‘Los diarios de Adán y Eva’, de Mark Twain, ilustrados por Francisco Meléndez

Que Francis Meléndez hizo una irrupción asombrosa en el panorama de la literatura juvenil ilustrada y al poco tiempo desapareció de la escena dejándonos con ganas de más es la pura verdad y a la vez pura literatura, porque al explicarlo le debemos mucho al eficaz tópico narrativo de la figura desaparecida en el momento justo para forjar una leyenda. Sea como fuere, ahora regresa brevemente de sus actividades en la asociación ‘ãl-May’ãrî-Valmadrid para ilustrar los Diarios de Adán y Eva, de Mark Twain, un texto tierno e irónico sobre la relación de hombres y mujeres, las capacidades de uno y otro sexo y el amor y su aprendizaje, editado por Libros del Zorro Rojo. Verdad y literatura, también, a partes iguales, en un texto que supera el siglo y sin embargo a mí me ha resultado sorprendentemente fresco. Las figuras de Meléndez son menos barrocas que otras obras suyas (como es quizá propio de un libro centrado en una relación de dos) y exploran la sensualidad, la ironía y la metamorfosis.

Ilustración de Francisco Meléndez

Al año siguiente
Le pusimos de nombre Caín. Ella lo recogió mientras yo me encontraba cazando en la ribera norte de Erie; lo recogió en el bosque, a unas dos millas de nuestro refugio; o quizá fueron cuatro, ella no está segura. Se nos parece de alguna manera, y debe haber una relación. Eso es lo que ella piensa, pero es un error, a mi entender. La diferencia de tamaño lleva a la conclusión de que se trata de una nueva y diferente clase de animal, quizás un pez, aunque cuando lo puse en el agua para comprobarlo se hundió, y ella se sumergió y lo rescató antes de que el experimento nos diera la oportunidad de aclarar la cuestión. Sigo pensando que es un pez, pero ella es indiferente a lo que sea, y no me dejará volverlo a intentar. No lo entiendo. La llegada de la criatura parece haberla cambiado totalmente y la ha vuelto poco razonable acerca de los experimentos. Ella piensa más en la criatura que en otros animales, pero no es capaz de explicar por qué. Su mente está desordenada; todo lo demuestra. A veces lleva al pez en sus brazos en mitad de la noche, cuando se queja y quiere ir al agua. En esos momentos, el agua sale de los agujeros por los que mira, y luego golpea ligeramente al pez en la espalda y produce sonidos suaves con su boca para calmarlo, y muestra pena y diligencia de cien maneras distintas. Nunca la había visto hacer eso con ningún otro pez, lo cual me perturba enormemente. Ella solía tratar así a los pequeños tigres, y jugar con ellos, antes de que perdiéramos nuestra propiedad; pero era sólo un juego; nunca se preocupó por ellos cuando no les caía bien la cena.

Miércoles
No es un pez. No puedo descubrir qué es. Hace ruidos curiosos y demoníacos cuando no está satisfecho, y dice «gu-gú» cuando lo está. No es uno de nosotros, pues no camina; no es un ave, pues no vuela; no es una rana, pues no salta; no es una serpiente, pues no repta; estoy seguro de que no es un pez, aunque no tengo ocasión de comprobar si puede nadar o no. Simplemente se queda acostado, la mayoría de las veces de espaldas, con los pies para arriba. Nunca antes había visto a un animal hacer eso. Dije que creía que era un enigma, pero ella solamente admiró la palabra sin comprenderla. A mi entender es o bien un enigma o bien alguna clase de bicho. Si muere, lo cortaré en partes y veré cómo está hecho. Nunca nada me había dejado tan perplejo.

Tres meses más tarde
La perplejidad aumenta en lugar de disminuir. Duermo, pero poco. Ha dejado de estar tendido, y ahora merodea en cuatro patas. Sin embargo, se diferencia de los demás animales de cuatro patas, en que sus patas delanteras son inusualmente cortas, y en consecuencia la parte principal de su persona se proyecta incómodamente hacia arriba; y no resulta atractivo. Está construido de manera parecida a nosotros, pero su método de desplazamiento muestra que no es de nuestra estirpe. Las cortas patas delanteras y las largas posteriores indican que es de la familia del canguro, pero hay una marcada variación entre las especies, dado que el verdadero canguro salta, mientras que éste nunca lo hace. Con todo, es una variedad curiosa e interesante, y nunca ha sido catalogada antes. Cuando la descubrí sentí que correspondía darme el mérito del hallazgo añadiendo mi nombre al suyo, de allí que lo haya llamado Kangaroorum adamiensis… (pp. 23-25)

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11 Respuestas a “‘Los diarios de Adán y Eva’, de Mark Twain, ilustrados por Francisco Meléndez

  1. El “Diario de Adán y Eva” es uno de mis libros “mínimos” favoritos. Te lo lees, o medio te lo aprendes de memoria -que como es tan breve casi puedes hacerlo-, se lo cuentas a alguien por encima y se desternilla de la risa. ¡Siempre! Da igual que el oyente sea una señora-bien de derechas, o un rapero antisistema de diezyseis años. Funciona para todo el mundo. Es un libro bomba y sin edad. Magnífico. Hace unos años hubo una obra de teatro que fue premio Max. Creo que la hacían Blanca Oteyza y Miguel Ángel Solá y era genial. Yo la vi en Vigo, pero creo que aun se sigue representando en Madrid. Merece la pena verla.
    Un abrazo,

  2. Tengo este libro en mi lista de deseos, me parece un clásico, no tiene edad.
    Esa foto de cabecera da miedo de verdad.
    Un beso desde “El bosque…”

  3. Twain y Swift, Swift y Twain. No digo yo que sean intercambiables (hay diferencias de estilo y Swift es desde luego más alegórico), pero vaya par de piezas. Tan descreídos de la condición humana, y tan tiernamente humanos en el fondo… El texto va a enriquecerse todavía más con las ilustraciones de Francisco Meléndez (yo lo voy a comprar para regalar a alguien, pero que no se entere nadie)
    Gonzalo: si te has quedado sepultado bajo tus libros, intenta sacar la mano y haznos una señal. Iremos a rescatarte.
    Un abrazo

  4. La reseña de Litterae Mundi abunda justamente en la eficacia de la obra de teatro, que no he visto, chincha rabiña.
    Un abrazo encajado a los tres, lacónico, pero siempre agradecido a vuestros comentarios.
    (Enrique: tristemente me he difuntado bajo la obra videográfica completa de Mercedes Milá, que escondía detrás de mi enciclopedia Espasa de cartón. Ah, la cara oscura… 😀 )

  5. Y que de momento no podrás ver, Gonzalo, al menos en Madrid, frente a lo que supone, papiro arriba, Víctor González. Oteyza y Solá están ahora representando « Por el placer de volver a verla», mira por dónde, que en cierto modo prolonga el espíritu del Adán y Eva anterior, pero ya no es lo mismo.

  6. Me lo apunto. Otro del mismo autor, Mark Twain, que está muy bien es Historia de un niñito bueno. Historia de un niñito malo, ilustrado por Ricardo Peláez, traducción de Una Pérez Ruiz, México: Fondo de Cultura Económica, 2005 (Colección Clásicos).
    Un beso.

  7. he dado con tu blog buscando referencias en la web de John cristopher y su trilogía de los trípodes, que a mi de adolsecente me gustó mucho, pero que ahora de adulta me ha aburrido, lógico, no es un asimov o bradbury. Y visitando tu blog doy con esta reseña, y no puedo evitar dejar mi comentario. He leído los diarios de adán y eva hace poco, ya he descubierto que twain no es de mi cuerda, no me divierte, no me interesa. me pasa en general con los autores americanos. y en especial me ha irritado el diario. intento aplacar mi irritación pensando en la época en la que fue escrito y que en definitva es una ironía y un divertimento. esa sucesión de tópicos de la mujer charlatana y el hombre que no se entera de nada…bobos los dos, y para mi, nada tierna. por eso me sorprende que opines que sean reconocibles tantas situaciones aún ahora en nuestros tiempos, si para tí las relaciones de hombres y mujeres siguen siendo tan tópicas, no lamentes que las mujeres no aparezcan en los trípodes. en fin, quizás sólo esté hablando la irritación que me produce twain en sus cuentos y me falte (su) sentido del humor.

  8. Hola, Ana, bienvenida.

    Yo no le pediría a Christopher que introdujera en su novela a las mujeres de Twain; los separa demasiado tiempo (y están en zonas literarias muy distintas). En realidad, no creo que a la trilogía de los trípodes le pueda pedir nada; es como es, y es de su tiempo, y el suyo es un defecto de infinitos libros de aventuras, no solo suyo. Lo que pretendo señalar es su caducidad a ese respecto (a mi juicio, claro) porque hoy no se puede (o al menos, no se debe) concebir la revolución social o la salvación del planeta, con todo lo fantástico del tema, como una cuestión de hombres.

    En cuanto a Twain, sin duda, es un divertimento hecho de tópicos. A mí me hizo sonreír y en efecto me pareció más tierno y fresco de lo que esperaba. Pero eso no supone que yo le pida a la vida que imite a Twain. En el Quijote hay pasajes delirantes y otros humanísimos y no tengo la menor intención de volver a 1600. La literatura del pasado es irremediablemente pasada, encarna valores de otro tiempo, no aporta soluciones ni respuestas directas para nuestros días. Pero puede ocurrir (aunque no a todos ni con los mismos libros) que un libro ya escrito, incluidos libros escritos hace mucho, suene más fresco que muchos textos supuestamente actuales. De la infinidad de novelas negras de nuestros días, ¿cuántas llegan a alguna parte, cuántas pervivirán más de veinte años? En cambio, puede haber libros antiguos que nos hagan pensar o sentir sin necesidad de que deseemos volver a su tiempo, a las circunstancias que los vieron nacer o a los valores con los que juegan. Es más bien una cuestión de divertirse (o no) con un ajedrez de piezas viejas.

  9. Curiosamente, a partir de esta entrada decidí comprar esta edición de los “Diarios…” para regalársela a mi novia. Y curiosamente también, ella coincide con Ana en algún aspecto: no le hace demasiada gracia Twain, aunque no se ha quejado de la excesiva y tópica ridiculización de hombres y mujeres (o mejor dicho: del hombre y la mujer). Mi novia tiene sentido del humor y me atrevo a afirmar, sin concerla, que Ana también lo tiene. De hecho, ella misma juega con eso en su post cuando utiliza el paréntesis: “quizás […] me falta (su) sentido del humor”. A nadie se le escapa que el humor paródico (y todo el humor, en realidad) puede ser contraproducente y causar más irritación que risas. Y el humor paródico, evidentemente, se basa en la ridiculización, la exageración y el tópico. El Quijote, como dice Gonzalo, es obra maestra en ese sentido. A mí me apasiona el humor, y me encanta también mezclarlo con la ternura, y sé que me expongo a que mucha gente me quiera tomar por un tipo que dice o escribe “chorradas” que pretende hacer pasar por “ocurrencias”. Tambien es cierto que Twain (a mí me pasó al principio) no engancha fácilmente, aunque me parece injusto calificarlo de retógrado machista, ni siquiera insertándolo en su contexto sureño y decimonónico. Al menos, su biografía no lo muestra así. Llegó, eso sí, a ser un gran misántropo, y su falta de confianza en la condición humana lo llevó a ridiculizarla (pero no tan agresivamente como Swift, por ejemplo). Yo lo tengo en mente como una persona buena. Y tierna, sin duda.

  10. Hola, Enrique. Ya veo por dónde vas. Así que yo no tengo sentido del humor, ¿eh? Es eso, ¿verdad? Anda, dímelo a la cara. ¡Anda, valiente! Porque me cogen, ¿eh?, ¡porque me cogen! 😛 😛 😛

    Bromas aparte, yo resumiría mi opinión diciendo que es una obra antigua, irremediablemente, no va a dejar de serlo; pero muy aprovechable y que merece tenerse en cuenta. No es un modelo de futuro ni contiene verdad. La literatura va de otra cosa. ¿De la posibilidad de permear a través del tiempo, a veces?

    Un abrazo

  11. Exacto. Has adivinado por dónde voy. Que no te engañe el hecho de que a veces me confundo al teclear y le doy sin querer a los dos puntos y al paréntesis. 🙂 Lo ves, me acaba de pasar.
    Bromas a un lado también, no dejo de darle vueltas al hecho de que Twain no haga gracia (en los dos sentidos de la expresión) a más de una mujer. A ese respecto, y siendo su obra irremediablemente antigua, como bien dices, habría que preguntarse si también disgustaba a las mujeres de entonces.
    Pero la literatura, sí, va de otra cosa. Y la literatura incómoda, y hasta la que agrede adrede, puede llegar tan alto como bajo haya podido caer su autor. Aunque me reafirmo en que no me parece el caso de Twain.
    Un abrazo y felicidades por tu nuevo retoño en OQO 😉

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