Misterio en Villa Jamaica, de Renato Giovannoli

No sé qué pensar de Misterio en Villa Jamaica, de Renato Giovannoli (Barco de vapor, serie naranja), una novela escrita (todavía) sobre la concepción romántica de la piratería. Todavía, porque me pregunto si veremos novelas juveniles sobre la renovada piratería del Índico, que no es tan distinta de la genuinamente histórica, pero al ser actual nos llega como una tragedia sin ningún tinte positivo.

Volviendo a la novela, le veo elementos positivos, como la atención a la melancolía, un estado de ánimo poco descrito en la actualidad; la doble trama narrativa, a partir del descubrimiento de un texto antiguo, nada infrecuente pero no por eso menos enriquecedora; y el vocabulario, bastante rico y preciso (mi impresión de autor fue: sin miedo a las tijeras del editor). En cambio el misterio me ha parecido tibio y quizá previsible, y la vinculación directa con Salgari lo envejece (pues en España ya no es una lectura habitual). El final muestra una voluntad literaria decimonónica que es muy acorde con la historia contada (que se desarrolla en el paso del XIX al XX), lo que es positivo; pero, a la vez, hoy carece de fuerza.

Quizá sea esta una narración muy consciente de sus riesgos, que simplemente juega deliberadamente con piezas hoy poco usuales; no gustará a todos los lectores, pero a otros les descubrirá un mundo diferente al de la novela cinematográfica de acción imparable.

  • Renato Giovannoli, Misterio en Villa Jamaica. Ilustraciones de Beatriz de Pedro. SM (Barco de vapor, naranja, 122), 1999. ISBN 84-348-6713-3.

9 Respuestas a “Misterio en Villa Jamaica, de Renato Giovannoli

  1. Hola, Gonzalo.
    Te escribo porque creo que eres un tipo sincero, además de moderado en tus comentarios. Te haré una pregunta: ¿No es la literatura infantil y juvenil un círculo cerrado donde sólo unos cuantos pueden moverse? Hay unos pocos que llegan a tener 80 y más libros en unos quince años de carrera, hay hijos de escritores que publican con soltura, con ideas manidas y temas oportunistas. Sí, hay personas como Laura Gallego (una trabajadora incansable con una gran imaginación) que entran y se quedan, pero esas son poquísimas; lo normal es alimentar dinosaurios que hablan del vuelo de una mosca, hacen un libro de cualquier experiencia, por pobre que sea. Sé que existen profesionales muy buenos y capaces, como Fernando Lalana, Marinella Terzi o tú mismo, pero al leer algunas páginas de originales rechazados por las editoriales me dan ganas de llorar por lo injusto del asunto.
    He escrito este párrafo sin corregirlo ni pensármelo dos veces, lamento si fuera malinterpretado, es un sentimiento que comparto contigo llevado por un sentimiento instintivo.
    Gracias.

  2. Hola, Tom:

    Me parece que expones con bastante claridad una cuestión que a muchos se nos ha pasado por la cabeza. Yo he ido cambiando de opinión con el paso de los años (y las decepciones). Pero no necesariamente a peor. Ahora me explico.

    Lo primero será situarse: me colocas amablemente en una lista en la que pinto poco, porque he publicado tres libros en diez años. Y en este 2o10 arreglaré un poco la estadística, pero difícilmente puedo compararme con Gallego, Lalana o Terzi (¿la más discreta del grupo?). Eso tampoco importa mucho. Si acaso abunda en que me he hecho las mismas preguntas.

    Mira, como hace años que trabajo con varias editoriales por otras razones que la escritura, tengo claro que son un negocio. Como cualquier otro. Y si uno tiene una pastelería y vende más las rosquillas que las empanadillas, pues hará más rosquillas, salvo que sea un loco de las empanadillas, que seguirá haciendo las que se pueda permitir. Pero si cambian las tornas, habrá que cambiar las máquinas.

    ¿Por qué va a rechazar una editorial un texto interesante y vendible? Si precisamente quieren (y tienen que) hacer negocio, ¿no será que no es tan interesante, o tan vendible? Yo he escrito algunas cosas a las que quiero mucho, pero que nunca han llegado siquiera a la fase final de un concurso. Quizá solo me interesa a mí y a mis amigos; quizá el editor, con su experiencia, juzga que no le sacará partido. Hay un margen de error, pero si cien editoriales te rechazan, yo creo que hay un 98% de posibilidades de que el texto no valga tanto (o su presentación no sea la adecuada). No hay una Rowling oculta en cada uno de nosotros.

    En el rechazo en concursos y editoriales suele (o puede) haber además un intermediario del que casi nunca se habla, el lector. Entiendo que tiene su efecto claro en algunas decisiones: en los concursos “internacionales” es raro que los premios sean verdaderamente tales. ¿No será que los lectores del primer filtro son nacionales sin formación suficiente (no es poca cosa) para reírse igual con un buen texto de México que de España? Pero un lector no deja de ser un editor en ciernes. Mucha acusación veo yo en esta posibilidad. Conozco a pocos lectores, pero los que conozco son sensatos.

    Otra posibilidad es que falle la presentación. Se suele decir que las editoriales leen la hoja de presentación y quizá el primer capítulo. Si eso no las convence, fuera. Un texto que tarda en arrancar (quizá incluso deliberadamente) y se presenta con torpeza tiene pocos números para salir adelante. No se trata de matar a alguien en la primera página, pero hay que tener en cuenta cómo funciona la selección real.

    Otro matiz de abogado del diablo: ¿en qué profesión con repercusión pública no abundan más los dinosaurios consolidados que la renovación inmediata? ¿Tiene algo que aportar Serrat a Miguel Hernández, después de tantos años de repetirse-e-e-e? Un nuevo disco de Sabina, ¿tiene algo de nuevo? ¿Y no es más fácil ver en la pantalla del cine a los hijos-de, que a los que carecen de cualquier relación con el gremio? No necesariamente es malo. Si alguno de mis hijos se anima a traducir o a escribir, cometerá sus errores de aprendiz, pero al menos se ahorrará los que cometí yo.

    Dicho eso: el panorama general de la literatura infantil más comercial, y lógicamente eso incluye la mayoría de los concursos, no destaca por la originalidad, la experimentación o la búsqueda de nuevas posibilidades. Lo hay, pero es más fácil encontrarlo en una Kalandraka que en cualquiera de las editoriales arraigadas en el mercado escolar, con su programa de “tema del año” y preferencia por los textos bien intencionados.

    Ahora bien, tampoco tengo claro que no ocurra lo mismo en la música, quizá también en el teatro, sin duda en el cine. Hay un mercado en todas las artes que en general no es amigo de los experimentos ni las innovaciones constantes. Así que uno tiene que decidir si escribe para el mercado o para uno mismo (o las personas que ama). Lo segundo es más divertido, suele funcionar mejor y, cuando encuentra la puerta del mercado (Michael Ende, Janosch, clásicos como Caroll o Barrie) lo hace para quedarse. Lo primero, el juego del mercado, ya es una combinación distinta, en la que empiezan a importar los contactos, las intervenciones en la radio, hasta la cara bonita y todo lo que sirve para tejer una red social.

    Y aun así, el filtro último para la supervivencia son los lectores: un maestro programa de nuevo a un autor o un libro que gusta a sus alumnos, es así de simple. Es raro que programe año tras año a un autor que le falla. Y diría que algunos de los “dinosaurios” siguen demostrando una capacidad de conectar envidiable, más allá de lo que uno piense de ellos bajo el concepto de “calidad literaria”. Luego también están, sin duda, los veinte libros aburridos de Gaarder por uno bueno que escribió. O la reciente edición de Mi amigo Stieg Larsson y la futura edición de sus manuscritos, los papeles que rompió, los que no llegó a escribir y sus cuadernos de escolar. Eso dura mientras vende y no tiene más relevancia, creo yo, aunque sea verdad que está “quitando sitio”. Pero la culpa será entonces de quien lo sigue comprando sin quejarse ni buscar más.

    En cualquier caso, adonde yo he llegado es a proponerme esto: sé feliz con lo que escribes. Si además lo puedes publicar e, idealmente, vivir de eso, tanto mejor. Pero si no, nadie te quita el buen rato (o el feliz mal rato, el que sea de escribir sangrando).

  3. Hola de nuevo, y gracias por contestar.
    Cuando te metía en ese grupo de escritores pensaba en el escribir con acierto, no en el número de libros.
    Sabía que las editoriales son un negocio por lo que han escrito de ellas algunos autores.
    De la misma manera sé que existen personas que creen tener talento cuando son unos legos; pasa en la canción y en cualquier arte.
    Lo de los hijos también es cierto: Veronica Forqué, Javier Bardem, Dumas… Son parientes con talento. Es difícil hablar de los que no lo tienen y publican o actúan, me comprenderás, se gana uno muchos enemigos.
    Los dinosaurios sí que sufren de un síndrome raro: creer que todo lo que hacen es digno de publicarse.
    Te digo la verdad: disfruto con Stendhal, Gorki, Chejov, Walter Scott, Galdós, ellos tenían el don de escribir novelas redondas.
    Un saludo y perdona por quitarte tiempo.

  4. Hola, Tom:

    Tengo la impresión de haber dicho algo que te ha dolido. Te pido disculpas; desde luego, no me has “quitado tiempo”.

    Mira, a mí me gusta pensar a la contra, hacer de abogado del diablo. Me ayuda a ver las cosas con menos ofuscación. Y en este caso, como yo tardé 5 años en publicar mi primer libro y 3 en sacar el siguiente, me ha sobrado tiempo para hacerme preguntas cuando me desesperaba o me vencían las ganas de arrojar la toalla. De forma que lo anterior no va en contra de lo que tú dices, sino que son las reflexiones que me han ayudado a mí a tirar adelante. Y a superar y controlar mi propia vanidad, también.

    Me parece que la vanidad es una mala consejera. Miro ahora la primera propuesta que recuerdo como rechazada y me sonrojo por su ingenuidad, pero entonces me ofendí como incomprendido.

    Tampoco debe de ser fácil de dominar cuando abundan los dinosaurios vanidosos, como bien dices, que creen hacer buena literatura con lo que tocan. Pero por poner otro ejemplo de otro sistema de comunicación social, yo soy de andar con la radio encendida todo el día. Creo que hay gente como Del Olmo, Herrera o Nierga que han aportado mucho y han sabido conectar de verdad con sus oyentes. Sin embargo, una vez cruzada la raya… en cuanto llama alguien para discrepar de ellos, se les muda la voz y corren a quitarle la palabra. Y en la radio, eso es quitarlo todo… En cambio ahí tienes a Pepa Fernández, año tras año, que no parece perder el humor y la sencillez. En esto puede haber una dosis de impresión personal y habrá quien diga que Herrera no está endiosado o que no lo está la Nierga. No me interesan los nombres concretos sino el peligro genérico que surge de la mezcla de esfuerzo personal por hacer carrera, más el reconocimiento social o profesional y la ausencia general de medios de crítica sensata. No ayuda el verse rodeado de amigos que te elogian por simple buena voluntad o algunos también por arrimarse a la sombra, si prosperas. Es de veras difícil encontrar un buen lector crítico y capaz, sin pelos en la lengua, que nos ayude a mantener los pies en la tierra. En eso, tiendo a pensar que el filtro de los editores resulta, por lo menos, útil.

    También hay otro punto. Con el boom de la LIJ se ha creado un mercado muy distinto al de esos grandes autores de los que hablas. No veas el ruido que puede armar un AMPA por dos frases sacadas de contexto o temas (que alguien considera) polémicos. Eso quema a los maestros y puede refrenar su selección de lecturas. He sacado alguna vez en el blog la diferencia entre las versiones populares de canciones de la calle y las que cabe encontrar en los libros escolares. Es la misma que va de la canción de la chata Merengüela, que se pintaba los colores con gasolina, a la reina Berenguela, que se los pintaba con purpurina, Rosa León mediante. Pero Stendhal, Gorki y demás escribían por pasión de escritura, por afán de describir su sociedad y afrontar los problemas con la riqueza que puede dar una novela. Es otro mundo. Hay que tenerlo en cuenta porque ese filtro está ahí. En mi primer libro, me dijeron que uno de los lectores del jurado comentó, vacilante, si no era impropio que la vieja tuviera artritis y artrosis. ¿Impropio de qué? No de una vieja, desde luego… Pero sí de la LIJ entendida como libros con globitos de colores, expresión de sentimientos tiernos y ocultación o disfraz de las realidades acres de la vida. En el caso de la juvenil quizá se da también el caso contrario: el de matar por matar y amargar por amargar, por mero chantaje emocional y afán de ruido. No abundan las muestras de equilibrio, a mi entender.

    Ah, con esos maestros, cuando al fin encuentres la puerta, seguro que habrá lectores para tus libros.

  5. Hola, Gonzalo.
    Por eso contacté contigo, porque eres sincero y muy reflexivo, analizas los asuntos con mucho detenimiento y una enorme propiedad. Esta es una de esas veces que el instinto me ha aconsejado bien; me sentía inclinado a compartir estos sentimientos de imposibilidad y frustración con alguien que pudiera entenderlos. ¿El porqué? No lo sé. Tendrá Freud la respuesta, pulsiones, obsesiones… qué sé yo.
    Ahora bien, te diré que comparto todos los puntos de vista que has expuesto en ese último mensaje tuyo.
    Tus años para conseguir publicar te presentan más simpático.
    Noto cierta frialdad en otros escritores cuando te comunicas con ellos, parece que todavía no eres del todo de su gremio (hablo de ti, será que tienen miedo que les quites un puesto).
    Bueno, gracias por compartir tu tiempo. Sigue luchando, aunque esta frase esté muy trillada, es lo que has de hacer.

  6. Bueno, Freud diría barbaridades, yo creo que sencillamente es sano compartir las inquietudes, y quizá la base de que el sistema de blogs funcione tan bien.

    Me toca preguntarme qué habría pasado si yo hubiera acertado a publicar diez libros en cuatro años o a ganar varios premios importantes uno detrás de otro. El único autor al que conozco en esas condiciones y he tratado de forma más o menos regular es, la verdad, amable y accesible. Pero no sé yo, de mí. Quizá a la fuerza ahorcan y, de otro modo, sería un cretino engreído (más aún, para el que piense que ya lo soy :-)).

    A una amiga metida desde hace poco en funciones de editora le advierto medio en serio (o sea, medio en broma, pero solo a medias) que los escritores somos mala gente. Quizá solo sea por lo difícil de conjugar sueños e ilusiones muy hondas con un mercado que se mueve por modas, tendencias, nichos y otras razones que no saben de ilusión o sueño. Por alguna parte tiene que estallar.

    Pero también es cierto que la LIJ, como espacio en general olvidado, nutre poco los egos, y por eso y por la alegría que da el trato directo con los niños —que no tienen miedo a decir que el emperador va desnudo— tiendo a creer que el ambiente es más agradable que en la literatura para adultos. Lamento que tu experiencia no haya sido positiva hasta ahora, pero confío en que irá siendo mejor. Por lo menos yo, que nací a la vida adulta creyéndome Poeta (ceño adusto y pañuelo al cuello), vivo bastante más feliz por estos lares de las letras minúsculas. Hoy mismo me he echado unas buenas risas con un grupo de alumnos pequeñines, de las que te cargan las pilas para unos cuantos días.

  7. Estupendo, ya te escribiré otras veces, si me lo permites.
    Muchísimas gracias por compartir tus pensamientos sobre la LIJ.

    Hasta luego.

  8. Saben:
    A pesar de la exelencia de sus comentarios me qqueda una sola duda, ¿Alguien podria resumirme y explicarme el texto para el día de mañana
    (07-09-2010)?.Si lo pueden hacer me seria de gran ayuda y me facilitaria el rato. En realidad lo necesito hoy (06-09-2010) para mañana.
    Muchísimas, pero muchísimas gracias.
    Hasta pronto Nolvi.

    • Con este libro nos pilló el toro y no me dio tiempo a desearte que te animaras a disfrutar de la lectura antes que del aburrimiento de buscar y cortapegar resúmenes. Valga para la próxima, entonces.

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