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Bla Bla Bla

 

Volviendo sobre el síndrome de Down y la dificultad de gestionar las intenciones en el proceso creativo, me ha gustado Bla Bla Bla, un corto dirigido por Alexis Morante en colaboración con la asociación Apadis.

(A través de este artículo.)

So wie du bist partía del tópico de que los niños con síndrome de Down son superdotados emocionales, mientras que muchos adultos «normales» somos discapacitados desde el punto de vista emocional. Como la mayoría de tópicos, se parte de una base real y, en la medida en que la obra introduzca matices (en So wie du bist no vi muchos) no es mala base para esa clase de calidad  artística que denominamos «profundidad». La diversidad funcional no es solo un eufemismo. Mi yo niño mismo, por ejemplo, destacaba en aplicación y comportamiento, quedaba muy atrás en capacidad visual y en parte en socialización. La playa sin gafas era experimentar en primera persona lo que supone no llegar a la borderline en algún campo.

Bla Bla Bla se construye sobre dos tópicos parecidos: la bondad inherente al síndrome de Down y la dificultad de planear y hacer realidad proyectos complejos. También juega con la dificultad de los «normales» para tratar normalmente la discapacidad en los contextos en los que no la esperamos (¿dónde queda nuestra capacidad de adaptación, por cierto?). Al ser una obra tan breve no necesita matices, al contrario, puede explotar plenamente, como un buen chiste gráfico, elementos que se dan por sentado: desde las nuevas formas de compartir coche hasta la sensación de incomodidad e inseguridad de los «normales» antes los «sub… ay ahora no sé cómo te tengo que llamar».

‘Andrés cabeza abajo’, de Pablo Albo y Roger Olmos

Ilustración de Roger Olmos

«Andrés, cabeza abajo, iba pensando: “¡VAYA FAENA!”. Acababa de ser engullido por un ogro y estaba cayendo por su garganta.
“Con la mala suerte que tengo, seguro que en la barriga del ogro me encuentro con un dragón terrible que me quiere devorar.”
¡Y así fue!
“¡QUÉ MALA PATA!”, pensaba Andrés, mientras caía, cabeza abajo, por la garganta del dragón. “Seguro que este dragón acaba de comerse un oso salvaje al que le encanta comer niños.”
¡Y así era!»
La fatalidad de Andrés no termina en el oso, claro, sino que cada vez se adentra más en estas muñecas chinas carnívoras: «Y, como se temía, Andrés se encontró en la barriga del lobo feroz, que estaba dentro del león hambriento, que estaba dentro de la barriga del oso salvaje, que estaba dentro de la barriga del dragón terrible, que estaba dentro de la barriga del ogro».

Ilustración de Roger Olmos

Ilustración de Roger Olmos

¿Llegará alguien —leñador o caballero— que abra toda la serie de barrigas? No, «por mucho que esperó, allí no llegó nadie». Así que tendrá que resolverlo por sí mismo y, como no está en una ballena que lo pueda expulsar con el agua, no será el medio más limpio ni perfumado: «buscando, palpando y empujando se metió por un agujero que había en la barriga del lobo hasta que consiguió salir por…». Sí, por ahí; como se dice en letra pequeñita: «por donde suelen salir las cosas que los lobos se comen».

Por esa clase de agujeros, deshace el camino de las cajitas chinas, ahora marranas e hilarantes. Al fin llega a la barriga del ogro y, al sentirse cerca de la liberación, piensa: «¡Seguro que afuera brilla el sol!». Seguro… que no, ¡pobre Andrés, «cansado, mojado y maloliente»! Él no pierde la esperanza: «Con la suerte que tengo, seguro que mañana o pasado sale el sol». Olmos, que con los lados menos amables de la vida se sale (La cosa que más duele del mundo, El príncipe de los enredos), se ríe aquí dibujando una nube exclusiva para el gafado.

Ilustración de Roger Olmos

‘Diario de un gato asesino’, de Anne Fine

Diario de un gato asesino, de Anne Fine, es una novelita humorística concebida para especial crujir de dientes de quienes consideran que, en un cuento infantil, un león debe comer hierba, zanahorias, flores o mejor aún, sueños de paz universal, pero nunca jamás carne. (En esa concepción, ¿National Geographic es un canal pornográfico?)

El gato protagonista, que cuenta la historia en primera persona, vive en una casa de esa índole: cuando se come un pájaro, la familia organiza un entierro; cuando trae un ratón (que ha encontrado «recién muerto, pero muerto»), se arma otro funeral lacrimógeno. «Esta Casa se está convirtiendo en el Circo de la Alegría», comenta el gato, irónicamente.

La acción se carnavaliza más cuando, no sin dificultades, mete un conejo por la gatera, ¡el conejo de los vecinos, que «ha vivido aquí al lado años y años»! La familia, horrorizada, lo castiga modificando la gatera para que no pueda entrar solo y corre a lavar y peinar al difunto para dejarlo de nuevo, de madrugada y a escondidas, en la jaula de los vecinos. Al encontrarse con ellos al día siguiente, estos les cuentan el raro fenómeno que acaban de vivir: su conejo de toda la vida, que se había muerto de viejo y al que habían enterrado en el jardín, ¡ha aparecido de repente en la jaula, «tan arregladito y tan mono»!

Las ilustraciones de Sofía Balzola, mediante lo que parecen sólidos creados por ordenador, no muestran a los adultos y crean algunos juegos divertidos con situaciones cinematográficas, como la persecución del criminal o la foto de la ficha policial.

  • Anne Fine, Diario de un gato asesino (The Diary of a Killer Cat). Ilustraciones de Sofía Balzola. Traducción de Miguel Azaola. SM (El barco de vapor, azul, 84), Madrid, 1998. ISBN 84-348-6245-X.

Máziel Spück y el misterio del cuadro, de Pepe Serrano

Máziel Spück y el misterio del cuadro, de Pepe Serrano, con ilustraciones de Juan Bauty (blog), es el primer título infantil y juvenil de una nueva editorial con sede en Teruel, Ediciones Nalvay.

Se trata de una historia simpática, protagonizada por un perro, el pintor Máziel Spück, que se verá obligado a actuar como detective para resolver una desaparición. Contará con la ayuda del imprevisible gato Sinatra y del sabio escarabajo don Luis Mirasuelos y se enfrentará a las ratas de alcantarilla y un cocodrilo temible.

La historia avanza con una mezcla de humor tranquilo, aventura y paulatina resolución del misterio, en general con buen ritmo y una motivación interior al relato bien conseguida. Para ser un primer libro, es de notar que la presentación general y ortotipográfica es cuidadosa, pulcra incluso, y solo extraña un interlineado doble más propio de un manuscrito que de los libros que se suelen ver para esta edad. Las angulosas ilustraciones de Juan Bauty, de tono ligeramente humorístico, abundan sobre todo en las emociones y el carácter de los personajes.

  • Pepe Serrano, Máziel Spück y el misterio del cuadro. Ilustraciones de Juan Bauty. Ediciones Nalvay, 2009. 978-84-937518-0-7.

Nuevos puentes entre España y México: Fineo y Cidcli. Horripilantario y Yolisa malísima

La editorial Fineo tiene presencia en México y España con álbumes como el Horripilantario, con limericks de Alma Velasco e ilustraciones de un creador de bichos tan verdaderamente estupendo como Juan Gedovius. Vale la pena ver esta nota muy completa en Poesia infantil i juvenil.

Ahora Fineo también distribuye en España títulos de la editorial Cidcli, como Yolisa Malísima, de Mar Pavón, ilustrado por Sara Palacios. Es un libro de aleluyas (pareados octosílabos de aire popular) que cuenta con humor la vida de la traviesa Yolisa, incluida una traca final en una ceremonia de premiación literaria; porque Yolisa, aunque parecía que no iba a ser nada en la vida, ¡terminó siendo poeta! (¿Será aunque parecía… o quizá como ya parecía?) Desenfado, exageración, disparate, alguna rima loca, una pizca de horror y su toquecito escatológico, la poetisa Yolisa no ganará el Loewe pero pinta a risa de los niños, no me cabe duda.

… En su sexto aniversario
echó abajo un escenario.
A los siete, ¡ay!, una rana
metió en la cama a su hermana.
¡Y a los ocho ni te cuento
la que lió en un convento!
Cumplió nueve y la muy burra
a su chucho dio una zurra.
Con diez desvendó, ¡qué asco!,
una momia de Damasco.
Mas ¡oh milagro! a los once …

A Series of Unfortunate Events, 1: The Bad Beginning, de Lemony Snicket

darabuc-lemony-snicket-cubiertaThe Bad Beginning, la primera novela de A Series of Unfortunate Events (traducida en España como Una serie de catastróficas desdichas y en América como Una serie de eventos desafortunados), de Lemony Snicket (seudónimo de Daniel Handler), es una perlita literaria muy recomendable. Diría incluso: recomendable guste o no, porque es una experiencia sin apenas paralelos en la LIJ.

La novela bebe de la tradición melodramática, pero no convierte el sufrimiento de los personajes en un camino de redención que los conducirá al triunfo final, como en el Dickens optimista, en Joan Aiken (The Wolves’ Chronicles) o en Pullman (Dark Materials, Sally Lockhart); lo que hace, y anuncia desde buen principio, es acentuar los padecimientos sin dejarles salida (más que las pausas que permiten continuar la serie) y recordarnos continuamente que el título colectivo de los acontecimientos desafortunados se cumplirá una y otra vez.

Pero no se trata de padecer porque sí: todo está vestido de literatura, ironía e humor, la construcción es pulcra y la medición de los tiempos, precisa (por ejemplo, el clímax de la risa de Sunny en el teatro, seguido por un anticlímax inmediato). El narrador es impresionante, lo impregna todo con su presencia, sus explicaciones, su ironía y sus varios juegos literarios. Como si el autor se burlara de la tendencia de corrección política que nos acosa, los personajes son «de perfecta crianza e infortunio perfecto»: Violet es una chica emprendedora (porque las mujeres también pueden estudiar Ingeniería) y Klaus, un chaval muy lector (porque a los chicos les interesan más cosas que el fútbol); y el narrador es exageradamente moral (para explicar un concepto, dirá: «por ejemplo, si eres un ladrón de bancos —aunque confío en que no lo serás—…»). Pero ni esos rasgos positivos de los personajes ni la empatía del narrador servirán de nada frente al conde Olaf. La pequeña Sunny no es un bebé adorable, por el contrario, sino una especie de animalito que solo muerde y farfulla palabras incomprensibles (que el narrador, sin embargo, interpreta con morosidad). Traducido a reacciones del lector, es fácil encontrarse sonriendo.

El carácter estudiadamente retórico (en el buen sentido) de la novela queda claro en la forma The A… A… de titular los libros: The Bad Beginning, The Reptile Room, The Wide Window, The Miserable Mill, The Austere Academy, The Ersatz Elevator, The Vile Village, The Hostile Hospital, The Carnivorous Carnival, The Slippery Slope, The Grim Grotto. Lamentablemente, los primeros títulos españoles no lo respetan: Un mal principio, La habitación de los reptiles, El ventanal, El aserradero lúgubre; los dos siguientes sí, pero repiten letra y añaden un «muy» huero, algo que el autor no hace: Una academia muy austera, El ascensor artificioso. No pongo esto de relieve porque sea condenatorio de las traducciones castellanas (que no he leído, aunque con la ventaja de hablar a posteriori, bien podríamos haber tenido El pésimo principio), sino porque creo que es un indicio claro de por dónde camina el autor y del cuidado con el que elige todos los aspectos formales de la serie.

El fallo principal del conjunto es, probablemente, su extensión: en un solo libro de doscientas páginas todo habría brillado sin desgaste, pero a lo largo de trece novelas, el humor se consume, las situaciones se repiten y comienza a emerger la retórica en el mal sentido.

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Las lápices de Brett Helquist, muy limpios, también son retóricos (de nuevo en el buen sentido): dispuestos uno al principio de cada capítulo, más algunas láminas, me llama la atención que no presentan grandes escenas emotivas ni de conflicto, ni siquiera a los personajes completos (salvo vistos de muy lejos), sino ante todo detalles: ojos (los terribles de Olaf, los de Klaus leyendo), un brazo (que termina en un gancho, no en una mano), una pierna (de Olaf en el teatro). Parecen estar diciendo: no olvidéis que esto, amigos, es literatura.

  • Lemony Snicket, The Ominous Omnibus (The Bad Beginning. The Reptile Room. The Wide Window), il. Brett Helquist, HarperCollins, Nueva York, 2005.
  • Reseña muy completa en Bienvenidos a la fiesta

Croc Croc (en la escuela de los esqueletitos), de Stéphane Levallois

darabuc-levallois-CrocCrocCroc Croc, de Stéphane Levallois (Libros del Zorro Rojo) es un relato bien trabado sobre la integración de la diferencia (y cómo la vive el diferente), que evita los excesos de azúcar de muchos de los libros escritos con esa intención y se narra y presenta de un modo original. Apenas tiene texto, es un cuaderno de apertura vertical en el que se ilustra la cara vista y se deja en blanco el revés, y se desarrolla en un mundo que no es el de Tim Burton, pero se aproxima, con un tono general de humor negro y páginas de crueldad (la crueldad característica de muchos grupos de niños frente al débil). Está ilustrado a dos tintas, rojo y negro.

Croc Croc es un niño esqueleto de cabeza roja, que vive en un mundo de esqueletos de cabeza blanca. Es torpe en la escuela y sus compañeros no se lo perdonan; su vida es un mal sueño y de noche sufre pesadillas. Pero en el transcurso de una excursión, un alud entierra a un grupo desorientado; nadie habría encontrado huesos blancos entre la nieve, pero por fortuna, la cabeza roja de Croc Croc destaca como un faro en la noche. A partir de entonces, tanto los compañeros como el propio Croc Croc cambian de actitud.

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Además de los temas para el diálogo, el libro contiene muchos guiños divertidos en el proceso de traslación de la historia del plano de los niños al plano de los esqueletos, como por ejemplo la ilustración final, en la que Croc Croc alcanza alegremente el Cielo (de una rayuela); pero son muchos: la casa en la que vive, los cereales del desayuno, las cuentas de la pizarra, la mochila-losa, el autocar de la excursión (un largo coche fúnebre) o los guiños al cine mudo y sus pantallitas de texto.

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  • Stéphane Levallois, Croc Croc (en la escuela de los esqueletitos). Libros del Zorro Rojo, Barcelona, 2009. 104 pp, 12 x 15 cm. ISBN 978-84-92412-34-1.

33 abuelas, de Luis Cauqui y Sergio Bleda

darabuc-33-abuelas33 abuelas, de Luis Cauqui y Sergio Bleda, es un cuento disparatado que sin embargo nace de la observación y el amor (de las abuelas por su familia y de la voz de los autores por las abuelas). Humor y cariño son, probablemente, la mejor combinación posible en la literatura infantil, sin los excesos de uno y otro por separado (y quizá no solo en la dirigida a ese público, a juicio del que esto escribe); sea como fuere, este libro funciona y arrancará más de una sonrisa con la doble capacidad, característica de la literatura, de inventar mundos y explicarnos este.

La anécdota es ínfima y no hace falta más: 33 abuelas van a algún sitio (allí) año tras año. Son abuelas fantásticas y diversas entre sí, con toques muy reales, sin embargo. Las veremos en todos los transportes imaginarios: moto con sidecar, tren, teleférico, silla de ruedas, bicicleta, globo, barco, coche antiguo, elefante, biplano, vehículo solar, caballo jubilado, autostop, quad y autobús, más la abuela «que vivía allí mismo». De todas se cuenta algún detalle de su vida y alguna consideración general («A las abuelas les chiflan las historias de amor», «¿Qué es una abuela sin sus fotos?»). ¿Adónde van? Pues a un lugar muy propio, aunque normalmente no vayan de 33 en 33. Las ilustraciones de Blesa enriquecen el texto con un enfoque humorístico cargado de detalles.

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En el álbum, texto e ilustración se disponen por separado, con imagen central y texto lateral; pero como no se utiliza nunca la doble página, entiendo que habría sido mejor disponer el texto en el centro y las ilustraciones en los laterales, para evitar algún efecto de disonancia o de falsa continuidad. Una pega menor para un libro que se disfruta.

  • Luis Cauqui y Sergio Bleda, 33 abuelas. Dibbuks, Madrid, 2009. 24 pp. 26,5 x 17,5 cm. ISBN: 978-84-937239-2-7.
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Filetes de lenguado, de Gerald Durrell

darabuc-gerald-durrell-fillets-of-plaiceFiletes de lenguado (1971) es una recopilación de cuentos literario-biográficos de Gerald Durrell, con los rasgos característicos del autor: descripción humorística de su familia y conocidos, momentos intercalados de tensión, amor constante por los animales. Abarca varias épocas de su vida, de Corfú (cuando era niño) a Londres (cuando trabajó en un acuario, con dieciséis o diecisiete años) o la «recogida de animales» (caza de animales vivos para los zoos) en el Camerún colonial; sigue el relato de una estancia demencial en un sanatorio y el recuerdo de Úrsula, una novia de juventud. A mi juicio, los dos primeros relatos son memorables, pero más adelante, el libro pierde fuelle.

Quizá en este libro destaca lo que el propio Durrell denomina «educación liberal y un tanto excéntrica», que permite ver frases y comentarios sin duda inusuales en nuestra literatura infantil y juvenil. Al principio destacan las provocaciones/procacidades de Larry, entre el chiste machista y la obsesión sexual, que despiertan la respuesta automática de la madre: «¡No digas esas cosas delante de Gerry!». Más adelante, el Gerald narrador dirá de un personaje: «Resultaba evidente … que lo que quería era seguir hablando conmigo … Mi educación liberal y un tanto excéntrica me había permitido llegar a reconocer sin ningún género de duda los ardides y las artes de un pederasta. Sabía, por ejemplo, que incluso los caballeros de porte militar con monóculo podían tener tales inclinaciones». La figura del Gerald narrador es como una anguila a la que no se atrapa: el coronel Anstruther resultará ser un viejo cariñoso y excéntrico, amigo solo de los juegos de guerra contra el «huno miserable» (pero no de otros juegos más graves). Sin embargo, dicho queda, y en la sombra del relato se perfilan los casos que conoció hasta llegar a ese juicio previo. En cuentos posteriores, las alusiones sexuales se mantienen, pero el narrador ya es adulto y trata solo con adultos.

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El crimen de lord Arthur Savile, de Oscar Wilde

darabuc-beardsley-peacockskirtEn situaciones de oscuridad —cuando se combina la represión moral con la hipocresía, como en la época victoriana o la franquista—, el ingenio suele salir adelante y subvertir el orden gracias a la ironía, de fondo más o menos amargo. Es el caso de El crimen de lord Arthur Savile, conocido cuento de Oscar Wilde donde el protagonista se ve «moralmente obligado» a cometer un crimen que le han anunciado como parte de su destino (en un contexto casi grotesco, pero sobre el que no se formulan dudas).

Después del crimen, podría llevar a Sybil en brazos con la certeza de que ella no se ruborizaría nunca por su culpa, no bajaría nunca la cabeza de vergüenza. Pero primero debía cometer el crimen y, cuanto antes, mejor.

Muchos hombres, en su misma situación, habrían preferido el camino de rosas y flores de la frivolidad a las escarpadas alturas del deber; pero la conciencia de lord Arthur era demasiado fuerte como para anteponer el placer a los principios.

No es un cuento que entre fácilmente al lector joven, creo yo, porque la burla envejece con cierta rapidez y muchos de los blancos contra los que apuntaba Wilde han caído hace mucho (especialmente, la sociedad aristocrática) y abundan las referencias antiguas (que solo como mal menor resuelve una edición anotada, dado que humor y notas al pie son apenas compatibles). Pero vale la pena, porque cuando la bola de nieve cobra fuerza, es difícil sustraerse tanto a la risa como a una reflexión acompañada de escalofríos en el espinazo.

En Gutenberg.org se puede leer en inglés. Imagen de Aubrey Beardsley para Salomé.

Pere Calders, maestro del cuento y la ironía

darabuc-pere-calders-uoc-lletra-marge.gifPere Calders (Barcelona, 1912-1992, aunque vivió muchos años exiliado en México) es un maestro del relato breve, que maneja a la perfección la ironía. En sus cuentos investiga las fronteras entre lo real y lo que suponemos real, la verdad oculta, la verdad transparente que quizá no es tal, la magia cotidiana. Además, es un escritor de estilo cuidadoso y preciso, que matiza muy bien para crear juegos de distanciamiento. Pese a su valía, por la razón que sea, en castellano apenas ha encontrado el eco que por su calidad merece. Como lector, os invito a aprovechar que Anagrama ha reeditado en su colección de bolsillo Ruleta rusa y otros cuentos.

Yo entiendo que la literatura juvenil debe dar cabida a los buenos autores que escriben con los jóvenes en mente, pero no menos, en ningún caso, a los buenos autores en general que escriben con pericia formal, buen estilo y capacidad de sorpresa. El paso de la adolescencia a la edad adulta debe hacer sin más andaderas que las necesarias, aunque para evitar naufragios convenga ajustar la dificultad de los textos. Calders es una buena opción, con la ventaja que le da el hecho de dominar, sobre todo, una forma breve como la del cuento. Por eso es un clásico de las aulas catalanas, pero no debería quedar confinado a ellas.

Como ya he escrito sobre Calders en otros sitios, creo que no vale la pena repetir aquí la introducción y la selección de cuentos hiperbreves que hay en el sitio web de nuestro club de lectura local. Dejo aquí, en cambio, unos pasajes de un cuento que tal vez habría gustado a Gila: “Hecho de armas” (en traducción de Joaquín Jordá).

… Me senté al margen de un camino … y hete aquí que, de repente, un paracaidista vestido de una manera extraña tomó tierra a mi lado. Debajo de la capa que llevaba, se veía una ametralladora y una bicicleta plegable, bien disimuladas, claro.
Se me acercó y con un acento extranjero muy pronunciado me preguntó:
—¿Podría decirme si voy bien para ir al Ayuntamiento de este pueblecito?
(Ahí cerca, la semana anterior, había un pueblo.)
—No sea asno —le dije—. Se nota en seguida que es un enemigo, y si va allí le cogerán.
Eso le desconcertó y, después de hacer un ruido con los dedos que denotaba su rabia, replicó:
—Ya me parecía que no lo habían previsto todo. ¿Qué me falta? ¿Cuál es el detalle que me delata?
—El uniforme que lleva ha caducado. Hace más de dos años que nuestro general lo suprimió, dando a entender que los tiempos habían cambiado. Ustedes están mal informados.
—Lo hemos sacado de un diccionario —me dijo con tristeza.

Pensando, encontré una solución:
—¡Ya está! Nos lo podríamos jugar al tres en raya. Si gana usted puede utilizar mi uniforme correcto y hacerme prisionero; si gano yo, el prisionero será usted y el material de guerra que lleva pasará a nuestras manos. ¿De acuerdo?
Se avino, jugamos y gané yo. Aquella misma tarde, entraba en el campamento, llevando mi botín, y cuando el general, lleno de satisfacción por mi trabajo, me preguntó qué recompensa quería, le dije que, si no le importaba, me quedaría con la bicicleta.

Traducciones al castellano, según la base de datos del ISBN español:

  • Antología de cuentos de Pere Calders, Polígrafa, Barcelona, 1969
  • Cepillo (para niños), Hymsa, Barcelona, 1981
  • Aquí descansa Nevares, Grijalbo, Barcelona, 1985
  • Ronda naval bajo la niebla, Anagrama, Barcelona, 1985
  • De lo tuyo a lo mío, Laia, Barcelona, 1986
  • El principio de la sabiduría, Llibres del Mall, Barcelona, 1987
  • Todo se aprovecha, Ediciones B, Barcelona, 1987
  • El primer arlequín. Crónicas de la verdad oculta. Gente del alto valle, Alianza, Madrid, 1988
  • Los niños voladores, Argos Vergara, 1984; Toray, 1991
  • Ruleta rusa y otros cuentos, Anagrama, Barcelona, 1984, 2007

La imagen procede del portal Lletra.

El pollito de la avellaneda, de Antonio Rubio y Gabriel Pacheco

Antonio Rubio, del que ya hemos recogido un poema, que luego se convirtió en un juego, ha trabajado también en la adaptación de cuentos populares.

El pollito de la avellaneda, editado por Kalandraka, es un cuento acumulativo —fácil de contar incluso para los que se atrevan poco— en el que un personaje tiene que conseguir toda una serie de objetos para resolver un problema urgente («¡Ande, no se haga de rogar / que se me puede ahogar!»). Las ilustraciones de Gabriel Pacheco son claras, expresivas y con rasgos de humor e irrealismo. La combinación es, a mi modo de ver, excelente, y funciona bien con niños de unos tres años en adelante.

¿Fundamentos del humor o reglas para la conversación?

Bienvenidos a la fiesta trae una nota en la que Umberto Eco resume las reglas que rigen la conversación10px-external-3.png, establecidas por Paul Grice en el marco de lo que se suele llamar estudio pragmático de la lengua (o Pragmática, a secas).

Por ejemplo: habla teniendo en cuenta lo que te quieren decir, no solo lo que te dicen; di cosas sensatas, que se aguanten por sí mismas; sé pertinente, no absurdo; y no te enredes con oscuridades verbales. Lo curioso es que, ejemplo tras ejemplo, lo que encontramos al mismo tiempo son los fundamentos del humor: todos los casos, cocinados con su salsa, nos pueden despertar una sonrisa.

Según las greguerías de este curso de 5.º A10px-external-3.png:

—¿Qué es la O?
—La rosquilla para el desayuno del alfabeto.

—¿Qué es la J?
—El anzuelo para que el alfabeto salga de pesca.

En este caso, no se tiene en cuenta la intención de la pregunta y la respuesta es absurda (aunque no oscura). Echadle un vistazo a la nota de Luis Daniel González y, si no estáis de acuerdo conmigo, dadme con los comentarios en la cabeza. 🙂

Shel Silverstein

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Shel Silverstein, dibujante, cantante y poeta, es una de las voces más frescas de la poesía infantil en inglés. Escribe para niños, con inquietud por los temas que a ellos les preocupan, mucho humor y no poca dosis de crítica; no es un autor de los que se ganan el afecto “dorando la píldora”, sino siendo divertido y sincero.

A cambio, es un poeta muy difícil de traducir, dado que sus poemas están repletos de juegos verbales. Dejo un poema bienhumorado sobre el “abrazo de la guerra”.

HUG O’ WAR

I will not play at tug o’war.
I’d rather play at hug o’war,
Where everyone hugs
Instead of tugs,
Where everyone giggles
And rolls on the rug,
Where everyone kisses,
And everyone grins,
And everyone cuddles,
And everyone wins.

El texto se basa en un juego de palabras: tug-of-war es la competición de fuerza por equipos en la que cada bando tira de la cuerda con la intención de arrastrar al otro; y en política, es la lucha por la supremacía. Pero hug es ‘abrazo’ y en este hug of war, todos ganan.

En este otro poema, una voz muy «difícil de contentar» se despacha a gusto contra todos los que lo rodean. Desde luego, no es una vida fácil, la suya… Como otros poemas de Silverstein, es muy teatral: hay incluso un acotación sobre cómo debemos pronunciarlo, además del efecto final.

HARD TO PLEASE
(To be said in one breath)

Elaine gives me a pain,
Gill makes me ill,
Winnie’s a ninny,
Orin is borin’,
Milly is silly,
Rosy is nosy,
Junie is loony,
Gussie is fussy,
Jackie is wacky,
Tommy is balmy,
Mary is scary,
Tammy is clammy,
Abby is crabby,
Patti is batty,
Mazie is lazy,
Tiny is whiney,
Missy is prissy,
Nicky is picky,
Ricky is tricky,
And almost everyone
Makes me sicky.
(Whew!)

Una nota: de pronto me llama la atención que, aunque Silverstein murió en 1999, yo he escrito todo el texto en presente. Será que, al menos para mí, su obra es un ejemplo de vitalidad… Este es el enlace a su biografía en la wiki inglesa.

Hay traducción al español de varios libros suyos en Ediciones B (Barcelona). En este blog he recogido algunos poemas en catalán y otros en español.

Canción de la elefandra, Laura E. Richards

Laura E. Richards (Estados Unidos, 1850-1943; ver entrada de Wikipedia en inglés10px-external-3.png) es una autora que se mueve dentro de la tradición del juego lúdico, próxima al absurdo, muy habitual en la literatura escrita en inglés. No he encontrado libros suyos traducidos al castellano.

CANCIÓN DE LA ELEFANDRA

Érase que se era un elefante
que se quiso poner una escafante…
¡Ay, no! Quiero decir una elefandra
que se quiso poner una escafandra…
(¡Señor! Me da que estoy metiendo
la pata de un modo tremendo.)

El caso es que se le enredó la trompa
al mirar de ajustarse la escafompa;
y por más que tiraba y estiraba,
no lograba soltarse la escafaba…
(…¡Casi mejor que deje esta canción
de la pobre escafanta y su elefón!)

ELETELEPHONY

Once there was an elephant,
Who tried to use the telephant –
No! No! I mean an elephone
Who tried to use the telephone –
(Dear me! I am not certain quite
That even now I’ve got it right.)

Howe’er it was, he got his trunk
Entangled in the telephunk;
The more he tried to get it free,
The louder buzzed the telephee –
(I fear I’d better drop the song
Of elephop and telephong!)

Fuente: Tirra Lirra (1932). Versión de Gonzalo García. La traducción de este poema está bajo una licencia de Creative Commons10px-external-3.png (Creative Commons License).

Enlaces:

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