La enseñanza de la lectura en la Universidad como base de la enseñanza de la lectura en general

«… Cada vez que menciono esta idea, resulta curioso que la gente no sabe dónde mirar. Hasta está escrito en libros de especialistas en lectura: la Universidad es caso aparte… La mayoría, por el contrario, ni la mencionan. Parece como si el problema de la enseñanza de la lectura en España se disolviera al llegar a la selectividad. Que no saben leer en Primaria, que no saben leer en Secundaria. ¿Y en la Universidad? Claro, saber no sabrán, pero, ¿se les enseña? ¿Caso aparte? ¿Cómo que caso aparte? Es el único caso si acaso. Todo lo que no empiece por ella, se derrumbará. Y la cuestión es muy sencilla: ¿sabe algo algún profesor universitario sobre los procesos de lectura y su enseñanza en su especialidad?, ¿hay algún plan en el que explícitamente se investigue acerca de la lectura en el ámbito de conocimiento en que se especialice?, ¿se promueve la lectura y su aprecio entre el alumnado y el profesorado universitario?, ¿da la Universidad algún crédito a la lectura? Porque yo desde luego no doy crédito a lo que veo. Y lo que veo son universitarios que no saben leer ni escribir. Hay que empezar desde la base, y la base no es la infancia, la base es la madurez del profesional que va a enseñarle. Esta es la base de la enseñanza de la lectura: la Universidad, no la educación infantil.»

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12 Respuestas a “La enseñanza de la lectura en la Universidad como base de la enseñanza de la lectura en general

  1. Gracias, Gonzalo, por hacerte eco de esta manía mía. Yo siempre menciono la solución de un país, que es modelo educativo, cuando se planteó subir el nivel de Matemáticas del alumnado. No metieron mano al curriculum de primaria o secundaria ni a la metodología, no, pusieron un examen obligatorio de mayor nivel de Matemáticas a todo el que quisiera acceder a la carrera de maestro.

    • Hola, Miguel:

      Manía o no, me pareció sugerente, como todo lo que es pensar poniendo el mundo predigerido y preconcebido patas arriba, a ver qué ocurre. Lo mínimo es que entra aire fresco y pensamos mejor. Pero por otro lado, en particular, estoy de acuerdo con la idea. Magisterio debería ser una de nuestras carreras más importantes (y por lo tanto, también completa y exigente), porque todo nuestro futuro va a pasar por ahí de los 3 o 6 hasta los 16 años.

  2. Hola.

    Qué interesante esta nota!!!!
    En la actualidad me quejo permanentemente de los docentes que poco saben de enseñar y mucho de descansar en las aulas , pretenden que sus alumnos por osmosis sepan escribir y por otra parte comprender.
    “Hagan una síntesis”, “Tomen nota”, “Marquen la idea principal”…y así hasta el infinito, cómo?? , me pregunto, yo, si jamás enseñaron o explicaron, o acompañaron en el camino de descubrir. Técnicas de estudio: ¡cero! ( lo digo desde mi lugar de maestra con 20 años al hombro en un turno y 22 de bibliotecaria en el turno contrario), lamentable.
    Hay que rescatar a los docentes que sí ponen las ganas necesarias, seguir por los profes de la secunadaria ( otro capítulo) y muy sabiamente como dice la nota por la universidad. Decía mi abuela “no hay que dar nada por sentado”, y si tienen que aprender en la universidad, y bueno para eso van!!!!!!! Y los profesores a ponerse las pilas.

    Cariños.
    Andrea. Bs. As. Argentina

    • Hola, Andrea:

      Diría que te ha salido la furia… En su vertiente constructiva, es de lo más necesario. A veces un trabajo estable (aunque, bah, hablo de oídas, no por experiencia) nos puede adormecer. Recuerdo de mis días de estudiante la imagen (seguro que en parte injusta) de lo que llamábamos los “papeles amarillos”, de profesores a los que reprochábamos venir con la misma lección que habían preparado veinte años atrás. Curiosamente los peores casos de eso (y ahora ya no debidos a la también furiosa efervescencia del adolescente, sino constatados) los hallé justo en la universidad, que debería ser el lugar más limpio de todos. Aunque no es menos cierto que también hallé a profesores muy dedicados y a otros muy locos y sugerentes.

  3. Hace poco volví a las aulas y, después de un tiempo (corto), me di cuenta de que no sabía leer. Es decir, no lo suficientemente bien como para una afrontar una lectura eficiente, comprensiva y crítica (esto puede aplicarse a cualquier texto, incluyendo el matemático). Así que tocó reciclarse.

    Sobre los créditos. La UNED da créditos por matricularse a un club de lectura. Desconozco su metodología, pero dudo que sea a lo que se refería Miguel (ironía aparte).

  4. Soy educadora de Educacion Infantil, y comparto lo que escribes, somos los docentes los que tenemos fallas, si no lees, y no transmites esa emocion por tus alumnos, ellos no mostraran el interes por la lectura con todo lo que conlleva en todos los ciclos educativo, es importante que nos revisemos. judith

    • Hola, Judith, gracias por tu comentario. En la balanza de maestro/alumno, coincido contigo, es el maestro (o la maestra, por descontado) quien debe ponerse las pilas, despabilar, estudiar todo lo necesario y mantener los ojos muy abiertos, vamos, concebir su trabajo con auténtica hambre. Esto sin quitar el papel esencial que deben hacer las familias, claro; solo dejándolo a un lado a este respecto, para mayor claridad. Ahora bien, creo que el inciso de Miguel va algo más allá: ¿se enseña a leer en la universidad? ¿Se comprueba de veras que los alumnos leen con sentido y capacidad crítica?
      Y si no se hace, ¿cómo van a enseñar a leer los maestros?

      Saludos

  5. Hola, Gonzalo:

    Y sí, a veces, nos ponemos un poquito vehemente. Veo que los años vuelan y los problemas son cada vez más. La idea no era ir a la escuela para aprender?? Cuesta cada vez más en los primeros grados (los más importantes). Ensayan miles de métodos y estrategias. Las palabras, teorías, clases magistrales abundan. Y los resultados?? Preocupante.

    • Hmm… De mi CAP (el curso de capacitación para los maestros de Bachillerato) salí con un empacho pedagógico similar al que me dejó la carrera de Teoría de la Literatura. Sin teoría, nada somos, porque detrás de todo lo que hacemos hay una teoría, mejor o peor trabada, más o menos coherente, consciente o heredada, pero ahí está. Y sin embargo, entre las querellas de una corriente con otra y las varias reformas educativas salvamundos (a las que quizá les haya faltado, para empezar, una financiación tan elevada como sus ideales), soy más amigo del «pensamiento débil», con todos sus defectos, lo más atento posible a las cosas del día a día.

      Abrazo

  6. En la UMU, concretamente en la facultad de documentación, existe un club de lectura para alumnos de la diplomatura de btconomía (supongo que con el grado seguirán haciéndolo). El profesor Jose Antonio Gómez ha sido el impulsor.
    Por otro lado, conozco un caso en la facultad de Química, también de la UMU, de un profesor que propuso a los alumnos una lista de libros de divulgación científica, no eran libros cientñificos, eran aptos para todos los públicos sobre la química en la cocina, la ciencia y el cine… Les dijo que si los leían y lo exponían en clase a sus compañeros tenían dos puntos asegurados en la nota final. Era optativo y ningún alumno optó por leer.

    • Hola, Clara:

      Una de cal y otra de arena, ¿no? No me atrevo a sacar conclusiones del segundo ejemplo, a falta de datos como la carga lectiva (y la vivencia subjetiva de esa carga lectiva, que importa más). Me da la impresión de que la sensación de agobio por lo urgente y lo obligatorio hace dejar de lado lo importante.

      Un abrazo

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