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Bla Bla Bla

 

Volviendo sobre el síndrome de Down y la dificultad de gestionar las intenciones en el proceso creativo, me ha gustado Bla Bla Bla, un corto dirigido por Alexis Morante en colaboración con la asociación Apadis.

(A través de este artículo.)

So wie du bist partía del tópico de que los niños con síndrome de Down son superdotados emocionales, mientras que muchos adultos «normales» somos discapacitados desde el punto de vista emocional. Como la mayoría de tópicos, se parte de una base real y, en la medida en que la obra introduzca matices (en So wie du bist no vi muchos) no es mala base para esa clase de calidad  artística que denominamos «profundidad». La diversidad funcional no es solo un eufemismo. Mi yo niño mismo, por ejemplo, destacaba en aplicación y comportamiento, quedaba muy atrás en capacidad visual y en parte en socialización. La playa sin gafas era experimentar en primera persona lo que supone no llegar a la borderline en algún campo.

Bla Bla Bla se construye sobre dos tópicos parecidos: la bondad inherente al síndrome de Down y la dificultad de planear y hacer realidad proyectos complejos. También juega con la dificultad de los «normales» para tratar normalmente la discapacidad en los contextos en los que no la esperamos (¿dónde queda nuestra capacidad de adaptación, por cierto?). Al ser una obra tan breve no necesita matices, al contrario, puede explotar plenamente, como un buen chiste gráfico, elementos que se dan por sentado: desde las nuevas formas de compartir coche hasta la sensación de incomodidad e inseguridad de los «normales» antes los «sub… ay ahora no sé cómo te tengo que llamar».

‘Andrés cabeza abajo’, de Pablo Albo y Roger Olmos

Ilustración de Roger Olmos

«Andrés, cabeza abajo, iba pensando: “¡VAYA FAENA!”. Acababa de ser engullido por un ogro y estaba cayendo por su garganta.
“Con la mala suerte que tengo, seguro que en la barriga del ogro me encuentro con un dragón terrible que me quiere devorar.”
¡Y así fue!
“¡QUÉ MALA PATA!”, pensaba Andrés, mientras caía, cabeza abajo, por la garganta del dragón. “Seguro que este dragón acaba de comerse un oso salvaje al que le encanta comer niños.”
¡Y así era!»
La fatalidad de Andrés no termina en el oso, claro, sino que cada vez se adentra más en estas muñecas chinas carnívoras: «Y, como se temía, Andrés se encontró en la barriga del lobo feroz, que estaba dentro del león hambriento, que estaba dentro de la barriga del oso salvaje, que estaba dentro de la barriga del dragón terrible, que estaba dentro de la barriga del ogro».

Ilustración de Roger Olmos

Ilustración de Roger Olmos

¿Llegará alguien —leñador o caballero— que abra toda la serie de barrigas? No, «por mucho que esperó, allí no llegó nadie». Así que tendrá que resolverlo por sí mismo y, como no está en una ballena que lo pueda expulsar con el agua, no será el medio más limpio ni perfumado: «buscando, palpando y empujando se metió por un agujero que había en la barriga del lobo hasta que consiguió salir por…». Sí, por ahí; como se dice en letra pequeñita: «por donde suelen salir las cosas que los lobos se comen».

Por esa clase de agujeros, deshace el camino de las cajitas chinas, ahora marranas e hilarantes. Al fin llega a la barriga del ogro y, al sentirse cerca de la liberación, piensa: «¡Seguro que afuera brilla el sol!». Seguro… que no, ¡pobre Andrés, «cansado, mojado y maloliente»! Él no pierde la esperanza: «Con la suerte que tengo, seguro que mañana o pasado sale el sol». Olmos, que con los lados menos amables de la vida se sale (La cosa que más duele del mundo, El príncipe de los enredos), se ríe aquí dibujando una nube exclusiva para el gafado.

Ilustración de Roger Olmos

‘Diario de un gato asesino’, de Anne Fine

Diario de un gato asesino, de Anne Fine, es una novelita humorística concebida para especial crujir de dientes de quienes consideran que, en un cuento infantil, un león debe comer hierba, zanahorias, flores o mejor aún, sueños de paz universal, pero nunca jamás carne. (En esa concepción, ¿National Geographic es un canal pornográfico?)

El gato protagonista, que cuenta la historia en primera persona, vive en una casa de esa índole: cuando se come un pájaro, la familia organiza un entierro; cuando trae un ratón (que ha encontrado «recién muerto, pero muerto»), se arma otro funeral lacrimógeno. «Esta Casa se está convirtiendo en el Circo de la Alegría», comenta el gato, irónicamente.

La acción se carnavaliza más cuando, no sin dificultades, mete un conejo por la gatera, ¡el conejo de los vecinos, que «ha vivido aquí al lado años y años»! La familia, horrorizada, lo castiga modificando la gatera para que no pueda entrar solo y corre a lavar y peinar al difunto para dejarlo de nuevo, de madrugada y a escondidas, en la jaula de los vecinos. Al encontrarse con ellos al día siguiente, estos les cuentan el raro fenómeno que acaban de vivir: su conejo de toda la vida, que se había muerto de viejo y al que habían enterrado en el jardín, ¡ha aparecido de repente en la jaula, «tan arregladito y tan mono»!

Las ilustraciones de Sofía Balzola, mediante lo que parecen sólidos creados por ordenador, no muestran a los adultos y crean algunos juegos divertidos con situaciones cinematográficas, como la persecución del criminal o la foto de la ficha policial.

  • Anne Fine, Diario de un gato asesino (The Diary of a Killer Cat). Ilustraciones de Sofía Balzola. Traducción de Miguel Azaola. SM (El barco de vapor, azul, 84), Madrid, 1998. ISBN 84-348-6245-X.

Máziel Spück y el misterio del cuadro, de Pepe Serrano

Máziel Spück y el misterio del cuadro, de Pepe Serrano, con ilustraciones de Juan Bauty (blog), es el primer título infantil y juvenil de una nueva editorial con sede en Teruel, Ediciones Nalvay.

Se trata de una historia simpática, protagonizada por un perro, el pintor Máziel Spück, que se verá obligado a actuar como detective para resolver una desaparición. Contará con la ayuda del imprevisible gato Sinatra y del sabio escarabajo don Luis Mirasuelos y se enfrentará a las ratas de alcantarilla y un cocodrilo temible.

La historia avanza con una mezcla de humor tranquilo, aventura y paulatina resolución del misterio, en general con buen ritmo y una motivación interior al relato bien conseguida. Para ser un primer libro, es de notar que la presentación general y ortotipográfica es cuidadosa, pulcra incluso, y solo extraña un interlineado doble más propio de un manuscrito que de los libros que se suelen ver para esta edad. Las angulosas ilustraciones de Juan Bauty, de tono ligeramente humorístico, abundan sobre todo en las emociones y el carácter de los personajes.

  • Pepe Serrano, Máziel Spück y el misterio del cuadro. Ilustraciones de Juan Bauty. Ediciones Nalvay, 2009. 978-84-937518-0-7.

Nuevos puentes entre España y México: Fineo y Cidcli. Horripilantario y Yolisa malísima

La editorial Fineo tiene presencia en México y España con álbumes como el Horripilantario, con limericks de Alma Velasco e ilustraciones de un creador de bichos tan verdaderamente estupendo como Juan Gedovius. Vale la pena ver esta nota muy completa en Poesia infantil i juvenil.

Ahora Fineo también distribuye en España títulos de la editorial Cidcli, como Yolisa Malísima, de Mar Pavón, ilustrado por Sara Palacios. Es un libro de aleluyas (pareados octosílabos de aire popular) que cuenta con humor la vida de la traviesa Yolisa, incluida una traca final en una ceremonia de premiación literaria; porque Yolisa, aunque parecía que no iba a ser nada en la vida, ¡terminó siendo poeta! (¿Será aunque parecía… o quizá como ya parecía?) Desenfado, exageración, disparate, alguna rima loca, una pizca de horror y su toquecito escatológico, la poetisa Yolisa no ganará el Loewe pero pinta a risa de los niños, no me cabe duda.

… En su sexto aniversario
echó abajo un escenario.
A los siete, ¡ay!, una rana
metió en la cama a su hermana.
¡Y a los ocho ni te cuento
la que lió en un convento!
Cumplió nueve y la muy burra
a su chucho dio una zurra.
Con diez desvendó, ¡qué asco!,
una momia de Damasco.
Mas ¡oh milagro! a los once …

A Series of Unfortunate Events, 1: The Bad Beginning, de Lemony Snicket

darabuc-lemony-snicket-cubiertaThe Bad Beginning, la primera novela de A Series of Unfortunate Events (traducida en España como Una serie de catastróficas desdichas y en América como Una serie de eventos desafortunados), de Lemony Snicket (seudónimo de Daniel Handler), es una perlita literaria muy recomendable. Diría incluso: recomendable guste o no, porque es una experiencia sin apenas paralelos en la LIJ.

La novela bebe de la tradición melodramática, pero no convierte el sufrimiento de los personajes en un camino de redención que los conducirá al triunfo final, como en el Dickens optimista, en Joan Aiken (The Wolves’ Chronicles) o en Pullman (Dark Materials, Sally Lockhart); lo que hace, y anuncia desde buen principio, es acentuar los padecimientos sin dejarles salida (más que las pausas que permiten continuar la serie) y recordarnos continuamente que el título colectivo de los acontecimientos desafortunados se cumplirá una y otra vez.

Pero no se trata de padecer porque sí: todo está vestido de literatura, ironía e humor, la construcción es pulcra y la medición de los tiempos, precisa (por ejemplo, el clímax de la risa de Sunny en el teatro, seguido por un anticlímax inmediato). El narrador es impresionante, lo impregna todo con su presencia, sus explicaciones, su ironía y sus varios juegos literarios. Como si el autor se burlara de la tendencia de corrección política que nos acosa, los personajes son «de perfecta crianza e infortunio perfecto»: Violet es una chica emprendedora (porque las mujeres también pueden estudiar Ingeniería) y Klaus, un chaval muy lector (porque a los chicos les interesan más cosas que el fútbol); y el narrador es exageradamente moral (para explicar un concepto, dirá: «por ejemplo, si eres un ladrón de bancos —aunque confío en que no lo serás—…»). Pero ni esos rasgos positivos de los personajes ni la empatía del narrador servirán de nada frente al conde Olaf. La pequeña Sunny no es un bebé adorable, por el contrario, sino una especie de animalito que solo muerde y farfulla palabras incomprensibles (que el narrador, sin embargo, interpreta con morosidad). Traducido a reacciones del lector, es fácil encontrarse sonriendo.

El carácter estudiadamente retórico (en el buen sentido) de la novela queda claro en la forma The A… A… de titular los libros: The Bad Beginning, The Reptile Room, The Wide Window, The Miserable Mill, The Austere Academy, The Ersatz Elevator, The Vile Village, The Hostile Hospital, The Carnivorous Carnival, The Slippery Slope, The Grim Grotto. Lamentablemente, los primeros títulos españoles no lo respetan: Un mal principio, La habitación de los reptiles, El ventanal, El aserradero lúgubre; los dos siguientes sí, pero repiten letra y añaden un «muy» huero, algo que el autor no hace: Una academia muy austera, El ascensor artificioso. No pongo esto de relieve porque sea condenatorio de las traducciones castellanas (que no he leído, aunque con la ventaja de hablar a posteriori, bien podríamos haber tenido El pésimo principio), sino porque creo que es un indicio claro de por dónde camina el autor y del cuidado con el que elige todos los aspectos formales de la serie.

El fallo principal del conjunto es, probablemente, su extensión: en un solo libro de doscientas páginas todo habría brillado sin desgaste, pero a lo largo de trece novelas, el humor se consume, las situaciones se repiten y comienza a emerger la retórica en el mal sentido.

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Las lápices de Brett Helquist, muy limpios, también son retóricos (de nuevo en el buen sentido): dispuestos uno al principio de cada capítulo, más algunas láminas, me llama la atención que no presentan grandes escenas emotivas ni de conflicto, ni siquiera a los personajes completos (salvo vistos de muy lejos), sino ante todo detalles: ojos (los terribles de Olaf, los de Klaus leyendo), un brazo (que termina en un gancho, no en una mano), una pierna (de Olaf en el teatro). Parecen estar diciendo: no olvidéis que esto, amigos, es literatura.

  • Lemony Snicket, The Ominous Omnibus (The Bad Beginning. The Reptile Room. The Wide Window), il. Brett Helquist, HarperCollins, Nueva York, 2005.
  • Reseña muy completa en Bienvenidos a la fiesta

Croc Croc (en la escuela de los esqueletitos), de Stéphane Levallois

darabuc-levallois-CrocCrocCroc Croc, de Stéphane Levallois (Libros del Zorro Rojo) es un relato bien trabado sobre la integración de la diferencia (y cómo la vive el diferente), que evita los excesos de azúcar de muchos de los libros escritos con esa intención y se narra y presenta de un modo original. Apenas tiene texto, es un cuaderno de apertura vertical en el que se ilustra la cara vista y se deja en blanco el revés, y se desarrolla en un mundo que no es el de Tim Burton, pero se aproxima, con un tono general de humor negro y páginas de crueldad (la crueldad característica de muchos grupos de niños frente al débil). Está ilustrado a dos tintas, rojo y negro.

Croc Croc es un niño esqueleto de cabeza roja, que vive en un mundo de esqueletos de cabeza blanca. Es torpe en la escuela y sus compañeros no se lo perdonan; su vida es un mal sueño y de noche sufre pesadillas. Pero en el transcurso de una excursión, un alud entierra a un grupo desorientado; nadie habría encontrado huesos blancos entre la nieve, pero por fortuna, la cabeza roja de Croc Croc destaca como un faro en la noche. A partir de entonces, tanto los compañeros como el propio Croc Croc cambian de actitud.

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Además de los temas para el diálogo, el libro contiene muchos guiños divertidos en el proceso de traslación de la historia del plano de los niños al plano de los esqueletos, como por ejemplo la ilustración final, en la que Croc Croc alcanza alegremente el Cielo (de una rayuela); pero son muchos: la casa en la que vive, los cereales del desayuno, las cuentas de la pizarra, la mochila-losa, el autocar de la excursión (un largo coche fúnebre) o los guiños al cine mudo y sus pantallitas de texto.

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  • Stéphane Levallois, Croc Croc (en la escuela de los esqueletitos). Libros del Zorro Rojo, Barcelona, 2009. 104 pp, 12 x 15 cm. ISBN 978-84-92412-34-1.