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‘Crispín: la cruz de plomo’, de Avi

Crispín: la cruz de plomo, de Avi, es una novela histórica de ambientación medieval que a mi juicio destaca justamente por el cuidado puesto en una ambientación histórica realista; por ejemplo, la reconstrucción de una aldea pobre (cuyos habitantes compartían directamente con los animales el poco espacio de sus casas) y de una ciudad algo mayor (cuya primera impresión es cómo apesta el río de suciedad y excrementos de sus calles). Son datos conocidos, pero que cuesta mucho ver en la mayoría de las novelas medievalizantes. En este sentido me parece significativo que el libro esté dedicado a un especialista en la historia social de finales de la Edad Media, como es Teófilo F. Ruiz.

Más allá de la ambientación, es una novela de crecimiento y reflexión. Crispín conocerá la injusticia y la justicia y deberá decidir quién quiere ser y qué lugar quiere ocupar la sociedad (nace sin elección, pero la evolución de la trama lo acaba situando en una posición en la que sí podrá, o más aún, deberá tomar decisiones de calado). El personaje que ocupa el lugar central en la novela, sin embargo, es un juglar libertario, cuyo ideario parece mucho más próximo a nuestro presente que al pasado medieval.

Quizá lo peor de la novela sea este anacronismo de pensamiento, del juglar y de algún otro revolucionario que hasta pide el sufragio universal, lo que se combina bastante mal con el realismo de otros pasajes. O que Crispín, el tímido e ignorante aldeano, aprenda en pocos meses a describir con algún detalle edificios urbanos (desde luego, elegir a un protagonista ignorante es un problema técnico grave, en una novela: su pensamiento literal aburriría al lector más pintado). Comparado con la mayoría de lo que se publica en su campo, sin embargo, no cae en el feminismo cutre (tampoco entra en el feminismo sensato) ni suelta un panfleto anti- ni prorreligioso (la cuestión política es más panfletaria, pero al menos se dirige contra un vicio político, como es la tiranía, no contra el blanco o negro, laico o creyente, que le caiga mal al autor). Y sin duda, la presentación clara, los capítulos breves y el buen ritmo general hacen que se lea bien. También ayudan (si a esto no le pedimos verosimilitud) la evolución heroica de Crispín y, por qué no, el final positivo.

  • Avi, Crispín: la cruz de plomo (Crispin: The Cross of Lead, 2002). Medalla Newbery de 2003. SM, Madrid, 2003 (El barco de vapor, serie roja). Traducción de José Calvo. 256 pp. ISBN: 84-348-9601-X.
  • Reseña en Bienvenidos a la fiesta y en S.O.L.

La trilogía de los Trípodes, de John Christopher

He leído sin apenas emoción la clásica Trilogía de los Trípodes, de John Christopher (1967-68). Se trata de una novela ideológica y de aventuras en un entorno de ciencia-ficción, después de que el mundo humano haya sido conquistado por extraterrestres; estos, los Amos, usan a los hombres como esclavos y en la adolescencia les instalan una placa en el cráneo para que obedezcan y adoren a sus superiores. Unos pocos rebeldes se agruparán para, paso a paso, expulsar a los dominadores, que han traído la paz, pero solo por la vía de la sumisión semianimal (significativamente, uno de los Amos más pacíficos querrá adoptar al protagonista como mascota, después de haber leído en un libro humano los conceptos de «perro» y «amistad»), una «paz de rebaño».

Tiene puntos interesantes, a mi modo de ver: la crítica pacifista al belicismo previo (y también posterior) a la conquista extraterrestre (y a la segunda guerra mundial, por alusiones, y quizá a la «paz» soviética); la invención y descripción de la Ciudad de Oro y Plomo; la introducción de matices en la psicología de los Amos, no siempre negativos, y en los hombres, no siempre positivos; la elección de un personaje central falible; la importancia del compromiso y el sacrificio.

Sin embargo, las buenas intenciones lastran el conjunto. Vemos la acción desde la perspectiva de Will, pero hay un narrador que, desde una posición de superioridad moral frente al presente de la acción, comenta y critica sus errores (¿como si temiera ser una mala influencia en los lectores?); sin embargo, no sabemos desde dónde o cuándo nos habla, ya que la obra no se presenta como memorialística. Por otro lado, Will es falible, ante todo por orgullo y visceralidad, pero entre quienes lo guían y acompañan en la aventura hay personajes casi perfectos (aun a pesar de haberlos encontrado por azar), deus ex machina que priva al conjunto de verosimilitud.

Otro aspecto muy envejecido es el papel de la mujer. O su ausencia, mejor dicho. Solo hay dos personajes femeninos notables y solo en la primera de las tres partes. Solo uno tiene nombre propio: Eloïse, que se entrega a servir a los Amos con ilusión como hacen quienes poseen la Placa, para desazón de Will (y detonante de su decisión de no someterse al sistema). Lo que Eloïse ignora es que la van a embalsamar en una Galería de la Belleza (lo que de nuevo, unido al proyecto general de exterminar a la raza humana, dedice a Will a marcar con la X a los Amos). Y eso es todo lo que hay decir de la mujer y salvar al mundo.

Quizá en 1967 tampoco se podía abordar ningún aspecto de sexualidad. Pero el contraste con la voz narrativa adulta es llamativo: cuando el protagonista comenta que su vida futura, «una vez liberados de los opresores», será una forma de vivir «me temo que esencialmente centrada en los placeres», ¿qué piensa el lector, oyendo esas palabras y esa forma de hablar? No, no, el narrador no piensa en eso: «Me veía cazando, montando a caballo, pescando…». En una novela donde el despertar a la vida adulta es un tema crucial, la omisión no es precisamente poca cosa. Estos personajes de cartón piedra desarrollan una conciencia política admirable y hasta procuran refundar la ONU, pero fuera de eso, parecen más muertos que vivos.

  • John Christopher, La Trilogía de los Trípodes: Las Montañas Blancas. La ciudad de oro y plomo. El estanque de fuego. Traducción de Eduardo Lago. Alfaguara, Madrid, 1984. En proceso de reedición por Oxford, Madrid, 2011-.
  • Hay reseñas más positivas en Bienvenidos a la fiesta, Libros juveniles, Pasen y lean y la revista Babar.

Misterio en Villa Jamaica, de Renato Giovannoli

No sé qué pensar de Misterio en Villa Jamaica, de Renato Giovannoli (Barco de vapor, serie naranja), una novela escrita (todavía) sobre la concepción romántica de la piratería. Todavía, porque me pregunto si veremos novelas juveniles sobre la renovada piratería del Índico, que no es tan distinta de la genuinamente histórica, pero al ser actual nos llega como una tragedia sin ningún tinte positivo.

Volviendo a la novela, le veo elementos positivos, como la atención a la melancolía, un estado de ánimo poco descrito en la actualidad; la doble trama narrativa, a partir del descubrimiento de un texto antiguo, nada infrecuente pero no por eso menos enriquecedora; y el vocabulario, bastante rico y preciso (mi impresión de autor fue: sin miedo a las tijeras del editor). En cambio el misterio me ha parecido tibio y quizá previsible, y la vinculación directa con Salgari lo envejece (pues en España ya no es una lectura habitual). El final muestra una voluntad literaria decimonónica que es muy acorde con la historia contada (que se desarrolla en el paso del XIX al XX), lo que es positivo; pero, a la vez, hoy carece de fuerza.

Quizá sea esta una narración muy consciente de sus riesgos, que simplemente juega deliberadamente con piezas hoy poco usuales; no gustará a todos los lectores, pero a otros les descubrirá un mundo diferente al de la novela cinematográfica de acción imparable.

  • Renato Giovannoli, Misterio en Villa Jamaica. Ilustraciones de Beatriz de Pedro. SM (Barco de vapor, naranja, 122), 1999. ISBN 84-348-6713-3.

The Wolves of Willoughby Chase y Black Hearts in Battersea, de Joan Aiken

darabuc-aiken-wolvesThe Wolves of Willoughby Chase (1962), de Joan Aiken, es la novela de éxito que permitió a su autora independizarse y comenzar a vivir de la escritura. Es un melodrama de aventuras, con una institutriz perversa, una dulce abuela muy enferma, nobles nobilísimos y un huérfano criado en el bosque; los personajes principales son dos niñas que al convivir aprenderán a compensar sus caracteres (delicada, blanda y llorosa la una, dura y chicotona la otra). A diferencia de otros melodramas de los que he hablado aquí, como los de Pullman (1, 2, 3, 4), es más infantil que juvenil y apenas incluye carga ideológica (todas las novelas son ideológicas, según se mire; quiero decir que no pretende convencernos de la bondad o maldad de nada). Aiken lo ambienta en una Inglaterra ficticia en la que la Revolución Gloriosa no habría triunfado, los partidarios de la casa real de Hanóver irán tramando varios golpes y conjuras, y el país está invadido por los lobos.

darabuc-aiken-black-heartsLa historia continúa en Black Hearts in Battersee, a partir de Simon, un personaje importante, pero aun así relativamente secundario de la primera parte. Los recursos del melodrama se acentúan más si cabe (incluida una historia de changelings o niños cambiados en la cuna), así como la ambientación en un Londres dickensiano y la reconstrucción del lenguaje cockney y otras variantes; también es un texto algo más satírico, como no es infrecuente que ocurra en las segundas partes. Una chiquilla londinense que en este libro se supone que muere, Dido Twite, «renace» (por petición popular, como Sherlock Holmes) y vivirá nuevas aventuras en otros volúmenes.

La serie consta en total de doce libros escritos entre 1955 y 2004 (año de la muerte de la autora; alguno se ha publicado póstumamente), y no se ha traducido, al menos en España. Supongo que el inglés no resulta particularmente accesible (por los arcaísmos y dialectalismos de la ambientación), pero el carácter melodramático y exagerado suele ser una buena compañía para superar esas dificultades: no porque a uno se le escape una palabra va a dejar que a los protagonistas los devoren los lobos…

En España, los libros de Aiken se editaron sobre todo en los años ochenta. A mí me gusta especialmente Mendelson y las ratas, una serie de cuentecillos bienhumorados de la que hablaré en otra ocasión; también se publicaron por ejemplo El gato Mog, El cuervo de Arabel o los primeros libros de los viajes de Félix (Vete a ensillar el mar, Ponle bridas al viento).

  • Joan Aiken, Omnibus: The Wolves of Willoughby Chase, Black Hearts in Battersea, Night Birds on Nantucket. Leopard, Londres, 1995. ISBN 075290132X.
  • Traducción española en 2010: Joan Aiken, Los lobos de Willoughby Chase. Salamandra, Barcelona, 2010. Trad. de Elena de Grau. ISBN 978-84-9838-296-9.
  • Reseña de 50 aniversario en School Library Journal.

El ojo de cristal, de Cornell Woolrich

El ojo de cristal. Charlie saldrá esta noche, de Cornell Woolrich, reúne dos cuentos policíacos en cuyo argumento resulta esencial la relación de padre e hijo. Me parece un ejemplo destacable de libro correcto —un libro más— convertido en un buen libro —un libro recomendable— gracias a la labor editorial: los cuentos se contrapesan y permiten varios temas de diálogo, la traducción es adecuada y no he encontrado erratas, se anotan al pie los términos difíciles, se incluyen al final unas pocas actividades claras de comprensión y comentario y no solo se ha elegido a un ilustrador —August Tharrats, «Tha»— capaz de extraer toda la expresividad a la historia, sino que se le ha permitido trabajar en color y en gran número de páginas. En la imagen inferior, un ejemplo extremo de un momento culminante del primer relato.

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  • Cornell Woolrich, El ojo de cristal. Charlie saldrá esta noche. Ilustraciones de Tha. Vicens Vives (col. Cucaña, 8). 144 pp. ISBN 84-316-5358-2. Traducción de Jordi Arbonès.

A Series of Unfortunate Events, 1: The Bad Beginning, de Lemony Snicket

darabuc-lemony-snicket-cubiertaThe Bad Beginning, la primera novela de A Series of Unfortunate Events (traducida en España como Una serie de catastróficas desdichas y en América como Una serie de eventos desafortunados), de Lemony Snicket (seudónimo de Daniel Handler), es una perlita literaria muy recomendable. Diría incluso: recomendable guste o no, porque es una experiencia sin apenas paralelos en la LIJ.

La novela bebe de la tradición melodramática, pero no convierte el sufrimiento de los personajes en un camino de redención que los conducirá al triunfo final, como en el Dickens optimista, en Joan Aiken (The Wolves’ Chronicles) o en Pullman (Dark Materials, Sally Lockhart); lo que hace, y anuncia desde buen principio, es acentuar los padecimientos sin dejarles salida (más que las pausas que permiten continuar la serie) y recordarnos continuamente que el título colectivo de los acontecimientos desafortunados se cumplirá una y otra vez.

Pero no se trata de padecer porque sí: todo está vestido de literatura, ironía e humor, la construcción es pulcra y la medición de los tiempos, precisa (por ejemplo, el clímax de la risa de Sunny en el teatro, seguido por un anticlímax inmediato). El narrador es impresionante, lo impregna todo con su presencia, sus explicaciones, su ironía y sus varios juegos literarios. Como si el autor se burlara de la tendencia de corrección política que nos acosa, los personajes son «de perfecta crianza e infortunio perfecto»: Violet es una chica emprendedora (porque las mujeres también pueden estudiar Ingeniería) y Klaus, un chaval muy lector (porque a los chicos les interesan más cosas que el fútbol); y el narrador es exageradamente moral (para explicar un concepto, dirá: «por ejemplo, si eres un ladrón de bancos —aunque confío en que no lo serás—…»). Pero ni esos rasgos positivos de los personajes ni la empatía del narrador servirán de nada frente al conde Olaf. La pequeña Sunny no es un bebé adorable, por el contrario, sino una especie de animalito que solo muerde y farfulla palabras incomprensibles (que el narrador, sin embargo, interpreta con morosidad). Traducido a reacciones del lector, es fácil encontrarse sonriendo.

El carácter estudiadamente retórico (en el buen sentido) de la novela queda claro en la forma The A… A… de titular los libros: The Bad Beginning, The Reptile Room, The Wide Window, The Miserable Mill, The Austere Academy, The Ersatz Elevator, The Vile Village, The Hostile Hospital, The Carnivorous Carnival, The Slippery Slope, The Grim Grotto. Lamentablemente, los primeros títulos españoles no lo respetan: Un mal principio, La habitación de los reptiles, El ventanal, El aserradero lúgubre; los dos siguientes sí, pero repiten letra y añaden un «muy» huero, algo que el autor no hace: Una academia muy austera, El ascensor artificioso. No pongo esto de relieve porque sea condenatorio de las traducciones castellanas (que no he leído, aunque con la ventaja de hablar a posteriori, bien podríamos haber tenido El pésimo principio), sino porque creo que es un indicio claro de por dónde camina el autor y del cuidado con el que elige todos los aspectos formales de la serie.

El fallo principal del conjunto es, probablemente, su extensión: en un solo libro de doscientas páginas todo habría brillado sin desgaste, pero a lo largo de trece novelas, el humor se consume, las situaciones se repiten y comienza a emerger la retórica en el mal sentido.

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Las lápices de Brett Helquist, muy limpios, también son retóricos (de nuevo en el buen sentido): dispuestos uno al principio de cada capítulo, más algunas láminas, me llama la atención que no presentan grandes escenas emotivas ni de conflicto, ni siquiera a los personajes completos (salvo vistos de muy lejos), sino ante todo detalles: ojos (los terribles de Olaf, los de Klaus leyendo), un brazo (que termina en un gancho, no en una mano), una pierna (de Olaf en el teatro). Parecen estar diciendo: no olvidéis que esto, amigos, es literatura.

  • Lemony Snicket, The Ominous Omnibus (The Bad Beginning. The Reptile Room. The Wide Window), il. Brett Helquist, HarperCollins, Nueva York, 2005.
  • Reseña muy completa en Bienvenidos a la fiesta

Las crónicas de Spiderwick, de Tony DiTerlizzi y Holly Black

He leído con interés e intriga Las crónicas de Spiderwick, de Tony DiTerlizzi y Holly Black. Se suele citar a sus autores por este orden, contra la convención habitual de situar antes al escritor que al ilustrador; sin entrar en lo injusto o justo de ese hábito, no cabe duda de que en este libro hay un peso importante (principal, en algún aspecto) de la ilustración. Lo he leído en inglés (presentado en un cofrecito delicioso, que recoge los cinco libros con pasta dura, aire antiguo y corte irregular de las páginas) y no he visto aún la película. Se edita en cinco volúmenes, pero podría publicarse en un solo tomo de cinco libros (partes) que apenas superaría las 500 páginas.

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A mi entender, la novela nace de un afán de juego tanto con la rica tradición feérica y de monstruos del mundo anglohablante (donde quizá tiene más vigencia actual que en el hispánico), como con varios cuentos populares de los más conocidos. Puede leerse un breve resumen del argumento de cada libro en El bosque de los cuentos.

Pero no solo: es tanto más importante el trabajo de DiTerlizzi, con numerosas ilustraciones a toda página (alguna de ellas, a color) que se declaran expresamente herederas de Arthur Rackham. Tanto es así que, entre el aspecto retro de las ilustraciones e incluso de los libros mismos, y la ambientación victoriana de la mansión, es fácil perder de vista que la acción transcurre en nuestro presente. Con frecuencia, adquirimos una imagen más clara de los seres fantásticos gracias a la imagen que gracia al texto; y en cuanto a su conducta, la novela tampoco entra en grandes detalles, muestra lo que muestra, y listos.

El tercer gran pie de la propuesta, a mi entender, es un relato familiar de final feliz: el reencuentro de Jared con sus hermanos y su madre, la aceptación de la ausencia del padre y el cierre de la historia inconclusa de Lucinda y su madre. En todo este proceso, los personajes yerran (por exceso de ira o falta de diálogo) y acabarán madurando tras comprender sus errores.

La biblioteca mágica de Bibbi Bokken, de Jostein Gaarder y Klaus Hagerup

Imagino que La biblioteca mágica de Bibbi Bokken, de Jostein Gaarder y Klaus Hagerup, se tradujo para seguir exprimiendo en lo posible el éxito internacional de Gaarder con El mundo de Sofía, pero personalmente me ha resultado una decepción.

A mi juicio, la novela nace con un interés local poco exportable (celebrar el 350 aniversario de la publicación del primer libro noruego y, junto con ello, a varios autores del país), la acción resulta algo confusa y pesada (cuando la hay; otras veces solo hay clase de cultura) y la voz de los personajes no es coherente (los protagonistas son a veces niños de su edad y a veces una mera excusa para que los autores pongan en su boca párrafos de adulto sobre las bondades del libro). Una deficiencia que tal vez sea más subjetiva: el conjunto adolece en general de la ambición pretenciosamente libresca y más bien huera de un discurso de político a favor de la cultura (sus autores creerán en lo que proclaman, no lo dudo; pero a este lector le han despertado más bostezos que emoción).

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Campos verdes, campos grises, de Ursula Wölfel

darabuc-ursula-woelfel-grauen-und-gruenen-felderCampos verdes, campos grises (Die grauen und die grünen Felder, 1970), de Ursula Wölfel, es un conjunto de relatos de una clase que tal vez ha desaparecido del panorama infantil y juvenil: son cuentos sobre la pobreza (e incluso la miseria) con un aire general netamente triste, que sabe amargo incluso en el mejor de los casos. Se desarrollan en varias partes del mundo, con mayoría de ambientación en la Alemania de posguerra, y los protagonizan sobre todo niños.

Es la clase de libros que incluso parece molestar a quienes los editan: la cubierta alemana más reciente, que recojo arriba a la derecha, ¿cuánto tiene que ver con la descripción anterior? ¿No imaginamos al verla un libro alegre, casi de comunión intercultural? Lo que el libro cuenta (véase «Solo para blancos», en el que un niño negro sufre un apartheid que apenas comprende y al final le da la risa al ver el «culo de mono» de una niñita blanca, mientras los demás negros temen las consecuencias de esa risa) es mucho más amargo. Y mucho más cierto. Y por lo tanto, mucho más necesario. La segunda cubierta, de una edición anterior de Ravensburger, es simbólica y quizá tibia, pero más fiel al contenido.

darabuc-ursula-woelfel-grauen-und-gruenen-felder-loguezEl libro se tradujo al castellano en la editorial Lóguez, una de las pocas que deja sitio claro en su catálogo a la tristeza y la pobreza y, digamos, a las dificultades reales. En cierta línea de libros infantiles la pobreza es algo que se sobrelleva casi con felicidad y la tristeza, un sentimiento que se pasa y listos. A mi entender, es una mala educación social y sentimental: la pobreza es cruda y angustiosa (y resulta aún más insoportable cuando contrasta con la riqueza) y existen formas de tristeza mucho más hondas que pasajeras, que además a veces se tuercen y solo buscan ya causar más tristeza en los demás.

Si todo libro infantil comporta, de modo casi inevitable, un proceso de educación de sus lectores, ¿qué les queremos enseñar? ¿Que todo es rosa incluso cuando es negro? ¿O quizá que en el mundo —y dentro de cualquiera de nosotros— hay horrores que debemos conocer para poder evitarlos?

Me pregunto, por ejemplo, si no hay demasiado contraste entre la triste racha reciente de violaciones de menores por parte de jóvenes y niños y la convicción generalizada entre las editoriales juveniles e infantiles de que la violación es un tema de mal gusto. Sin duda, es una realidad vomitiva; pero si la literatura prefiere mirar hacia otro lado, está renunciando a su fuerza de interpretación, reflexión y convicción justo en un caso donde se la necesita, y mucho.

  • Ursula Wölfel, Campos verdes, campos grises. Traducción de Jacqueline Ruzafa. Lóguez, Salamanca, 1977. ISBN 84-85334-00-8 (1.ª ed., 1977), 84-85334-11-6 (2.ª-11.ª ed.)
  • Reseña del libro en Ladrar a la Luna, blog de animación a la lectura del CEIP ATALAYA de Palazuelos de Eresma (Segovia)
  • Reseña en el Club de críticos de Nosololibros
  • Comentario de Luis Daniel González en Bienvenidos a la fiesta

El nuevo Noé, de Gerald Durrell

El nuevo Noé, de Gerald Durrell, es un libro de la etapa de «coleccionista» de animales (léase «cazador y comprador de animales para los zoos»). Es una mezcla de anécdotas sobre ese trabajo y sobre la vida animal, cuya trama no es novelesca, sino autobiográfica. Interesa porque es difícil aburrirse con Durrell (a quien no le aburran los animales), por lo que cuenta (toda una etapa de la trastienda de la historia de los zoos, además de una faceta singular de la relación entre la Europa rica y otras zonas del mundo) y quizá también por lo que no cuenta (es interesante preguntarse qué no se narra en el libro). La segunda mitad del libro, por otro lado, transcurre en América del Sur (la Guayana, la Pampa y el Chaco); la primera mitad, en el Camerún británico (hoy parte de Nigeria).

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Los secuestradores de burros, de Gerald Durrell

Los secuestradores de burros no es, a mi juicio, una gran novela, ni tampoco la mejor de Gerald Durrell; pero permite pasar un rato entretenido con la aventura de los dos niños ingleses en su intento de ayudar a su amigo Yani. Es una novela un punto roaldahliana, en la que el mundo de los niños es bastante más sensato que el de los adultos y, además, hay algunos matices subversivos: el que sufrirá principalmente las consecuencias del secuestro es el alcalde local y para saber qué ocurre solo hace preguntarle… al tonto del pueblo, que no es poco listo, aunque casi nadie tenga paciencia para escucharlo. Las ilustraciones de Mabel Alvarez refuerzan, sin extremismo, el carácter satírico y burlón del texto.

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Historias secretas del espacio, de Joan Manuel Gisbert

Historias secretas del espacio, de Joan Manuel Gisbert, es uno de los muchos libros del autor que abre las puertas al misterio, con una fe poderosísima en lo que quizá cabría denominar «lo real increíble». Tres astronautas suelen celebrar una reunión anual en el hostal de El Corzo Gris; se trata de un encuentro estrictamente privado, al que nadie más puede asistir, en cuyo transcurso refieren un relato crucial de su experiencia del año pasado (un relato literario completo, incluido el título; la fe de Gisbert en el misterio corre en paralelo a la defensa de la literatura como útil de conocimiento). Thomas Braun, el joven hijo del posadero, que se halla «en el umbral de ser mayor», aprovechará la ocasión de servirles para escucharlos desde un escondrijo y, con ello, hacerse con su primer secreto, «un secreto formado por secretos del espacio».

Miré la esfera como nunca había mirado cosa alguna. Al principio no vi más que su luminosa superficie.
Después, poco a poco, mi mirada fue capaz de atravesarla porque ella se fue haciendo transparente, como si quisiera mostrarme su interior.
Me dije varias veces que estaba ante un desconocido objeto del Universo. Tenía que estar preparado. A partir de aquel instante algo extraordinario podía ocurrir.
Entonces me pareció que la gran esfera se abría.
Al mismo tiempo noté que yo flotaba. Me salí de la silla metálica suavemente y fui descendiendo, ligero como el aire, hasta el mismo interior de la esfera.
Allí todas mis sensaciones cambiaron, excepto la de flotar en el vacío. Me parecía haber recorrido en segundos una distancia incalculable.
Vi, como nunca lo había visto o imaginado, el infinito de los espacios. Vi nacer estrellas en remotas galaxias. Vi nubes de polvo cósmico incandescente. Vi la espiral de gigantescas nebulosas. Vi agujeros negros cósmicos que se tragaban luceros erráticos. Todo era fascinante.
Escuché el silencio supremo de los mundos, el rumor deslizante de los cometas, el crujido del deshielo en planetas glaciales, las explosiones de energía en soles aún sin nombre, los fragores de muerte de una estrella y el aliento de la vida en miles de cuerpos siderales.
Entonces, con una lucidez desconocida, comprendí qué era la esfera: ¡un espejo total del Universo!
Pero eso sólo podía comprenderse estando dentro de ella, como yo estaba.
Había tenido la inmensa fortuna de encontrarme allí en el momento en que la esfera mostraba su verdadera naturaleza.

(«Lo más hermoso del mundo»)

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Ilustración de Toni Garcés, de un pasaje anterior del mismo cuento

  • Cito por la edición de 1995, ilustrada por Toni Garcés: Edebé, Tucán (verde, 75), ISBN-10: 84-236-4191-0.

El reloj mecánico, de Philip Pullman

El reloj mecánico, de Philip Pullman, es un cuento fantástico y moral de tradición romántica, convenientemente situado en Alemania. Pullman sabe combinar cierta complejidad de la trama con una redacción simple y accesible; quizá no sea lo más habitual en la literatura infantil y juvenil, o no con esta pericia. La gracia esencial de este cuento estriba en la combinación de niveles: lo real, lo literario, lo demoníaco, lo moral y lo mágico. En la taberna, el cuento imaginado se hace real y entran en escena los personajes supuestamente ficticios; eso obligará a elegir y marcará destinos distintos para cada cual; el final es de recompensa y esperanzador o de castigo y aun muerte.

No tiene la fuerza inquietante pura de La asombrosa historia de Peter Schlemil o de El diablo de la botella, sin duda (y menos aún, de Fausto), pero puede servirles de introducción, como cuento mucho más desnudo. Son un centenar de páginas de letra grande y economía de medios.

  • Philip Pullman, El reloj mecánico, trad. de Carmen Netzel, Byblos (Ediciones B), Barcelona, 2007, ISBN 978-84-666-3266-9.

Retratos araucanos en cinco pinceladas: adivinanzas de Viernes y Robinsón

1.

Es una madre que te mece; es un cocinero que echa sal a la sopa; es un ejército de soldados que te tiene preso; es un animal grande que se enfada, gruñe y patea cuando hace viento; es una piel de serpiente de mil escamas, que centellean al sol.

2.

Es una piel gigante en la que se esconden dos hombres como pulgas, es el entrecejo que se frunce sobre el inmenso ojo del mar, es algo verde sobre mucho azul, es un poco de agua dulce en mucha agua salada, es un barco siempre sujeto al ancla.

3.

Si fuera árbol, sería una palmera, por los pelos leonados que cubren el tronco. Si fuera ave, sería el cuervo del Pacífico, por su grito ronco y ladrador. Si fuera una parte de mi cuerpo, sería mi mano izquierda, dada la fidelidad con que ayuda a mi mano derecha. Si fuera un pescado, sería el lucio chileno, por sus dientes afilados. Si fuera un fruto, serían dos avellanas por sus ojitos castaños.

  • Michel Tournier, Viernes o la vida salvaje, traducción de Mercedes Pastor, ilustraciones de Juan Ramón Alonso, Noguer (Cuatro vientos, 32), 1982, pp. 88-89.

Dilaf y la princesa, de César Vidal

He leído Dilaf y la princesa, de César Vidal (Anaya, Duende Verde, +12, continuación de Dilaf el sabio), y me ha convencido poco. No suelo hablar aquí de los libros que no me gustan, por varias razones, pero ante todo, porque la crítica que más me gusta es la que anima a leer. En cualquier caso, de vez en cuando creo que vale la pena utilizar libros para exponer posibles problemas o, al menos, dudas de lector. Digo «utilizar» porque lo que señalaré no es exclusivo de este libro ni este autor.

Lo primero que me ha llamado la atención es que el autor tiene cosas más importantes que hacer, antes que escribir (o quizá, que escribir para niños y jóvenes). El tono es relativamente estable, pero hay muestras algo sonrojantes de redacción apresurada y no revisada: «recorrer casi corriendo», «buscamos y rebuscamos y al cabo de unos instantes dimos con el criado» (mis instantes dan para bastante menos, la verdad; o lo hallamos en seguida o lo hallamos después de mucho esfuerzo, pero no las dos cosas a la vez). No es algo exclusivo de la LIJ; probablemente sí que sea característico de la (cada vez más abundante) literatura escrita por periodistas, con el reloj de la entrega como espada de Damocles y un uso de los tópicos digno de un juglar épico. (Que nadie se ofenda: lo mismo cabría decir de mi gremio, es decir, de la mayoría de los traductores de libros, que solemos trabajar con menos tiempo del necesario y metemos la gamba con alegría.)

Hay otro aspecto paralelo: la lección moral sí se cuida, con una recapitulación final clara y deliberada. (Incluida una invectiva contra la magia, coherente con el espíritu del libro, y que casi cabría leer como una invectiva contra la avalancha de la literatura de magos, pese a que el libro es relativamente anterior.) Probablemente estamos ante una concepción literaria en la que el estilo sea secundario con respecto al mensaje, algo que personalmente tampoco me convence (y que no es exclusiva de los autores «de derechas», por cierto). El último aspecto que me ha llamado negativamente la atención es cómo, pese a inventar un mundo ficticio, el autor se empeña en mantener roles y atribuciones tradicionales; no soy nada amigo de la literatura voluntarista, pero si yo inventara un mundo irreal a mi antojo, no me haría eco positivo de las injusticias de este: cuando se da testimonio para el futuro, se elige «el [recuerdo] de aquella princesa que excedió en belleza a todas las que yo pude conocer» frente a «la nobleza, la sabiduría y el valor de Dilaf».

Un reparo para finalizar: no tengo interés en hablar del César Vidal periodista e ideológo ni de la cadena de radio en la que trabaja, pues creo que no aportaría nada al diálogo literario y en cambio podría enconar fácilmente una discusión política.

El asesinato del profesor de Matemáticas, de Jordi Sierra i Fabra

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Ilustración de Pablo Núñez

Me ha entretenido y picado 3L 4S3S1NAT0 D3L PR0F3S0R D3 M4T3M4T1C4S, de Jordi Sierra i Fabra, novela que el autor califica de «divertimento» y que cumple muy bien su función de plantear una cuestión detectivesca (incluida una muerte y una carrera contra el reloj) a partir de una serie de enigmas, acertijos y problemas entre matemáticos y lógicos.

Las ilustraciones de Pablo Núñez son curiosas por el hecho de ser relativamente estáticas (quiero decir con ello independientes de la trama); en buena medida son un cuadro de personajes sumidos en las Matemáticas y repartidos por el libro sin que se requiera siempre una hilación exacta con cada capítulo en el que aparecen. Podrían ser incluso cartas (el margen mismo de la imagen quizá invita a pensarlo) colocables al gusto o casi al azar, por decirlo de otra manera. Ya se sabe que azar y matemáticas se odian y aman sin poderlo remediar; como texto e imagen, probablemente, y esa es la única manera de intentar abarcar nuestro mundo, que no es ni lógico ni mágico, sino las dos cosas al tiempo, y por eso un buen libro bien ilustrado suma bastante más que dos.

Desde el punto de vista de su escritura, la novela tiene las virtudes de Sierra i Fabra (sobre todo, el control de la trama y quizá la narración rápida mediante los diálogos), pero también su defecto más recurrente (a mi modo de ver): una redacción que se diría apresurada y falta del grado necesario de revisión. Más allá del placer subjetivo de cada lector en cada párrafo, en el que no entro, no deberían llegar a la imprenta lapsus como «aterido» por «aterrado» (p. 55: «Estaban muy impresionados, pero también muertos de miedo. Ateridos»; la acción ocurre en el mes de junio y por mucha impresión que uno sufra, parece difícil estar «pasmado de frío») o «equívoco» por «equivocado» (p. 107; pero «equívoco» es «ambiguo», no «erróneo»). Esa falta de pulcritud se extiende a algún problema matemático, creo yo: si «De los 60 alumnos que practican deporte en un colegio, el 55% practica el fútbol, el 24% practica el baloncesto y el 6% se dedica a la natación», nos queda un 15% para el tenis, desde luego, es decir, 9 niños; pero también resulta que practicarían baloncesto 14,4 niños y natación, 3,6 niños (con humor negro: el 0,4 es una cabeza grande, que hace de balón de recambio, y el 0,6 restante es para ahorrarse tener que contratar otro taxi, pues por debajo de dos tercios de persona cabe considerarse legalmente maleta). La novela no pierde eficacia por estos detalles, pero ¿cuánto habría costado cuidarlos? Menos de lo que afean el conjunto, tal vez.

No está en mi ánimo repartir leña. Pero si bien al crear el blog pensé que apenas expondría críticas negativas (pues me gusta ante todo animar a leer y no faltan los libros para ello), con el tiempo voy pensando que no hay problema en hacer reparos a obras concretas de autores consolidados, con la idea de plantear posibles problemas generales que me sirvan primero a mí, como aprendiz de escritor, y luego a otros con interés en la literatura en general. Al elefante no le molestará que la hormiga diga la suya y a la hormiga le irá bien decirlo en voz alta, es decir, exponiéndose a la leña ajena, no vaya a ser que esté tomando por defectos lo que simplemente no ha conseguido entender. En esta misma serie, hablaré en fecha próxima de César Vidal y, por último, de la eficacia narrativa vista por un poeta (W. H. Auden).

El pazo vacío, de Xabier P. Docampo

El pazo vacío (O pazo baleiro, Anaya, col. Sopa de libros, 1997, con pequeñas ilustraciones de Xosé Cobas) es una excelente novela de intriga de Xabier P. Docampo, un narrador que domina especialmente bien la creación de ambientes (aunque esta no sea una novela de terror). Creo que hay varios elementos que la hacen sobresalir del panorama más habitual, que en la novela juvenil es a mi juicio algo triste: predomina el realismo tanto en la descripción de los personajes como en lo que persiguen y logran; hay un personaje adulto bien retratado y con un papel clave en la trama, como es Delio; se trabaja muy bien la verosimilitud, integrada en la novela sin deus ex machina, salidas increíbles o apariciones demasiado oportunas; el vocabulario y las descripciones son lo suficientemente ricos como para ampliar la capacidad lingüística de los jóvenes, sin que por ello sea un libro difícil de leer; y el libro plantea temas necesarios, pero sin didactismo o, dicho de otro modo, sin torcer la trama de forma que cuadre con la intención moral, sino llevando la trama de modo que permita pensar sobre cuestiones morales o de las relaciones personales. De lo más recomendable, a mi modo de ver.

Dos mensajes en clave

El primero lo traduzco de las 77 histèries de Miquel Obiols (Cruïlla, 1989); el segundo lo tomo de Crimen en el vuelo nocturno, un libro de pistas de Gaby Waters y Graham Round (Anaya, 1986, trad. Juan Manuel Ibeas).

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HISTERIA GRAMATICAL

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Leones de mar, de Germán Machado

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darabuc-german-machado-valentina-franco-macho-y-hembra-otaria

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Leones de mar

Es del mar
la leona
y es del mar
el león,

es la niebla
un secreto
y el rugido,
canción.

Son sus huellas
las olas
y el destino
es de sal,

el león,
la leona,
el rugir
y el cantar.

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