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La gente arrojó al fuego la corona del rey

Hoy, una nota más personal que de costumbre. Uno escribe con intención, claro, incluso con intención política; en su sentido genuino, como en su sentido último, la política no debería ser ajena a los niños, pues trata simplemente de cómo gobernarse mejor en una colectividad. Y de forma muy acertada, de hecho, en muchas aulas se trata con cuidado la resolución de conflictos en todas sus fases, desde el planteamiento a la negociación, resolución y seguimiento. Educar (lo sepan o no los ministros del ramo) es educar para la vida, no para la competitividad económica. También escribir para los pequeños debería serlo: para su vida.

De 'A partes iguales'. Texto de Darabuc, a partir de un cuento tradicional español. Ilustraciones de Lina Zutaute. OQO, 2012

De ‘A partes iguales’. Texto de Darabuc, a partir de un cuento tradicional español. Ilustraciones de Lina Zutaute. OQO, 2012

No escribí A partes iguales (más propiamente: no me propuse adaptar a mi gusto el cuento de la tradición popular) porque España fuera el paraíso de la igualdad social y económica, pero en los cinco años que han pasado, nuestros indicadores han empeorado mucho más. El rey del cuento era injusto, mentiroso y cruel; el nuestro, cada cuál lo valore. En los extremos, nos ensalzaron mucho su papel tras el golpe de estado, pero en los últimos años, han destacado bastante más las meteduras y aun rompeduras de pata. Es lamentable que le suceda su tercer hijo, con prioridad por ser varón; y luego aún nos piden que demos a la Constitución valor de Biblia… También es de lamentar que nunca hayamos podido elegir como presidenta a una mujer; pero es que de haberlo podido hacer, en el actual sistema de partidos, tan anquilosado y mediocre, el que aquí suscribe dista de considerar a las candidatas que se han podido acercar a la meta (Aguirres o Sáenz de Santamarías, Valencianos o Chacones, a su gusto) como la persona más sabia y bondadosa del país. Siempre con interrogantes (hasta en el título, como en ¿Tres han de ser?) queda mucho por hacer, mucho por escribir.

‘Seis barbudos’, de Mar Pavón y Vitali Konstantinov (y feliz año nuevo)

Termina un año muy difícil para la cultura y la educación públicas, que a mi juicio se resume bien en dos titulares de contraste doloroso: si en 2013, las bibliotecas públicas del estado tendrán 0 euros para nuevas adquisiciones, en cambio para la adquisición de material antidisturbios el gobierno cuenta con 3,26 millones de euros. Hay escasez, sí, lo sabemos; también hay, a todas luces, prioridades cuyo sentido no alcanzo a ver. Las bibliotecas son un factor cada vez más imprescindible de formación y corrección de la desigualdad, y se las limita, cuando no condena al cierre; en cambio, para reprimir las protestas con más medios, no faltan fondos.

Seis barbudosPara desearos que 2013 no sea el año ominoso que nos anuncian, elijo Seis barbudos, con texto de Mar Pavón e ilustraciones de Vitali Konstantinov (OQO).

Es una obra lúdica por lo que narra, por las divertidas y eficaces ilustraciones de Konstantinov y también por su carácter poético, en el sentido primordial del término: creador de realidades. Del bicipétalo al motocíclope, hay más de un invento memorable.

En el campo de los deseos: aunque 2013 se presenta muy, pero que muy barbudo, seguro que también hallaremos ocasiones que celebrar. Aquí estaré, y me gustará saber de vosotros y vuestra opinión.

Aquí no se fía (nadie de las recomendaciones de Navidad)

Ayer me llegó, por vía de Twitter, el enlace a una “selección” de “treinta títulos para los más pequeños de la casa”, publicada en ABC. Aparte de la alegría personal porque uno de esos libros lo ha traducido mi mujer (y, cosa rara, el editor cumple con la Ley de Propiedad Intelectual y paga derechos de autor por la traducción; así que ojalá se venda por miles), la sensación general era negativa: algunas presencias poco dignas y muchas ausencias clamorosas. Buscando datos objetivables, terminé por reducir la selección a los editores mencionados. En orden alfabético: Anaya (5), Cuento de Luz (4), Edelvives (1), Juventud (4), La Galera (3), Macmillan (2), Palabra (3), Planeta (3), Siruela (4) y SM (1).

Visto lo visto, mi enhorabuena a los servicios de márqueting de los editores recomendados repetidamente, porque han cumplido a la perfección con la labor por la que cobran: hacer llegar sus obras a los medios. Pero al periódico, una de dos: si venden publicidad, llámenla por tal nombre; y si lo que quieren es ofrecer a sus lectores selecciones mínimamente merecedoras del calificativo, antes pasen por una buena librería en la que puedan ver igualmente los catálogos de (de nuevo en orden alfabético) A buen paso, Bárbara Fiore, Coco Books, Combel, Corimbo, Cuatro azules, Ekaré, Flamboyant, FCE, Jinete azul, Kalandraka (y Factoría K), Kókinos, Libros del Zorro Rojo, Lóguez, Lumen, Media Vaca, Nórdica, OQO, Pintar-Pintar, Proteus, República Kukudrulu, Sd, Thule… y los que me dejo. Se sorprenderán muy gratamente y, de paso, no engañarán a los lectores, cuestión que tal vez figure en esa letra pequeña del periodismo que fueron los códigos deontológicos.

Visto algún comentario, añado un abrazo a los autores, ilustradores y editores recomendados en ese artículo. No va, en ningún caso, contra ellos.

Novedad personal: A partes iguales, ilustrado por Lina Zutaute

Me alegra mucho empezar el curso con una novedad, un álbum ilustrado por Lina Žutautė y publicado por OQO editora en castellano (A partes iguales) y gallego (A partes iguais, trad. Paco Liván).

A partes iguales. Darabuc & Lina Zutaute. OQO editora, 2012.

Dedicatoria

Como en mis otros álbumes de OQO, con mayor o menor distancia, parto de la tradición popular (en este caso, de un cuento popular español). Lo hago así porque, en contra del mito romántico, entiendo que la tradición en conjunto es más fuerte y sugerente que la creación ex nihilo; porque la selección del cuento y de sus diversas posibilidades dice tanto como la creación original; y porque sus modificaciones me permiten explicar el mundo a mis pequeños de una forma propia, no meramente heredada, que les hable tanto de las alegrías y los problemas de siempre como de los especiales de hoy.

En este caso, incorporo personajes femeninos, modifico la conclusión y ajusto el conjunto a la situación actual de creciente (y vergonzoso) aumento de la desigualdad social. Quizá es también el cuento más expresamente moral que he publicado, aunque espero haberlo hecho como debe ser: respetando la lógica interna de la narración. Los valores son necesarios en la vida, pero no hacen bueno un cuento por sí solos.

A partes iguales. Darabuc & Lina Zutaute. OQO editora, 2012.

Del trabajo de Lina Žutautė destaco, además de la representación clara y expresiva de los personajes con sus particularidades mágicas (Brazodegorila, Orejasdemurciélago, Hocicodetoro, Ojodeáguila y el perverso rey), la creación de ambientes y estados de ánimo, y también la introducción de metáforas propias: como los caminos de la vida (en la cubierta podéis ver cómo se cruzan, en el extremo superior derecho) o el juego de las guardas, por el que el libro se abre con pájaros enjaulados y se cierra con los pájaros en libertad.

A partes iguales. Darabuc & Lina Zutaute. OQO editora, 2012.

¡Ojalá lo disfrutéis como yo!

  • Más imágenes, incluidas varias páginas (de ambos idiomas), en este álbum.
  • Más información sobre el libro y sobre el diálogo que surja con las escuelas, o eventuales reseñas, en el blog de mis libros. Cuando el tiempo me permita destinar ejemplares gratuitos (salvo gastos de envío) para bibliotecas escolares, lo publicaré en bibesc.org.

‘Árboles en el camino’, de Régine Raymond-Garcia y Vanina Starkoff

De Vanina Starkoff me gustó mucho Bailar en las nubes, álbum que, si no he reseñado aquí, ha sido solo por falta de tiempo. Ahora ilustra este cuento de aire africano de la francesa Régine Raymond-Garcia, una bonita historia de protección por parte de los árboles (y sobre todo, del gran baobab), sustituto temporal de una madre en camino, al cabo de la cual el protagonista promete ser, cuando sea mayor, «el guardián de los árboles».

  • Régine Raymond-Garcia, ils. Vanina Starkoff, Árboles en el camino. OQO editora, 2012.
  • A mejorar, en la traducción de Pilar Férriz, correcta por lo demás, el detalle del ajuste de los nombres propios: lo que en francés es Khadija, en español debería ser Jadiyá (o Jadiya; no sé dónde cae el acento original).

Dedicatoria de mi próximo álbum ilustrado: «a todos cuantos…»

Casi nunca se presta a las dedicatorias la importancia que pueden llegar a tener, en parte porque muchas no salen del ámbito personal (y si tienen relevancia, queda oculta al lector), pero en parte por su misma disposición a menudo aislada y menor. En lo que respecta a mi próximo álbum ilustrado (mejor dicho: el próximo álbum ilustrado con texto de mi autoría, al que ha puesto imagen Lina Žutautė), quiero darle la prioridad que le corresponde dedicándole aquí una nota específica; más en estos tiempos en los que la narración oral difícilmente se considera una profesión necesaria (ergo: que requiere preparación específica y un pago proporcionado), y cuando sus clientes principales en lo que atañe a la LIJ, las escuelas y las bibliotecas, no reciben presupuesto ni para mantener al personal básico o adquirir un mínimo de novedades. Dedicado va, entonces, «a todos cuantos mantienen viva la llama de la narración oral».

Paula Carbonell presenta ‘Un perro y un gato’ (Abacus de Valencia, 26-N)

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‘Chocolata’, canción en gallego, de Almudena Janeiro, a partir del álbum de Marisa Núñez y Helga Bansch

Presentación de ‘La máscara del león’ en Rivas, con Margarita del Mazo y Paloma Valdivia (21-O)

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Presentación de ‘El gallo Traganueces’, de Roberto Mezquita, en Mundanalrüido

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‘Andrés cabeza abajo’, de Pablo Albo y Roger Olmos

Ilustración de Roger Olmos

«Andrés, cabeza abajo, iba pensando: “¡VAYA FAENA!”. Acababa de ser engullido por un ogro y estaba cayendo por su garganta.
“Con la mala suerte que tengo, seguro que en la barriga del ogro me encuentro con un dragón terrible que me quiere devorar.”
¡Y así fue!
“¡QUÉ MALA PATA!”, pensaba Andrés, mientras caía, cabeza abajo, por la garganta del dragón. “Seguro que este dragón acaba de comerse un oso salvaje al que le encanta comer niños.”
¡Y así era!»
La fatalidad de Andrés no termina en el oso, claro, sino que cada vez se adentra más en estas muñecas chinas carnívoras: «Y, como se temía, Andrés se encontró en la barriga del lobo feroz, que estaba dentro del león hambriento, que estaba dentro de la barriga del oso salvaje, que estaba dentro de la barriga del dragón terrible, que estaba dentro de la barriga del ogro».

Ilustración de Roger Olmos

Ilustración de Roger Olmos

¿Llegará alguien —leñador o caballero— que abra toda la serie de barrigas? No, «por mucho que esperó, allí no llegó nadie». Así que tendrá que resolverlo por sí mismo y, como no está en una ballena que lo pueda expulsar con el agua, no será el medio más limpio ni perfumado: «buscando, palpando y empujando se metió por un agujero que había en la barriga del lobo hasta que consiguió salir por…». Sí, por ahí; como se dice en letra pequeñita: «por donde suelen salir las cosas que los lobos se comen».

Por esa clase de agujeros, deshace el camino de las cajitas chinas, ahora marranas e hilarantes. Al fin llega a la barriga del ogro y, al sentirse cerca de la liberación, piensa: «¡Seguro que afuera brilla el sol!». Seguro… que no, ¡pobre Andrés, «cansado, mojado y maloliente»! Él no pierde la esperanza: «Con la suerte que tengo, seguro que mañana o pasado sale el sol». Olmos, que con los lados menos amables de la vida se sale (La cosa que más duele del mundo, El príncipe de los enredos), se ríe aquí dibujando una nube exclusiva para el gafado.

Ilustración de Roger Olmos

Inés Almagro presenta ‘Las manoplas de Caperucita’ en la librería De Cuento

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Pep Bruno en la librería Diógenes (Alcalá de Henares)

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Una novedad personal: ‘¿Tres han de ser?’, ilustrado por Fátima Afonso (edita OQO)

Un cuento sobre elecciones incomprensibles y el puente de amor que las vadea, nacido de la tradición oral y versionado con un ojo puesto en el presente y otro en mitos clásicos de nuestra cultura.

Los cuentos tradicionales deben su popularidad a una eficacia narrativa contrastada, capaz de llegar hondo a sus lectores y oyentes a lo largo de varias generaciones, lo que siempre los hace aconsejables; pero pierden esa eficacia (y transmiten valores que ya no nos representan) si no los vamos renovando y recreando para que respondan mejor a las inquietudes de nuestro tiempo. Como escritor, por otro lado, es una experiencia apasionante de goce y aprendizaje. ¿Por qué me interesa esta historia? ¿Por qué quiero seguir contándola? ¿Hasta dónde puedo aportar sin romper la identidad de fondo ni conformarme con la copia? ¿Qué piezas puedo cambiar de sitio, renovar, alterar, para que el cuento siga brillando y nos conmueva (o más aún, puestos a soñar: nos explique)?

Darabuc y Fátima Afonso, ed. OQO, 2011

¿Tres han de ser? adapta la tradición narrativa de Los tres maridos, una perla algo escondida, donde se enfrentan dos generaciones: la paterna/materna y la juvenil. La hija crece y, por razones que ni ella misma comprende, cuando desea casarse, quiere que sea con sus tres grandes amigos de infancia. ¡Con los tres! ¿Qué madre puede aceptar esto?

Los tres candidatos son aquí tres mitos principales de nuestra cultura. Los lectores más chicos no necesitan conocerlos para seguir la historia, se trata más bien de una invitación a seguir moviéndose por otras ramas del gran árbol de la cultura. Son mitos de gran fuerza, mitos de vida, muerte y deseo: Ícaro, Lázaro y Fausto.

La madre los someterá a una prueba —deben localizar objetos a cuál más insólito—, en parte como dilación urgente, también con la voluntad de poder seleccionar solo a uno de ellos. Pero las cosas no salen como ella espera, porque los jóvenes se marchan pero la hija muere al cumplirse un año. Por fortuna, ahí están los objetos insólitos —directamente mágicos, obtenidos en «la ciudad de las torres transparentes, donde los árboles hablan y los gatos cabalgan a los perros»— para devolvernos la sonrisa justo a tiempo y que la «serpiente negra» del entierro dé paso a una serpiente de colores y a las campanas de la boda.

¿Habían de ser tres? La madre se queda a solas con la pregunta, ante un «círculo de cuatro copas». «Estuvo mirándolas durante mucho mucho rato, hasta que de repente, se encogió de hombros y se fue. / Quienes la vieron marcharse cuentan que sonreía». El libro está dedicado a «las madres, en el momento —difícil como hermoso— de soltar la mano».

La labor de ilustración de Fátima Afonso merece mucho la pena, a mi juicio, tan dulce y sugerente en las expresiones como atenta a los detalles. Edita OQO en castellano y gallego (traducción de Laura Rubio).

Como humilde aportación a estos tiempos de crisis, hay 30 ejemplares gratuitos para bibliotecas públicas, bibliotecas escolares o (no podía ser menos, en este caso) madres que compartan en un blog su experiencia de educación en familia. Lamento no poder sufragar también los gastos postales, que serán a cuenta del receptor (paquete azul hasta 1 kg). Más info al respecto y peticiones, a mi correo o aquí. (Nota del 16 de marzo: los libros disponibles se han agotado)

Para las madres…

«Para las madres, en el momento —difícil como hermoso— de soltar la mano.» Ilustración de Fátima Afonso (fragmento). OQO, Pontevedra, enero de 2011

¡Felices fiestas y buen año nuevo para todos!

‘Caja de cartón’, de Txabi Arnal y Hassan Amekan

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En la misma colección Qontextos en la que se publicó Humo se ha editado este 2010 Caja de cartón, de Txabi Arnal y Hassan Amekan, con una misma intención de concienciación social, pero ahora sobre el tema de la inmigración. Narra la huida de la pobreza de una madre y su hija, un naufragio, la nueva pobreza en la sociedad rica, la creación de un barrio marginal («un pueblo de cartón, pobre pero alegre»), el incendio deliberado, la orfandad y la adopción. En la familia de adopción, la niña es «feliz junto a mi nueva mamá. Yo la quiero y ella me quiere. Me quiere tal como soy. Vivo en una casa. Tengo mi habitación, mi cama, mi armario… Y en el armario tengo una caja de cartón; una de esas cajas donde guardamos los zapatos, quienes tenemos zapatos. Pero en mi caja no hay zapatos, sino recuerdos. Porque no quiero olvidar. No quiero olvidar el llanto de mamá… tampoco su sonrisa».

El texto de Arnal se construye a partir de repeticiones, que van dando fuerza a los motivos, sobre todo al de la caja de cartón (pero también el de tener/no tener y el de la sonrisa); es certeramente parco, para no arruinar la emoción con verborrea. Las ilustraciones de Amekin mezclan óleos y collages, algunos elementos abstractos y manchas, con una coloración terrosa que solo quiebra la niña de rojo. Los personajes parecen muñecos vistos de perfil, con la espalda doblada y los miembros muy delimitados, como si fueran títeres articulados del teatro de sombras.

  • Txabi Arnal y Hassan Amekan, Caja de cartón. OQO, Pontevedra, 2010. 24×30 cm, 40 págs. ISBN 978-84-9871-215-5.