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El músculo de la atención

Ya he dicho que este blog es un espacio de paso, pero constitutivamente, para mí mismo: ir y venir, de unas páginas a otras, de papel o virtuales, y de vez en cuando pararse aquí a contaros y saber de vosotros. Hoy vengo de Ellen Duthie, de un artículo que ha escrito para la revista Leo y Lalío, de este grupo de Librerías Independientes, en el que habla de leer con los bebés sin renunciar a que sean textos complejos: no necesitan entenderlo todo y se beneficiarán de la calidad. Buscando la revista completa doy con un número anterior donde la columna corresponde a Pep Bruno:

… Por eso, admirados adultos que pensáis que es importante que vuestros vástagos o alumnado venga a escuchar cuentos, os recuerdo que es necesario que seáis vosotros, vosotras, quienes estéis pendientes de vuestras criaturas y veáis que están escuchando con atención y sin cansarse: y es que cada edad tiene un tiempo de escucha, tiempo que varía notablemente si han ejercitado o no con empeño el músculo de la atención.

Por un lado, la responsabilidad: no se trata de aparcar al niño en “el cuentacuentos”, como ocurre a veces, para empezar por respeto al propio niño y a sus tiempos. Por otro lado, recordar que esos tiempos son maleables, podemos influir en ellos, en realidad dependen de nosotros y de cómo organicemos la vida de los pequeños. Aquí el texto completo.

Álbumes subordinados a la oralidad

Habla Ana Garralón, con la capacidad crítica que es habitual en ella, de algunas ideas equivocadas sobre lo que es escribir para niños. Y le responde en parte Pep Bruno, que tampoco es manco, en concreto sobre los narradores que escriben. Además de aconsejar la lectura de esas notas, a Ana le llevaré la contraria en un punto: aparte de las confusiones entre oralidad y escritura, que en efecto tienen ritmos distintos, creo que hay un género de álbumes que nacen claramente subordinados a su uso para la explicación oral. Y que está bien que sea así. Contar con un álbum útil, con los libros en la mano, es una buena idea. Que el texto sea suficientemente simple y que la ilustración sea más una compañía que una revelación estética no son defectos, sino las condiciones para que esto funcione. Por eso hay editores que lo trabajan así y maestras que lo buscan así. Es un buen uso colectivo del libro.

Un género parecido serían los cuentos de buenas noches. Esperamos un texto asequible, repetitivo, cálido, sin una ilustración rupturista. Está bien que sea así, dentro de este género específico. No significa: «reduce todo cuento a esto, noche tras noche», sino más bien: «qué bien nos va esta forma literaria en este contexto concreto».

Luego queda pensar sobre el peso de la ilustración. Claro, idealmente tiene tanto valor como el texto, dialoga con este para armar una propuesta conjunta de mayor valor que la suma de las partes. Pero hay géneros donde esto no ocurre casi nunca, como en la poesía infantil… y tampoco se hunde nada. Hay géneros que no aspiran al todo y no por eso son imperfectos.

‘Un loro en mi granja’, de Pep Bruno y Lucie Müllerová

La literatura infantil tiende a moverse en formas limitadas, como por ejemplo la narración lineal transmitida por una sola voz. Esto puede tener una explicación inmediata en el intento de acercarse a lectores que aún no son maduros; pero a cambio contribuye a hacer de la literatura algo previsible, alejado de la emoción y el descubrimiento del mundo en toda su complejidad.

Un loro en mi granja, de Pep Bruno y Lucie Müllerová, es muy distinto. Sin dejar de ser asequible en ningún caso (es decir, sin que el árbol de la elaboración literaria nos oculte el bosque de la eficacia narrativa), nos encontramos con tres voces: la de un narrador, la de un personaje (el loro) y la de la ilustradora. No hay un encaje directo entre las tres, sino la propuesta lúdica de un enigma. La voz del narrador (que habla en primera persona y al final aparecerá también como personaje que lo aclara todo) nos habla desde el mundo de la granja, pero varios detalles de la ilustración nos hacen sospechar que esa granja es, cuando menos, extraña; y el loro rojo es llamativo, luce un sombrero peculiar y, como veremos, actuará de un modo no menos extraño en su contexto.

La propuesta, encantadora para primeros lectores y prelectores avanzados, es mucho más compleja de describir que de leer y mirar. Trata al niño como ese ser inteligente que se mueve en un mundo inevitablemente complejo y rebosante de voces, al que es capaz de dotar de más sentido de lo que a veces imaginamos. Nuestra literatura infantil necesita más libros como este.

  • Pep Bruno, con ilustraciones de Lucie Müllerová, Un loro en mi granja. Primer premio del IV Concurso Internacional de Álbum Infantil Ilustrado “Biblioteca Insular. Cabildo de Gran Canaria”. Edelvives, Zaragoza, 2009. ISBN 978-84-263-7341-0.

Pep Bruno en la librería Diógenes (Alcalá de Henares)

(Pulsad para ampliar)

Ignacio Sanz, premio Príncipe Preguntón y nuevo reconocimiento a los narradores orales

Leo en Literatura infantil y juvenil actual que el premio Príncipe Preguntón, que organizan Hiperión y la Diputación de Granada, ha recaído en Ignacio Sanz, narrador y folclorista de enorme experiencia, por su obra Picasso me pica. En fechas muy recientes Sanz había ganado también el premio Ala Delta de novela infantil con Una vaca, dos niños, trescientos ruiseñores. Doble enhorabuena, que probablemente será para todos.

No es el primer narrador oral que obtiene premios importantes en estos últimos años. Pep Bruno ha ganado el premio de álbum ilustrado del Cabildo de Gran Canaria (con Lucie Müllerová, por Un loro en mi granja) y la última edición del premio Compostela (con Mariona Cabassa, por La familia C). Pep es un maestro en el uso de los álbumes ilustrados en la narración oral, como han podido comprobar en incontables escuelas y bibliotecas, por lo que de nuevo, es para felicitarse.

No hay dos sin tres y tres son los premios recientes de Pablo Albo: el Lazarillo por Diógenes, el Vila d’Ibi por Marabajo y el Leer es Vivir por Rinoceronte, ¿qué rinoceronte?. Humor (y sorna), imaginación, sorpresa y un lenguaje de eficacia narrativa y expresiva pulida por los años de trato directo con los chavales son aportaciones que a mi entender solo pueden traer una sana revigorización a nuestra literatura infantil.

La casa de la abuela, de Pep Bruno y Matteo Gubellini

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La casa de la abuela, de Pep Bruno (Por los caminos de la tierra oral) y Matteo Gubellini (web), es una divertida historia de miedo en la que la ilustración, repleta de guiños, cuenta más de lo que dicen las palabras, puesto que los que se llaman «la abuela» o «Francis» son en realidad, según vamos viendo, personajes salidos de las historias de terror («la casa de la abuela», claro, tampoco es que sea un lugar libre de lobos en el imaginario infantil).

Lo que iba a ser quizá un simple cumpleaños (aunque ya hay pistas claras, en la cubierta y las guardas, de que la ambientación no es la de una típica familia amable en día de fiesta) se convierte en una historia de miedo, alivio y finalmente, risa y aplauso con un desafío al lector.

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  • Pep Bruno y Matteo Gubellini, La casa de mi abuela. OQO, Pontevedra, 2009. 36 págs., 25×23 cm. 978-84-9871-211-7.

El proceso creativo de un cartel (Alberto Gamón)

darabuc-alberto-gamón-pep-brunoEl proceso creativo de cualquier obra es, a veces, tan interesante como la obra misma.

Alberto Gamón cuenta paso a paso cómo fue concibiendo el cartel de una nueva sesión de cuentos de Pep Bruno, titulada «Casas y cuentos», con las primeras asociaciones de ideas y el desarrollo y ajuste posterior.

¿Dónde? En esta nota de su blog.
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Un loro en mi granja, de Pep Bruno y Lucie Müllerová, premio de álbum ilustrado del Cabildo de Gran Canaria-Biblioteca Insular 2009

darabuc-pep-bruno-lucie-mullerova-un-loro-en-mi-granjaLa cuarta edición del concurso internacional de álbum ilustrado que organizan el Cabildo de Gran Canaria (Biblioteca Insular) y la editorial Edelvives ha premiado Un loro en mi granja, de la ilustradora checa Lucie Müllerová (web) y el escritor y cuentista Pep Bruno (blogweb, de donde procede la imagen de la derecha), lo que permite presumir horas y más horas de diversión cuentera. Podéis leer la nota de prensa en el blog de Félix Albo.

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Os dejo también la cubierta de su álbum conjunto anterior, el divertido La noche de los cambios (OQO), que narra una ídem muy singular vivida entre un granjero y sus animales.

La aventura comienza así:

Granjero Pérez daba vueltas y más vueltas en la cama, pero no podía dormir. De repente se cayó al suelo: ¡PATAPLUM! Con el golpe se dio cuenta de que se había acostado sin tomarse su vaso de leche.

Pensando en un vaso de leche recién ordeñada, fue al establo. Pero cuando llegó, se llevó una buena sorpresa: en el lugar de la vaca estaba…

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28 de febrero: Palabras del Candil, en Barcelona y Mataró

Extracto una nota de Palabras del Candil. No dejéis de asistir, si tenéis ocasión:

El próximo sábado 28 de febrero, a las 12.30, en la librería La Casa de los Cuentos (Barcelona), y el mismo sábado, pero a las 19.00, en la librería Rovafabes (Mataró), se presentará la editorial PALABRAS DEL CANDIL, especializada en la edición de libros y cuentos de narradores orales profesionales. Al acto asistirán los cuentistas Rubén Martínez y Pep Bruno, y dos de las ilustradoras de portadas de libros: Raquel Marín (premio Injuve 2008) y Noemí Bofarull. Pep Bruno presentará la editorial, algunos de sus libros y autores; y Rubén Martínez presentará su libro y contará algunos cuentos del mismo.

Esta actividad está especialmente recomendada para los amantes de los cuentos, narradores profesionales o gente curiosa, interesada y amiga de las tierras de ficción. Os esperamos.

La librería La Casa de los Cuentos está en Ramón y Cajal, 35, Gràcia, a veinte metros de la Plaça de la Revolució. Más información en el 932.105.429.

La librería Robafaves está en carrer Nou, 9 en el centro de Mataró. Más información en el 937.905.582.

Presentación de Palabras del Candil en Madrid, el 4 de diciembre

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¿Dónde ponemos los libros?

El otro día, hablando en ocasión de la feria del libro de Murcia con Clara (ella es una de las coordinadoras), me decía con su entusiasmo de costumbre que la pasión lectora no se inculca ni se infunde, no se enseña propiamente, sino que, sobre todo, se transmite. Se contagia. Y que eso va antes y está por encima de cualquier teoría pedagógica.

La pasión es una de esas partes de nuestra vida que tendemos a proteger. Pero la de los libros es curiosa: no pasa por el «ni se te ocurra tocar mi escaléxtric» sino más bien por el «¿Cómo? ¡No has leído aún a…! ¡Pues te lo paso en cuando acabe!». Creo que a todos los lectores nos gusta compartir, departir, consentir y disentir en torno de lo que amamos.

El títere de cuero de Indonesia lo guardamos en una vitrina. El ánfora romana está expuesta en un rincón, protegida por un pie de hierro, pero muy visible. Cada cual traza en su casa el camino amarillo que lleva al visitante a sus tesoros, los que sean. En esa ruta, ¿dónde ponemos nosotros los libros? ¿Estamos dispuestos a comer en la cocina y ceder el comedor, o el salón si lo hay, a nuestra biblioteca?

La pregunta anterior es meramente simbólica, si se quiere (o más para consumo interno que para exposición de la vida personal). Aunque tiene su influencia, porque en una casa de amantes de los libros los hijos tienden a leer más (aunque solo tienden, lo sé, no es matemático). Pero quizá también importa con respecto a los amigos: a la hora de invitarlos a pasar, ¿importa dónde tenemos los libros? Como militancia vital (no como exhibición de encuadernaciones de lujo), entiendo que sí, porque no tiene sentido que la pasión lectora sea privada o se oculte. Y lo mismo ocurre en ese espacio tan denostado, pero tan imprescindible en nuestro sistema social, como es el colegio (la escuela, el instituto). Imaginemos: «Buenos días: este es nuestro colegio, estos son los admitidos del curso 2008-2009, aquí pueden consultar el catálogo de la biblioteca escolar y esta es la lista de libros que habíamos recomendado para el verano. Pasen y lean.»

Por suerte, esta pasión lectora no es imaginaria, es la de muchos colegios, como por ejemplo el IES Bengoetxe de Galdakao. Véanlo si no: esta es su portada, y esta su lista de recomendados de verano (en castellano y euskera y ordenada por edades). Es todo un ejemplo, simbólico incluso, de lo mucho que pueden hacer y hacen en efecto muchos maestros, como bien me corregía hace poco Ana. Añado que me alegra ver que se incluyen en la lista recomendaciones para adultos: leer no debería ser cosa de niños, sino de todos, y en la pasión familiar compartida es donde más arraiga, donde más se contagia.

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Dejo para el final de esta nota quizá demasiado larga dos buenas noticias personales. Una, que el viernes volví a pasar horas estupendas con un colegio (esta vez el Andrés Baquero) a propósito de La vieja Iguazú. A la velocidad con la que desaparecen los libros, y considerando el peso relativamente menor de la poesía, me admira que, pasito a paso, siga despertando interés. No suelo hacerme eco aquí, porque no es el objetivo del blog, pero de vez en cuando no logro resistirme. Y si el programa regional de «Escritores en el aula» va adelante, es incluso posible que el año que viene la viejilla necesite zapatos nuevos, ¡quién se lo iba a decir!

La segunda, que en las subvenciones estatales para bibliotecas de 2008 (pdf) ha entrado la compra de una barbaridad de ejemplares de Ojobrusco, y lo que es mejor, al lado de autores y narradores con mucha más experiencia que yo, como Pep Bruno (Pétala, con Luciano Lozano), Pablo Albo (Un gato en el árbol, con Geraldine Alibeu) o Roberto Aliaga (La tortuga que quería dormir, con Alessandra Cimatoribus). Me pondré de puntillas para la foto. 🙂 Por cierto que a Pep lo vi hace nada entusiasmando a los niños (y guiñando el ojo a las madres y unos pocos padres) en la misma feria del libro de Murcia. También estuvieron Pablo, su no hermano Félix y Pepe Maestro, entre otros, pero mi trabajo, ay, no me quiso dar las horas.

Eklektikós: experiencias de educación y lectura con un niño prelector

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Eklektikós, de María, es un blog completo y sensato sobre las posibilidades de la educación en casa. Yo lo visito con frecuencia, tanto por coincidencias personales (tengo una hija poco menor que Joel) como profesionales (se publican comentarios de lectura de una gran cantidad de álbumes ilustrados).

Incluye toda una trayectoria lectora de un niño, Joel, que tiene ahora unos tres años y medio; en las últimas semanas, también los primeros pasos de su alfabetización. A mi modo de ver, el blog de María destaca por una perspectiva amplia y abierta, crítica y autocrítica, además de organizada. El sitio se centra en el crecimiento de Joel, los estímulos que recibe, su respuesta a ellos (con distintos grados de libertad o acompañamiento) y diversas reflexiones y lecturas sobre ese proceso de educación. Aparte de a la formación (pre)lectora de un niño, dedica mucho espacio a otro de los centros de atención de este blog: la creatividad infantil, ya sea de pintura e ilustración o de otras manualidades. Muchas veces, mediante un proceso combinado de lectura/alfabetización y expresión creativa, con lo que el aprendizaje se desarrolla como un ciclo en espiral, más que linealmente: letras y libros-arte-vida-letras y libros…

Cada maestrillo sabrá, pero yo entiendo que la lectura arraiga mejor así, cuando se entrelaza con otras expresiones artísticas y con la vida diaria. Cuando los libros se reservan para el martes de los cuentos o el rincón de las buenas intenciones, me parece que se confunde el comer bien con el atracarse de lechuga una vez cada quince días. Es mejor que los libros se pringuen de huevo frito, cuando haga falta. Como el álbum de Pep Bruno y Mariona Cabassa que encabeza esta nota.