Archivo de la categoría: Escritura

María José Ferrada y Felipe Munita, en Abracadabra

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«De la mano» porque Arianna me invitó a hacer de moderador del diálogo, así que ando buscando hilos, más los que vosotros traigáis…

El papel público del humanismo

Sería bueno plantear y analizar el papel público del humanismo, lo cual, entre otras cosas, llevaría a replantearse de forma crítica el significado social del conocimiento en una época en la que toda idea se instrumentaliza en beneficio corporativista, o, muchísimo peor, se demoniza o se incrimina mediáticamente porque pertenecen al otro bando, a los otros, a los que van en otra dirección (cuando lo normal es que nadie vaya a ningún lugar, a no ser que este lugar se llame complejidad).

Víctor Moreno. En La manía de leer, luego no habla de las elecciones que se avecinan cuando escribo esto, aunque por desgracia el tema de la demonización de los otros sea el recurso básico de nuestros políticos (casi de cualquier color). La cita me interesó por eso (aunque espero no caer en la retórica prolectora que tanto ofende a Moreno, confío al menos en que una de las posibilidades de usar la lectura sea aprender a tolerar otras visiones del mundo), pero me resultó irresistible por el paréntesis.

Esa complejidad de la vida quizá sea una de las razones de escribir. Lo es de las mías, a veces buscando el sentido, a veces el consuelo, a veces no sé si el desquite. Esto último, en el sentido del humor, que la convicción de trascendencia (la incapacidad de tomarse a broma) parece mala compañera de viaje en este trayecto no siempre fácil por la complejidad.

  • La manía de leer. Caballo de Troya: Barcelona, 2009, p. 57.

¿Qué hombre hace la fuente del futuro, con guitarra, en el verano del bosque?

(Pulsad para ampliar)

La voz propia y el papel de los editores: una reflexión de Sergio Lairla

… Quien, como yo, haya tenido la suerte de toparse alguna vez con un buen editor sabe que su labor es el empujón crucial a la hora del alumbramiento de un libro: bien para que el libro salga fuerte y redondo o bien para que no salga, para que quede como sustrato de la verdadera obra que aún está por salir. La labor de un editor es sacar el tono adecuado, la voz propia de cada autor. De la misma forma que el cantante precisa escuchar su grabación para saber (entender) cómo suene su voz fuera de la resonancia de su propia cabeza, el autor necesita de alguien que le muestre cómo resuenan sus palabras dentro del lector. Para hablar con voz propia es necesario saber cómo suena la propia voz: dónde sujeta, dónde se pierde, qué repite, lo que calla, cuándo tartamudea, por qué habla…

La cabaña de papas fritas, por Jorge

«Yo voy a inventar una cabaña de papas fritas.
Esta cabaña tiene televisión de papas con antenas de escarbadientes. Tiene comodidades para golosos. Con mayonesa, ketchup y mostaza en la heladera y puré por si acaso.
Vive en ella un hombre obeso, de muy buen gusto y que tiene siempre hambre.
Hay sillones de churrascos y alfombras de huevo frito. Y una mesada hecha de cubos de tomates.
Pero no solo eso, también las camas son de milanesa a la napolitana con queso parmesano y jamón ibérico.
Para finalizar, se complementa con un auto de hamburguesa y garage de tostadas con mermelada.
Me gustó!!!!»

Cuento imposible de Sóngoro Cosongo, de Víctor González

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Nicolás Guillén, al que muchos por ignorancia consideran un poeta, es en realidad un país entero. Un país imaginario del que pocos han hablado y que debido a una confusión del impresor al enviar las galeradas, no llegó a aparecer en la primera edición de The Dictionary of Imaginary Places de Alberto Manguel y Gianni Guadalupi. Algo que ambos autores han lamentado públicamente en repetidas ocasiones.

El país en cuestión tenía que estar por riguroso orden alfabético, entre Ngranek, el monte de la isla Oriaba del País de los Sueños y Nimmr, la legendaria ciudad fundada por los cruzados de Ricardo I en África. Pero no fue así y el error ha seguido reproduciéndose en las ediciones siguientes, por lo que confiamos en que al menos con la aparición de este breve artículo, el editor corrija en las próximas este pequeño defecto, seguramente el único en una obra tan hermosa.

Se desconoce la situación exacta de Nicolás Guillén, aunque se sabe con certeza que limita al norte con Camagüey y al sur con La Habana y Cienfuegos. Tiene una superficie de unos 130.845 kilómetros cuadrados, algo más que la isla de Cuba. El clima es templado y las temperaturas medias oscilan entre los diez y los veintidós grados centígrados. Su hermoso y accidentado territorio de montañas, selvas, cayos y vegas, bañado por los ríos «Dice Mi Abuela Negra», «Mayombé» y «Podré Trabajar al Sol», hace de esta pequeña república caribeña uno de los lugares más bellos del planeta, soñado por todos los hombres de bien. Entre los accidentes geográficos más hermosos de sus costas merece la pena citar el cabo «Soldado aprende a tirar, tú no me vayas a herir»; el golfo «Sensemayá»; y la majestuosa bahía de aguas blancas «San Berenito». En el interior abundan los yacimientos a cielo abierto de oro, plata y versos libres.

La flora de Nicolás Guillén es de una riqueza y singularidad incomparable. Existen más de diez mil especies vegetales repartidas por esta región, la mayoría endémicas, destacando entre ellas el «Mango de Sol», el «Pino de la Cumbancha», el «Mamey Colorao» y los grandiosos helechos arborescentes conocidos popularmente como «Higuerotes».

La población de Nicolás Guillén está formada por negros yoruba, de piel chocolate y ojos azules; y también por negros habaneros, mandingas, yolofos, indios taínos de piel lisa como la hierba, panches, kimbayas blancos que cantan a la lluvia, calimas, cimarrones de color aceituna, kikongos y otros pueblos maravillosos de gentes perfectas cuyos nombres, simplemente dichos en voz alta, hacen llorar.

La lengua de este pequeño país es el Sóngoro, un idioma bellísimo y musical formado por onomatopeyas, repeticiones silábicas y jitanjáforas. El Sóngoro, que los naturales conocen desde su mismo nacimiento, ha sido muy estudiado por filólogos y especialistas que sin embargo, nunca lo han llegado a descifrar. A los extranjeros nos resulta imposible aprenderlo: «Repica el congo solongo / congo solongo del Songo / baila yambó sobre un pie.»

Jabberwocky, de Lewis Carroll (por Luis Maristany y Jaime de Ojeda)

1

Era cenora y los flexosos tovos
en los relonces giroscopiaban, perfibraban.
Mísvolos vagaban los vorogovos
y los verdiranos extrarrantes bruchisflaban.

Ocúltate, hijo mío, de Jabberwock brutal,
de sus dientes de presa y de su zarpa altiva;
huye al ave Jubjub y por último esquiva
a Bandersnatch feroz, humérico animal.

El muchacho empuñó la espada vorpalina,
buscó con mucho ahínco al monstruo manxiqués;
llegado a un árbol Tántum, se apoya y se reclina,
pensativo, un buen rato, sin moverse, a sus pies.

Y en tanto cavilaba el joven foscolérico,
se acercó Jabberwock con mirada de roca:
resoplaba en su avance por el bosque quimérico,
de tanta rabia espuma arrojaba su boca.

¡Uno y dos! ¡Uno y dos! Y de uno a otro lado
la vorpalina espada corta y taja, tris-tras:
lo atravesó de muerte. Trofeo cercenado,
su cabeza exhibía galofante, al compás.

¿Lograste -dijo el padre- matar a Jabberwock?
¡Déjame que te abrace, solfulgente hijo mío!
¡Oh día frabuloso! Clamó: ¡Calú…! ¡Caloc!
Y el viejo runquirriaba con placentero brío.

Era cenora y los flexosos tovos
en los relonces giroscopiahan, perfibraban.
Mísvolos vagaban los borogovos
y los verdirranos extrarrantes gruchisflaban.

(Traducción de Luis Maristany)

2

Brillaba, brumeando negro, el sol;
agiliscosos giroscaban los limazones
banerrando por las váparas lejanas;
mimosos se fruncían los borogobios
mientras el momio rantas murgiflaba.

¡Cuídate del Galimatazo, hijo mío!
¡Guárdate de los dientes que trituran
y de las zarpas que desgarran!
¡Cuídate del pájaro Jubo-Jubo y
que no te agarre el frumioso Zamarrajo!

Valiente empuñó el gladio vorpal;
a la hueste mansona acometió sin descanso;
luego, reposóse bajo el árbol del Tántamo
y quedóse sesudo contemplando…

Y así, mientras cavilaba firsuto.
¡¡Héte al Galimatazo, fuego en los ojos,
que surge hedoroso del bosque turgal
y se acerca raudo y borguejeando!!

¡Zis, zas y zas! Una y otra vez
zarandeó tijereteando el gladio vorpal.
Bien muerto dejó al monstruo, y con su testa
¡volvióse triunfante galompando!

¡¿Y haslo muerto?! ¡¿Al Galimatazo?!
¡Ven a mis brazos, mancebo sonrisor!
¡Qué fragarante día! ¡Jujurujuú! ¡Jay, jay!
Carcajeó, anegado de alegría.

Pero brumeaba ya negro el sol;
agiliscosos giroscaban los limazones
banerrando por las váparas lejanas;
mimosos se fruncían los borogobios
mientras el momio rantas necrofaba…

(Traducción de Jaime de Ojeda)

3

‘Twas brillig, and the slithy toves
Did gyre and gimble in the wabe;
All mimsy were the borogoves,
And the mome raths outgrabe.

“Beware the Jabberwock, my son!
The jaws that bite, the claws that catch!
Beware the Jubjub bird, and shun
The frumious Bandersnatch!”

He took his vorpal sword in hand:
Long time the manxome foe he sought-
So rested he by the Tumtum tree,
And stood awhile in thought.

And as in uffish thought he stood,
The Jabberwock, with eyes of flame,
Came whiffling through the tulgey wood,
And burbled as it came!

One, two! One, two! and through and through
The vorpal blade went snicker-snack!
He left it dead, and with its head
He went galumphing back.

“And hast thou slain the Jabberwock?
Come to my arms, my beamish boy!
O frabjous day! Callooh! Callay!”
He chortled in his joy.

‘Twas brillig, and the slithy toves
Did gyre and gimble in the wabe;
All mimsy were the borogoves,
And the mome raths outgrabe.

(Original de Lewis Carroll en Through the Looking Glass)

El asesinato del profesor de Matemáticas, de Jordi Sierra i Fabra

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Ilustración de Pablo Núñez

Me ha entretenido y picado 3L 4S3S1NAT0 D3L PR0F3S0R D3 M4T3M4T1C4S, de Jordi Sierra i Fabra, novela que el autor califica de «divertimento» y que cumple muy bien su función de plantear una cuestión detectivesca (incluida una muerte y una carrera contra el reloj) a partir de una serie de enigmas, acertijos y problemas entre matemáticos y lógicos.

Las ilustraciones de Pablo Núñez son curiosas por el hecho de ser relativamente estáticas (quiero decir con ello independientes de la trama); en buena medida son un cuadro de personajes sumidos en las Matemáticas y repartidos por el libro sin que se requiera siempre una hilación exacta con cada capítulo en el que aparecen. Podrían ser incluso cartas (el margen mismo de la imagen quizá invita a pensarlo) colocables al gusto o casi al azar, por decirlo de otra manera. Ya se sabe que azar y matemáticas se odian y aman sin poderlo remediar; como texto e imagen, probablemente, y esa es la única manera de intentar abarcar nuestro mundo, que no es ni lógico ni mágico, sino las dos cosas al tiempo, y por eso un buen libro bien ilustrado suma bastante más que dos.

Desde el punto de vista de su escritura, la novela tiene las virtudes de Sierra i Fabra (sobre todo, el control de la trama y quizá la narración rápida mediante los diálogos), pero también su defecto más recurrente (a mi modo de ver): una redacción que se diría apresurada y falta del grado necesario de revisión. Más allá del placer subjetivo de cada lector en cada párrafo, en el que no entro, no deberían llegar a la imprenta lapsus como «aterido» por «aterrado» (p. 55: «Estaban muy impresionados, pero también muertos de miedo. Ateridos»; la acción ocurre en el mes de junio y por mucha impresión que uno sufra, parece difícil estar «pasmado de frío») o «equívoco» por «equivocado» (p. 107; pero «equívoco» es «ambiguo», no «erróneo»). Esa falta de pulcritud se extiende a algún problema matemático, creo yo: si «De los 60 alumnos que practican deporte en un colegio, el 55% practica el fútbol, el 24% practica el baloncesto y el 6% se dedica a la natación», nos queda un 15% para el tenis, desde luego, es decir, 9 niños; pero también resulta que practicarían baloncesto 14,4 niños y natación, 3,6 niños (con humor negro: el 0,4 es una cabeza grande, que hace de balón de recambio, y el 0,6 restante es para ahorrarse tener que contratar otro taxi, pues por debajo de dos tercios de persona cabe considerarse legalmente maleta). La novela no pierde eficacia por estos detalles, pero ¿cuánto habría costado cuidarlos? Menos de lo que afean el conjunto, tal vez.

No está en mi ánimo repartir leña. Pero si bien al crear el blog pensé que apenas expondría críticas negativas (pues me gusta ante todo animar a leer y no faltan los libros para ello), con el tiempo voy pensando que no hay problema en hacer reparos a obras concretas de autores consolidados, con la idea de plantear posibles problemas generales que me sirvan primero a mí, como aprendiz de escritor, y luego a otros con interés en la literatura en general. Al elefante no le molestará que la hormiga diga la suya y a la hormiga le irá bien decirlo en voz alta, es decir, exponiéndose a la leña ajena, no vaya a ser que esté tomando por defectos lo que simplemente no ha conseguido entender. En esta misma serie, hablaré en fecha próxima de César Vidal y, por último, de la eficacia narrativa vista por un poeta (W. H. Auden).

Breve: Taller de escritura con Arianna Squilloni

Arianna Squilloni imparte un taller de escritura de literatura infantil en Galapagar (Madrid), los días 12 a 14 de diciembre. Más información, en este pdf de Ilustrarte.

Marimba reflexiona sobre el teatro para niños

Hace poco he escrito aquí mi perplejidad como autor ante el género del teatro: veo el edificio, en algunos aspectos conozco la teoría del edificio, pero no encuentro la puerta o el modo de acceder al otro lado del espejo. José Luis García, de Marimba Marionetas, ha colgado en su blog unas breves reflexiones sobre el teatro para niños (y niñas, si alguien necesita la precisión). Curiosamente, parte de la reflexión es el otro lado de ese espejo cerrado:

… hay que tener en cuenta que es muy difícil que un autor o autora que no tiene experiencia escénica con niños pueda escribir algo que llegue a ellos. ¿Y esto por qué? Hay autores de teatro que no tienen ninguna vinculación con la escena que se autoproclaman como los únicos capaces de escribir para niños, porque tienen una formación literaria. Yo discrepo de ellos. De igual manera que un estudiante de medicina que acaba la carrera necesita contacto con los pacientes para convertirse en médico, un escritor necesita tener contacto estrecho con los espectadores para convertirse en escritor de teatro, en creador escénico. La historia del teatro no da suficientes pruebas de que aquellos que han producido obras universales son los que de una manera u otra vivían cerca de la escena.

Pues si la teoría la ha de dar ante todo la experiencia, «¡manos al guante!», o a las varillas, o a los objetos, y a ver qué ocurre. Pero eso no quita lo contrario: es frecuente ver obras de teatro para niños a las que les sobran buenas intenciones pero les falta calidad teatral propiamente dicha, como unidad de propósito, vocabulario y público modelo, por no hablar de los problemas de la interpretación… o de la falta de respeto del público, que «como es una cosa para niños», se pone a hablar por el móvil compitiendo en volumen de voz con los actores.

Dos premios de poesía para jóvenes

Algunos premios de poesía especifican una edad máxima, con la intención de acotar el campo para los escritores jóvenes (en un sentido de la juventud más lato que el exclusivo de la LIJ, pero aun así para jóvenes). Uno de ellos es el Premio Nacional de Poesía “Fundación Cultural Miguel Hernández” (bases en Eldígoras), para menores de 35 años; la misma edad marca el límite en el Premio Hiperión (bases). En otra ocasión ya he hablado del premio Gloria Fuertes para poetas de entre 16 y 25 años.

Puede ser una buena manera de empezar: suerte a los que participen.

Mes de la biblioteca escolar y notas breves sobre cuatro autores

Los “meses de” son excusas para hablar de cuestiones que valen la pena, y como tal aprovecho que octubre es el “mes internacional de la biblioteca escolar”. Podéis leer más, por ejemplo, en @bareque. Revista de Bibliotecas Escolares. En estos temas creo que es importante dejarse de rodeos y decir lo que se necesita, si de verdad se desea fomentar la lectura entre los escolares: bibliotecas suficientes y actualizables con personal específicamente bibliotecario y de animación a la lectura. (Añado: es un punto de vista utópico. Pero creo que conviene limpiar de vez en cuando el parabrisas de la suciedad de las restricciones presupuestarias, no sea que terminemos confundiendo los objetivos.)

Por otro lado, Roberto Aliaga me cuenta que ha abierto hace poco un blog personal. Como no quiero sustituir la curiosidad de nadie con un comentario sobre sus libros, llamaré la atención sobre otro punto, más externo: las “obras completas” (hasta ahora) de Roberto son muy singulares, vistas desde fuera, porque en solo tres años, entre 2005 y 2008, han aparecido en siete editoriales distintas.

También recibí un correo de las autoras de Diaplerons, duendecillos de los Pirineos, Dolores Galindo y Silvia Aguilera, que os invitan a conocer su álbum, editado por Barrabés. En su blog hallaréis asimismo presentaciones en vídeo.

Y hace tiempo que quería hablar de otro espacio personal, Muchacha de sal, de la periodista y escritora Fátima Fernández. El último poema que ha antologado es el imprescindible Fuga de muerte, que también saldrá aquí, tarde o temprano. Además, Fátima participa en uno de esos grupos locales que contribuyen más que nadie a que haya vida más allá de las subvenciones: Creactiva.

Al hablar de espacios personales (permitidme ahora que piense en voz alta) no recomiendo ni tampoco dejo de recomendar. Son islas que cada cual debe valorar según su propio criterio pero que me parece preciso cartografiar para huir de las modas o la sociedad literaria, que pese a tener su parte crítica y razonable también es capaz de lo incomprensible (como entronizar a bodrios como El código Da Vinci). Pero no solo: entre la “revista” y la “página de autor”, este blog es también, y sobre todo, un espacio personal, de orden propio, de dudas en voz alta, de botellas arrojadas desde mi isla al mar colectivo de la pasión lectora. Lógicamente, siento empatía por otros espacios que son similares y sin embargo tan distintos como de hecho lo somos cada uno de nosotros.

Escritura, de Octavio Paz

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ESCRITURA

Yo dibujo estas letras
como el día dibuja sus imágenes
y sopla sobre ellas y no vuelve.

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Ladera este, 1962-1968.

La LIJ de calidad como escritura de resistencia y el problema de la censura

Sandra Comino, escritora y estudiosa, habla de lo que a su juicio son prescripciones editoriales, censura y falta de calidad en demasiadas obras de la LIJ actual:

«—¿En este comienzo de siglo, qué tendencias observas en la escritura para niños y jóvenes?
—Es difícil hacer un panorama así de manera ligera. Pero vengo pensando sobre este tema y de hecho es parte de mi trabajo. Creo que hay tres grandes cuestiones que son: una: tiene que ver con el mercado. Se está publicando demasiado y hay una generación de escritores que escriben lo que pide ese mercado, lo que se puede vender. Hay escritores que aceptan escribir por prescripción y los editores los eligen porque se dejan corregir, recortar, porque hay una concepción desde la edición de trabajar con la escuela y porque como consecuencia estos escritores son maleables, no tienen un concepto de lo que es literatura infantil y juvenil y subestiman a los chicos. En este punto mi temor es que todo lo que se logró hasta ahora se desmorone. Dos: hay una especie de virus que les da a las personas que nunca escribieron o que escriben para adultos, que tienen un nieto o un hijo y le escriben un cuento que además le publican. Esto me parece una falta de respeto a los receptores también. No quiere decir que no haya escritores que escriban bien motivados por un niño cercano; ya que hay muchos que sí lo pueden hacer, pero no les sale a todos. Tres: hay una LIJ que resiste y con grandes esfuerzos, de verdad que hacen las cosas bien, que tienen oficio, no aceptan censuras y trabajan el lenguaje.»

Podéis leer la entrevista completa en este enlace de Letralia 183. Coincide con que, hace poco, una de las escritoras que más admiro me hablaba de un problema de censura con una propuesta de libro juvenil.

La censura es un principio absurdo, desde luego, pero existe y supongo que responde a la presión social de algunos medios de comunicación y asociaciones no exactamente liberales. A mi modo de ver, lo absurdo, en concreto, es que hoy menos que nunca, no se le pueden poner puertas al campo; pero, si impedimos que llegue a los jóvenes literatura razonable sobre sus deseos (incluidos sus deseos sexuales, claro está, como parte inseparable de cualquier persona; e incluida aquella literatura cuya ideología no cuadra con la nuestra), lo que llegará para cubrir el hueco son otras explicaciones y experiencias bastante más cutres y capaces de sembrar la confusión, como las de la pornografía, que circulan bajo mano, por sistemas no censurables. Es la triste paradoja de la presión censora, a mi modo de ver: que por miedo de lo cuestionable, tiende a limitarnos a lo peor.

Hacerse un hueco no es fácil, por el Perich

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Comenzar en el mundo de la ilustración (al igual que mantenerse, quizá) no es fácil. El Perich lo contaba con humor: «Convencido de que mi camino ya estaba marcado, me lancé como una fiera a invadir con mis dibujos el mundo editorial… Por desgracia, los resultados no fueron los esperados».

Para la mayoría de los escritores, a juzgar por mi experiencia y las que conozco, no es muy distinto. En tiempos de correo electrónico o envíos postales, sin visitas puerta a puerta, mi «estadística personal» sería por ahora algo así:
– 90%: No responde
– 6%: Es demasiado complejo
– 2%: No está en nuestra línea
– 1%: Lo hemos seleccionado, ¡felicidades!
– 1%: Nos ha parecido estupendo y encaja la mar de bien

Ese 2% último ya da para muchas alegrías, así que, que nadie se desanime… Es cuestión de echarse a rodar y no imponerse metas ni esperar grandes reacciones a nuestros primeros trabajos, quitando importancia a las negativas y acumulando ilusión con las alegrías.

La viñeta está tomada de Así lo vio todo el Perich, Ediciones B, 1995.

Taller de edición artesanal de libros ilustrados y taller Oulipo

La librería barcelonesa La Central organiza un Taller de edición artesanal de libros ilustrados, los sábados por la mañana, del 29 de marzo al 24 de mayo, a cargo de Julia Pelletier y Rafa Castañer. Según los promotores: «Este taller pretende llevar al alumno a desarrollar un trabajo narrativo personal que tendrá forma de libro ilustrado (libro de artista, cómic, libro objeto, poesía visual…)».

Del 15 de abril al 1 de julio, hay también un Oulipo. Taller de literatura potencial, a cargo de Guadalupe Nettel: «un taller de escritura divertido y antisolemne que estimula la creatividad y el juego con las palabras, las imágenes y los sonidos».

Que los disfrutéis los que podáis ir.

La dislexia, en la prensa

Aunque no me ha convencido —para empezar, el artículo cae en la típica descalificación global y leñera de la escuela española, frente a otras más bien idealizadas—, me alegra ver que la prensa general dedica espacio a la dislexia, un trastorno que afecta directamente a la capacidad de lectura y expresión escrita y que, cuando no se detecta, causa más problemas de lo que en realidad debería: ¿Tal vez tu hijo es disléxico y nadie lo sabe?, de Maruxa Ruiz del Árbol, en El País.

Para ser escritor hay que dar un salto

darabuc-avi-writer-brian-floca-city-of-light-city-of-dark.jpgEn el sitio de Avi10px-external-2.png he encontrado una reflexión que, con toda su brevedad, me ha parecido clave, a la luz de mi experiencia (a otros les parecerá prescindible u obvia, no pretendo dar lecciones). Pero a mí, en el instituto y aun algo más tarde, me habría ido bien para dar un salto que solo di más adelante… aunque en aquella época agitada, quizá me lo advirtieron y no le presté siquiera oídos.

Preguntan: «¿Cuándo se convierte uno en escritor?».

Avi responde: «Según creo, cuando dejas de escribir para ti mismo o para tus maestros y comienzas a pensar en los lectores».

En la adolescencia, tendemos a despreciar la retórica, a escribir con el corazón y a negarnos a pensar en quien nos pudiera leer (o incluso a lucir el lema de «Yo escribo para mí mismo»). Pero negarnos a cuidar la forma de lo que escribimos —no solo palabra por palabra, sino pensando también en el argumento y la trama, en quién cuenta la historia, desde qué punto de vista y por qué, o en la construcción de los personajes— es el camino más corto para que fracase la comunicación. En otras palabras: para que lo que podría ser una historia apasionante suene solo a chiste aburrido y estrepitosamente mal contado. Si quieres ser escritor, no hay más: tienes que dar el salto.

(Este blog salta ahora hasta el 10 de enero, más o menos, para descansar y también reflexionar un tantico. Pero iré leyendo y respondiendo a los posibles comentarios, aunque sea con la demora propia de las fiestas.)