Archivo de la categoría: Ed. Anaya

La poesía infantil, en ‘El País’

Javier Salvatierra ha publicado en El País un artículo acertado sobre la poesía infantil: El momento de la poesía para niños. Buscándole peros, quizá faltan editores —el CEPLI ha sido un buen motor, con la colección Luna de Aire y los estudios de Pedro Cerrillo y otros;* Anaya siempre ha dado mucho peso a la poesía en su catálogo, tanto de autores clásicos como modernos, con buena ilustración—, y, como reparo menos importante, quizá alguno ha colado un gol —no veo que la poesía sea de veras relevante en el catálogo de Edebé, pero que me corrijan en lo que convenga—. Y en cuanto a dar en el blanco, entiendo muy acertado que las voces principales sean las de Xosé Ballesteros, por Kalandraka, que ha aportado al género su revolución ilustrada a todo gas, y la de Mar Benegas, que en lo que yo veo, es la dinamizadora más incansable del género.

*A mí me ha editado el CEPLI; creo que eso no influye en mi valoración, pero dicho queda.

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De membrillos, mondas, corazones y literatura (Gustavo Martín Garzo)

Ayer nos regalaron un par de hermosos membrillos, a punto para la conserva, y coincide con que yo leía estas páginas de Martín Garzo:

Nuestro veraneo terminaba a finales de septiembre, y cuando regresábamos del pueblo dejábamos los membrillos en los árboles, que aún tendrían que esperar hasta comienzo de noviembre para madurar. Un buen día, al regresar del colegio, estaban en la cocina, metidos en sus cajas, como corazones embebidos de la luz del sol otoñal. Mi madre preparaba con ellos dulce de membrillo, pero también jalea. Siempre en proporciones muy inferiores, pues, mientras que con todos aquellos membrillos llenábamos latas y latas, que, dicho sea de paso, terminaban hartándonos, de jalea apenas se conseguía una minúscula fuente, que desaparecía en su totalidad en la primera merienda. Su preparación consistía en recoger las mondas y los corazones de los membrillos, ricos en gelatina, y, añadiendo azúcar, hervirlo todo lentamente hasta que se formaba un delicado jarabe, que luego, al secarse, tenía la consistencia de la carne. Recuerdo que nos las veíamos y deseábamos para repartir aquel tesoro. También que lo que más nos maravillaba era la escena de su preparación. A mi madre en medio de aquel país de mondas y tristes despojos, y como una maga haciendo de ellos el dulce maravilloso cuya sola evocación todavía ahora hace que me chupe los dedos. Pues bien, ésa es la materia de la verdadera literatura, que no opera con grandes palabras o conceptos, sino con mondas, peladuras, restos que no parecen servir para nada. Coge esos restos y prepara con ellos un elixir, pues la literatura es el instante de la transfiguración. …

  • Gustavo Martín Garzo, El pozo del alma. Anaya, Madrid, 2000. Con ilustraciones (metafóricas y sugerentes) de Pablo Amargo.
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Presentación de ‘Cuando Óscar se escapó de la cárcel’, de Roberto Aliaga

Roberto Aliaga

Hoy, presentación de ‘Parco’, de Jordi Sierra i Fabra, en Barcelona (premio Anaya)

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Vídeo de la presentación de ‘Aún te quedan ratones por cazar’, de Blanca Álvarez, en la Fundación Japón

Vídeo de narración de ‘Ahora no, Bernardo’, de David McKee

He encontrado este vídeo donde un psicólogo cuenta y muestra el provocador Ahora no, Bernardo, de David McKee. Me interesan distintos aspectos. Uno, la propia narración: sin intención de ofender, diría que el narrador no tiene especial gracia y eso, en sí, le concede la gracia especial que tiene cualquiera por el mero hecho de atreverse a contar. Hay una diferencia clara entre el narrador profesional y el aficionado, que no debe confundirse; pero animarse sin complejos es sano, útil y particularmente bonito en lo que aporta a la relación familiar (y a veces, con conciencia de los límites, en la relación social). Otro, el cuento como tal, construido con gran eficacia textual y visual y capaz en efecto de despertar muchas preguntas entre los adultos y un buen diálogo con los pequeños. Y, por último, tengo una vinculación personal con la historia, dado que fui el responsable (en este caso: tuve la suerte) de traducir la edición usada aquí, bilingüe español-inglés con texto simplificado.

Aquí no se fía (nadie de las recomendaciones de Navidad)

Ayer me llegó, por vía de Twitter, el enlace a una “selección” de “treinta títulos para los más pequeños de la casa”, publicada en ABC. Aparte de la alegría personal porque uno de esos libros lo ha traducido mi mujer (y, cosa rara, el editor cumple con la Ley de Propiedad Intelectual y paga derechos de autor por la traducción; así que ojalá se venda por miles), la sensación general era negativa: algunas presencias poco dignas y muchas ausencias clamorosas. Buscando datos objetivables, terminé por reducir la selección a los editores mencionados. En orden alfabético: Anaya (5), Cuento de Luz (4), Edelvives (1), Juventud (4), La Galera (3), Macmillan (2), Palabra (3), Planeta (3), Siruela (4) y SM (1).

Visto lo visto, mi enhorabuena a los servicios de márqueting de los editores recomendados repetidamente, porque han cumplido a la perfección con la labor por la que cobran: hacer llegar sus obras a los medios. Pero al periódico, una de dos: si venden publicidad, llámenla por tal nombre; y si lo que quieren es ofrecer a sus lectores selecciones mínimamente merecedoras del calificativo, antes pasen por una buena librería en la que puedan ver igualmente los catálogos de (de nuevo en orden alfabético) A buen paso, Bárbara Fiore, Coco Books, Combel, Corimbo, Cuatro azules, Ekaré, Flamboyant, FCE, Jinete azul, Kalandraka (y Factoría K), Kókinos, Libros del Zorro Rojo, Lóguez, Lumen, Media Vaca, Nórdica, OQO, Pintar-Pintar, Proteus, República Kukudrulu, Sd, Thule… y los que me dejo. Se sorprenderán muy gratamente y, de paso, no engañarán a los lectores, cuestión que tal vez figure en esa letra pequeña del periodismo que fueron los códigos deontológicos.

Visto algún comentario, añado un abrazo a los autores, ilustradores y editores recomendados en ese artículo. No va, en ningún caso, contra ellos.