Recortes en bibliotecas y educación

Por varios caminos más o menos enredados me llegan noticias repetidas sobre los recortes que están sufriendo las bibliotecas y las escuelas e institutos. No se aprueban los presupuestos de adquisición de un mínimo de novedades, se crean trabas para la sustitución de las bajas, en fin, la lista es larga y nada desusada, pero aun así asombrosamente mezquina.

Ahora bien, ahorrar en esos campos por la simple aplicación de la tijera a lo que corte, resulta tan fácil como estúpido: es disponer del campo fértil de los niños y los interesados en la lectura y «ahorrar» saltándose la siembra. Asegurar la productividad de la cosecha debería ser mucho más importante que anotar unos pocos euros menos en una apresurada y absurda cuenta de resultados. Y es así hablando fríamente de resultados. Si además entramos —como por otra parte es preciso— en los temas de la cohesión social, el libre acceso a la cultura y la educación de calidad como única garantía de futuro social, estos tijerasuelta deberían retirarse de la gestión pública con el rabo entre las piernas.

13 Respuestas a “Recortes en bibliotecas y educación

  1. Uno de los infinitos ejemplos, por dar solo uno de hoy mismo: la subvención de la Diputación para 200 clubes de lectura… ¡6 euros!

  2. Quizá en otros lugares las bibliotecas escolares cumplen una función primordial (así me consta por las actividades que veo en la red), pero, en mi entorno, las bibliotecas de instituto son lugares de paso, sitios en los que estudiar y en los que los libros son el decorado. Sólo falta que sigan recortando y tengamos que poner libros falsos como en las tiendas de muebles.

  3. El estudio de la FGSR era bastante desolador (solo el porcentaje de escuelas que ni siquiera tenían biblioteca escolar era como para tirar de espaldas a cualquiera), pero parece que estamos yendo a peor muy atropelladamente, como si “crisis” pudiera significar activar un botón de “todo vale” y “sálvese quien pueda”. Lo peor, quizá, es que se genera una desmotivación en personas que ocupan puestos cruciales que luego no siempre se remonta…

  4. Hola, menudas soluciones ¿No tienen la visión del camino que nos queda por recorrer, que nos dejan sin equipaje cultural?
    En la línea de tu post he leído una traducción de un escrito de Pullman (que tanto nos gusta) en la que se refiere a una solución parecida, allá en Oxford; este es el enlace (aún sin desenlace):
    http://camilostrange.blogspot.com/2011/01/dejen-las-bibliotecas-en-paz-ustedes-no.html#comments
    Ojalá que el dueño de la tijera, que hace tales recortes, no haya leído su manual de instrucciones y la coja por el otro extremo, a ver si se le caen las manos y se tropieza con ellas.
    Un saludo y perdón por la sangre.

  5. Gracias por el comentario y el enlace, Rubén, que no podía ser más oportuno.

  6. Antonio García Teijeiro

    Bibliotecas…Bibliotecas.
    Años luchando en solitario, ante la incomprensión de todos. ¿Cómo se puede concebir un Centro educativo sin alguien dedicado en cuerpo y alma a un lugar imprescindible para la formación del alumnado? Por ello se convierten en “almacén de libros”. En mi caso, hace más de veinticinco años puse a andar la Biblioteca de Centro en el colegio, a partir de mendigar libros a editoriales, alguna que otra librería…Yo compraba libros de mi bolsillo y coordinaba su funcionamiento con un Consejo de Biblioteca formado por alumnos/as. Ahora la coordina una compañera y la escuela de bibliotecarios” (continúan siendo ellos quienes la llevan) va formando a los del curso siguiente. Una experiencia hermosa. Con imperfecciones (¿dónde está la perfección? me río) pero sigue andando ante la misma incomprensión de hace un cuarto de siglo. Da gusto ver alumnos/as-bibliotecarios/as. Así avanzamos. Y cuando el sentido común habla de la necesidad de incluir en los centros alguien dedicado exclusivamente a este espacio mágico y vital…pues tijera al canto. Y luego nos quejaremos de los índices lectores. Pena, penita, pena.

  7. La queja de los índices lectores, en los políticos, tiene mucho de ruido de oposición y poco de labor de gobierno. Pero no es lugar de hablar de políticos (sobre todo, por la inutilidad del tema). Sigue vivo el sueño de la biblioescuela, la escuela embibliotecada, la escuela como pueblo cuya plaza, cuyo ágora, es la biblioteca como lugar de encuentro, información y entretenimiento. Y seguiremos luchando por eso hasta el último día.

  8. Pingback: Una novedad personal: ‘¿Tres han de ser?’, ilustrado por Fátima Afonso (edita OQO) | Darabuc · literatura infantil e ilustración

  9. Al habla un bibliotecario… Yo no me quejo de libros. En realidad, me quejo de exceso. De exceso de libros malos, claro, o de libros innecesarios, vacuos, que (nos) han costado un riñón. Monterroso recurría siempre a la broma de que en su ciudad la biblioteca era tan pobre que s(ó/o)lo tenía libros buenos. Yo me quejo de infraestructuras e instalaciones vergonzantes, de falta aberrante de planes y proyectos desde la propia administración de la que depende la biblioteca (“¿para qué?- dirán-, si podemos pillar las subvenciones…”) . Me quejo también, y mucho, de la vergüenza de utilizar una plantilla mínima (unas veces sobrecualificada para sus tareas y otras a la inversa: haciendo cosas que no le corresponden) para dar la imagen política de superbibliotecas con superservicios y superactividades a esta nuestra comunidad.
    Otro día sigo, si eso. Cambio y corto.

  10. Es que la defensa no exime de la crítica, ni menos aún, de la autocrítica (y preferiblemente en voz alta, si el sistema es sano). Necesitamos las dos cosas: que no se recorten los presupuestos de bibliotecas, tan necesarios, pero que se gestionen con un mimo exquisito. Ahora, detrás de la gestión hay personas y estas trabajan en unas u otras circunstancias. Un bibliotecario me contaba cómo una tarde le llovieron 2000 euros (casi más que habitantes tenía el pueblo) para gastar “antes de mañana”. Aún gracias que le gustaba tener a mano recursos de selección, pero aun así, en esas condiciones, ¿cuánto se le puede exigir que acierte? Como siempre, no todo es así ni todo es malo (ni todo es bueno). Pero paralelamente, defender las bibliotecas no puede suponer (por corporativismo o miedo) defender lo que se hace mal. Aunque eso incluye a los usuarios: ¿cuántos silencian el móvil al entrar? ¿Cuántos silencian el ordenador o procuran que el sonido no desborde de los cascos? Lo mejor de las bibliotecas es que son de todos en muchos sentidos. También en el de criticarnos a nosotros mismos…
    Por mí puedes seguir cuanto quieras, que conste. Yo imagino las bibliotecas como plaza central —abierta, lugar de paso y lugar de encuentro— tanto en la sociedad como en la escuela. Pero siempre con un cariño no exento de la crítica constructiva que permita seguir mejorando.

  11. Me quedo con tu apunte sobre los usuarios, Gonzalo.
    Ganas me han dado siempre, agotado de tanta selección de libros(¿selección? ; no pocas veces una simple petición obligada, y encima atropellada), de hacer una selección (esta vez sí, verdadera) de usuarios. Tan justo es reivindicar que hay bibliotecas que no están a la altura de los usuarios como lo contrario.
    Un abrazo y felicidades por tu retoño.

  12. Muchas gracias, Enrique.🙂

  13. Pingback: ‘¿Tres han de ser?’, ilustrado por Fátima Afonso (ed. OQO): presentación | Libros de Darabuc

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