Archivo de la etiqueta: Pablo Amargo

El río que se secaba los jueves (y otros cuentos imposibles), de Víctor González

Kalandraka ha reeditado El río que se secaba los jueves, con las mismas ilustraciones de Pablo Amargo. En la nota editorial comunican que con su publicación “se inaugura la colección KALANDRAKA+, que apuesta por rescatar grandes obras de la literatura hispana contemporánea”. Una buena noticia, sin duda. El nuevo ISBN es 978-84-8464-354-8.

darabuc.wordpress.com

LOS PATOS DE CHELM

Este cuento no es mío sino de Samuel Tenenbaum, pero es tan bueno que lo pongo aquí igual.

«Los habitantes de Chelm conocen una manera infalible de distinguir un pato de una pata. Le tiran un trozo de pan. Si el pato correo en su busca, es pato; si es la pata la que corre a buscarlo, es pata.»

Este libro de ¿cuentos? (Anaya, 2006) sorprende, provoca, incita y despierta. Está ilustrado con imágenes sugerentes de Pablo Amargo, de tonos oscuros, que juegan mucho con la repetición. Ofrece posibilidades muy distintas, que pueden tanto arrancarte la carcajada como pedirte que dejes el libro para otro momento más despejado; en eso (y algunas otras cosas) me recuerda sobre todo a Gómez de la Serna, alias Ramón. Como buen plato sabroso y cargado de sugerencias, quizá no sea lo mejor para todos los días (o dicho de otro…

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De membrillos, mondas, corazones y literatura (Gustavo Martín Garzo)

Ayer nos regalaron un par de hermosos membrillos, a punto para la conserva, y coincide con que yo leía estas páginas de Martín Garzo:

Nuestro veraneo terminaba a finales de septiembre, y cuando regresábamos del pueblo dejábamos los membrillos en los árboles, que aún tendrían que esperar hasta comienzo de noviembre para madurar. Un buen día, al regresar del colegio, estaban en la cocina, metidos en sus cajas, como corazones embebidos de la luz del sol otoñal. Mi madre preparaba con ellos dulce de membrillo, pero también jalea. Siempre en proporciones muy inferiores, pues, mientras que con todos aquellos membrillos llenábamos latas y latas, que, dicho sea de paso, terminaban hartándonos, de jalea apenas se conseguía una minúscula fuente, que desaparecía en su totalidad en la primera merienda. Su preparación consistía en recoger las mondas y los corazones de los membrillos, ricos en gelatina, y, añadiendo azúcar, hervirlo todo lentamente hasta que se formaba un delicado jarabe, que luego, al secarse, tenía la consistencia de la carne. Recuerdo que nos las veíamos y deseábamos para repartir aquel tesoro. También que lo que más nos maravillaba era la escena de su preparación. A mi madre en medio de aquel país de mondas y tristes despojos, y como una maga haciendo de ellos el dulce maravilloso cuya sola evocación todavía ahora hace que me chupe los dedos. Pues bien, ésa es la materia de la verdadera literatura, que no opera con grandes palabras o conceptos, sino con mondas, peladuras, restos que no parecen servir para nada. Coge esos restos y prepara con ellos un elixir, pues la literatura es el instante de la transfiguración. …

  • Gustavo Martín Garzo, El pozo del alma. Anaya, Madrid, 2000. Con ilustraciones (metafóricas y sugerentes) de Pablo Amargo.

Duetos (III), en el Museo ABC: Pablo Amargo sobre Xaudaró

CREAN, nuevo portal de ilustración

  • ‘Crean’ es un proyecto de portal, abierto a la colaboración, que incluye una revista digital, un calendario, ediciones y tienda online. Más información y otros vídeos de difusión de Crean en Pasen y crean.

Presentación de libros de Mónica Gutiérrez Serna y Javier Sobrino a cargo de Ana Tortosa y Rosa Serrano

La editora Rosa Serrano (Tàndem edicions) y la escritora Ana Tortosa presentarán mañana viernes Las cosas que guardo, escrito e ilustrado por Mónica Gutiérrez Serna, y ¿Qué le pasa a Lucía?, del escritor Javier Sobrino, ilustrado por Pablo Amargo. En la librería Gil, de Santander, a las 8 de la tarde. Más información sobre los libros y los autores, en esta nota de El diario montañés.

Las cosas que guardo fue finalista del premio de álbum ilustrado Cabildo Insular. Podéis leer la noticia completa, que incluye también información sobre Yo vivía en el fin del mundo, de Ramón Trigo, en la revista Babar.

Pablo Amargo en Garabat

Para celebrar su primer año de funcionamiento, la galería bilbaína Garabat inaugura, el sábado 24 de mayo, una exposición del ilustrador Pablo Amargo. Más información, en este enlace.

Entre otras muchas obras, Pablo Amargo ha puesto imágenes a El río que se secaba los jueves…, de Víctor González. Pero también, por ejemplo, a los boletos del sorteo de lotería de la Cruz Roja, en su edición de 2008. El número 83 de la revista Peonza (diciembre de 2007) trae en su sección Ilústrate un artículo de Gabriel Pacheco titulado: «Pablo Amargo, el mundo es lo que pensamos».

Garabat se presenta a sí misma con estas palabras:

Garabat es la tienda-galería centrada en la ilustración que comenzó su actividad en mayo del 2007 en la calle 2 de Mayo de Bilbao.
En ella pretendemos dar muestra del trabajo de aquellos ilustradores que nos parezcan interesantes, independientemente de si su trabajo es para literatura infantil, editorial de revistas, cómic u otros ámbitos. Para ello organizaremos exposiciones, inicialmente con una periodicidad trimestral, en las que se podrán adquirir originales de los artistas expuestos así como reproducciones de esas mismas obras a precios más populares.
Además contaremos con obra gráfica de diferentes ilustradores o artistas relacionados con la imagen entre la que se podrán encontrar: art-toys, prendas y complementos serigrafiados, libros de autor y todo tipo de material relacionado con la ilustración.

El río que se secaba los jueves (y otros cuentos imposibles), de Víctor González

Ilustración de Pablo Amargo. Pulsad para ampliar.

LOS PATOS DE CHELM

Este cuento no es mío sino de Samuel Tenenbaum, pero es tan bueno que lo pongo aquí igual.

«Los habitantes de Chelm conocen una manera infalible de distinguir un pato de una pata. Le tiran un trozo de pan. Si el pato correo en su busca, es pato; si es la pata la que corre a buscarlo, es pata.»

Este libro de ¿cuentos? (Anaya, 2006) sorprende, provoca, incita y despierta. Está ilustrado con imágenes sugerentes de Pablo Amargo, de tonos oscuros, que juegan mucho con la repetición. Ofrece posibilidades muy distintas, que pueden tanto arrancarte la carcajada como pedirte que dejes el libro para otro momento más despejado; en eso (y algunas otras cosas) me recuerda sobre todo a Gómez de la Serna, alias Ramón. Como buen plato sabroso y cargado de sugerencias, quizá no sea lo mejor para todos los días (o dicho de otro modo: quizá no es para leer sin parar, como una novela); pero a diferencia de Adrià, el precio es para todos los bolsillos, así que no hay excusa para perdérselo…