‘Para tu primer fuego, Alfanhuí, te contaré mi primera historia’

—–—Nunca pensé, Alfanhuí, que llegarías a hacerme compañía. Para tu primer fuego, Alfanhuí, te contaré mi primera historia.
—–Y le gustaba mucho repetir el nombre de Alfanhuí porque él se lo había puesto. Luego empezó la historia.
—–—Cuando yo era niño, Alfanhuí, mi padre fabricaba lámparas de aceite. Trabajaba todo el día, y hacía candiles de hierro para las cabañas y lámparas de latón dorado para los palacios. Hacía mil y mil clases de lámparas distintas. Tenía también los mejores libros que se habían escrito sobre lámparas. En uno de ellos se hablaba de la «piedra de vetas». Era esta una piedra que decían durísima, pero porosa como una esponja, y que tenía el tamaño de un huevo y la forma de una almendra. Tenía esta piedra la virtud de be ber siete tinajas de aceite. La dejaban en una tinaja y a la mañana siguiente todo el aceite había desaparecido y la piedra tenía el mismo tamaño. Cuando se había bebido siete tinajas, ya no quería más. Entonces bastaba ponerle una torcida y encender, para que diese una llama blanca como la leche, que duraba eternamente. Cuando se quería también podía apagarse. Pero si se quería de nuevo el aceite, sólo una lechuza sabía sacárselo, hasta dejar la piedra enjuta como antes. Mi padre hablaba siempre de esta piedra, y nada hubiera deseado en el mundo tanto como tenerla. Mi padre solía mandarme por los caminos para que aprendiera los colores de las cosas, y yo tardaba muchos días en volver.
—–Un día salí para uno de mis viajes. Llevaba un palo al hombro, y en la punta del palo, un pañuelo con merienda. Iba por un camino calizo entre colinas de polvo, sin hierba, con apenas algunos árboles secos donde se posaban las urracas. También había por el campo muchos hoyos r harapos y pucheros de barro quebrados, y ruedas y destrozos de carro y otro sinfín de despojos, porque todo lo que se rompía iban a tirarlo a aquella tierra. Apenas nadie iba por el camino porque era un día de mucho sol, y el sol era muy malo allí, aunque todavía no había entrado el verano. …

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2 Respuestas a “‘Para tu primer fuego, Alfanhuí, te contaré mi primera historia’

  1. A menudo veo al señor Ferlosio sentado en la plaza de la Prospe, o andando por el barrio, o entrando a fisgar con curiosidad suma entre los anaqueles de La Ruta de la Seda. Tiene los andares, creo, de Alfanhuí, si uno se fija bien se le trasparenta el palo con el hatillo al hombro, aunque dudo mucho de que él estuviera dispuesto a reconocerlo (ni lo primero ni lo segundo). Un libro escrito en estado de gracia. Y en el que uno no se cansa de hacer calas y catas y cavas y hasta camas… (y no sigo con variantes por no entrar en terrenos resbaladizos: no se me tenga en cuenta).

    Aunque a deshora (qué horas) y solo muy de tarde en tarde dejando huella de paso, sigue siendo una alegría grande merodear por estas páginas.

    AJR

  2. Jaja, de tanta deshoría, te comunico que te ha pasado por alto un robo en toda regla. Y de un homenaje, ni más ni menos. 🙂 (O quizá no y el silencio es justa condena del robo, claro…)
    Un abrazo

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