Los secuestradores de burros, de Gerald Durrell

Los secuestradores de burros no es, a mi juicio, una gran novela, ni tampoco la mejor de Gerald Durrell; pero permite pasar un rato entretenido con la aventura de los dos niños ingleses en su intento de ayudar a su amigo Yani. Es una novela un punto roaldahliana, en la que el mundo de los niños es bastante más sensato que el de los adultos y, además, hay algunos matices subversivos: el que sufrirá principalmente las consecuencias del secuestro es el alcalde local y para saber qué ocurre solo hace preguntarle… al tonto del pueblo, que no es poco listo, aunque casi nadie tenga paciencia para escucharlo. Las ilustraciones de Mabel Alvarez refuerzan, sin extremismo, el carácter satírico y burlón del texto.

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Y cuidadosamente [Yani] depositó el manojo de billetes delante del alcalde. De nuevo los vítores fueron ensordecedores, pero el alcalde, en lugar de alegrarse al ver que volvía a sus manos la mayor parte del dinero, parecía estar sufriendo una extraña alteración. Su cara normalmente pálida, color queso, se había puesto de pronto toda roja, a la vez que se le abultaban los ojos.
—¡Vosotros habéis sido! —gritó, poniéndose en pie súbitamente y apuntando a Amanda, David y Yani con un dedo tembloroso—. ¡Vosotros habéis sido!
Los aldeanos enmudecieron. Aquella nueva complicación del asunto no estaba prevista.
—¡Ellos se llevaron a los burros! —vociferó el alcalde, fuera de sí de ira—. ¡Ellos se llevaron a los burros para poder pedir la recompensa y dársela a Yani Panioti, y despojarme de mis derechos legales sobre sus tierras! ¡Estos son los «comunistas» que hemos estado buscando!
Los aldeanos miraron a los niños con ojos abiertos como platos. Hubo de pasar un momento hasta que asimilaron las palabras del alcalde, pero cuando al fin se dieron cuenta de lo que querían decir, ante sus ojos se descubrió toda la hermosura de la situación. El alcalde había recibido un trato ignominioso, había sido obligado a desprenderse de veinte mil dracmas, y Yani Panioti se había salvado, y todo gracias a la inteligencia de los niños ingleses. Fue Papa Nikos el que empezó, porque tan pronto como se le reveló toda la belleza del asunto soltó un relincho de risa que se habría podido oír a medio kilómetro. Cualquier otra multitud se habría indignado a la vista de lo que habían hecho los niños, pero aquellas gentes eran melisiotas y pensaban de otra manera. Todos los del pueblo se echaron a reír, y rieron y rieron sin parar. El alcalde rabiaba y vociferaba, pero al cabo de un rato lo tuvo que dejar porque en medio de aquel estruendo de carcajadas no le oía nadie.
Y fue así como los tres niños, con unos andares que tenían mucho de pavoneo, se abrieron paso por la plaza del pueblo entre los lugareños; algunos de los cuales se reían tan fuerte que casi no se tenían en pie, y regresaron a sus casas.

  • Gerald Durell, Los secuestradores de burros (The Donkey Rustlers, 1968), traducción de María Luisa Balseiro, Alfaguara, 1982 (46.ª edición en 2005), con ilustraciones de Mabel Álvarez.
  • Notas sobre Gerald Durrell en este blog

10 Respuestas a “Los secuestradores de burros, de Gerald Durrell

  1. Qué ganas de leerlo. Me ha recordado a Dani el campeón del mundo, de Dahl. Por cierto ¿qué es ser melisiota? La Rae no lo recoge y Google me lleva a Melisia, una isla perdida en el Jónico… seguiré investigando.

    Gracias por la recomendación. A veces no tiene por qué ser una obra de arte literaria para disfrutar de una buena lectura.

    Abrazos a capazos

  2. ¡Ah! ¡Qué recuerdos! La leí de pequeña. Vuelve a mi memoria el calor del verano, la tranquilidad de la siesta, el plan de los niños y la niña, la posición dominante del alcalde y el sabor de la victoria. Y todo esto entre brumosos recuerdos. De lo que estoy convencida fue del buen rato que pasé leyéndola y de lo poderosa que me sentí ante los mayores con la misma edad de los protagonistas.

    Gracias por el ratillo de vuelta a la niñez.

    Ángeles

  3. No la he leido, pero me apetece mucho. Me acuerdo de “Mi familia y otros animales”, también de Gerald Durrell. En ella cuenta su niñez en una isla griega, a donde se traslada con su familia. En las entrañables historias y anécdotas que cuenta consigue hacernos creer que los adultos son una pandilla de excéntricos, y solo él, un niño, tiene algo de sentido común.

  4. Hola, Félix, Ángeles, Isa: gracias por vuestros comentarios.

    La novela empieza así: “Melisa es una isla perdida en el mar Jónico. Es tan pequeña, y está tan a trasmano, que muy poca gente sabe de su existencia. Es una isla afortunada porque…”. Curiosamente, yo pensé (o preferí pensar más bien), que era una Trapobana cualquiera, una isla que no existe. Una isla con nombre de abeja bien puede ser una isla voladora…

    Es curiosa esa vindicación del niño. Pienso en el debate actual sobre la educación, que parece que, por huir del (sin duda odioso) autoritarismo, ha caído en una complacencia que no sirve a los niños, que necesitan normas, tan explicadas como se quiera, pero normas. Sea como sea, ¡cómo se disfrutan estos libros!

    También pienso si el subconsciente me traicionó y lo programé para que saliera en tiempo de elecciones. A Gerald Durrell creo que lo votaría, a lo que tenemos… en fin.

  5. No conocía esta obra de Durrell, supongo que por la fecha de la última edición será difícil conseguirla… En fin, miraré a ver si se puedo hacerme con ella para continuar con mi divertida “época Durrell”…
    Un saludo

  6. Yo había anotado la “46.ª ed.” de 2005, según se indica en mi ejemplar, pero hubo otra reedición en 2006. (Por cierto, recogida en el ISBN como 3.ª ed., 8.ª reimpr.; misterios sin resolver.) Sea como fuere, quizá al ser un libro de fondo estable no sea tan difícil de conseguir.

    Un abrazo

  7. Acabo de leer Los Secuestradores de Burros, tratando de acordarme si alguna vez me la hicieron leer en el colegio. Reconozco que lo que más me acordaba del libro era por su llamativa ilustración de la portada, por eso más que nada me aventuré en volver a leerla, si es que alguna vez la leí. En fin… disfruté de la lectura, aunque elementos como los “comunistas” y el detective que se creía Sherlock Holmes no fueron resueltos como me los esperaba, pero aun así sigo con la pregunta y veré si hay por ahí algún profesor de básica que la responda: ¿porqué razón ‘exactamente’ hacen leer a los niños esta novela en particular? Saludos a la gente anónima que pueda llegar a transitar por aquí.

  8. Hola, Cocoos.

    Yo no soy profesor, pero si lo recomendara, sería por su punto burlón, para hablar en general de cuando las cosas no son lo que parecen y, en el plano histórico, de las relaciones de los pueblos, sobre todo cuando uno de ellos se considera superior a los otros.

    Un saludo cordial

  9. ola soy jormax el cuento esta muy bueno tengo 11 años

  10. me enqanto perosi my largo jeje y tengo 10 años

Comentarios

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