Calidad literaria, eficacia literaria y transformación del lector: una reflexión de Elsa Aguiar

[…] La calidad literaria es completamente intersubjetiva. Lo que unos consideran una buena construcción, para otros es mediocre; lo que a unos les parece inteligente e interesante, a otros les aburre; cuando unos se identifican plenamente con unos personajes, otros los sienten de cartón piedra; lo que para unos es lenguaje rico y cuidado para otros es pedantería ininteligible; los mensajes o la visión del mundo que unos reciben como edificantes para otros son sectarios y poco recomendables… […] Yo, personalmente, creo en una LIJ, en una literatura en general, que sea capaz de enriquecer al lector, de transformar, de alguna manera, su vida y su visión del mundo. Para mí un buen libro es, más que otra cosa, el que consigue este fin. Si lo hace, cualquier otro pecado me parecerá venial. […] quizá la LIJ que aporta al niño lo que necesita (concentración en la lectura, evasión, conocimiento de otras realidades, entretenimiento, compromiso, impulso transformador, diversión…) no es necesariamente una literatura de magnífica calidad literaria, sino una literatura “suficientemente buena”.

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12 Respuestas a “Calidad literaria, eficacia literaria y transformación del lector: una reflexión de Elsa Aguiar

  1. YO (¿adulta?) quiero leer libros que me aporten evasión, conocimiento de otras realidades, evasión, compromiso, impulso transformador, diversión… No se muy bien calibrar la calidad literaria. Claro, que no soy una experta, solo una lectora.
    ¿Para quién se escriben los libros?

  2. Quizá una forma de mirarlo sea comparar la experiencia literaria con la de que te cuenten un cuento, donde es esencial que el cuento «funcione», cree un mundo literario donde comunicador y receptor quedan unidos fuera del mundo cotidiano y constatable. La literatura que funciona tiene el «no sé qué» imprescindible sin la cual, en realidad, no existe más que como letra muerta.
    Pero ¿es lo mismo El código Da Vinci que Cien años de soledad? Ambas funcionan con su tipo de lector y ambas son insufribles para quien no disfruta dentro de sus coordenadas. Y sin embargo, no son iguales, y el primero parece destinado al olvido y el segundo, a la memoria. ¿O quizá solo lo parece y hay un doble filtro de selección, el oficial y culto, canónico, y el que sigue leyendo a Agatha Christie pese a todas las críticas?
    No creo que haya expertos en calidad (aunque unos pocos quizá se lo atribuyan). Pero sí hay diferencias objetivables o compartibles hasta cierto punto (no objetivas, pero tampoco puramente subjetivas y distintas en cada lector). El problema que le veo a una reflexión como la de Elsa es que, trasladada a la televisión, alza la telebasura (que sin duda transforma, emociona y hasta conmociona a muchos) al grado de televisión de calidad. Probablemente gente como Sardá jugaban a eso, a moverse entre la mala televisión/buena televisión provocadora, binomio difícil de resolver, porque la moral pesa mucho pero es criterio aparte y el «buen funcionamiento», por sí solo, puede darse en obras tópicas, escritas sin buen conocimiento de la lengua, morbosas, dadas al chantaje sentimental…
    En suma: que no sacaremos nada en claro ni habrá nunca una norma ISO, como apuntaba Elsa, pero a mi juicio necesitamos la selección para no morir enterrados por el aluvión de novedades y el debate para conocernos mejor a nosotros mismos.

  3. Hay un doble filtro, porque hay una doble necesidad de los seres humanos: una es la de recibir (y crear) historias y otra la de la experiencia estética. En los artes que más se evidencia esta duplicidad es en la literatura y el cine. A veces, solo hay historia, otras, solo experiencia estética.
    Cuando se satisfacen las dos necesidades, tenemos obra de arte.
    Pero si no hay aluvión no brilla ni existe la obra de arte (jo, qué obvia soy).
    Claro, que para los críticos es un agobio… Yo, como no dependo de eso, soy una loca insensata que solo se dedica a disfrutar…

  4. ¡…o a sufrir! (je)

  5. Para todos y para nadie, Milá, como el “Zaratustra” de Nietzsche. El tema de la calidad en la literatura infantil me apasiona. Después de leer al completo la reflexión de Elsa Aguiar y los comentarios a la entrada en su blog, la primera pregunta que formulo es: ¿por qué tiene que haber un concepto de calidad exclusivo para la LIJ, diferente de lo que entendemos por calidad literaria en una obra para adultos? La literatura, toda, como todo arte, es libre por definición. ¿Que uno quiere cubrir ciertas inquietudes, necesidades, carencias o (supuestas) demandas del destinatario…? Pues adelante, pero trabaje bien, sea buen artesano. Todos hemos leído libros de LIJ malos, y sabemos por qué son malos, luego el concepto de calidad no debe ser tan subjetivo como parece. No comparto esa idea expuesta en los comentarios de la “madre suficientemente buena”, aplicada a la LIJ. Y desde luego, no acepto la equiparación: libro bueno=libro que te hace mejor persona. Está claro que ahí confundimos calidad con ética, porque en el orbe literario (en la LIJ también) hay libros de calidad extraordinaria que son, digamos, muy “malotes”: que inquietan, que provocan, que pervierten, que divierten, que trasgreden o que, en definitiva, no enseñan nada bueno; y aun así, son necesarios.

  6. Parece que todos tenemos la mañana libre para escribir a la vez 😉

  7. Para mí no hay diferencia entre LIJ y LA (qué cursi), aunque he de reconocer que LIJ me suele decepcionar menos (?). La calidad literaria tiene que ver con los mecanismos con los que se transmite la historia, ¿no? Mejores mecanismos, mejor calidad literaria. Tratar de estética es obligado, por el doble cariz de la literatura que comentaba, pero la ética, es una parte opcional del contenido, de la historia. A mi me molan los “malotes” y a mi hijo de 10 años, más.
    Recientemente, al azar, leí en la biblio ciertas reflexiones interesantes sobre el valor estético y ético de los textos e ilustraciones para niños y jóvenes (quizá algo antiguo, a veces cuestionable, pero enriquecedor) en:
    -Mirando Cuentos , Nuria Obiols Suari
    -Escritos de Literatura Infantil, W. Benjamin

  8. Estoy bastante de acuerdo con las reflexiones de Enrique Cordero. La calidad “artística” no puede medirse -creo-, pero sí la calidad “artesanal” del trabajo. Bien sea el trabajo un cuento para niños, un cuadro al óleo del siglo XVI, una joya, o una moderna instalación artística. Pero así y todo, la calidad “artesanal” no da la medida de la artística y solo el tiempo -un factor que no tiene nada que ver con todo lo anterior- nos da el corpus de obras que sobreviven y apreciamos. ¿Son las de calidad? Supongo que sí. Todo esto son elucubraciones, claro. A mi, que he sido fotógrafo muchos años y me encanta la fotografía, sobre todo la historia de la fotografía, me gusta traer a colación cuando salen estos temas a Julia Margaret Cameron, una señora que no tenía ni idea de fotografía, sus placas estaban siempre sucias y llenas de rayazos, trabajaba con un objetivo defectuoso y todo lo que hacía estaba desenfocado. Y a pesar de eso sus fotos eran (y siguen siendo) maravillosas… misterios.
    Un abrazo,

  9. Pues yo no veo más misterio, Víctor, que el de la sensibilidad, que también se educa. Seguramente, Cameron tenía bien educado su ojo, y en cuanto a la técnica, también en literatura hay cosas técnicamente desastrosas (¿adrede?) y sin embargo marvillosas.
    Un abrazo

  10. Comentario rápido:

    Gracias por el libro, Gonzalo.
    No tengo tiempo (de más).
    Salgo un momento,
    sin pies, ni manos, ni viento.

    Un abrazo,

  11. Milá, Enrique, Víctor:

    Gracias por vuestras reflexiones.

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