La lluvia amarilla, de Julio Llamazares

Yo no sabría si recomendar La lluvia amarilla, de Julio Llamazares, como lectura de aula de un instituto. Digo esto sabiendo que se ha leído en multitud de institutos; por eso mismo, me interesa lo que rodea a esta duda y quizá los comentarios —siempre bienvenidos, ahora expresamente— me ayuden a pensar más y ver mejor.

La novela tiene a favor la calidad general, la coherencia de tema y estilo, el hecho de narrar una historia que  se cuenta en muy pocos libros y, además, su intensidad poética y simbólica. Pero al leerla, aunque como adulto la he disfrutado, recordé lo que sentí en mi 1.º de BUP al aburrirme mortalmente con El coronel no tiene quién le escriba, de García Márquez: no había acción, el tema no me interesaba, las repeticiones me cansaron y el clima me agobió de un modo que me hizo apartarme de García Márquez muchos años. Es cierto que no era un lector maduro por entonces, con 15 años, y que puede ir mucho de los 15 a los 17-18. Me resulta difícil conjeturar si a los 17 me habría gustado o quizá tampoco. Probablemente tengo resistencia a tanta desolación; dudo también de si es un libro difícil de comprender con empatía en la juventud (pero ¿no es crecer una de las razones de leer?).

En cualquier caso, me ha parecido de gran claridad y utilidad esta Guía de lectura de Carmen Andreu y Ana Badía, del IES Fernando Lázaro Carreter de Utrilla, y es de agradecer que la hayan compartido.

  • Julio Llamazares, La lluvia amarilla. Seix Barral, Barcelona, 1988, ISBN 8432205842. Booket, Barcelona, 2008, ISBN 9788432217470.
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16 Respuestas a “La lluvia amarilla, de Julio Llamazares

  1. Soy una de esas personas que leyó La lluvia amarilla en el instituto, o tal vez debería decir que lo intenté leer.

    Me considero buena lectora, me encanta pasar un buen rato con un libro entre las manos desde que era bien pequeña. Considero que me gustan temas y estilos variados, pero con este libro no pude.

    En resumen, no creo que sea un libro para leer en el instituto.

    Un saludo.

  2. Gracias y bienvenida, Susana.

  3. Interpreto que el instituto es nuestra escuela secundaria. Creo que muchas veces los profes no realizan una buena selección de textos en función de los gustos de los chicos. Entonces terminan por espantar a los adolescentes, que luego vuelven a la lectura años más tarde (perdiendo muchos años valiosos en el camino). Los chicos que son inquietos por aprender, suelen realizar sus propios recorridos lectores fuera de las escuelas, motivados por tanta oferta buena y por lo que leen los adultos que actúan como referentes. ( muchos sacrifican los recreos…)
    Los docentes muchas veces deberíamos replantear nuestras elecciones.

    Andrea.

  4. Hola Gonzalo:
    La verdad es que un servidor leyo “La lluvia amarilla”, ya talludito, creo que con 17 años, y no me parecio tan dramatico, aunque tambien creo que en los actuales cursos de ESO podria parecer un verdadero toston, ya que, aunque breve, correcta y muy bien escrita, es densa y bastante compleja para el lector mas adolescente. Tanta soledad no puede enganchar de primeras… Pero ojo, que a un servidor le encanta. Y ya sabes que todo lo que sea literatura ofensiva, agitadora, va conmigo.
    Un abrazo.
    P.D.: Perdona por las faltas ortograficas, ¡tengo un virus horrible en el ordenador!
    P.D.2: ¡Enhorabuena por tu nuevo libro! No he tenido ocasion de leer la version definitiva (creo que lo leimos en el curso de lectura en voz alta) pero seguro que esta muy bien.

  5. Hola, Andrea:

    También es cierto que el docente se plantea y replantea y requeteplantea las cosas casi más que en cualquier oficio. En algún instituto (en efecto, Secundaria) habrá aún quien lleve las páginas amarillentas de cuando preparó las clases, pero diría que son los casos minoritarios (en lo que conozco).

    Yo creo que hay una relación de tensión difícil de resolver salvo caso por caso, aula por aula (y con las expectativas de acierto que puede dar la experiencia, pero sin seguridad). Tensión entre libros de calidad, pero exigentes, y libros de menor calidad (o menor valor específico, al menos), pero más convincentes o asequibles. También hay una tensión interna al grupo, porque la lectura colectiva difícilmente puede satisfacerlos a todos (y hay que atrapar al desmotivado sin desmotivar al curioso, lo que supone que a los maestros se les pide algo parecido a la magia).

    Vamos, que no lo planteo como una crítica a los profesores, sino como una reflexión sobre las dificultades; en concreto de este libro, pero también de otros similares, que tienen a la vez el mérito y la dificultad de alejarse de los códigos narrativos y sentimentales de una mayoría de libros juveniles.

    Un abrazo

  6. “La lluvia amarilla” es una buena novela que no obligaría a leer ni en Secundaria ni en Bachillerato. Sólo la recomendaría a aquellos adultos que no se contentan con un “best-seller”.
    Recuerdo que la leí de rebote, cuando cursaba Filología; mi hermana la había sacado de la biblioteca junto con “Escenas de cine mudo”, otro libro de Llamazares, que pensaba leer primero. Ojeé el libro y me sedujo su estilo artificioso, un poco lírico, pero más nostálgico que solitario. Me impresionó el uso del futuro para narrar la persecución que el protagonista profetizaba en las primeras páginas. De la trama, me estremeció la figura del niño fantasma, que traumatizado por tantos años de encierro a causa de la enfermedad que padecía, añadía su locura a la del protagonista, el último hombre “vivo” de un pueblo casi deshabitado y en ruinas.
    A pesar de que me fascinara en su momento, no la propondría como lectura obligatoria (o recomendada) porque los estudiantes de la ESO o Bachillerato no suelen tener un dominio de la lengua suficiente para comprender el estilo de Julio Llamazares ni la madurez necesaria para apreciar ciertos temas como la soledad o la resistencia a ultranza.
    Obligarles a leer este libro sería como invitarles a una mariscada, cuando ellos prefieren una hamburguesa de Mc Donald’s, ya que el gusto aún no lo tienen formado.
    Un saludo, Gonzalo.

  7. Hola, Román:

    Supongo que ahí andamos, entre lo razonable para un grupo concreto y lo que nos podría apetecer que se animaran a leer.

    También es cierto que es un libro con especial interés para las zonas rurales que se han ido despoblando, que narra una historia que no se cuenta en muchos lugares más.

    PD. Gracias por las felicitaciones. Es una versión más breve que aquella, sobre todo en los pasajes intermedios. Pero coincido en que seguro que está bien. 😀

  8. Hola, Héctor:

    Para los adultos también puede tener su grado de resistencia, al menos según mi experiencia. En un club de lectura rural donde el tema era muy propio, por ser una zona serrana en constante proceso de despoblación desde los años 50, varios lectores «protestaron» ya fuera de su negrura anímica o de su forma de narrar. Se trataba de lectores con voluntad de leer más que best-sellers pero con una formación literaria que podríamos llamar de consumo, a lo Ken Follett. Sin embargo, otro libro contado de un modo muy peculiar y de dureza también notable como Los santos inocentes les gustó bastante. ¿Quizá porque en este cabe un tono compasivo que hace que no te falte tanto el aire? En cualquier caso, seleccionar lecturas para un grupo tiene siempre algo de impredecible.

    Ah, como lector despistado, creo que envidio tu memoria literaria, si conservas un recuerdo tan minucioso.

    Me alegra saludarte, igualmente.

  9. Este libro está en mi lista de recomendados (nunca en los obligados), a partir de 4º de ESO. Coincido con Héctor en que es un libro para aquellos a los que los best-sellers les saben a poco. Tanto en 4º como en Bachiller, quienes se han atrevido con él me han dado las gracias, pero siempre han sido alumnos con buena competencia lectora. En cuanto a mi lectura personal, coincido también con muchos de vosotros; fue un libro iniciático, de esos que te dejan una buena temporada con el recuerdo frío de la nieve.
    Un saludo.

  10. Gracias por el comentario, Antonio.

    Su propia dificultad puede ser un acicate para el que desea crecer y tiene curiosidad de más. Uno de los defectos de cierta literatura juvenil es que ni ahonda ni, a diferencia de la realidad, evoluciona con normalidad a un fin trágico. Como toda convención, cuando uno la percibe así puede perder la credibilidad. La dificultad impuesta, claro, se lleva peor que la elegida.

    Encuentro curioso que el mecanismo nos funcione desde bien pequeños. Para preparar un cuento difícil o que exige más atención de lo acostumbrado, no hay cómo picar el orgullo y decir: «Uy, este no, que es demasiado difícil para ti…».

    A veces me gustaría que funcionara igual de bien con los lectores adultos, en los casos en los que han desarrollado cierta pereza y ya no quieren moverse de la literatura de consumo más fácil. Estar cerca de los críos recuerda con frecuencia que crecer, en ocasiones, no es tanto definir un espacio propio como anquilosarse. Lo digo con respeto a la libertad de elección de cada cuál, pero con la sensación de que la llama de la curiosidad no siempre se cuida tanto como debiera.

  11. Hola Gonzalo

    Este año, despues de dos sin tener que pelear con adolescentes, tengo que dar clases de Lengua y Literatura a chavales que han fracasado en sus estudios y que no han sacado la ESO. Me esta costando y mucho, el que lean, el que escriban, el que aprendan, el que tengan un minimo interes por nuestra lengua y literatura. Es como una lucha constante, un reto que se me plantea dia a dia . En el trimestre pasado consegui que algunos leyeran “Marina” de Ruiz Zafon y parece que hasta les gusto. En este trimestre me he metido con la poesia y tengo que tener muchisima paciencia. Todo les parece un rollo, asi que ni se me ocurre que ponerles este libro que comentas de Julio Llamazares. Quieren accion , intriga, rapidez. El pensar, el conocerse asi mismos y reconocer sus sentimientos, les cuesta muchisimo. Y no te estoy hablando de chicos y chicas de 16 años, no, la mayoria tienen de 18 a 20 años.
    Cuando lei “La lluvia amarilla” me encanto y yo creo que si deberian ponerla en los institutos, y trabajar con ellos la soledad y todo lo que toca este libro, porque mi experiencia me dice que como les dejamos sin hacer ningun esfuerzo esfuerzo, por leer, por comprender, por saber, al final, ellos se relajan tanto, que cuando vienen a mis clases, insisto, son los fracasados, me dicen todos orgullosos que ellos “nunca han leido un libro” . Como muy bien dices, estos chicos y chicas, cada vez son mas inmaduros e infantiles y no son capaces de crecer porque no les pedimos que hagan el esfuerzo de hacerlo.

    Un abrazo

    Luz

    ( Perdona pero no puedo poner las tildes, pues tengo un virus en el ordenador que me salen dobles y no en su sitio. No hay forma de quitarlo)

  12. Yo tampoco recomendaría este libro para adolescentes. A muchos adultos ya les parecería un verdadero tostón, el mundo que retrata le resultaría bastante ajeno a un chaval y no encuentro que haya nada que le animara a permanecer en la historia.
    Los chavales dirían que no pasa nada. A la mayoría les atrae que las cosas pasen, y están acostumbrados, por los medios audiovisuales a la acción. Es este un libro muy poético. Y creo que la poesía, debería de ofrecerse (ES OBLIGATORIO!!) a los jóvenes en dosis pequeñas, y muy desmenuzada, diseccionada, o bien como parte de teatro y canciones. Si no, los espantamos.

  13. Hola, Luz:

    Lamento la situación, que me recuerda lo que me decía hace poco un profesor del instituto local. En su caso, con alumnos obligados a permanecer por edad en el centro, pero no ya desmotivados, sino con ánimo directamente destructivo, amenazador…, un desastre, vamos.

    Sin embargo, no tengo muy claro si, como me atribuyes, «estos chicos y chicas cada vez son más inmaduros e infantiles». Es probable que la sociedad haya dado ese giro, pero no tengo datos para afirmarlo ni comparar con rigor, porque yo no trabajo en las aulas.

    Por otro lado, soy partidario del esfuerzo, desde luego; pero con realismo, en el sentido de que hay que partir del nivel de cada grupo para que no caiga en saco roto. También es cierto que se habla bastante de «recuperar la cultura del esfuerzo» y de si las últimas generaciones se han criado demasiado mimadas y poco acostumbradas a pelear por las cosas paso a paso. ¿Eso convive con que hay más voluntarios que nunca en labores sociales? No sé si estamos avanzando a una sociedad de extremos.

    Un abrazo y ánimo para el mal año

  14. Hola, Malena:

    Estoy esencialmente de acuerdo contigo. También es verdad que a la escuela se exigen todos los niveles de la alfabetización, desde la comprensión de un texto complejo hasta el placer lector (que en realidad con frecuencia se asocia a lo contrario: a un texto que da sin exigir demasiado; el lector que goza de la dificultad per se siempre ha sido minoritario). Y no es fácil de reconciliar. Si jugamos a la música experimental con puertas y latidos, no obtendremos la experiencia de un concierto con baladas y mecheros encendidos. Eso por no hablar de las otras cosas que se le piden, como textos «que eduquen en valores», como si eso pudiera ser.

    Con el objetivo de animar a leer, está claro lo que dices. Lo que no sé si está tan claro es qué se espera de los maestros, aparte de «todo y según me convenga (o según salte la noticia en la prensa)».

    Un abrazo

  15. Yo he pensado si personalmente recomendaría ese libro concreto a un adolescente, dada la temática y el tratamiento. Creo que hay libros mejores en todos los sentidos que pueden interesar a un adolescente. En cuanto al maestro… Todavía recuerdo maravillada las lecturas en alto y los comentarios en común sobre el Quijote y Darío en Bachillerato, me encantaron. A mí. La mayor parte de los alumnos pasaron resbalándose por esas clases, rozando las páginas. Me parece dificilísimo ser profesor, y creo que la mayoría no lo quieren ser, sinceramente.

  16. Desde luego, en la educación de bachillerato hay un problema de entrada en el hecho de que los que allí enseñan han hecho cinco años de estudios especializados y a lo sumo uno y solo parcial de preparación pedagógica. Pero saber no es lo mismo que saber enseñar, saber transmitir, saber despertar la curiosidad. Y por otro lado, la diferencia de nivel hace que más de un profesor se consuma porque llevaba toda la ilusión del mundo, pero mal dirigida, poco consciente del nivel en el que le tocará trabajar.

    Yo soy de los que tuvo una profesora que me encadenó a las letras cuando iba de cabeza a las ciencias, y encima con los clásicos. Es un tema muy complejo, creo. Hay enfoques pedagógicos que pondrían por encima del profesor-medio al profesor-apuesta, que solo coincide con tres o cuatro alumnos de treinta, pero a cambio saca de ellos una pasión genuina, devoradora, que te pone en marcha para el resto de los días. Somos demasiado complicados como para meternos de treinta en treinta en un aula con programas predeterminados y esperar que el resultado general sea bueno. De mis tiempos de clases particulares recuerdo con desazón lo difícil que era en ocasiones sacar adelante a un chaval incluso en la relación tan ventajosa de uno a uno.

    Me viene ahora también el recuerdo de haber distinguido en su momento, sobre todo, entre profesores con ganas (abundan) y desganados (también, por unas u otras razones). Lo segundo es una condena para todos. Lo primero es uno de los trabajos más bonitos que conozco y que puedo imaginar.

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