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‘Leer en casa’, animación de Arnal Ballester para el Laboratorio de la Lectura de la FGSR

‘La tienda hinchable’, de Willis Hall

Noguer sigue reeditando libros de su amplio fondo infantil, después de haberse integrado en el grupo Planeta, y el boletín Lecturas de andar por casa, de la FGSR, habla en su número más reciente (5, de invierno de 2011) de una de esas reediciones: La tienda hinchable, de Willis Hall, con ilustraciones de Babette Cole.

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Es una novela de aire entre cómico y satírico, basada en efecto en personajes pintorescos, como una madre que solo se interesa por participar en concursos creativos de toda clase (del estilo de: «elogia nuestros cereales con un máximo de veinte palabras»). Otro es un capitán escocés de lenguaje tirando a incomprensible que me hace pensar en la dificultad de traducir los textos humorísticos. En mi experiencia lectora la novela tardó un poco en levantar el vuelo, pero luego funcionó hasta el final, aun sin ser hilarante. Las ilustraciones son de la siempre divertida Babette Cole, pero relativamente escasas. Tal vez predominen los peros en esta reseña, pero (el último pero) ni la novela es ineficaz ni hay ocasión mala para enlazar con el trabajo de la FGSR.

Los usuarios de bibliotecas públicas aumentan al ritmo de un millón por año

Vale la pena citar aquí una nota breve de EFE a propósito de un estudio de la FGSR (estudio que se halla disponible en el web de bibliotecaspublicas.info), no por la densidad ni el estilo de la nota, sino por lo hermoso del titular, que he tomado como encabezamiento. Entresaco también esto:

El estudio, que, como dijo Basanta, nace “con cierto carácter de exhaustividad”, demuestra el crecimiento “realmente destacado” que ha experimentado el número de bibliotecas públicas en España (de 3.871 en 2001 se ha pasado a 4.752 en 2005), si bien ese esfuerzo está “muy concentrado en algunas comunidades autónomas”, en especial en Castilla-La Mancha y en Extremadura.

La botella se podría ver medio vacía y afirmar que eran comunidades que partían de una deficiencia clara. Quizá. En mi caso, como conozco de primera mano el enorme trabajo de las bibliotecas castellano-manchegas (y por mi parte, en particular, de las de Albacete, que me son más próximas, incluidos los bibliotecarios de Abiba, pero no solo ellos), yo sin duda veo la botella bastante llena y sé de pueblos y ciudades que pueden sentirse ciertamente orgullosos de sus bibliotecas y más aún de sus bibliotecarios/as.

Lo que no quita que haya sombras, ciertamente. Horarios de apertura, de cara al público; pero también consolidación laboral, colaboración de los ayuntamientos y condiciones de trabajo, de cara a las personas que han de responder ante ese público. Porque a veces, el bibliotecario es como el médico: dejamos de verlo como persona y pasa a ser solo el que ha de aguantar nuestro mal humor, pero eso sí: contener el propio.