Endrina y el secreto del peregrino, de Concha López Narváez

Endrina y el secreto del peregrino, de Concha López Narváez (Espasa-Calpe, 1987, con numerosas reediciones hasta 2009), es una novela de aventuras de ambientación medieval, que corre a lo largo del Camino de Santiago. Una joven navarra salva de unos bandidos a un joven francés (algo mayor que ella) y a un anciano, y se les une para recorrer los caminos, descansar (cuando es posible) en las ciudades y los monasterios, trabar amistades y lidiar con ladrones de diverso pelaje. La pareja masculina quiere llegar a Santiago con discreción, para cumplir un voto misterioso del que solo sabremos los detalles hacia el final. En cuanto a los jóvenes, sentirán que en su corazón despierta algo que los une a pesar de las diferencias de clase y terminarán separándose, pero con una promesa de reencuentro. Este voluntarismo se hace extensivo a una defensa de la convivencia entre las religiones. Novela histórica, pues, pero con intención de novela y valores e inquietudes en parte contemporáneos.

Entiendo que su pervivencia en el mercado es un indicio claro de que la mezcla atrae a los lectores; y en comparación con los numerosos bodrios paramedievales recientes (con sus monjes de ojos rojos y otros personajes de risa), sin duda parece una buena fuente también para ir sabiendo más de los tiempos pasados.

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6 Respuestas a “Endrina y el secreto del peregrino, de Concha López Narváez

  1. Justo, mi hija entró en ese período en historia de segundo año. Amante de la lectura, seguramente le encantará.

    Andrea.-

  2. A mi hija le encantó. No paró hasta que lo terminó. Totalmente recomendado.

  3. Lo leí de pequeña y me encantó. Hace unos meses lo comenté en mi blog (http://blogs.hoymujer.com/tardessinplaystation/2009/9/25/el_retorno_de_endrina). Aun así, tengo la impresión de que en algunos colegios es lectura obligatoria y los niños le cogen tirria…

  4. Pues, iba a poner que el año pasado a mi peque (en 6.º de Primaria por entonces) le encantó, pero he leído el comentario de Rosa y quería decirle de paso que, aunque es cierto que a veces la gente y los chicos cogen tirria a las lecturas obligatorias, la profesora que tuvieron ese año les dio unas que les abrieron mundos nuevos; de hecho, hubo que comprar El pan de la guerra y su continuación (este no era lectura del cole) El viaje de Parvana. Hubo que hacerse con Endrina y el secreto del peregrino y oír a Laura cómo nos convencía para hacer todos el camino de Santiago tras su lectura, cuando apenas un año antes tratábamos de convencerla su padre y yo 🙂 Ah, y porque le tocó Insu-pu: La isla de los niños perdidos (en su cole se repartían los libros entre las dos clases del curso), uqe si no, también tenemos que ir a la librería.
    Creo que el mejor sistema que usó esta profesora fue el de leer con ellos en voz alta los comienzos: así, pasaba a ser lectura solitaria cuando ya estaban enganchados y tenían ganas de comentar entre ellos, como si de un club de lectura se tratase 😉
    Un beso.

  5. Gracias a las dos, Rosa y Ana, por vuestros comentarios.

    Supongo que la lectura obligatoria es como la comida obligatoria. En «quiero ver vacío el plato de bovagante antes de diez minutos y luego te lavas los dientes bien lavados», lo que menos importa es el bogavante, uno tiene la impresión de estar comiendo gachas frías en invierno. Según llegue la imposición o se sienta como tal, aumentan los números para el rechazo. Y supongo que según sea el peso didáctico e histórico que se le quiera añadir, más de lo mismo.

    Pero habría que cambiar mucho la escuela y, probablemente, la sociedad. La obligación está en todo, escrita en los contratos con amenaza de penalización. La vida del adulto, sin que sea necesariamente de soldado y obediencia ciega, se desarrolla entre obligaciones y más vale aprender a disfrutar igualmente. La polémica de si la escuela debe ser un refugio intocado para la infancia o una introducción a la vida real y sus (sin)sabores es tan bonita como insoluble. Aunque es cierto que los adultos leemos novela por placer, y solo raramente por obligación, también lo es que la sociedad exige a la escuela que instruya en la competencia lectora.

    En la práctica, luego muchos maestros ya lo gestionan con mano izquierda y, si es preciso, prohíben lo que interesa que se lea o lo presentan de modo que resulte atractivo. En determinadas edades, habrá un porcentaje de rechazo hagas lo que hagas, al menos de entrada. Hay quien busca un resumen por internet y lo considera un rollo y hasta se pasa por un blog a vomitar su disgusto. Es como pedirse sopa de sobre en un restaurante y considerarla un asco. Pero por ilógico que sea, no es fácil romper el círculo vicioso de la desmotivación…

  6. Muy bueno
    Gracias Darabuc

    Saludos

Comentarios

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