Nuestra formidable salud moral y cívica

Ha muerto Félix Grande. De las pocas palabras con las que la prensa suele resumirnos las vidas, parecen destacarse sus facetas de «poeta» y «flamencólogo». Los artículos que le he leído en El País suelen ser biográficos o necrológicos. Pero los fechados en la Transición tienen un tono distinto, no solo combativo, sino de un optimismo por la obra colectiva que se añora en el actual clima de desengaño (probablemente justificado). Además, Grande era de la más bien exigua minoría gitanófila. Al hilo de la nota anterior sobre «La gitanilla», me decanto por el pasaje siguiente; pero tampoco tiene desperdicio, para nuestro presente, su «Del artículo 35».

No ignoro que la cuestión gitana, considerada en su totalidad, es muy compleja. Están en juego no sólo una discriminación centenaria, sino también unos profundos rasgos culturales gitanos que pueden obstruir -en ocasiones, de forma no ilegítima- a un proceso de ayuda, a un movimiento de reparación. Están en juego unas constantes de Indiferencia, desconfianza e incluso de racismo más o menos encubierto y más o menos agresivo en parte de la cultura paya. Está en juego una muy sólida y casi pavorosa desconfianza gitana hacia todo lo payo, a veces sin discriminación, a veces lindando el racismo. Que esa desconfianza esté consolidada por la inmisericorde historia es un hecho tajante, pero que en nada ayuda a la supresión de un escándalo. El racismo, cuando existe, tampoco ayuda nada, por supuesto, y en muchas ocasiones es mutuo.

El problema de gitanos y payos es cuantioso y complejo. Dos cosas están claras. Primera: la muerte de unos niños en chabolas o en carromatos, gitanos o payos (porque también hay niños payos que viven en chabolas), antes que el resultado de una complejidad histórica y racial es un.suceso simple y bárbaro, cuya solución puede y debe iniciarse sin esperar a hallar una forma de coexistencia total de culturas. Y segunda: la coexistencia de estas dos culturas, la necesaria erosión paulatina de su mutua desconfianza, será una conquista laboriosa y difícil, pero ha de iniciarla ya la cultura más fuerte. Si cinco hijos del presidente de un consejo de administración de cualquier multinacional murieran carbonizados a causa de inercias sociales, temblarían, sin duda, los cimientos de unos cuantos países. Si cinco niños gitanos mueren carbonizados y un país se traga esa noticia como un aperitivo, de modo soñoliento y despiadado, ese país tendría en sus cimientos morales un cemento de barbarie y de podredumbre. España está en este momento construyendo una formidable salud moral y cívica. Esa salud debe servir también a los gitanos españoles. Quien no lo entienda así no será únicamente insolidario contra los gitanos: será también insolidario contra nuestro completo porvenir.

2 Respuestas a “Nuestra formidable salud moral y cívica

  1. Hola!! tu blog está genial, me encantaria afiliarlo en mis sitios webs y por mi parte te pediría un enlace hacia mi web y asi beneficiamos ambos blogs con mas visitas.

    me respondes a emitacat@gmail.com

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    Emilia

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