Sobre la calidad de los cuentos narrados en actividades de las bibliotecas públicas

Abro aquí un tema que puede ser polémico, pero agradecería que no recibiera respuestas gremiales de ningún tipo, pues no pretendo atacar a ningún colectivo. Quizá lo más interesante será la opinión de las madres y los padres, como transmisores de la opinión de los niños. Pero con matices: hay formas de narrar donde, al menos a mi entender, hay un exceso de gritos y recursos fáciles (como una escatología barata) y sin embargo quizá los niños se estén partiendo de risa. La narración debe tener un mínimo de calidad y ese juicio, aunque no sea objetivo, no les corresponde a los pequeños.

Me refiero a la calidad de los cuentos narrados en actividades de las bibliotecas públicas, más específicamente, en aquellas actividades de «cuentacuentos» que suponen un coste para la biblioteca (dejo aparte los casos de voluntarios, ya sean usuarios o empleados del centro).

En las actividades que he podido ver en Barcelona (que no han sido muchas, luego esto no es un estudio de campo), yo he encontrado dos aspectos a mejorar. Uno: que apenas se narra con libros en la mano. Hay más o menos teatro, pero casi nadie muestra los álbumes que, con suma frecuencia, son origen de la historia contada. Tengo la impresión de que la biblioteca, en su afán de ser moderna, ha renunciado en exceso a los libros. Y para mí, no es lo mismo contar en un cumpleaños que en una biblioteca. Dos: que abundan las longanizas desaboridas. Imagino (no tengo datos al respecto) que es un dilema de tipo «me pagas por llenar una hora, pero no puedo llenar una hora de plena calidad con lo que me pagas, así que estiro las narraciones de más». Estas son mis sugerencias ante lo que he podido ver, con afán absolutamente constructivo. En las actividades que pude ver en pueblos de Murcia y Albacete, no saqué una impresión regular: dependía en gran medida de quién contara. Una tercera sugerencia a todos los que organizan tales actividades, por lo tanto, es que nunca, bajo ninguna circunstancia, dejen de indicar quién contará.

Esta reflexión nace de la siguiente nota de la asociación de narradores MANO, que protesta porque, a su juicio, la «calidad de las sesiones de cuentos en las Bibliotecas Municipales de Madrid está cayendo en picado desde que el Ayuntamiento privatizara la gestión». La reproduce otra asociación, AEDA, en este enlace.

¿Qué opinión tenéis al respecto? ¿Cómo es vuestra experiencia? ¿Cómo lo viven vuestros niños?

28 Respuestas a “Sobre la calidad de los cuentos narrados en actividades de las bibliotecas públicas

  1. Gonzalo, no tengo niños pero sí biblioteca con niños; déjame opinar, porfa…
    Precisamente estoy en plena Campaña de “Cuentacuentos”. ¿Cuándo narices vamos a desterrar esa palabreja que no admite ni el Word? A mí me suena a “cuentachistes”. ¿O qué tal “cuentachismes”? No conozco a nigún profesional de la narración oral que se autodenomine “cuenta-cuentos”. La abuela, el tío, la madre, el hermano, algún que otro bibliotecario, algún que otro aficionado (“voluntario” no es necesariamente “aficionado”) cuentan cuentos, unos mejor que otros, y no les mueve nada más ni nada más puede pedírseles. Los narradores orales, en cambio, saben perfectamente hacer su trabajo e integran y se integran en el espacio de narración. Tu idea de la “longanización”, Gonzalo, me ha encantado. Qué fastidiosa manía tenemos con el tiempo: sí en media hora el narrador oral ha encandilado a los asistentes, y los niños empiezan a inquietarse y a moverse, tal vez a aburrirse ¿por qué no dejar la otra media hora que queda (para cumplir lo pactado con la administración de turno) para charlar con padres, madres, bibliotecarios, bibliotecarias…?
    En fin, yo he visto de todo; de lo que tú hablas, mucho. Pero la campaña que tengo ahora, pese al nombre que le han puesto, es totalmente profesional, asi que… ¡feliz!

  2. Es una pena todo lo que se está “colando” en este oficio. He visto y veo a menudo actuaciones en las que como dices, no se utilizan libros para contar. Y lo que es peor, animadores vestidos de payasos, de personajes infantiles que cuentan dos cuentos y el resto del tiempo lo llenan pintando caras o haciendo figuras con globos. La palabra “cuentacuentos” es hoy en día la representación de esta imagen y este tipo de trabajo, que, ojo! está muy bien para una fiesta infantil ya sea de cumpleaños o por algún otro motivo. Pero eso entra en la “animación de fiestas infantiles” no como animación a la lectura o narración oral. Y, por si fuera poco, estas personas suelen cobrar cantidades como 30, 40, 50€. No hace mucho me llamaron para un mercado de artesanía. El organizador me decía que no paga más de 50€ y que muchos “cuentacuentos” quieren actuar gratis en su mercado. Este sábado pasado había anunciado uno, eso sí, sin nombre propio.

    Me da rabia ese uso de la palabra cuentacuentos que forma parte del nombre de mi blog y que casi he tenido que dejar de utilizar y digo casi porque a veces cuando digo que soy narradora oral alguien pregunta: ¿que eres que?, porque muchas personas reconocen lo que somos con esa definición.

    Un beso
    Inma Ruiz
    pinticominacuentacuentos.blogspot.com

  3. Pues coincido plenamente con el artículo. Formo parte de Mano y estamos muy indignados con lo que está pasando con lo ‘cuentacuentos’ en Madrid. A mi concretamente, me dijo una familia al terminar una sesión ‘menos mal que hemos venido, nos ha gustado mucho, pero es que el otro día estuvimos en una biblioteca del ayuntamiento y era malísimo así que ya pensábamos que lo de los cuentacuentos era un rollo’. Peligroso, muy peligroso para los que hace más de 15 años que estamos en esta profesión y para los que llevan todavía más defendiendo este oficio, se llame como se llame.

    • Yo, aquí en Barcelona, reconozco que más de una vez tengo pereza de llevar a los niños. Hay muy buenos profesionales (me encanta Estengre, por ejemplo), pero miro bien quién va a venir. Y más allá de diferencias y gustos personales, creo que en las bibliotecas debería ofrecerse un mínimo y no tengo claro que esté siendo el caso.

  4. Gracias Gonzalo por traer aquí esta reflexión tan interesante y que muy a menudo es tema de conversación entre nosotros.
    Esto tiene un poco algo de pescadilla que se muerde la cola:
    Una biblioteca que se preocupa de tener un espacio adecuado, una programación con información completa y, sobre todo, de traer a narradores profesionales, o al menos honestos, narradores que tratan de formarse y que reflexionan continuamente sobre su propio trabajo, conseguirá un buen público.
    Un público crítico, formado, que haya asistido a diversos espectáculos de narración con buenos profesionales, exigirá más cuentos y buenos narradores.
    Nadie podrá engañar a este público y a esta biblioteca (o escuela o teatro o centro cultural…)
    Y por el contrario, una biblioteca que sólo quiere cubrir un expediente o gastar una partida o no quedar señalada por no hacer algo que las otras hacen y trae a cualquiera que haga cualquier cosa estará “deseducando” a un público que asociará cuentos contados con pintar caras o globoflexia o danza de la lluvia… y eso acaba por agotarse: y los cuentos contados (supuestos, en este caso) acabarán por desaparecer de esa programación porque son completamente prescindibles.
    Esta es una de las razones por las que muchos narradores huimos del término cuentacuentos (feo de narices, redundante, calco semántico del inglés), pues en ese saco entran muchas personas que como tal se autodenominan pero que, en muchos casos, no cuentan cuentos. Y, sobre todo, no hacen de ello objeto de continua reflexión y formación.
    Sí, el término cuentacuentos está muy desvirtuado, y con cada mala (supuesta) sesión de cuentacuentos nuestro pequeño oficio encuentra una traba más para pervivir, para revitalizarse, para habitar de manera profesional entre nosotros.
    Un abrazo

    • La formación del público es clave, claro, por eso debe existir, más allá de la opinión infantil, una opinión adulta crítica (constructiva, pero crítica). Es la misma función que tiene este blog en general: a los niños les gustará o no lo que lean, y eso importa muchísimo; pero además, hay que hablar y seleccionar desde arriba, para que les lleguen a las manos los mejores textos posibles, e incluso saber que con este y aquel vale la pena forzar la máquina, por ejemplo.

      Añado que, si he aprendido de alguien a darle a los libros la presencia que merecen en cualquier sesión de cuentos infantil en escuelas o bibliotecas, es precisamente de ti.

  5. Somos una cadena Darabuc. Yo lo aprendí de Estrella Ortiz, ella de Pep Durán, él de…
    Un abrazo

  6. Hola, soy bibliotecaria en Barcelona, responsable del área infantil. Sobre lo que dices Darabuc respecto a la narración de cuentos “sin el cuento”, os explico mi experiencia. Algunas bibliotecas de la ciudad ofrecemos lo que se denomina “Contes a la mà” = “Cuentos en la mano”. Quien narra, muestra el cuento, así de simple. Normalmente son sesiones para los más pequeños, de 2 a 4 años aunque la mayoría de las veces aparecen hermanos mayores o menores. Funciona bien y al final de la sesión (3 cuentos máximo/30min), los padres pueden llevarse esos cuentos en préstamo.
    A mi me gusta mostrar siempre los cuentos que se narran, aunque sean adaptaciones con títeres, sesiones más dramatizadas, etc. Incluso busco otras historias que puedan estar relacionadas. Y funciona, de verdad.
    Referente al término “cuentacuentos”, tampoco me agrada demasiado. Prefiero narrador/a, simplemente.

    • Muchas gracias por tu opinión, Esther. Las actividades que yo he visto probablemente eran para niños algo mayores, de entre unos 3 y unos 7 años. (Lo digo de memoria, no recuerdo si hay categoría específica entre las actividades del A lletra petita.) Y en estas, coincide que no he visto que el narrador enseñara ni un solo libro, salvo en los cuentos en inglés, donde, al revés, era lo habitual (lógicamente, porque aquí la narración necesita de más apoyo). Personalmente creo que en estas edades sigue sin sobrar que el narrador se ponga al servicio del libro, propiamente dicho.
      Un saludo cordial

  7. Buenas tardes Gonzalo!

    muy buena iniciativa la de sacar este tema a debate.

    Hace poco tuvimos ocasión de hablar y ya entonces te conté mis impresiones. En la biblioteca en la que trabajo ofrecíamos sesiones de cuentos a cargo de profesionales y, aunque siempre te gusta más alguno que otro, el resultado era bueno en general si lo contabilizabas como “espectáculo”, pero yo le veía como un punto negativo el hecho que no hubiera ninguna interacción entre narrador y biblioteca anterior a la sesión, con lo que muchas veces nos había pasado que los niños pedían ver el cuento explicado y nosotros no lo teníamos. Si en definitiva lo que queríamos era animar a la lectura e incentivar el préstamo de libros, estos objetivos no se conseguían.

    Ahora la sesiones las hago yo misma y aunque varío la manera de explicar (algunos cuentos los explico con el libro en la mano y otros sin libro), al final siempre enseño los libros y los voy pasando para que se los puedan llevar en préstamo o, simplemente, volver a disfrutarlos ya en compañía de sus padres al final de la sesión.

    También me preocupa un poco el hecho que se acerquen los padres y te pidan más espectáculo, más disfraces, más interacciones de los niños. Intento explicarles que no hago un espectáculo, que estoy intentando transmitir el amor por la lectura, por los libros, y por la musicalidad y riqueza de la lengua. Y, curiosamente, son los padres los que piden esto y no los niños. Ellos agradecen simplemente ese momento de conexión entre tu (como narrador) y ellos (como espectadores). Es un tópico, pero realmente son un público muy agradecido.

    Para ver el resultado de unos espectadores completamente embelesados solo hace falta ver tu foto de perfil actual en twitter. ¿Te he dicho ya que me encanta? (aunque ya sé que es una opinión muy interesada…)

    Un abrazo desde Cambrils!

    • Hola, Rosana, muchas gracias por tu comentario.

      Una clave, claro, es lo que los padres piden. A fin de cuentas, la biblioteca es un servicio público y, sobre todo en los pueblos, los padres pueden ejercer presión sobre el ayuntamiento. Pero aun así conviene pensar en qué corresponde que la biblioteca ofrezca, y yo entiendo, contra esas opiniones paternas, que la oferta se debe centrar en el libro. En animar a leer. Porque además, según a qué padres preguntes, constatas que lo que les importa es tener al niño distraído x horas al mes. Eso no puede convertirse en ninguna razón de ser colectiva.

      Un abrazo

  8. En nuestra biblioteca contamos cuentos todos los viernes por la tarde. Acostumbramos a hacer una sesión de media hora: demasiado rato cansa a los niños, que acostumbran a ser de diferentes edades (de 3-9 años). Contamos con los cuentos en la mano, hablando con los niños, y ocasionalmente realizamos algun taller que tenga a ver con las narraciones. Los cuentos los contamos el personal de la Biblioteca. No tenemos presupuesto. Es un lujo para nosotros contar alguna vez con un narrador profesional… y no tenemos quejas al respecto.
    Yo creo que es imprescindible esta actividad. Nosotros siempre escogemos libros de calidad, historias con gancho: si una obra no es buena, no tiene calidad, creo que narrada tampoco la tiene.
    Saludos y ánimo a todos los que “viven del cuento”(en el buen sentido!)

    • Hola, biblioteca falsetana. Muchas gracias contar aquí vuestra experiencia. No hay ninguna queja cuando, a falta de presupuesto, se hace por voluntad. Pero además, los criterios que mencionáis son de lo más razonable. Un abrazo

  9. Hola, yo soy Ana y trabajo en la Biblioteca Infantil de Basauri. Por la biblioteca, a lo largo de más de veinte años, han ido pasando diversas personas contando, y hemos visto de todo. Pero yo quería añadir algo que he apreciado en algunos buenos contadores, y es que confían más en el poder y la sugestión de la palabra que en el de la imagen que la apoya. No creo que en ningún caso menosprecien el libro y sus imágenes, pero parece que, precisamente en ese oficio de contadores, prefieren dar prioridad a la palabra y que sea el oyente quien recree en imágenes personales esas palabras.
    Un saludo

    • Hola, Ana, muchas gracias por tu comentario, también a ti. Es una alegría ver tanta animación de opiniones y oír la voz de varias personas que no habían pasado antes (al menos de forma visible).
      Yo creo que la narración oral y la animación a la lectura son cuestiones distintas. Un cuento narrado oralmente tiene como lugar propio una sala familiar, una reunión de amigos en torno del fuego, y puede ocurrir igual en una biblioteca. Y es algo fantástico, que probablemente tiene tantos siglos de historia como el ser humano. No hay en eso nada de desprecio al libro. En realidad, es un género distinto, que ha existido casi siempre con independencia del libro.
      Mi pregunta es distinta, a ver si ahora me explico mejor: cuando una biblioteca ofrece actividades de narración, ¿no deberían basarse estas, en gran medida, en los libros? ¿Por qué prescindir del beneficio asociado de que los libros cuyos cuentos se han narrado sean, por un par de semanas, los más prestados, los que más circulas y se reservan, los que se recomiendan unos a otros? Si la biblioteca acoge cuentos como podría acogerlos cualquier otro espacio, un auditorio, una sala polivalente, un patio, ¿qué aporta de específico, como biblioteca, y qué beneficio aporta al movimiento de sus fondos o la difusión de sus novedades?
      Un abrazo

  10. Hola Ana (y perdona que vuelva a entrar en la conversación Gonzalo). Creo que la presencia de los libros no implica contar con los libros, pienso que Gonzalo hace referencia a algo más general. Por ejemplo, todos los cuentos que yo cuento, use o no el álbum, están detrás de mí cuando cuento, para que los niños y niñas sepan de dónde han salido los cuentos que cuento. Es un modo de facilitar la llegada al libro y la vuelta a la historia.
    Solo eso.
    Saludos y gracias a todos y todas por esta interesante conversación. ;-))

  11. Yo soy, o era —mis hijos ya son grandes—, una de esas madres espectadoras. Me gusta sentarme en un lugar que me permita ver la cara de los niños, ¡qué placer es verlos metidos en las historias! A mí, y a mis hijos, nos daba igual que nos enseñaran un libro. De hecho, yo prefería que no lo hicieran, porque así el discurso hablado no tenía interferencias. También prefería a quienes permanecían sentados, y a los que usaban el silencio como recurso en lugar de abusar de gritos, onomatopeyas o determinado registro de lenguaje. Cuando se reúnen esas condiciones, los niños (¡y los mayores!) están más concentrados y metidos en la historia. Con los cuentacuentos vestidos con colores chillones, que saltaban de un lado a otro o usaban el lenguaje escatológico al que alude Gonzalo, los niños se distraían y terminaban moviéndose de aquí para allá, y al final nadie se enteraba de nada y todos acababan disgustados: los que se querían mover, porque no les dejaban, y los que escuchaban, porque los demás les molestaban. Yo creo, sencillamente, que no los respetaban.
    Sí me parece esencial que se muestren libros al principio o al final, y que antes de empezar se cuente algo sobre la historia para meternos en harina (“esta es una historia venida de un país africano donde…”). En Madrid, me encantaban las sesiones de Brigitte en la biblioteca del Instituto Francés. Sus cuentos eran preciosos. Hablaba muy bajito, pero no perdíamos ripio de lo que decía. A veces apoyaba sus cuentos con alguna cosa, siempre muy sencilla. Una vez trajo unos papeles de colores para colorear el agua que tenía en unos vasos y otra, un pan que al final distribuyó entre los niños, que fueron a buscar su pedacito ordenadamente.
    Para terminar, creo que debería haber más “cuentacuentos” en las bibliotecas públicas. En la que hay cerca de mi casa hace ya demasiado tiempo que desaparecieron. De hecho, los sábados ya ni siquiera abren… una verdadera lástima. Si abrieran los sábados, mis hijos, que ahora ya se mueven solos, irían mucho más a menudo.

    • Muchas gracias por tu comentario, Elena, tan jugoso y razonado. Ni con intención de hacer de abogado del diablo se me ocurre nada que objetar. Contar con los libros en la mano o haberlos mostrado/mostrarlos al final son dos maneras igualmente válidas de difundir los libros, que es adonde voy: difundir los cuentos, perfecto, pero entonces, ¿quién difundirá los libros? Un abrazo

  12. Enrique, te invito a conocernos, todas somos voluntarias y aficionadas, hay algunos varones también. Todas trabajamos con libros y con mucha seriedad. La palabra nos trajo problemas, en efecto, porque al principio se entendía que invitábamos a narrar, pero así crecimos y ya le tenemos cariño. Somos muchas, miles, estamos en varios países. Aspiramos a acercar literatura con frecuencia semanal a grupos de niños que cada una acompaña durante toda la infancia.
    https://www.facebook.com/pages/Programa-de-Abuelas-Cuentacuentos-de-la-Fundación-Mempo-Giardinelli/212641338807687?ref=hl

  13. Hola. Mira que mira mirando, nos encontramos con este post, que refleja inquietudes compartidas. Nuestra opinion, la de los integrantes del Club de lectura del CRA de Dodro, en A Coruña, se refleja en nuestro blog lecras.wordpress.com . No somos profesionales de los cuentos, solo familias que disfrutan de la lectura con sus hijos y que pensamos que es fundamental, desde muy temprana edad inculcar la importancia de la lectura a nuestros hijos, sobrinos, nietos … Disfrutamos leyendo en grupo, escuchando historias contadas con voces diferentes, disfrutamos manoseando libros, abrazamos los que nos gustan y apartamos los que no. Los leemos y releemos si hace falta, hablamos sobre ellos y conocemos otras relidades, palpables o imaginadas. Si echas un ojo, ya sabes cual es nuestra opinion, y por supuesto aceptamos recomendaciones. Gracias por tus cuentos, los disfrutamos.

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