‘La gitanilla’

La primera de las Novelas ejemplares, como en general todas ellas, no me parece especialmente recomendable para la lectura escolar (ni siquiera en Bachillerato). Son demasiado antiguas en los valores y retóricas en la expresión, me temo. Quizá contribuya a la rotundidad de este juicio que, en su momento, tuve dos como lecturas obligatorias, y no las disfruté nada.

Una combinación de resumen oral y lectura de pasajes, sin embargo, puede tener más jugo. Por ejemplo, para comprender que nuestros prejuicios, antes que confirmarse en la realidad, suelen ser heredados. Esa gitanilla que era tan blanca, guapa y lista («discreta») que solo podía ser una paya de clase alta, ¡buf! «Ni los soles, ni los aires, ni todas las inclemencias del cielo a quien más que otras gentes están sujetos los gitanos pudieron deslustrar su rostro ni curtir las manos; y lo que es más, que la crianza tosca en que se criaba no descubría en ella sino ser nacida de mayores prendas que de gitana, porque era en extremo cortés y bien razonada» (p. 90); Preciosa «siempre había creído ser gitana y ser nieta de aquella vieja, pero … siempre se había estimado en mucho más que lo que de ser gitana se esperaba» (174).

Un elemento secundario, pero útil, estriba en la otra cara de este desprecio: el orgullo con el que es recibido y con que se afirma la diferencia. «… la libre y ancha vida nuestra no está sujeta a melindres ni a muchas ceremonias … Nosotros guardamos inviolablemente la ley de la amistad; ninguno solicita la prenda del otro; libres vivimos de la amarga pestilencia de los celos … nosotros somos los jueces y los verdugos de nuestras esposas o amigas … Con estas y otras leyes y estatutos nos conservam0s y vivimos alegres; somos señores de los campos, de los sembrados, de las selvas, de los montes, de las fuentes y de los ríos … Para nosotros son los duros terrenos colchones de blandas plumas … Para nosotros se crían las bestias de carga en los campos y se cortan las faldriqueras en las ciudades … No nos fatiga el temor de perder la honra, ni nos desvela la ambición de acrecentarla … Un mismo rostro hacemos al sol que al hielo; a la esterilidad que a la abundancia. En conclusión, somos gente que vivimos por nuestra industria y pico [‘habilidad y verborrea’] … Tenemos lo que queremos, pues nos contentamos con lo que tenemos» (134-137). Quizá exagero, y sin duda no es un comentario filológico, sino una transposición de nuestro presente; pero tiene algo de queer, de coger el guante del desprecio y exhibir con orgullo los rasgos diferenciadores.

Si este discurso es famoso, la apostilla de la gitanilla también lo es, y con justicia, por una defensa de la libertad frente al hombre que aún no está lo consolidada que debiera (y menos, según parece, en nuestros institutos): «Puesto que [‘aunque’] estos legisladores han hallado por sus leyes que soy tuya … yo he hallado por la ley de mi voluntad, que es la más fuerte de todas, que no quiero serlo si no es con las condiciones que antes que aquí vinieses entre los dos concertamos … [las condiciones] que he puesto sabes; si las quisieres guardar, podrá ser que yo sea tuya y tú seas mío; y donde no, [aún puedes irte] … Estos señores bien pueden entregarte mi cuerpo, pero no mi alma, que es libre y nació libre, y ha de ser libre en tanto yo quisiere» (138).

Otro punto que desarrollar podría ser la exageración tópica del amor (a primera vista, dependiente de la belleza externa, confirmado por la palabra, y con su retahíla de desmayos, celos y pasiones), y su comparación con las exageraciones tópicas del presente. Muy secundariamente, ya solo para los intereses de este blog y la poesía popular, cierro con este conjuro simpático (lo único que yo salvaría de los varios poemas intercalados):

Cabecita, cabecita,
tente en ti, no te resbales [‘desanimes’],
y apareja dos puntales
de la paciencia bendita.
Solicita
la bonita
confiancita;
no te inclines
a pensamientos ruines;
verás cosas
que toquen en milagrosas,
Dios delante
y San Cristóbal gigante. (131)

  • Citas y números de página de la edición de Jorge García López: Miguel de Cervantes, Novelas ejemplares, Crítica (col. Clásicos y modernos), 2005.

5 Respuestas a “‘La gitanilla’

  1. Cervantes podría ser considerado “políticamente incorrecto”, pero escribía a finales del siglo XVI y principios del XVII, en una sociedad totalmente diferente de la nuestra. Quizá no sean lecturas aconsejables hoy. Confieso que leí las novelas ejemplares “la gitanilla”, “La ilustre fregona”, “El licenciado Vidriera” y otras estando en 1º de BUP. No me obligó nadie, solo que me regalaron en el libro, que creo que aún anda por casa. Podía resultarme algo extraño el lenguaje pero me daba cuenta también de los trucos, por ejemplo, las dos protagonistas femeninas son de origen noble y no parece afectarles la educación o más bien su falta, que han tenido, hay algo innato, etc. Como en las novelas de Dickens, Oliver Twist, por ejemplo.
    El honor, la condición de la mujer, una de ellas, no recuerdo ahora si la gitanilla o la fregona es hija natural y resultado de una violación, nada menos. El mundo, la sociedad es cruel y lo ha sido en todas las épocas. Se aprende mucha historia leyendo literatura.
    Creo que como lectura voluntaria dentro del bachillerato si se pueden leer, los alumnos de ahora no son tontos ni mucho menos y pueden ver perfectamente esas diferencias de trato, sociales. También pienso que a los clásicos que acercarse en el momento adecuado, no meterlos con calzador a la fuerza.
    Un saludo.

    • Agradezco tu comentario y, en general, estoy de acuerdo. Es muy distinta la lectura en grupo, obligatoria, que la individual que recomendarías a un lector con más curiosidad o más maduro literariamente, menos aferrado a la aventura o la emoción como gancho único. Desde luego, si la traigo aquí es porque entiendo que merece la pena, que sí es «aconsejable hoy», a condición de que se logre que cause más atracción que rechazo.

      Es muy interesante la diferencia entre leer desde el presente (y usar la novela como excusa para el diálogo sobre nuestro mundo) o leer hacia el pasado (y usarla para bucear en los precedentes). Al menos un mínimo de enseñanza filológica debería haber. Pero si son textos con 366 notas de sentido y vocabulario en una sola «novella» (como ocurre en esta edición con «Rinconete y Cortadillo», por la que ahora voy), quizá son demasiados obstáculos simplemente textuales. Claro que, ¿cuándo vamos a empezar, si no? Hay demasiadas preguntas y dictará sobre todo el contexto. Según me cuentan algunos maestros, bastante les cuenta, aun en Secundaria, solo mantener cierto orden y capacidad de comprensión de un texto actual no muy complejo. El que llegue a divertirse descifrando perlas como aquel «Memorial de agravios comunes, a saber: redomazos, untos de miera, clavazón de sambenitos y cuernos, matracas, espantos, alborotos y cuchilladas fingidas, publicación de nibelos, etc.», a cambio, eso tendrá, y la virtud de los textos clásicos, cuando entras, ya no se pierde.

      La novela de la violación es «La fuerza de la sangre». Curiosamente (porque sus valores son desde luego imposibles de tragar desde el presente), la leí en un recopilatorio y es la que me llevó a coger todas la Novelas del principio al final. Entiendo que precisamente esa distancia con el presente, sin embargo, es un valor útil para mover a la reflexión y el diálogo. ¿Clásicos con polémica no necesariamente es una mala receta?

      Un saludo

  2. baptizedbytraiguen

    Yo no tengo entrenamiento formal en lenguas, pero puedo leer perfectamente a Cervantes, que, salvo un poco de trabajo con el diccionario, se puede comprender perfectamente en su sustancia, en el meollo de su historia, incluso en situaciones particulares, y en sus enseñanzas morales, que si bien muy distintas de las nuestras, al menos el rumiarlas nos refresca la perspectiva, y nos permite considerar nuestros propios prejuicios desde otro ángulo; que es la gran ventaja que podemos extraer de la lectura de los clásicos en todo idioma. Por otro lado, nada hay más nocivo para la mente que creer que ciertas costumbres, por ser nuestras, son mejores que otras.

    Cervantes escribió en el lenguaje popular de la época, y vuelvo a mencionar que, con un poco de trabajo, puede ser comprensible en nuestra época. Otra cosa son Gracián y Quevedo, pero ellos escribieron deliberadamente en un estilo más prolijo y denso para confundir al vulgo de sus tiempos. Lo que es una pena, porque las enseñanzas de ambos son incluso más relevantes para nuestra época que las de Cervantes.

    • Gracias por tu comentario.🙂
      No es el más difícil, no. Aunque yo, antes que el diccionario, recomendaría una edición bien anotada (bien: ni demasiado ni demasiado poco). Como dudo que sea la actitud mayoritaria entre los lectores de Bachillerato, entiendo que son propuestas para la recomendación personal, al lector curioso, que para la general. De ahí mi reticencia. Un texto impuesto a un colectivo reacio hace más daño que bien (aunque también, ¿cuándo lo va a leer, si no, ese lector reacio?).
      Es curiosa la referencia a la fuerza moral. Yo personalmente no me acerco a Cervantes por eso, pero sí tengo seleccionados fragmentos muy actuales, para ir copiando aquí. Quizá la moral clásica es muy distinta a la nuestra, al menos, la personal. Y el tema de la honra da grima, desde el punto de vista actual. En la moral social sí abundan temas como la corrupción de la justicia y el gobierno, además de las sátiras de oficios y vicios (estupendas en los autores que citas además, ciertamente más difíciles). En cambio sí me interesa su humanidad. Me parece sobre todo un narrador, que juzga, como era imprescindible en su época, pero comprende más que muchos otros.
      Un saludo cordial

  3. Pingback: Membrillos tóxicos | Darabuc.com

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