‘La crítica de mi tiempo’, vista por Javier Marías

En un artículo reciente sobre la crítica literaria, Javier Marías dibuja con ferocidad un panorama desolador: «Cuando leo o veo una de esas proclamadas “obras maestras”, detecto con frecuencia en ellas trucos de mala ley, o percibo que son inertes, o que caen en cursilerías inadmisibles, o que no inquietan ni interesan ni turban ni intrigan ni desde luego hacen pensar, o que halagan al lector con baraturas y lugares comunes de su agrado, o que copian descaradamente de otros (he dicho “copian”, no “plagian”, casi nadie es tan tonto como para plagiar hoy en día), o que se presentan como novedosas y repiten fórmulas ya gastadas hace cuarenta o más años, o que el autor es un simple y no suelta más que obviedades, o que se está adornando estilísticamente como si esperara un “olé” tras cada frase, o que se ha equivocado de arte y remeda series de televisión o cómics creyendo que con eso inaugura una nueva literatura, cuando no está entregando más que obras deudoras y epigonales, o que es un mero pendolista acumulativo y puntilloso, o que sus mayores fuerza y mérito no son suyos, sino de unos archivos policiales a los que tuvo acceso. Entonces no me queda sino preguntarme por qué los críticos profesionales no han visto nada de eso, cuando se les paga por verlo, o si es que yo no estoy capacitado para apreciar y disfrutar la literatura de mi tiempo. Lo cual sería muy grave en mi caso, dado que también lo que escribo pertenece a ese mismo tiempo.»

Antes ha insistido en la necesaria diferencia entre gusto y juicio (ciertamente, crítica viene de crinein, ‘juzgar’) y carga igualmente contra los blogs, o quizá solo aquellos que no van más allá del impresionismo: «Con “objetivamente” quiero decir que me siento capaz de explicar por qué lo son, de razonarlo y argumentarlo. “El gusto es la anticipación del juicio”, escribió Sánchez Ferlosio, y a un crítico se le solía exigir que no se quedara en el gusto —que está al alcance de cualquiera— y que desarrollara el juicio. Demasiados reseñadores no pasan hoy de lo primero, se comportan como cualquier espectador a la salida del cine (“No me toca, no me ha llegado”) o como cualquier lector común al cerrar el volumen (“Qué apasionante”, o “Vaya rollo”). O como cualquier iletrado bloguero, a los que los críticos profesionales se van asemejando peligrosamente.»

Más allá de sentirse herido y quizá devolver desprecio con doble de desprecio —pero la frase que he citado al final, en un blog y ante lectores de un blog, en realidad es solo una mención muy secundaria en una larga secuencia—, a mí me interesan vivamente estas reflexiones sobre la crítica, cómo leemos, cómo valoramos y juzgamos y cómo lo contamos.

17 Respuestas a “‘La crítica de mi tiempo’, vista por Javier Marías

  1. La crítica como género literario, pues.

    Sometida (a su vez) a la crítica, también.

    El tono puede parecer mordaz pero, en el fondo, no hace más que ensalzar lo difícil que es hacer una crítica.

  2. Enrique Cordero

    El problema reside, a mi jucio, en utilizar el mismo término para ejercicios tan dispares como el estudio filológico especializado, el comentario de lector (que, desde luego, puede ser jugoso, pese a no ser técnico; uno puede ofrecer interesantes impresiones sobre un edificio sin ser arquitecto) o la sencilla reseña (muy útil siempre que no acabe, como ocurre demasiado a menudo, en un destripe del argumento). Y todo esto frente a lo que no es nada más que alabanza tonta o malsano vituperio.

  3. Tenía mis dudas a la hora de subirlo, porque pensaba que la acritud con la que habla puede generar una respuesta bastante desdeñosa. A mí me sobra esa acritud, la verdad, y más sin nombres, ya que acusa; pero no me sobra nada el análisis sobre lo que hacemos al hablar de libros (o al someterlos a la crítica, cuando es el caso).

    Un abrazo

  4. Nada nuevo; dudo que haya existido un momento en el cual los autores hayan estado satisfechos con la calidad de la crítica de su tiempo. Sobre la boutade bloggera… mmmh… me estoy vengando imaginándome al Sr. Marías atrapado en una dimensión paralela habitada únicamente por críticos profesionales.

    • Supongo que sí. Por otro lado, Marías tiene una posición periférica en casi todo. Con éxito de lectores, pero infinitas quejas de mal trato a lo suyo y a sus amigos. Supongo que la piel fina es defecto característico del escritor.

      Pero también me parecía curioso otro aspecto: la relación de crítica y escritura. No es verdad que no exista, como dice Marías, porque hay hasta casos célebres como Clarín; pero sí es cierto que abunda poco. En lo que a mí respecta, pienso que algo obliga: si ahora me proponen hacer un libro de encargo anodino, como hay cientos, con instrucciones claras de no aportar nada nuevo (o incluso de sumarse a una moda), ¿lo haría o me lo pensaría dos veces? Hay un álbum en estudio que es de pura aventura, la adaptación de un cuento popular que me entusiasmaba de niño. Y he pensado más de una vez: ¿he aportado bastante? Pero luego me pregunto si esa pregunta (uf, pero así es) no está fuera de lugar: el lector último, la niña o el niño que lea ese álbum, ¿necesita un buen cuento o que yo aporte un cuarto de coma a la historia de la literatura mundial? Es obvio que solo necesita un buen cuento. Pero en esto del arte, ser crítico lo puede coartar a uno mismo, creo. Por fortuna, el destinatario final de la lit. infantil se caracteriza por su sentido común y por gritarle al emperador que va desnudo, y eso contrarresta.

  5. Habeis leido la crítica del tiempo de Pedro Javier Almena?

    Tienen un sentido similar
    Jose
    Saludos
    Los Mejores Colegios de Córdoba

    • Hmm… No logro encontrar nada sobre Pedro Javier Almena. ¿Hay una errata en el nombre?

    • Yo tampoco logro nada, ni con el nombre del autor ni con “crítica del tiempo” más el nombre. A ver si nos aclaran algo desde los Colegios de Córdoba😉

      En cuanto al artículo de Javier Marías, creo que mete en un mismo saco, como bien dice Enrique Cordero, crítica, crítica dirigida al público especializado, reseña, tesis, noticia, etc.
      Entiendo, claro, que la crítica es necesaria y que debe ejercerse con argumentos y sin que el gusto del sujeto que la ejerce sea la pauta; de hecho, uno puede decir que se aburre con El Quijote y que ama locamente a Corín Tellado, pero no puede hacer una crítica a partir de ese gusto o preferencia [y sí, pienso en Cabrera Infante]: como crítica literaria no se sujeta, ni modo.
      Sin embargo, en «el mundo iletrado bloguero» (😉 ), he encontrado notas o reseñas que me han hecho apetecer una lectura mucho más que algún estudio bien documentado. Ojo, que no están de sobra, para mí, ni unos ni otros. Pero que alguien diga aunque sea un par de frases con pasión sobre un libro llega, supongo, a mucha más gente y apela más a las entrañas que a la razón, con lo que uno se mueve más (no lo racionaliza).
      Me he hecho un poco un lío, Gonzalo, pero creo que se me entiende más o menos, ¿sí?
      Un beso.

  6. Ana: no, pero lo digo por la hermosa virtud de llevar siempre la contraria.🙂

    Me resulta curioso cómo volvemos una y otra vez a discutir que si clásicos o modernos, que si crítica impresionista u objetiva en la medida de lo posible… Recuerdo cuando una ex alumna de Menéndez Pidal (no miento) nos hizo leer los tochos de René Wellek (bah, pobre; digamos mejor: “su monumental Historia de la crítica literaria“) y aprender las batallas de “impresionistas” y “formalistas”.

    La ambigüedad siempre es cómoda: si me vendo como un buen delantero, tendré que marcar goles por fuerza, pero si me vendo como un buen futbolista, quizá me salve otro azar. No sé si entre los blogs hay alguien que no peque de ser más o menos ambiguo en la definición propia de hasta qué punto “ejerce la crítica” o “comenta impresiones de lectura”.

    Pero Marías (me da la impresión de que) es un arisco a quien casi nunca le iría que te sentaras a su mesa. Yo quiero mejor a Dámaso Alonso, poeta tirando a malo en el 90% de sus versos, pero crítico enamorado como pocos, contagiosamente enamorado, que es mejor, como dices. (Esa preferencia la he apuntado ya, pero aún no en 2010, así que…)

    Abrazo

  7. Marías es, desde mi punto de vista, un provocador (o como tu dices ‘se mueve siempre en la periferia’). En cuanto a lo que he visto comentado sobre la crítica, yo siempre me he preguntado ¿Para qué sirve la crítica? ¿Cual es su función? ¿Sirve para desenmascarar a timadores de la palabra? (¿Qué es un timador de la palabra? El que vende mucho, pero no es un buen escritor ¿Qué es un buen escritor?) ¿Sirve, quizás, para seleccionar las lecturas de futuros lectores?¿Sirve para guiar a futuros lectores? ¿Sirve para engrandecer autores o para hundirlos? ¿Les sirve a los que escriben? ¿Les sirve a los que leen? ¿Son mejores lectores los críticos? ¿Profetizan los éxitos de ventas? ¿Profetizan las grandes obras?La lectura es un placer y un gusto y los que somos lectores, sin más, nos dejamos llevar por nuestro gusto, que puede no estar de acuerdo con lo que se define como ‘buena literatura’. Pero es que incluso la ‘buena literatura’ ha sido definida con diferentes criterios estéticos y éticos según la época.
    Yo suelo leer los ‘culturales’ de periódicos y me doy cuenta que siempre comentan los libros de las editoriales que son dueñas del mismo periódico ¿Esto les quita neutralidad y objetividad? No lo sé, pero no termino de saber dónde esta esa objetividad (ni si es buena o es real).
    Al final me lié. Un saludo, Jesús.

    • Hola, Jesús:

      Son preguntas importantes. Yo creo que la crítica profetiza mal, falla bastante en comparación con el juicio que da el paso del tiempo y, la actual, está viciada por intereses económicos.

      Creo que tenemos la suerte de que en la LIJ tiene una función más clara: elegir obras notables entre la marea de novedades (la parte menor que cada cual alcanza a leer de la marea, desde luego). “Notables” porque aportan puntos de vista enriquecedores o porque están bien construidas, por ejemplo. ¿Se puede definir eso objetivamente? No, desde luego, pero igual que suele haber diferencia entre un menú de carretera y la cocina casera que nos satisface, se puede hablar. Y si sumamos puntos de vista y los contrastamos, pues algo podremos saber. Un maestro, un bibliotecario, una madre no pueden leerse todo lo que sale para elegir con conocimiento de causa. Así que se fían de recomendaciones de la gente con la que ven que van coincidiendo. Pero son recomendaciones falibles y, hasta cierto punto, personales; solo que expuestas con argumentos, pasan a ser tan personales como compartibles.

      Me parece que tú, como titiritero y a la vez crítico de lo que ves, también puedes aspirar a más que a pensar que todo vale lo mismo y no tenemos derecho a opinar porque no hay forma de fundamentar el juicio. Cuando te ves las quince obras de un festival, ocho suelen ser correctas, cuatro son buenas y quizá tres te admiran, descubren, sorprenden, enseñan, animan. Vamos, te hacen disfrutar de la experiencia artística. Yo creo que debemos aspirar a explicarnos en ese terreno sin ansia de dictar cátedra ni de creernos que lo que nos vale le valdrá sin duda a los demás.

      Un abrazo

  8. Leí también el artículo de Marías y estoy con él en que no hay buenas críticas. Yo suelo leer más las referentes a artes plásticas y normalmente (si no siempre) acabo con un sentimiento de desconcierto. El lector que lee una crítica debería aprender algo de ella, debería aprender a valorar la obra que el crítico ha comentado, saber por qué es una obra mediocre o una gran obra. Pero yo leo críticas y no aprendo casi nada.

    • Hola, Marta:

      Pues si te desconciertan a ti, que estás “en el ajo”, ya te puedes imaginar lo que nos desconciertan a los demás. No digo que sea un género fácil, con las infinitas revoluciones del arte moderno, donde hemos visto de todo. A mí me ocurre que, en muchos casos, ni siquiera entiendo lo que me dicen algunos críticos de arte. Como lector de poesía, alguna preparación para la metáfora, la tengo. Pero muchas veces me parece que esas críticas dan solo gato por liebre, enrevesamiento por metáfora, inintelegibilidad por iluminación, confusión por imaginación, retórica por poesía. Quizá los principios más simples —ser claro y comprensible, aspirar a ser útil, esforzarse por decir cosas constatables— son más prosaicos, pero yo me muevo mejor ahí, les veo sentido.

      Gracias por tu comentario

  9. A mi Marías me ha hecho pensar en el crítico gastronómico de la peli Ratatouille, el antipático exigente que se emociona al probar un pisto que le recuerda a su mami… Sinceramente, he aprendido más en el debate que ha suscitado en los comentarios. Hay críticas para críticos, muy sesudas e ininteligibles, hay reseñas para vender, y comentarios para los que buscan. Y yo soy bloguera y solo comento lo que me gusta, lo que me emociona, lo que me sorprende, lo qué no, ¿para qué? Nadie me paga por ello. Al principio pensé que comentar un libro parecería una insensatez, pero quiero compartir lo que me hace feliz.

    • Hola, Malena:

      El señor Marías ha salido un poco feo en tu foto, pero es lo que les pasa a los que tuercen tanto el gesto.🙂

      Yo tengo una razón más para reseñar, que en mi caso es la principal: aprendo. Me permite ordenar mis pensamientos; intentar exponer las cosas de un modo comprensible es una exigencia útil. Como anécdota, las dos veces que he hablado en público en un mismo lugar que me resultaba muy exigente (había incluso una cámara de televisión) opté por dos estilos muy distinto, el improvisado y el meditado y preparado; el segundo salió mucho mejor, posibilitó la comunicación, a diferencia del primero.

      Coincido en que los comentarios son la sal de un blog. A veces me pregunto: ¿tendría que hacer una nota llamando la atención sobre el hecho de haber recibido más de medio millón de visitas (aunque solo sea para dar las gracias)? Casi siempre me respondo: si acaso, será por haber disfrutado de más de un millar de comentarios, lo que hace una larga, larga, larga y gozosa tertulia al calor de los libros.

  10. Pingback: El Puente del Rey « Corre con el Cuento

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