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Arnaut Daniel y el OuLiPo

«El cuidado en la selección de la rima, buscando que no sea corriente ni abundante, antes bien sonora y rara, y el empeño en el uso de monosílabos son imposiciones a las que el trovador se somete por libre voluntad; y aunque sin duda pretende encauzar su pensamiento por camino tan estrecho, difícil y singular, en el que son necesarios gran ingenio y gran maestría idiomática, no parece menos cierto que estos recursos formales muchas veces gobiernan y determinan aquel pensamiento. Algunas de las atrevidas expresiones de Arnaut Daniel y varios de sus más audaces símiles se deben precisamente a la sugestión de la rima difícil, que le exige que inserte en el poema una palabra sorprendente o considerada no poética. El trovador se deja llevar por la palabra que se ha visto forzado a usar por imposición de la consonancia, y con ello, en vez de incidir en el ripio, como le ocurriría a otro poeta, alcanza felices hallazgos expresivos, distorsiona el contenido semántico de voces corrientes o raras, y crea un ambiente profundamente irreal y lleno de las más extraordinarias resonancias». Martín de Riquer, en Arnaut Daniel, Poesías (El Acantilado, 2004), p. 29.

Si uno cambia la rima cara o los monosílabos por prescindir de una vocal o contar cien veces la misma historia, tiene una de las razones por las que a muchos autores de OuLiPo les encantaban los trovadores. Todo vuelve sobre el viejo tema de la libertad de aceptar límites en la obra artística para lograr un resultado más difícil, pero también más atractivo y perdurable, y ante todo, más creativo; por no hablar de cómo desarma el infausto tópico antirretórico que afirma que solo se puede disfrutar de una literatura sincera… como si eso existiera, en vez de ser solo otra forma de retórica o peor, excusa para cutres.

L’aur’amara, de Arnaut Daniel

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L’aur’amara—–fa·ls bruels brancutz
clarzir,—–que·l dous’espeis’ab fuelhs,
e·ls letz—–becx—–dels auzels ramencx
te balbs e mutz,—–pars—–e non-pars,
per que m’esfortz—–de far e dir—–plazers
a manhs per lei—–qui m’a virat bas d’aut,
don tem morir—–si l’afans no m’asoma.

Tan fo clara—–ma prima lutz
d’eslir—–lei don cre·l cors los huelhs,
non pretz—–necx—–mans dos angovencx
d’autra. S’eslutz—–rars—–mos preiars:
pero deportz—–m’es ad auzir—–volers;
bos motz segrei—–de lieis don tan m’azaut
qu’al seu servir—–sui del pe tro c’al coma.

Esta maravilla poético-arquitectónica (casi) incomprensible, que por desgracia conservamos mutilada a falta de la música, es obra del maestro del trobar ric, Arnaut Daniel. Sus poesías se pueden leer completas, traducidas (con una versión casi literal y un comentario sobre el sentido de las estrofas) y anotadas por Martín de Riquer en El Acantilado (2004; antes en Quaderns Crema-Sirmio).

Es evidente que esta clase de poesía no satisfará a una mayoría de lectores jóvenes acostumbrados a la acción y al cine; pero lo que solo satisface a las minorías también existe, y no con menor derecho. Para mi, su gran valor es su musicalidad y su presencia, no, desde luego, su sentido. Así que copiaré solo la versión literal de la primera estrofa, con alguna palabra occitana añadida como guía: «El aura amarga hace clarear (fa … clarzir) los setos ramosos que la dulce espesa (espeis’) con hojas, y tiene (te) balbucientes y mudos los alegres (letz) picos de los pájaros (auzels) enramados, aparejados y no aparejados; por lo que me esfuerzo en hacer y decir (de far e dir) cosas placenteras a muchos por [amor de] aquella que me ha vuelto (m’a virat) de abajo arriba, de lo que temo morir si el afán no me cesa.» Sentido general: «Estamos en invierno, pues el viento áspero de esta estación ha desnudado los árboles de hojas que nacieron con el viento suave, y los pájaros están callados. El trovador se esfuerza en ser agradable con todos por amor a la dama, y teme morir si no se acaba su angustia.»