Archivo de la categoría: Escritura

María José Ferrada y Felipe Munita, en Abracadabra

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«De la mano» porque Arianna me invitó a hacer de moderador del diálogo, así que ando buscando hilos, más los que vosotros traigáis…

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El papel público del humanismo

Sería bueno plantear y analizar el papel público del humanismo, lo cual, entre otras cosas, llevaría a replantearse de forma crítica el significado social del conocimiento en una época en la que toda idea se instrumentaliza en beneficio corporativista, o, muchísimo peor, se demoniza o se incrimina mediáticamente porque pertenecen al otro bando, a los otros, a los que van en otra dirección (cuando lo normal es que nadie vaya a ningún lugar, a no ser que este lugar se llame complejidad).

Víctor Moreno. En La manía de leer, luego no habla de las elecciones que se avecinan cuando escribo esto, aunque por desgracia el tema de la demonización de los otros sea el recurso básico de nuestros políticos (casi de cualquier color). La cita me interesó por eso (aunque espero no caer en la retórica prolectora que tanto ofende a Moreno, confío al menos en que una de las posibilidades de usar la lectura sea aprender a tolerar otras visiones del mundo), pero me resultó irresistible por el paréntesis.

Esa complejidad de la vida quizá sea una de las razones de escribir. Lo es de las mías, a veces buscando el sentido, a veces el consuelo, a veces no sé si el desquite. Esto último, en el sentido del humor, que la convicción de trascendencia (la incapacidad de tomarse a broma) parece mala compañera de viaje en este trayecto no siempre fácil por la complejidad.

  • La manía de leer. Caballo de Troya: Barcelona, 2009, p. 57.

¿Qué hombre hace la fuente del futuro, con guitarra, en el verano del bosque?

(Pulsad para ampliar)

La voz propia y el papel de los editores: una reflexión de Sergio Lairla

… Quien, como yo, haya tenido la suerte de toparse alguna vez con un buen editor sabe que su labor es el empujón crucial a la hora del alumbramiento de un libro: bien para que el libro salga fuerte y redondo o bien para que no salga, para que quede como sustrato de la verdadera obra que aún está por salir. La labor de un editor es sacar el tono adecuado, la voz propia de cada autor. De la misma forma que el cantante precisa escuchar su grabación para saber (entender) cómo suene su voz fuera de la resonancia de su propia cabeza, el autor necesita de alguien que le muestre cómo resuenan sus palabras dentro del lector. Para hablar con voz propia es necesario saber cómo suena la propia voz: dónde sujeta, dónde se pierde, qué repite, lo que calla, cuándo tartamudea, por qué habla…

La cabaña de papas fritas, por Jorge

«Yo voy a inventar una cabaña de papas fritas.
Esta cabaña tiene televisión de papas con antenas de escarbadientes. Tiene comodidades para golosos. Con mayonesa, ketchup y mostaza en la heladera y puré por si acaso.
Vive en ella un hombre obeso, de muy buen gusto y que tiene siempre hambre.
Hay sillones de churrascos y alfombras de huevo frito. Y una mesada hecha de cubos de tomates.
Pero no solo eso, también las camas son de milanesa a la napolitana con queso parmesano y jamón ibérico.
Para finalizar, se complementa con un auto de hamburguesa y garage de tostadas con mermelada.
Me gustó!!!!»

Cuento imposible de Sóngoro Cosongo, de Víctor González

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Nicolás Guillén, al que muchos por ignorancia consideran un poeta, es en realidad un país entero. Un país imaginario del que pocos han hablado y que debido a una confusión del impresor al enviar las galeradas, no llegó a aparecer en la primera edición de The Dictionary of Imaginary Places de Alberto Manguel y Gianni Guadalupi. Algo que ambos autores han lamentado públicamente en repetidas ocasiones.

El país en cuestión tenía que estar por riguroso orden alfabético, entre Ngranek, el monte de la isla Oriaba del País de los Sueños y Nimmr, la legendaria ciudad fundada por los cruzados de Ricardo I en África. Pero no fue así y el error ha seguido reproduciéndose en las ediciones siguientes, por lo que confiamos en que al menos con la aparición de este breve artículo, el editor corrija en las próximas este pequeño defecto, seguramente el único en una obra tan hermosa.

Se desconoce la situación exacta de Nicolás Guillén, aunque se sabe con certeza que limita al norte con Camagüey y al sur con La Habana y Cienfuegos. Tiene una superficie de unos 130.845 kilómetros cuadrados, algo más que la isla de Cuba. El clima es templado y las temperaturas medias oscilan entre los diez y los veintidós grados centígrados. Su hermoso y accidentado territorio de montañas, selvas, cayos y vegas, bañado por los ríos «Dice Mi Abuela Negra», «Mayombé» y «Podré Trabajar al Sol», hace de esta pequeña república caribeña uno de los lugares más bellos del planeta, soñado por todos los hombres de bien. Entre los accidentes geográficos más hermosos de sus costas merece la pena citar el cabo «Soldado aprende a tirar, tú no me vayas a herir»; el golfo «Sensemayá»; y la majestuosa bahía de aguas blancas «San Berenito». En el interior abundan los yacimientos a cielo abierto de oro, plata y versos libres.

La flora de Nicolás Guillén es de una riqueza y singularidad incomparable. Existen más de diez mil especies vegetales repartidas por esta región, la mayoría endémicas, destacando entre ellas el «Mango de Sol», el «Pino de la Cumbancha», el «Mamey Colorao» y los grandiosos helechos arborescentes conocidos popularmente como «Higuerotes».

La población de Nicolás Guillén está formada por negros yoruba, de piel chocolate y ojos azules; y también por negros habaneros, mandingas, yolofos, indios taínos de piel lisa como la hierba, panches, kimbayas blancos que cantan a la lluvia, calimas, cimarrones de color aceituna, kikongos y otros pueblos maravillosos de gentes perfectas cuyos nombres, simplemente dichos en voz alta, hacen llorar.

La lengua de este pequeño país es el Sóngoro, un idioma bellísimo y musical formado por onomatopeyas, repeticiones silábicas y jitanjáforas. El Sóngoro, que los naturales conocen desde su mismo nacimiento, ha sido muy estudiado por filólogos y especialistas que sin embargo, nunca lo han llegado a descifrar. A los extranjeros nos resulta imposible aprenderlo: «Repica el congo solongo / congo solongo del Songo / baila yambó sobre un pie.»

Jabberwocky, de Lewis Carroll (por Luis Maristany y Jaime de Ojeda)

1

Era cenora y los flexosos tovos
en los relonces giroscopiaban, perfibraban.
Mísvolos vagaban los vorogovos
y los verdiranos extrarrantes bruchisflaban.

Ocúltate, hijo mío, de Jabberwock brutal,
de sus dientes de presa y de su zarpa altiva;
huye al ave Jubjub y por último esquiva
a Bandersnatch feroz, humérico animal.

El muchacho empuñó la espada vorpalina,
buscó con mucho ahínco al monstruo manxiqués;
llegado a un árbol Tántum, se apoya y se reclina,
pensativo, un buen rato, sin moverse, a sus pies.

Y en tanto cavilaba el joven foscolérico,
se acercó Jabberwock con mirada de roca:
resoplaba en su avance por el bosque quimérico,
de tanta rabia espuma arrojaba su boca.

¡Uno y dos! ¡Uno y dos! Y de uno a otro lado
la vorpalina espada corta y taja, tris-tras:
lo atravesó de muerte. Trofeo cercenado,
su cabeza exhibía galofante, al compás.

¿Lograste -dijo el padre- matar a Jabberwock?
¡Déjame que te abrace, solfulgente hijo mío!
¡Oh día frabuloso! Clamó: ¡Calú…! ¡Caloc!
Y el viejo runquirriaba con placentero brío.

Era cenora y los flexosos tovos
en los relonces giroscopiahan, perfibraban.
Mísvolos vagaban los borogovos
y los verdirranos extrarrantes gruchisflaban.

(Traducción de Luis Maristany)

2

Brillaba, brumeando negro, el sol;
agiliscosos giroscaban los limazones
banerrando por las váparas lejanas;
mimosos se fruncían los borogobios
mientras el momio rantas murgiflaba.

¡Cuídate del Galimatazo, hijo mío!
¡Guárdate de los dientes que trituran
y de las zarpas que desgarran!
¡Cuídate del pájaro Jubo-Jubo y
que no te agarre el frumioso Zamarrajo!

Valiente empuñó el gladio vorpal;
a la hueste mansona acometió sin descanso;
luego, reposóse bajo el árbol del Tántamo
y quedóse sesudo contemplando…

Y así, mientras cavilaba firsuto.
¡¡Héte al Galimatazo, fuego en los ojos,
que surge hedoroso del bosque turgal
y se acerca raudo y borguejeando!!

¡Zis, zas y zas! Una y otra vez
zarandeó tijereteando el gladio vorpal.
Bien muerto dejó al monstruo, y con su testa
¡volvióse triunfante galompando!

¡¿Y haslo muerto?! ¡¿Al Galimatazo?!
¡Ven a mis brazos, mancebo sonrisor!
¡Qué fragarante día! ¡Jujurujuú! ¡Jay, jay!
Carcajeó, anegado de alegría.

Pero brumeaba ya negro el sol;
agiliscosos giroscaban los limazones
banerrando por las váparas lejanas;
mimosos se fruncían los borogobios
mientras el momio rantas necrofaba…

(Traducción de Jaime de Ojeda)

3

‘Twas brillig, and the slithy toves
Did gyre and gimble in the wabe;
All mimsy were the borogoves,
And the mome raths outgrabe.

“Beware the Jabberwock, my son!
The jaws that bite, the claws that catch!
Beware the Jubjub bird, and shun
The frumious Bandersnatch!”

He took his vorpal sword in hand:
Long time the manxome foe he sought-
So rested he by the Tumtum tree,
And stood awhile in thought.

And as in uffish thought he stood,
The Jabberwock, with eyes of flame,
Came whiffling through the tulgey wood,
And burbled as it came!

One, two! One, two! and through and through
The vorpal blade went snicker-snack!
He left it dead, and with its head
He went galumphing back.

“And hast thou slain the Jabberwock?
Come to my arms, my beamish boy!
O frabjous day! Callooh! Callay!”
He chortled in his joy.

‘Twas brillig, and the slithy toves
Did gyre and gimble in the wabe;
All mimsy were the borogoves,
And the mome raths outgrabe.

(Original de Lewis Carroll en Through the Looking Glass)