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The Wolves of Willoughby Chase y Black Hearts in Battersea, de Joan Aiken

darabuc-aiken-wolvesThe Wolves of Willoughby Chase (1962), de Joan Aiken, es la novela de éxito que permitió a su autora independizarse y comenzar a vivir de la escritura. Es un melodrama de aventuras, con una institutriz perversa, una dulce abuela muy enferma, nobles nobilísimos y un huérfano criado en el bosque; los personajes principales son dos niñas que al convivir aprenderán a compensar sus caracteres (delicada, blanda y llorosa la una, dura y chicotona la otra). A diferencia de otros melodramas de los que he hablado aquí, como los de Pullman (1, 2, 3, 4), es más infantil que juvenil y apenas incluye carga ideológica (todas las novelas son ideológicas, según se mire; quiero decir que no pretende convencernos de la bondad o maldad de nada). Aiken lo ambienta en una Inglaterra ficticia en la que la Revolución Gloriosa no habría triunfado, los partidarios de la casa real de Hanóver irán tramando varios golpes y conjuras, y el país está invadido por los lobos.

darabuc-aiken-black-heartsLa historia continúa en Black Hearts in Battersee, a partir de Simon, un personaje importante, pero aun así relativamente secundario de la primera parte. Los recursos del melodrama se acentúan más si cabe (incluida una historia de changelings o niños cambiados en la cuna), así como la ambientación en un Londres dickensiano y la reconstrucción del lenguaje cockney y otras variantes; también es un texto algo más satírico, como no es infrecuente que ocurra en las segundas partes. Una chiquilla londinense que en este libro se supone que muere, Dido Twite, «renace» (por petición popular, como Sherlock Holmes) y vivirá nuevas aventuras en otros volúmenes.

La serie consta en total de doce libros escritos entre 1955 y 2004 (año de la muerte de la autora; alguno se ha publicado póstumamente), y no se ha traducido, al menos en España. Supongo que el inglés no resulta particularmente accesible (por los arcaísmos y dialectalismos de la ambientación), pero el carácter melodramático y exagerado suele ser una buena compañía para superar esas dificultades: no porque a uno se le escape una palabra va a dejar que a los protagonistas los devoren los lobos…

En España, los libros de Aiken se editaron sobre todo en los años ochenta. A mí me gusta especialmente Mendelson y las ratas, una serie de cuentecillos bienhumorados de la que hablaré en otra ocasión; también se publicaron por ejemplo El gato Mog, El cuervo de Arabel o los primeros libros de los viajes de Félix (Vete a ensillar el mar, Ponle bridas al viento).

  • Joan Aiken, Omnibus: The Wolves of Willoughby Chase, Black Hearts in Battersea, Night Birds on Nantucket. Leopard, Londres, 1995. ISBN 075290132X.
  • Traducción española en 2010: Joan Aiken, Los lobos de Willoughby Chase. Salamandra, Barcelona, 2010. Trad. de Elena de Grau. ISBN 978-84-9838-296-9.
  • Reseña de 50 aniversario en School Library Journal.

Maia se va al Amazonas (Journey to the River Sea), de Eva Ibbotson

darabuc-ibbotson-maiaMaia se va al Amazonas, de Eva Ibbotson, es una novela de aventuras sobre la libertad personal y la importancia del afecto. Nace en la poderosa tradición del melodrama, con una niña huérfana que será adoptada por unos parientes, y se vincula directamente tanto con una obra de ese género, la historia de El pequeño lord, como con el cuento de Cenicienta. Curiosamente, Maia, la protagonista infantil, contará con la ayuda de una coprotagonista adulta, su institutriz, que aquí se opone del todo a la figura asimismo tópica de Rottenmeyer (papel que desempeñan en la novela la madrastra y las gemelas).

Sin embargo, se distancia del melodrama por una insistencia menor en la lágrima (de Clovis se dice varias veces, en la propia novela, que llora demasiado), un uso claro y suelto del humor (humor de cocción lenta, que se basa menos en el disparate que en una caracterización cuidadosa y frases irónicas) y un peso importante de la exploración, la aventura y el amor por la selva y lo desconocido. Ibbotson es, probablemente, una de las herederas más claras de Roald Dahl, y este libro es de los más redondos que yo le he leído.

Otro polo del libro —peor resuelto por la falta de matices con que se presenta, aunque con frecuencia lo salva el humor— es la oposición entre una Inglaterra antigua y opresora y un mundo indígena feliz consigo mismo y con su medio. La ideología de fondo es muy propia de nuestro tiempo, e incluso loable, si de ideología hablamos, a mi juicio; pero el tema se maneja como sopa de sobre, un ready-made de cocción superficial.

  • Eva Ibbotson, Maia se va al Amazonas. Salamandra, Barcelona, 2001. ISBN 978-84-7888-791-1-0.

Especial sobre literatura infantil y juvenil en Babelia

Babelia trae este sábado una serie de artículos sobre literatura infantil y, especialmente, juvenil, con notas de Carmen Mañana, Elisa Silió y Victoria Fernández.

El primer artículo recoge la importancia de la fantasía en la producción actual y el segundo, declaraciones de varios editores y autores superventas sobre la situación de la lectura entre los jóvenes. El tercero se hace eco del notable trabajo de Gadir y Libros del Zorro Rojo y los tres últimos se ocupan de libros divulgativos o de ensayo.

A mi entender, el conjunto adolece en su primera parte de los defectos habituales: no se puede hablar de infantil y juvenil sin supeditarlo todo a Potter o a las ventas y, en general, importa más el nombre (da igual Rowling o Faulkner) que la calidad en sí: parece que aún hace falta lo externo, el gancho, la referencia que disculpe al articulista de ocuparse de algo tan menor como es la LIJ. El problema es que, cuando te has dado cuenta, la excusa se ha comido la mayor parte del espacio.

Aun así, considero una buena noticia que aparezcan seis artículos en un diario muy leído, que no destaca por prestar atención constante a la LIJ.

No tengo claro si la LIJ es un género propio, literatura de género antes que literatura; pero creo que para la mayoría de los medios de comunicación sí lo es, pues suelen darle solo trato de especiales, algo parecido a lo que ocurre con la novela negra o el cómic. Algún día, espero, será normal hablar de un buen libro para niños, de ficción o divulgativo, en el marco cotidiano de cualquier suplemento cultural.

Nota adicional: Para conocer el estado real de la lectura entre los adolescentes, yo empezaría por dejar de lado el tópico de que sus profesores son una masa desesperada, desanimada y sin recursos. (Sin que la situación sea idílica: dejémonos de extremos.) Ana Lorenzo me pone en la pista de una nota de Profesor en la Secundaria, que dibuja un panorama muy distinto. Para empezar, a Joselu no le gustan determinadas «fórmulas de la llamada “literatura juvenil”», que considera carentes de sustancia, y propone a los chavales de quince o dieciséis años leer a Vian, Melville, García Márquez, King, V. C. Andrews o John Boyne, entre otros muchos.