La enchufada A y otras sátiras necesarias (‘¿A quién le bajamos el sueldo?’, de Herminia Mas)

La sátira no abunda en los textos juveniles, pese a que es un género muy atractivo. ¿A quién le bajamos el sueldo?, de Herminia Mas, es un conjunto de cuentos satíricos breves dirigidos ante todo contra la clase de los trepas, parásitos y faltos de escrúpulos (en buena medida, colocados por la clase política) y en parte contra determinadas concepciones de las mujeres (asumidas a veces por ellas mismas). Si se lee todo seguido, puede resultar monótono, creo, pero contiene materiales muy seleccionables para el aula, tanto para la risa como para el debate. Desde un punto de vista literario, quizá los cuentos más interesantes son los de construcción bimembre, que dan cierto contrapunto a una intención siempre muy clara.

«El día que bajaron los sueldos Pablo Romero se entristeció. Pablo Romero era el encargado de trabajar en la cuarta planta del Departamento de Elucubración. En cada planta tenía que haber uno que trabajara, y en su planta era él.» (Frases iniciales del primer cuento, «¿A quién le bajamos el sueldo?»)

«La enchufada A entró a trabajar en Elucubración porque estaba como un tren —desde el punto de vista del jefe de personal— y también porque era del partido A. Pero los años fueron pasando y el jefe del departamento y la enchufada A —que ya no estaba como un tren— se dieron cuenta de que el poco trabajo que llevaban a cabo todavía podía repartirse más, y decidieron de mutuo acuerdo buscar a otra persona.» (Frases iniciales del segundo cuento, «Departamento de Elucubración»)

«La princesa no era hija de ningún rey ni de ningún príncipe, como suelen ser las princesas tradicionales. Nuestra princesa era hija de un constructor de la costa mediterránea que pensaba que su hija bien merecía llamarse princesa … El constructor despreciaba a aquellas gentes cultas a las que la cultura solo les servía para seguir siendo pobres como ratas, pero en el fondo del fondo tenía una especie de envidia secreta por aquellas familias que poseían patrimonio y dinero y lo habían conservado a través de las generaciones … Pensaba que al fin y al cabo la princesa era hermosa, y que para una mujer, a la postre, este era el atributo más preciado, opinaran lo que opinaran algunos intelectuales. Un buen culo era y siempre sería un buen culo … muchos hombres pretendidamente sabios lo habían echado todo por la borda por un buen culo.» («El albañil y la princesa»)

«Ana se preguntaba cómo podía ser que se sintiera mal si lo había hecho todo bien. Había cogido todos los trenes adecuadamente: el del dinero, el de la política, el de los contactos… pero algo fallaba en su vida … Mientras tanto, Paula … pensaba que, al fin y al cabo, la felicidad no dependía del tren que cogías, sino de cómo lo cogías.» («Los trenes y la felicidad»)

  • Herminia Mas, ¿A quién le bajamos el sueldo? RDCR ediciones, La Garriga, 2013. Traducción de Abelardo Martín.

2 Respuestas a “La enchufada A y otras sátiras necesarias (‘¿A quién le bajamos el sueldo?’, de Herminia Mas)

  1. baptizedbytraiguen

    “Desde un punto de vista literario, quizá los cuentos más interesantes son los de construcción bimembre, que dan cierto contrapunto a una intención siempre muy clara.”

    Encontré muy interesante este comentario. ¿Podrías elaborar un poco esta idea? ¡Gracias!

  2. Lo probaré.🙂 Como son textos con una finalidad satírica clara, un objeto de la sátira inmutable (no hay medias tintas ni descubrimientos de que el personaje era distinto de lo esperado) y un tono estable, entiendo que en general no hay mayor interés en un cuento que en otro (lo habrá por el acierto en las palabras elegidas, en el retrato creado, etc., pero no por diferencias en la presentación). Los cuentos bimembres, como el de “Los trenes y la felicidad”, que plantean un doble recorrido por el que se sigue la pista de dos personajes distintos, tienen más fuerza por el contraste y un poco más de potencia simbólica en los elementos (como el distinto uso de los trenes). Además, la perspectiva es una idea literaria útil, cuando hablamos de lectores adolescentes, que intentan poner en perspectiva todo lo ajeno, pero les suele costar horrores ponerse a sí mismos en perspectiva.

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