Archivo de la categoría: Ilustradores

El río que se secaba los jueves (y otros cuentos imposibles), de Víctor González

Kalandraka ha reeditado El río que se secaba los jueves, con las mismas ilustraciones de Pablo Amargo. En la nota editorial comunican que con su publicación “se inaugura la colección KALANDRAKA+, que apuesta por rescatar grandes obras de la literatura hispana contemporánea”. Una buena noticia, sin duda. El nuevo ISBN es 978-84-8464-354-8.

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LOS PATOS DE CHELM

Este cuento no es mío sino de Samuel Tenenbaum, pero es tan bueno que lo pongo aquí igual.

«Los habitantes de Chelm conocen una manera infalible de distinguir un pato de una pata. Le tiran un trozo de pan. Si el pato correo en su busca, es pato; si es la pata la que corre a buscarlo, es pata.»

Este libro de ¿cuentos? (Anaya, 2006) sorprende, provoca, incita y despierta. Está ilustrado con imágenes sugerentes de Pablo Amargo, de tonos oscuros, que juegan mucho con la repetición. Ofrece posibilidades muy distintas, que pueden tanto arrancarte la carcajada como pedirte que dejes el libro para otro momento más despejado; en eso (y algunas otras cosas) me recuerda sobre todo a Gómez de la Serna, alias Ramón. Como buen plato sabroso y cargado de sugerencias, quizá no sea lo mejor para todos los días (o dicho de otro…

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Palabras para viajar, de Ana Alonso y Ángeles Agrela

Hablar de libros es una convención en la que, vista con algo de sorna, fingimos por un rato que yo sé de qué hablo, y además puedo hacerlo con objetividad. Por lo general el sistema, cuando se practica con prudencia, no solo no rechina, sino que incluso resulta útil: para empezar, se publica más de lo que nadie puede leer. Con Palabras para viajar he tenido una relación no sé si extraña o complicada, que ha hecho saltar las costuras de la convención, y por eso he empezado poniéndola sobre la mesa.

Se trata de un libro de poemas organizado (semántica y estructuralmente) en torno de los dos conceptos del título: el movimiento y la palabra. La quinta sección, por ejemplo, «Palabras para llegar», incluye los poemas «Casa», «Verano», «Amigo» y «Montaña». Predomina el verso libre sin base métrica, con algunos versos extralargos que me hacen pensar en la tradición surrealista («Yo podría respirar agua y ser una estrella blanda y roja en la arena / y no vería nada porque estaría tan oscuro que no distinguiría el día de la noche, / y ni siquiera podría oír», en «Fondo»), aunque algunos son de raíz clásica («Herida», que quizá puede leerse con el «Llegó con tres heridas» hernandiano, es un 5x5a5b11a11b). Predomina la expresión relativamente directa, de imágenes cotidianas y lenguaje corriente, unido a un afán comunicativo claro en torno a los problemas del crecimiento y las relaciones personales con los otros, del buscar el lugar propio en el mundo, típicos (aunque no exclusivos) de la adolescencia («A veces decir adiós cuesta tanto trabajo / como levantar la mano en clase / aunque te sepas la pregunta. // A veces solo quieres que los demás no noten que tú aún sigues ahí. // Hasta que te das cuenta / de que siendo tú mismo / no le haces daño a nadie», en «Adiós».)

En mi lectura la convención salta, y vale la pena explicarlo, por muchas coincidencias a medias. Yo también escribo poesía, pero más para niños que para adolescentes; me ha interesado el verso libre, pero sobre todo el de raíz métrica; me atraen el juego verbal, el lenguaje extraño y la imagen relativamente poco explicada. Lógicamente, mi yo aquí no importa nada: pero lectora (o lector, que también existe), si no te dijera que esto ha sido una relación de amor y odio, con chispazos por igual de descubrimiento y enfado, estaría falseando demasiado. He leído demasiado lejos de la convención de la lectura neutra y la exposición objetiva. Así que de momento aparquemos la ficción del observador no comprometido.

En el peor de los casos —dicho lo anterior, que no se olvide—, los poemas me han sonado tan prosaicos, directos y de voluntad útil que si quitamos el espacio que delimita los versos podrían estar en un libro de la (¿denostada pero imprescindible?) sección de autoayuda. Véase «Adiós» (citado parcialmente arriba) o «Amigo»: «¿Tú tienes un amigo en el que piensas / como en un fuego alegre que te espera lejano / ardiendo muy despacio en una chimenea? // Si aún no lo tienes / busca un amigo así. / Un amigo al que siempre / puedas volver. / Y trátalo muy bien. ¡Quiérelo mucho!». Según aquella vieja definición de la poesía como arte de lo memorable, ¿qué habría de memorable en esta expresión lingüística concreta (no en la idea, sino en las palabras elegidas y dispuestas como poema)?

A lo mejor, claro, aquella vieja definición es sencillamente una definición caducada. La poesía en los tiempos de whatsapp, ¿es el mensaje que podemos copiar en un «estado» para etiquetar a otro, como apelación directa? Con las formas de lectura real de nuestros adolescentes, ¿hasta qué punto tiene sentido complicar el poema en sus estructuras y elecciones léxicas? Con el sentido métrico de nuestra sociedad, el heredado de la música pop y no de Góngora, ¿cómo y hasta dónde hay que pulir el resultado? Si queremos que la poesía no sea el ratito obligado de la clase de literatura sino lo que copiaremos en las puertas del lavabo, ¿de qué nos sirve la tradición?

En el mejor de los casos, pues, los poemas de Alonso me acompañará mucho tiempo precisamente porque rompen mis costuras y me hacen dudar. No es la primera vez que me pasa con los premios de «El príncipe preguntón», de línea a mi juicio irregular, pero más arriesgada que los «Luna de aire» o «Ciudad de Orihuela».

Mención aparte merece la ilustración, que potencia el libro por el lado metafórico. Con imágenes grandes y claras, en su mayoría de personajes femeninos —recordemos de paso que Alonso es Ana, Agrela es Ángeles y hay más lectoras y profesoras que lectoros y profesoros—, y un estilo que yo situaría entre el neorrealismo y la ilustración científica, la ilustración juega a provocar y hacer volar la imaginación con dualidades, casi binomios fantásticos —mujer y árbol (o y nube, y libélula, y agua), caras de sol o de flor, corazones gigantes y otras cosas que llevamos a cuestas—, desde luego enigmáticos.

  • Palabras para viajar. Libro de poemas de Ana Alonso, ilustrado por Ángeles Agrela. Diputación de Granada, 2017. X Premio de poesía para niños “El príncipe preguntón”.

Reconocerse, construirse (#HOreel 1)

A O y a mí nos gusta reconocernos en Tipos duros (También tienen sentimientos) (Keith Negley, ed. Impedimenta). Es uno de los nocturnos habituales, una o varias veces por semana. En parte porque una de las tareas necesarias de un padre separado, creo, es transmitir seguridad pero a la vez sin bloquear la expresión de nervios, inquietudes, angustias. El abrazo con margen, quizá; el abrazo que no aprieta. Tipos duros nos gusta en general: O y yo somos hombre y niño típico, si quieren, con nuestros sueños de ninja y astronauta, motorista y superhéroe. Además nos gusta en particular porque nos deja lugar a la tristeza, y en la vida también la hay, y en una separación puede haberla, o abundar incluso, por todas las partes.

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En realidad, donde digo reconocernos, digo construirnos. Por eso preciso que nos gusta reconocernos. Aquí nuestro leer reconociéndonos no es pasivo, sino activo. No siempre estamos donde quisiéramos: no siempre sabemos volar, no siempre encontramos la puerta buena del espejo. La encontramos a menudo y volamos más que bien, desde luego, pero eso no es ni siempre ni todo ni Dios, como querríamos, porque también somos humanos en el afán, en la sed, en ir siempre una curva más allá, hasta que caigamos rendidos.

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Álbumes subordinados a la oralidad

Habla Ana Garralón, con la capacidad crítica que es habitual en ella, de algunas ideas equivocadas sobre lo que es escribir para niños. Y le responde en parte Pep Bruno, que tampoco es manco, en concreto sobre los narradores que escriben. Además de aconsejar la lectura de esas notas, a Ana le llevaré la contraria en un punto: aparte de las confusiones entre oralidad y escritura, que en efecto tienen ritmos distintos, creo que hay un género de álbumes que nacen claramente subordinados a su uso para la explicación oral. Y que está bien que sea así. Contar con un álbum útil, con los libros en la mano, es una buena idea. Que el texto sea suficientemente simple y que la ilustración sea más una compañía que una revelación estética no son defectos, sino las condiciones para que esto funcione. Por eso hay editores que lo trabajan así y maestras que lo buscan así. Es un buen uso colectivo del libro.

Un género parecido serían los cuentos de buenas noches. Esperamos un texto asequible, repetitivo, cálido, sin una ilustración rupturista. Está bien que sea así, dentro de este género específico. No significa: «reduce todo cuento a esto, noche tras noche», sino más bien: «qué bien nos va esta forma literaria en este contexto concreto».

Luego queda pensar sobre el peso de la ilustración. Claro, idealmente tiene tanto valor como el texto, dialoga con este para armar una propuesta conjunta de mayor valor que la suma de las partes. Pero hay géneros donde esto no ocurre casi nunca, como en la poesía infantil… y tampoco se hunde nada. Hay géneros que no aspiran al todo y no por eso son imperfectos.

La gente arrojó al fuego la corona del rey

Hoy, una nota más personal que de costumbre. Uno escribe con intención, claro, incluso con intención política; en su sentido genuino, como en su sentido último, la política no debería ser ajena a los niños, pues trata simplemente de cómo gobernarse mejor en una colectividad. Y de forma muy acertada, de hecho, en muchas aulas se trata con cuidado la resolución de conflictos en todas sus fases, desde el planteamiento a la negociación, resolución y seguimiento. Educar (lo sepan o no los ministros del ramo) es educar para la vida, no para la competitividad económica. También escribir para los pequeños debería serlo: para su vida.

De 'A partes iguales'. Texto de Darabuc, a partir de un cuento tradicional español. Ilustraciones de Lina Zutaute. OQO, 2012

De ‘A partes iguales’. Texto de Darabuc, a partir de un cuento tradicional español. Ilustraciones de Lina Zutaute. OQO, 2012

No escribí A partes iguales (más propiamente: no me propuse adaptar a mi gusto el cuento de la tradición popular) porque España fuera el paraíso de la igualdad social y económica, pero en los cinco años que han pasado, nuestros indicadores han empeorado mucho más. El rey del cuento era injusto, mentiroso y cruel; el nuestro, cada cuál lo valore. En los extremos, nos ensalzaron mucho su papel tras el golpe de estado, pero en los últimos años, han destacado bastante más las meteduras y aun rompeduras de pata. Es lamentable que le suceda su tercer hijo, con prioridad por ser varón; y luego aún nos piden que demos a la Constitución valor de Biblia… También es de lamentar que nunca hayamos podido elegir como presidenta a una mujer; pero es que de haberlo podido hacer, en el actual sistema de partidos, tan anquilosado y mediocre, el que aquí suscribe dista de considerar a las candidatas que se han podido acercar a la meta (Aguirres o Sáenz de Santamarías, Valencianos o Chacones, a su gusto) como la persona más sabia y bondadosa del país. Siempre con interrogantes (hasta en el título, como en ¿Tres han de ser?) queda mucho por hacer, mucho por escribir.

‘El rebaño’, de Margarita del Mazo y Guridi

Contar ovejas, se dice, invita a dormir. Si los lectores más pequeños no lo saben, valdría la pena introducir el tema antes de contarles o leerles El rebaño, de la narradora Margarita del Mazo y de Guridi, un ilustrador que está abriendo una brecha propia con su estilo de apariencia sencilla, pero con más riqueza que la perceptible a primera vista.

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Que la vida de una oveja es sencilla se nos resume en la primera página: “Ser oveja es fácil. Solo tenemos que pasear, comer, dormir y ayudar a dormir. Cada persona tiene asignado un rebaño de ovejas diferente…”. Pero ¿qué pasa si una de las ovejas, Cuatro (¡la oveja negra de la familia!, ¡la oveja descarriada!), se niega a seguir haciendo “lo que hace el resto”? El “manual de comportamiento” no lo prevé. Las compañeras se llevan las pezuñas a la cabeza. Lamentan que Cuatro sea más tozuda que una cabra. E insisten. Que sí. Que no. ¡Que sí! ¡Que no! La solución solo la encontrarán el niño que no podía dormir, con una carta a la oveja rebelde, y esta última, con una interpretación muy libre, pero muy tierna y acertada del problema.

Son especialmente interesantes las tres páginas de fondo negro: la primera sitúa gráficamente los dos mundos (la noche del niño que no puede dormir, las ovejas que deberían ayudarlo), la segunda incluye una estupenda metáfora visual del insomnio y en la tercera hay que mirar con atención (pues una parte del final se muestra sin decirse). Sobre el fondo blanco corre la parte de las ovejas, que hace sonreír con un retrato de pocos rasgos pero plena eficacia (la vida tranquila, el maestro oveja, el disimulo imposible, la rabia, la resistencia…).

  • Margarita del Mazo (texto) y Guridi (ilustración), El rebaño. ISBN 978-84-942019-5-0.

‘Negros y blancos’, de David McKee

«Hace ya mucho tiempo, todos los elefantes del mundo eran negros o blancos. Amaban a los demás animales, pero se odiaban entre sí, así que ambos grupos se mantenían apartados: los negros vivían a un lado de la jungla, y los blancos, en el lado opuesto. Un día, los elefantes negros decidieron matar a todos los elefantes blancos, y los elefantes blancos decidieron matar a todos los elefantes negros. Los elefantes negros y blancos que querían la paz se internaron en lo más profundo de la selva. Y nunca más se les volvió a ver. Comenzó la batalla…»

Con esta parquedad narrativa y una gran claridad visual, trufada de paralelismos, McKee invita a reflexionar sobre la guerra, sobre los conflictos en general y, más importante aún, sobre la necesidad de no olvidar el pasado, de modo que no repitamos los errores.

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Con la potencia de las fábulas de origen, que Kipling narró tan bien, descubrimos por qué los elefantes son grises. Pero ¿nos libra eso de la guerra, en el presente? No, porque «desde hace algún tiempo… los elefantes de orejas pequeñas y los elefantes de orejas grandes se miran unos a otros de forma un tanto extraña e inquietante». El cuento acaba así, para que no perdamos de vista la inquietud que —según parece invitarnos a pensar el autor, lejos del mito del «buen salvaje»— nos permitirá contener la violencia.

  • David McKee, Negros y blancos (Tusk, Tusk). Traducción de Juan Ramón Azaola. Anaya, Madrid, 2008. ISBN 978-84-667-7646-2.
  • Reseña publicada primero en la Revista Babar.

Ilustradores, connect! (Barcelona, 7 abril)

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A través de SCWBI Spain e Ilustrando Dudas

‘Muros’, de Agustín Fernández Paz

Muros, de Agustín Fernández Paz, es una novela sobre un tema complejo, actual y trascendente, presentada para poco más que primeros lectores, a partir de unos siete años. Habla del gueto y —según queda quizá más claro en el título original, Valados— de vallas como las que persiguen separar la Europa rica del África pobre.

Xan López Domínguez

Xan López Domínguez (imagen de la edición de editorial Cruïlla)

La opción social de la novela es neta: importan las personas, no la guerra entre bloques. De hecho, el proceso del gueto apenas se explica, simplemente pasa, llega a la vida de los niños protagonistas. El lenguaje no puede ser más distante del oficial, que nos habla de «defensa» contra una «invasión» y el «asalto» de «masas» organizadas por «mafias». No, aquí tenemos a personas. A dos niños, uno de cada sexo, uno de cada color, que se han hecho amigos. Se encontrarán separados por una desconfianza creciente, una valla, un muro, soldados. E irán buscando soluciones para no renunciar: manos entre la valla, aviones de papel sobre la muralla, cometas que acabarán llenando el cielo en ambos lados…

Me resulta difícil, buscando la perspectiva del lector crítico, saber dónde comienza la novela eficaz y dónde acaban las buenas intenciones. El aire contenido, la repetición de los lazos de unión personales y la búsqueda de nuevas formas de contacto cuando se prohíben las anteriores, el tono poético y dolido, funcionarán mejor, supongo, con la intervención de un mediador atento.

Xan López Domínguez, por otro lado, acierta a transmitir bien las emociones (las discusiones en la sociedad, la cerrazón de los soldados) y deja algunas imágenes memorables, a mi entender, como la de la extensión de la valla o la del fantasma que erigía muros para separar, muros invisibles, como el que separó a la niña de sus padres, partidarios del gueto.

Xan López Domínguez

Xan López Domínguez

  • Agustín Fernández Paz, Muros. Traducción de Valados por Isabel Soto. Ilustraciones de Xan López Domínguez. SM, Madrid, 2010. 978-84-675-4021-5.

Bases del VII premio internacional Compostela de álbum ilustrado

VII PREMIO INTERNACIONAL COMPOSTELA PARA ÁLBUMES ILUSTRADOS BASES El Departamento de Educación del Ayuntamiento de Santiago de Compostela, en colaboración con la editorial Kalandraka, y en el marco de su XIV Campaña de Animación a la Lectura, convoca el VII Premio Internacional COMPOSTELA para Álbumes Ilustrados, con las siguientes bases:1. Podrán optar al VII Premio Internacional COMPOSTELA para Álbumes Ilustrados todas las obras que se puedan incluír en la categoría de álbum ilustrado: un libro en el que el relato se cuenta a través de imágenes y textos, de tal manera que ambos se complementen. Sigue leyendo

‘La sabana africana’, de Mar Benegas y Guridi

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  • A lo bestia. Poemas de Mar Benegas ilustrados por Guridi. República Kukudrulu, Madrid, 2011. Próxima edición ampliada en Litera, Valencia, 2014.

El árbol de los relojes (Pepe Serrano)

EL ÁRBOL DE LOS RELOJES

En el jardín del relojero había un árbol que daba relojes.
Lo regaba puntualmente cada mañana y, por supuesto, le llevaba su tiempo.
Pero merecía la pena porque al llegar el verano se llenaba de frutos, cada uno diferente a los demás: relojes de cuco, de arena, digitales, cronómetros… Incluso una noche brotó un reloj de sol.
Los días en que el viento movía las ramas todo el jardín se cubría de tic-tacs que, empujados por el aire, alcanzaban la casa y se colaban por el agujero de la cerradura o por el hueco de la chimenea, inundando las habitaciones de minutos perdidos.
Su copa era alta y espigada, y siempre estaba repleta de nidos. Todos los pájaros querían construirlos allí puesto que, de esta manera, podían saber a ciencia cierta cuántas horas quedaban para que nacieran sus esperados polluelos.
Era un árbol frondoso, de hojas alargadas, y muy exacto. Sólo se retrasaba un poco en primavera, debido a que las revoltosas alas de las mariposas terminaban por mover las saetas.
En el momento en que los frutos estaban maduros (hacia las ocho y veinticinco de la tarde) caían del árbol, casi siempre sobre la muñeca de algún señor con prisa.

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Ilustración de Mar Villar

 

  • Pepe Serrano, Cocina rápida para tortugas. Ilustraciones de Mar Villar. Ediciones Nalvay, Zaragoza, 2010.

De membrillos, mondas, corazones y literatura (Gustavo Martín Garzo)

Ayer nos regalaron un par de hermosos membrillos, a punto para la conserva, y coincide con que yo leía estas páginas de Martín Garzo:

Nuestro veraneo terminaba a finales de septiembre, y cuando regresábamos del pueblo dejábamos los membrillos en los árboles, que aún tendrían que esperar hasta comienzo de noviembre para madurar. Un buen día, al regresar del colegio, estaban en la cocina, metidos en sus cajas, como corazones embebidos de la luz del sol otoñal. Mi madre preparaba con ellos dulce de membrillo, pero también jalea. Siempre en proporciones muy inferiores, pues, mientras que con todos aquellos membrillos llenábamos latas y latas, que, dicho sea de paso, terminaban hartándonos, de jalea apenas se conseguía una minúscula fuente, que desaparecía en su totalidad en la primera merienda. Su preparación consistía en recoger las mondas y los corazones de los membrillos, ricos en gelatina, y, añadiendo azúcar, hervirlo todo lentamente hasta que se formaba un delicado jarabe, que luego, al secarse, tenía la consistencia de la carne. Recuerdo que nos las veíamos y deseábamos para repartir aquel tesoro. También que lo que más nos maravillaba era la escena de su preparación. A mi madre en medio de aquel país de mondas y tristes despojos, y como una maga haciendo de ellos el dulce maravilloso cuya sola evocación todavía ahora hace que me chupe los dedos. Pues bien, ésa es la materia de la verdadera literatura, que no opera con grandes palabras o conceptos, sino con mondas, peladuras, restos que no parecen servir para nada. Coge esos restos y prepara con ellos un elixir, pues la literatura es el instante de la transfiguración. …

  • Gustavo Martín Garzo, El pozo del alma. Anaya, Madrid, 2000. Con ilustraciones (metafóricas y sugerentes) de Pablo Amargo.

‘El libro rojo’, de Barbara Lehman

Los libros sin palabras tienen una dificultad especial, y por ello mismo, cuando funcionan, transmiten algo especial. El libro rojo, de Barbara Lehman, me parece un buen ejemplo. Con una línea de ilustración especialmente clara, parte del concepto del libro como puerta a un mundo mágico (o quizá de la idea de «meterse en la lectura») y lo desarrolla con la conexión de dos niños que, desde lugares muy distintos, usan un mismo «libro rojo», hallado al azar, como ventana de acceso a un mundo compartido. Importa señalar que la transmisión del sentido a los pequeños lectores es inmediata, y no abstracta; en un primer nivel, es una aventura que funciona sola, sin problemas.

darabuc-The-Red-Book_02Como ocurre a menudo con los libros sin palabras, resulta bastante más complicado de explicar que de ver y aún quedan sin decir múltiples sugerencias (como la complejidad de niveles de la imagen superior). Pero confío en que baste para que no os lo perdáis; os lo recomiendo vivamente, a partir de unos 4 años.

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Taller de Roger Olmos en Valladolid Ilustrado

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‘El tiburón’, de Enrique Cordero Seva, ilustración de Ester García

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La mar chalada, de Enrique Cordero, es un libro temático, de tono en general lúdico, con especial afición a los juegos de palabras. Lo recomendaría a partir de unos seis años, aunque el grado de dificultad es bastante variable (en cuanto al uso escolar, algunos poemas convendrían fácilmente en la ESO). En casa nos ha gustado y al hilo de uno de los poemas, M., de ocho años, se puso en seguida a inventar posibilidades de peces-oficio. Las ilustraciones de Ester García suavizan la relativa dificultad lingüística del conjunto con un estilo también lúdico, pero nada desbordado, que ante todo facilita la comprensión de los poemas. 

  • Enrique Cordero Seva, La mar chalada. Ilustraciones de Ester García. Edelvives, Zaragoza, 2013. ISBN 978-84-263-8689-2.

Comotto ilustra ‘La muerte de Iván Ilich’ (tráiler)

Taller de ilustración de Riki Blanco, Valladolid, mayo de 2013

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Actividades de las II Jornadas profesionales para ilustradores, Buenos Aires, abril de 2013

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Cartel de Istvansch para el Día Mundial del Libro

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Pulsad para ampliar (el formato es grande y se puede imprimir para usar como cartel)

Luis Pescetti muestra ‘Tener un patito es útil / Tener un nene es útil’ de Isol

  • Agradezco sus referencias a Begoña y Germán.

Sara y Ulises / Ulises y Sara, de Amaia Cia y Vanessa Cabrera

El niño pequeño vive centrado en el yo: no hay más «realidad» que «lo que yo veo». Poco a poco, tiene que ir aprendiendo a ponerse en el lugar de los otros, a ver cómo les sientan a los demás las cosas que hacemos (y no solo cuál era nuestra intención). Sara y Ulises / Ulises y Sara, de Amaia Cia (texto) y Vanessa Cabrera (ilustración) parece responder a esta necesidad al plantear una serie de libros centrados en episodios de una historia compartida (el regalo del peluche, Ulises, a la niña, Sara; el temor o no a los monstruos) que se cuentan dos veces, según cada uno los ve.

La idea del libro que se lee de la cubierta al centro y, tras darle la vuelta, de una segunda cubierta al centro, no es una idea novedosa en sí; tampoco el hecho de aplicarla a versiones de la misma historia (en fecha reciente, está desde el libro-disco de Rolf & Flor a Qui diu la veritat: el cavaller o el drac?). Pero quizá lo sea aplicada de forma sistemática a los prelectores. Más allá de la posible originalidad  (que no es un valor por sí sola), me interesa que la serie se resuelve, tanto en el vocabulario como en la distribución de texto e imágenes, con un desparpajo que la aleja del libro típico de niña-con-peluche. La historia no conquista como tal, a mi entender, por su simple virtud narrativa; pero sí destaca por la propuesta de juego, y puede resultar especialmente útil por ejemplo cuando hay varios hermanos en casa.

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  • Beascoa, 2013. La colección empieza con dos volúmenes: Un regalo muy especial y Entre monstruos.
  • Adición: me apuntan una propuesta de Isol que no he visto: Tener un patito es útil / Tener un nene es útil, de 2007  (Fondo de Cultura). Por el formato de acordeón y por la calidad general de la autora, tan capaz de expresar mucho con muy pocos rasgos, pinta fantástica.

Tráiler de ‘Mi abuela no es la de antes’, álbum sobre el alzhéimer

Gloria Falcón presenta ‘Si tú fueras’ en la librería Abracadabra

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‘La sombra de la aventura’ (Tintín, visto por Milimbo)

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De esta galería de El País, que acompaña esta nota, a la que llego por vía de Aitana Carrasco, que también participa en la misma exposición.

Taller de técnicas de ilustración de Aitziber Akerreta e Iratxe López de Munáin (Pamplona, 1-2 marzo)

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Duetos en el Museo ABC: Hidalgo de Caviedes, visto por Pablo Auladell

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Vídeo de Oliver Jeffers sobre sí mismo (en inglés, con un punto de humor)

Oliver Jeffers Author Video 2013, del canal de Oliver Jeffers en Vimeo.

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Presentación de ‘La vela que no se apagaba’ en Abracadabra

La vela

Breve ‘cómo se hizo’ de una ‘app’ con la Caperucita Roja de Mistral y Valdivia

 

Vídeo de narración de ‘Ahora no, Bernardo’, de David McKee

He encontrado este vídeo donde un psicólogo cuenta y muestra el provocador Ahora no, Bernardo, de David McKee. Me interesan distintos aspectos. Uno, la propia narración: sin intención de ofender, diría que el narrador no tiene especial gracia y eso, en sí, le concede la gracia especial que tiene cualquiera por el mero hecho de atreverse a contar. Hay una diferencia clara entre el narrador profesional y el aficionado, que no debe confundirse; pero animarse sin complejos es sano, útil y particularmente bonito en lo que aporta a la relación familiar (y a veces, con conciencia de los límites, en la relación social). Otro, el cuento como tal, construido con gran eficacia textual y visual y capaz en efecto de despertar muchas preguntas entre los adultos y un buen diálogo con los pequeños. Y, por último, tengo una vinculación personal con la historia, dado que fui el responsable (en este caso: tuve la suerte) de traducir la edición usada aquí, bilingüe español-inglés con texto simplificado.

‘Seis barbudos’, de Mar Pavón y Vitali Konstantinov (y feliz año nuevo)

Termina un año muy difícil para la cultura y la educación públicas, que a mi juicio se resume bien en dos titulares de contraste doloroso: si en 2013, las bibliotecas públicas del estado tendrán 0 euros para nuevas adquisiciones, en cambio para la adquisición de material antidisturbios el gobierno cuenta con 3,26 millones de euros. Hay escasez, sí, lo sabemos; también hay, a todas luces, prioridades cuyo sentido no alcanzo a ver. Las bibliotecas son un factor cada vez más imprescindible de formación y corrección de la desigualdad, y se las limita, cuando no condena al cierre; en cambio, para reprimir las protestas con más medios, no faltan fondos.

Seis barbudosPara desearos que 2013 no sea el año ominoso que nos anuncian, elijo Seis barbudos, con texto de Mar Pavón e ilustraciones de Vitali Konstantinov (OQO).

Es una obra lúdica por lo que narra, por las divertidas y eficaces ilustraciones de Konstantinov y también por su carácter poético, en el sentido primordial del término: creador de realidades. Del bicipétalo al motocíclope, hay más de un invento memorable.

En el campo de los deseos: aunque 2013 se presenta muy, pero que muy barbudo, seguro que también hallaremos ocasiones que celebrar. Aquí estaré, y me gustará saber de vosotros y vuestra opinión.

‘Bruno, la oveja sin suerte’, de Sylvain Victor

BrunoDe ‘Bruno, la oveja sin suerte’, de Sylvain Victor, me gusta mucho la manera en que se cruzan las dos historias: lo que Bruno piensa y lo que en realidad le ocurre. En conjunto, se narra una historia de las que hace pensar, pero también sonreír, en la que los niños disfrutan descubriendo la contradicción y el sentido último del todo. En casa nos ha servido igualmente para hablar del tema que anuncia su título: la sensación de si uno tiene menos o más suerte que los demás (p. ej. de la clase).

‘Jule y los piratas patosos’ y ‘El capitán Barbaspín’, de Cornelia Funke

Por petición de M., que a punto de cumplir los 8 años pide que los relatos sean de aventuras y, a poder ser, de piratas, leemos dos cuentos ilustrados de Cornelia Funke: Jule y los piratas patosos y El capitán Barbaspín y su cuadrilla (ambos con ils. de Kerstin Meyer). Se trata de historias eficaces, con trabajo literario, sobre todo, en los nombres propios y cierta ironía.

darabuc-juleM. ha preferido la historia de Jule, más extensa, en la que se enfrentan los piratas (malos) con dos personajes tranquilos e inocentes, que adoptan a un cerdito pirata (capaz de detectar tesoros). El juego de los nombres propios quizá se pierde un poco por la elección de muchas variedades de peces desconocidas, aunque las guardas los retratan. Yo he sonreído más con la historia de Barbaspín, de pocas palabras, en la que una niña es raptada por piratas (malos) y rescatada por… unos piratas aún más temibles: la tripulación de su madre.

  • Cornelia Funke. Ilustraciones de Kerstin Meyer. Jule y los piratas patosos, Ediciones B, 2005; trad. Lluís Serra; ISBN 84-666-2209-8; ¿descatalogado? El capitán Barbaspín y su cuadrilla, Ediciones B, 2007; trad. María Alonso; ISBN 978-84-666-3045-0
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Presentación de ‘Huevos y patatas’, de Gracia Iglesias y Susana Rosique, en El Dragón Lector

Huevos y patatas

‘Rebelión en la granja’, de George Orwell, ilustrada por Ralph Steadman

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Me ha gustado especialmente la edición de Rebelión en la granja ilustrada por Ralph Steadman. Como en La isla del tesoro, entiendo que el ilustrador logra multiplicar, ante un lector juvenil, el potencial de un texto algo gastado por la tradición (aunque ya más conocido de segunda mano que leído de primera, probablemente). A destacar, asimismo, el formato grande y resistente, que se diría idóneo para bibliotecas. En la nota del editor podéis ver más de las peculiares y expresivas imágenes de Steadman.

Inauguración de la exposición del “II Catálogo Iberoamericano de Ilustración de Publicaciones Infantiles y Juveniles”

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“Cóctel de Navidad” de A buen paso, Ekaré, Thule y Zorro Rojo (11 dic)

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A partir de las 19.30h. En Poble Nou, metro Llacuna.

Exposición de Gustavo Roldán en la librería Abracadabra

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Presentación de la nueva editorial Lata de sal en la librería Tipos Infames (23 nov)

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