum.

Now we’ve been back a week,
I could do with a breather.
I can hardly wait for the holidays;
Teacher can’t either.
.

  • Allan Ahlberg, Please Mrs Butler, Puffin, 1984.

Cuarteto concertante para artefactos sanitarios

«Compuesto para los siguientes instrumentos: calefón, lirodoro, desafinaducha y nomeolbídet». Me lo recuerda esta nota de Alberto Mut, cuya frase «Cualquiera puede hacer un chiste de cacas» resume no pocas propuestas de LIJ y, sobre todo, propuestas más o menos escénicas en las que en teoría se aspiraba a acercar a los niños a la lectura (pero concluyen, después de no poco ruido y agitación invertidos, sin que ningún chaval coja un cuento, aunque se hayan hecho en una biblioteca).

Sería injusto compararlo, qué sé yo, con la escena de los aseos del primer Austin Powers (un proyecto de infinito menos presupuesto), que no es que tenga gracia (ahora sin ironía: ¡ese tejano implorando el «courtesy flush»!), pero es un concepto ciertamente distinto de lo memorable.

 

‘Noche negra’, de María Jesús Jabato

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Terraza del café de la Place du Forum en Arlés, por la noche. Vincent van Gogh

Terraza del café de la Place du Forum en Arlés, por la noche. Vincent van Gogh

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Noche negra

Noche negra, noche oscura,
rumia y rumia con sus dientes
el camión de la basura
y me despierta
cuando traga los restos
de mi merienda.

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  • María Jesús Jabato, Gorigori. Premio de poesía para niños Ciudad de Orihuela 2013. Faktoría K de Libros, 2014. (Imagen de Wikipedia.)
  • Gorigori propone 48 poemas, de resonancia y métrica básicamente popular (sobre todo, romances octosílabos, alguno hexasílabo, y cuartetas arromanzadas de 7+5 o variaciones sobre esta base), por lo común breves y de tono lírico (más que humorístico, como el citado), a partir de grandes obras de la historia de la pintura (algunas de las cuales se reproducen junto al poema).

A que por muy gran fremosura

Elijo esta versión del Ensemble Gilles Binchois, quizá más lenta de lo habitual, porque con ayuda de los subtítulos permite seguir muy bien el texto. Mi versión favorita, desde una perspectiva puramente personal, es la de Esther Lamandier:

‘Hávalas, hávalas, hala’

.

¡Hávalas, hávalas, hala,
hava la frol y la gala!

Allá arriba, arriba,
junto a mi llogare,
viera yo serranas
cantar y baxlare,
y entre todas ellas,
mi linda zagala.
¡Hava la frol y la gala!

.

  • hava (o aba, en otras fuentes): ‘mira’. frol: ‘flor’. llogare: ‘lugar, aldea’. baxlare: ‘bailar’.
  • Tomado de Margit Frenk Alatorre, Nuevo corpus de la antigua lírica popular hispánica, siglos XV a XVII. Colegio de México-FCE, 2003. Poema núm. 86, p. 100.

‘La sabana africana’, de Mar Benegas y Guridi

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  • A lo bestia. Poemas de Mar Benegas ilustrados por Guridi. República Kukudrulu, Madrid, 2011. Próxima edición ampliada en Litera, Valencia, 2014.

Girotondo di elefanti

Me llegó esta canción de Pier Mario Giovannone, Giua y la Banda Osiris, de un libro-disco de Gallucci, y, aunque no tenga ninguna relación evidente con la Navidad, salvo quizá el aire festivo, me gustó para felicitaros las fiestas y desearos lo mejor, de corazón, para el año próximo.

‘El tiburón’, de Enrique Cordero Seva, ilustración de Ester García

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La mar chalada, de Enrique Cordero, es un libro temático, de tono en general lúdico, con especial afición a los juegos de palabras. Lo recomendaría a partir de unos seis años, aunque el grado de dificultad es bastante variable (en cuanto al uso escolar, algunos poemas convendrían fácilmente en la ESO). En casa nos ha gustado y al hilo de uno de los poemas, M., de ocho años, se puso en seguida a inventar posibilidades de peces-oficio. Las ilustraciones de Ester García suavizan la relativa dificultad lingüística del conjunto con un estilo también lúdico, pero nada desbordado, que ante todo facilita la comprensión de los poemas. 

  • Enrique Cordero Seva, La mar chalada. Ilustraciones de Ester García. Edelvives, Zaragoza, 2013. ISBN 978-84-263-8689-2.

Zarzabuca

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Zarzabuca,
de rabo de cuca
de cucandar,
que ni sabe arar,
ni pan comer;
vete a esconder
detrás de la puerta de San Miguel.
.

María Elena Walsh, “Nunca me interesó ponerme en el papel de madre”

Encontraréis más vídeos de este reportaje en el estupendo blog de Alejandra Moglia, La memoria y el sol.

Vídeo de narración de ‘Ahora no, Bernardo’, de David McKee

He encontrado este vídeo donde un psicólogo cuenta y muestra el provocador Ahora no, Bernardo, de David McKee. Me interesan distintos aspectos. Uno, la propia narración: sin intención de ofender, diría que el narrador no tiene especial gracia y eso, en sí, le concede la gracia especial que tiene cualquiera por el mero hecho de atreverse a contar. Hay una diferencia clara entre el narrador profesional y el aficionado, que no debe confundirse; pero animarse sin complejos es sano, útil y particularmente bonito en lo que aporta a la relación familiar (y a veces, con conciencia de los límites, en la relación social). Otro, el cuento como tal, construido con gran eficacia textual y visual y capaz en efecto de despertar muchas preguntas entre los adultos y un buen diálogo con los pequeños. Y, por último, tengo una vinculación personal con la historia, dado que fui el responsable (en este caso: tuve la suerte) de traducir la edición usada aquí, bilingüe español-inglés con texto simplificado.

‘Oh, qué nueve meses!’, cantado por Joaquín Díaz (y feliz año a todos)

‘Helado’, de The Pinker Tones (del libro-disco Rolf & Flor)

La misma canción, en directo; otro directo; web del libro-disco, editado por Alba e ilustrado por Gallardo.

Inmigración, (des)integración y cambio: Mi hermosa lavandería, de Hanif Kureishi

El aumento de la xenofobia, nacida de la incomprensión mutua pero potenciada por intereses políticos claros, unido (al menos, en mi ciudad) al incremento de la población pakistaní y su dedicación a trabajos similares a los que esta ocupa desde hace tiempo en el mundo anglosajón, me hace rescatar Mi hermosa lavandería, de Hanif Kureishi, de la que leo el guión (My beautiful laundrette, Faber & Faber, 1986). No es un texto juvenil, en el sentido habitual del término (edad preuniversitaria, violencia contenida y sexo ausente o explicado), pero tiene una gran fuerza a la hora de explicar las relaciones de amor-odio de los «nuevos» loquesea (catalanes, españoles, ingleses).

También es muy sugerente el prólogo, «The Rainbow Sign», estructurado en tres bloques, Inglaterra, Pakistán e Inglaterra. Un comentario como «strangely, anti-British remarks made me feel patriotic, though I only felt patriotic when I was away from England», recoge, probablemente, un sentimiento típico en los entornos culturales asfixiantes (donde o comulgas o eres considerado un extraño, aun siendo «nacional»); igualmente, cuando un conocido le augura que «you will always be a Paki» (en ese terreno de nadie en el que, sin poder ser ya «Pakistani», tampoco lo aceptarán nunca como «English»), también da en la diana de lo que supone nuestra inclusión, a lo sumo parcial, del otro.

Citando más en extenso, y como afirmación directamente política, en tanto petición de cambio de la sociedad (fácilmente extrapolable a España y los «sudacas», a Cataluña y «els nous catalans», etc.; negritas mías):

I stress that it is the British who have to make these adjustments.

It is the British, the white British, who have to learn that being British isn’t what it was. Now it is a more complex thing, involving new elements. So there must be a fresh way of seeing Britain and the choices it faces: and a new way of being British after all this time. Much thought, discussion and self-examination must go into seeing the necessity for this, what this ‘new way of being British’ involves and how difficult it might be to attain.

The failure to grasp this opportunity for a revitalized and broader self-definition in the face of a real failure to be human, will be more insularity, schism, bitternes and catastrophe.

The two countries, Britain and Pakistan, have been part of each other for years, usually to the advantage of Britain. They cannot now be wrenched apart, even if that were desirable. Their futures will be intermixed. What that intermix means, its moral quality, whether it is violently resisted by ignorant whites and characterized by inequality and injustice, or understood, accepted and humanized, is for all of us to decide.

This decision is not one about a small group of irrelevant people who can be contemptuously described as ‘minorities’. It is about the direction of British society. About its values and how humane it can be when experiencing real difficulty and possible breakdown. It is about the respect it accords individuals, the power it gives to groups, and what it really means when it describes itself as ‘democratic’. The future is in our hands.

Martes mudo

Página inicial de ‘Count Karlstein, or, the Ride of the Demon Huntsman’, novela cómico-melodramática de Philip Pullman. Pulsad para ampliar

Variaciones sobre ‘Goldilocks’, por Allan y Jessica Ahlberg

Taller de lectura de libros infantiles en inglés, en la librería La Mar de Letras

Durante los sábados de octubre, Ellen Duthie, bloguera a la que sigo con gusto en Lo leemos así, We Read It Like This, Story Philosophy y Filosofía de cuento, impartirá en la librería madrileña La Mar de Letras un «Taller / curso de lectura de libros infantiles en inglés para padres y maestros». Detalles, precio y más información en general, aquí.

Acróstico de Lewis Carroll en ‘Alicia’

A boat beneath a sunny sky,
Lingering onward dreamily
In an evening of July—

Children three that nestle near,
Eager eye and willing ear,
Pleased a simple tale to hear—

Long has paled that sunny sky:
Echoes fade and memories die.
Autumn frosts have slain July.

Still she haunts me, phantomwise,
Alice moving under skies
Never seen by waking eyes.

Children yet, the tale to hear,
Eager eye and willing ear,
Lovingly shall nestle near.

In a Wonderland they lie,
Dreaming as the days go by,
Dreaming as the summers die:

Ever drifting down the stream—
Lingering in the golden gleam—
Life, what is it but a dream?

*

Aquel julio ya lejano
Lento el bote iba avanzando
Indolente al sol dorado.

Con tres tiernas pasajeras
Escuchando un cuento atentas
Pendientes de cada letra.

Lejos queda ya esa tarde;
El recuerdo apenas late.
Ahora es invierno implacable.

Sin embargo, cual espectro,
Alicia sigue en mis sueños
Navegando bajo el cielo.

Con otras niñas, de nuevo,
Escuchando el mismo cuento,
Las mismas letras oyendo:

Imaginan maravillas,
Dejan ir su fantasía,
Dejan que pasen los días.

En un río siempre eterno
Lento el sol se va poniendo:
La vida, ¿qué es sino un sueño?

O meu primeiro Celso Emilio (tráiler)

‘Chacarera de los gatos’, cantado por María Elena Walsh

Versión instrumental de Alejandro Fatur:

Se publican las ‘Canciones de Garciniño’, de Beatriz Giménez de Ory, con ilustraciones de Antonio Guzmán

Texto de Beatriz Giménez de Ory; ilustración de Antonio Guzmán, tomada de su blog

Ya están disponibles las Canciones de Garciniño, último premio Luna de Aire, con poemas de Beatriz Giménez de Ory e ilustraciones de Antonio Guzmán, en cuyo blog se recogen la imagen de arriba y algunas otras. El libro se puede pedir en cualquier librería o comprar en el web del CEPLI.

Convocatoria del V premio de poesía para niños Ciudad de Orihuela

  • Bases del premio y recordatorio en el blog de Kalandraka. Animaos a participar; además de la recompensa económica y las actividades de presentación en librerías y escuelas, los libros resultantes tienen ilustraciones de gran calidad.

Presentación de ‘Dun tempo e dunha terra. Antoloxía poética de Celso Emilio Ferreiro’, ilustrada por David Pintor

‘Elefone’, de Laura E. Richards, y ‘Pedir con bons modos’, de Michel Monnereau, ilustrados en uno por Serge Bloch

Image

  • O tigre na rua, editado por Bruaá; para hojearlo, aquí, de donde tomo la imagen. Hace un tiempo, jugué a traducir este mismo poema de Laura E. Richards: Canción de la elefandra.

Mandanga del veraño

  • Poema del Libro de las mandangas, escrito por mí, ilustrado por Arturo García y editado por el CEPLI (Servicio de Publicaciones de la Universidad de Castilla-La Mancha), 2011, ISBN 978-84-8427-740-8. Disponible también como e-book.

‘El trigal’, de Carlos Reviejo, ilustrado por Xavier Salomó

Texto de Carlos Reviejo e ilustración de Xavier Salomó. Pulsad para ampliar.

  •  Carlos Reviejo, Versos de colores. Ilustraciones de Xavier Salomó (pulsad en este enlace para ver más poemas e ilustraciones). SM, Madrid, 2012.

‘Parson’s pleasure’, de Roald Dahl, y unas reflexiones sobre moral y literatura

La reflexión moral es consustancial al ser humano, pero en literatura no tiene acomodo fácil. En la literatura infantil, satura muchos libros, escritos demasiado «de arriba abajo», lo que cancela el placer propiamente literario. A medida que nos acercamos a la juvenil, la situación es casi peor: da origen a personajes más falsos que una promesa electoral, con un grado de «madurez» que apenas soportaríamos ni en la bisabuela. El terreno más favorable es el compartido, «horizontal», como denuncia de vicios genéricos; funciona especialmente bien en la narración oral y a menudo se relaciona con tópicos.

«Parson’s pleasure», una de las «Tales of the unexpected», cumple todos estos requisitos: es particularmente apta como base para la narración oral, denuncia un vicio que todos denostamos y se ancla en tópicos como «la avaricia rompe el saco»; el fruto es, sencillamente, una enorme carcajada. (Personalmente, la carcajada colectiva sobre la avaricia me parece irresistible; de ahí el sesgo de mi Sopa de nada, adaptación de la tradición de la «sopa de piedras».) Si pensamos en lectores jóvenes, no es probable que nuestros alumnos de Bachillerato tengan el inglés preciso, pero ya sea despacio o con adaptación, puede ser una buena lectura de grupo. Recojo aquí el final, que culmina en la frustración de la gloria anticipada por el mezquino sr. Boggis:

            Mr Boggis walked out into the yard and through the gate and then down the long track that led across the field towards the road. He found himself giggling quite uncontrollably, and there was a feeling inside him as though hundreds and hundreds of tiny bubbles were rising up from his stomach and bursting merrily in the top of his head, like sparkling-water. All the buttercups in the field were suddenly turning into golden sovereigns, glistening in the sunlight. The ground was littered with them, and he swung off the track on to the grass so that he could walk among them and tread on them and hear the little metallic tinkle they made as he kicked them around with his toes. He was finding it difficult to stop himself from breaking into a run. But clergymen never run; they walk Slowly. Walk slowly, Boggis. Keep calm, Boggis.

There’s no hurry now. The commode is yours! Yours for twenty pounds, and it’s worth fifteen or twenty thousand! The Boggis Commode! In ten minutes it’ll be loaded into your car–it’ll go in easily and you’ll be driving back to London and singing all the way! Mr Boggis driving the Boggis Commode home in the Boggis car. Historic occasion. What wouldn’t a newspaperman give to get a picture of that! Should he arrange it? Perhaps he should. Wait and see. Oh, glorious day! Oh, lovely sunny summer day! Oh, glory be!

Back in the farmhouse, Rummins was saying, “Fancy that old bastard giving twenty pound for a load of junk like this.”

“You did very nicely, Mr Rummins,” Claud told him. “You think he’ll pay you?”

“We don’t put it in the car till he do.”

“And what if it won’t go in the car?” Claud asked. “You know what I think, Mr Rummins? You want my honest opinion? I think the bloody thing’s too big to go in the car. And then what happens? Then he’s going to say to hell with it and just drive off without it and you’ll never see him again. Nor the money either. He didn’t seem all that keen on having it, you know.”

Rummins paused to consider this new and rather alarming prospect.

“How can a thing like that possibly go in a car?” Claud went on relentlessly. “A parson never has a big car anyway. You ever seen a parson with a big car, Mr Rummins?”

“Can’t say I have.”

“Exactly! Arid now listen to me. I’ve got an idea. He told us, didn’t he, that it was only the legs he was wanting. Right? So all we’ve got to do is to cut “em off quick right here on the spot before he comes back, then it’ll be sure to go in the car. All we’re doing is saving him the trouble of cutting them off himself when he gets home. How about it, Mr Rummins?” Claud’s flat bovine face glimmered with a mawkish pride.

“It’s not such a bad idea at that,” Rummins said, looking at the commode. “In fact it’s a bloody good idea. Come on then, we’ll have to hurry. You and Bert carry it out into the yard. I’ll get the saw. Take the drawers out first.”

Within a couple of minutes, Claud and Ben had carried the commode outside and had laid it upside down in the yard amidst the chicken droppings and cow dung and mud. In the distance, half-way across the field, they could see a small black figure striding along the path towards the road. They paused to watch. There was something rather comical about the way in which this figure was conducting itself. Every now and again it would break into a trot, then it did a kind of hop, skip, and jump, and once it seemed as though the sound of a cheerful song came rippling faintly to them from across the meadow.

“I reckon he’s barmy,” Claud said, and Bert grinned darkly, rolling his misty eye slowly round in its socket.

Rummins came waddling over from the shed, squat and froglike, carrying a long saw. Claud took the saw away from him and went to work.

“Cut “em close,” Rummins said. “Don’t forget he’s going to use “em on another table.”

The mahogany was hard and very dry, and as Claud worked, a fine red dust sprayed out from the edge of the saw and fell softly to the ground. One by one, the legs came off, and when they were all severed, Bert stooped down and arranged them carefully in a row.

Claud stepped back to survey the results of his labour. There was a longish pause.

“Just let me ask you one question, Mr Rummins,” he said slowly. “Even now, could you put that enormous thing into the back of a car?”

“Not unless it was a van.”

“Correct!” Claud cried. “And parsons don’t have vans, you know. All they’ve got usually is piddling little Morris Eights or Austin Sevens.”

“The legs is all he wants,” Rummins said. “If the rest of it won’t go in, then he can leave it. He can’t complain. He’s got the legs.”

“Now you know better’n that, Mr Rummins,” Claud said patiently. “You know damn well he’s going to start knocking the price if he don’t get every single bit of this into the car. A parson’s just as cunning as the rest of “em when it comes to money, don’t you make any mistake about that. Especially this old boy. So why don’t we give him his firewood now and be done with it. Where d’you keep the axe?”

“I reckon that’s fair enough,” Rummins said. “Ben, go fetch the axe.”

Bert went into the shed and fetched a tall woodcutter’s axe and gave it to Claud. Claud spat on the palms of his hands and rubbed them together. Then, with a long-armed high-swinging action, he began fiercely attacking the legless carcass of the commode.

It was hard work, and it took several minutes before he had the whole thing more or less smashed to pieces.

“I’ll tell you one thing,” he said, straightening up, wiping his brow. “That was a bloody good carpenter put this job together and I don’t care what the parson says.”

“We’re just in time!” Rummins called out. “Here he comes!”

  • La edición inglesa es de Penguin (ISBN 978-0-14-005131-5) y la española, de Anagrama (ISBN 978-84-339-2308-0, en col. Contraseñas, o 978-84-339-2086-7, en bolsillo).

‘Doña Disparate’, de María Elena Walsh

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Doña Disparate,
nariz de batata,
se olvida, se olvida
de cómo se llama.

Se olvida el rodete
detrás de la puerta,
duerme que te duerme
cuando está despierta.

Se quita el zapato,
se pone el tranvía,
bebe la botella
cuando está vacía.

No sabe, no sabe
y aprieta un botón
para que haya luna
o se apague el sol.

Oye con el diente,
habla con la oreja,
con un cucharón
barre la vereda.

—¡Señor boticario,
véndame tornillos!
—¡Señor verdulero,
hágame un vestido!

«¡Guau!», dice el felpudo.
«¡Miau!», dice la jarra.
¡Que yo soy el perro!
¡Que yo soy la gata!

Doña Disparate,
nariz de merengue,
se «ecovica», digo
se equivoca siempre.

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Las mariposas… (greguería de Ramón Gómez de la Serna)

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Las mariposas las hacen los ángeles en sus horas de oficina.

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‘Primavera’, de Gloria Fuertes

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PRIMAVERA

Eres tan cursi hija
que no hay por dónde cogerte.
Hasta en febrero cuando estás desnuda eres cursi,
adornada de odas y vergeles no digamos.
Primavera,
más que cantarte te han hecho la viñeta ciertos poetas sin agua;
pero a pesar de todo te defiendo,
porque haces retoñar ese geranio,
que se me seca siempre en el invierno.

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  • Gloria Fuertes, fragmento de «Sin tren de regreso: estaciones», del libro Cómo atar los bigotes del tigre, en Obras incompletas, edición de la autora, Cátedra, Madrid, 1975, numerosas reediciones. ISBN 84-376-0056-1.

‘El clavel crece en el mar…’, de Pedro Villar, ilustrado por Leonor Pérez

(Pulsad para ampliar)

  • Pedro Villar ha publicado en su blog un adelanto del que será su próximo libro de poesía para niños, Tres veces tres la mar, ilustrado por Leonor Pérez y publicado por Ediciones El Naranjo (México, marzo de 2012).

Os invito a leer el ‘Libro de Brun’

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Libro de Brun
es una nueva propuesta personal que os invito a leer en familia, sin prisa, o en el aula, quizá con las pausas precisas entre sus partes. Es un relato en verso, solo que en un verso que apenas quiere sonar como tal y renuncia a la pirotecnia de mi anterior Libro de las mandangas.

A lo largo de cuatro estaciones, os contaré de la niña Brun, su padre, su amigo Mirko (más que amigo) y la familia de Mirko, emigrada a España desde algún punto de la Europa del este. La veremos crecer, sobre todo emocionalmente, desde el sexto cumpleaños con los que se abre el libro. La acompañaremos en sus baños de verano y el patinaje de invierno, la lectura y Mirko, las dos familias y sus retazos compartidos, la ausencia de Víctor, las dificultades del que emigra a otro país. En paralelo al crecimiento emocional hay un crecimiento formal, con versos que van creciendo en extensión, encabalgamiento y, hasta cierto punto, complejidad de las imágenes.

Lo ha ilustrado con manifiesta ternura Mannfred Salmon y la edición lo debe todo al trabajo desinteresado de Ana Lorenzo, que pidió el texto, Óscar Villán, que lo ha maquetado exquisitamente, y Marcos Taracido, que dirige la nave. Lo publica, pues, Libro de notas. Lo podéis descargar libremente y con un solo clic en este enlace (se pide la aportación voluntaria de quien lo disfrute, para la viabilidad del proyecto) o adquirir en formato tradicional en este otro.

La red es tan rápida que algunos ya lo habéis leído e incluso reseñado, pero no por eso me ilusiona ni una pizca de menos dirigiros esta invitación cordial.

‘Otoño’, de Javier Fonseca y Laura Chicote

(Pulsad para ampliar)

‘Los estorninos…’, de Antonio García Teijeiro

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Los estorninos
son estridentes.
Las golondrinas,
sueños vivientes.

Y los gorriones,
buenos amigos.
Y son los cucos
relojes vivos.

Oigo sus voces.
Siento sus risas.
Pájaros tiernos
como la brisa.

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  • Antonio García Teijeiro, Versos con alas. Acuarelas de Manuel Uhía. Lynx, Bellaterra, 2006. ISBN 84-96553-15-9.
  • Versos con alas es un libro de poemas sobre pájaros, uno de los temas recurrentes en la poesía de García Teijeiro. Lynx, como editorial especializada en libros de naturaleza, lo complementa con un apéndice sobre el canto de las aves y un breve glosario.

‘San Isidro Labrador, muerto le llevan’ (popular)

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MUERTO LE LLEVAN

San Isidro Labrador,
muerto le llevan en un serón,
el serón era de paja,
muerto le llevan en una caja,
y la caja era de pino,
muerto le llevan en un pepino,
el pepino era de a cuatro,
muerto le llevan en un zapato,
el zapato era ya viejo,
muerto le llevan en un pellejo,
el pellejo era de aceite,
muerto le llevan a San Vicente.
San Vicente está cerrao,
con el moño colorao,
le agarraron de una pata
y le tiraron a un tejao.
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  • 100 temas infantiles, por Joaquín Díaz. Fundación Joaquín Díaz. En los comentarios, recojo variantes, músicas y formas de jugar.
  • [Mayo de 2019: actualizo el enlace a la fuente]

El ‘monstruo’ nacido del ‘capricho’ del ‘dibujante’, según Horacio (en verso castellano de Iriarte)

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Si por capricho uniera un dibujante
a un humano semblante
un cuerpo de caballo, y repartiera
del cuerpo en lo restante
miembros de varios brutos, que adornara
de diferentes plumas, de manera
que el monstruo cuya cara
de una mujer copiaba la hermosura
en pez enorme y feo rematara,
al mirar tal figura,
¿dejaríais de reíros, oh, Pisones?
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Si a una cabeza humana quisiese un pintor unirle un cuello de caballo, y aplicar diversas plumas a unos miembros reunidos de todas partes de manera que una mujer, hermosa de cintura para arriba, termine como un feo pez, ¿podríais, amigos míos, invitados a contemplarlo, retener la risa? Pensad, Pisones, que sería semejante a este cuadro un libro cuyas vacías ideas se estructurasen a manera de enfermizos sueños, de modo que ni los pies ni la cabeza se ajustasen a una única forma.
Siempre existió para los pintores y los poetas la justa libertad de atreverse a cualquier cosa; lo sabemos, y pedimos y a la vez otorgamos esta facultad. Pero no de manera que lo verde se una a lo maduro, o las serpientes se apareen con las aves, o los corderos con los tigres.

  • Traducción de Alfonso Cuatrecasas en Horacio, Odas-Epodos-Arte poética, Bruguera, Barcelona, 1984.

‘PLEASE DO NOT MAKE F UN OF ME…’, de Shel Silverstein

  • PORFA / NO TE / BURLE / S DE MÍ / PORFA / NO TE / RÍAS NO / ES FÁ / CIL ES / CRIBIR / UN PO / EMA EN / EL CUE / LLO DE / UNA J / IRAFA / AL GA / LOPE.
  • Shel Silverstein, Where the Sidewalk Ends. Harper & Row, Nueva York, 1974.