¿Se puede determinar la calidad? Un ejemplo de mal periodismo

La calidad es algo huidizo, hasta cierto punto opinable. Pero yo creo que se puede hablar de ella y se pueden aportar argumentos para, con criterio y diálogo, determinar una valoración crítica. Andábamos en eso enredados hace poco, en una nota y sus comentarios; un punto de vista paralelo, que entiendo que arroja más luz sobre el tema, puede ser el de este artículo de Quim Monzó, que protesta (o se mofa, con él nunca se sabe) por un ejemplo de mal periodismo, grandilocuente, huero y absurdo.

«Grandilocuente, huero y absurdo» son adjetivos que determinan la calidad y yo he usado deliberadamente, y creo que con justicia, aunque siempre abierto a que otras ideas me hagan matizar la opinión. Me parece, además, más útil que limitarse a decir: «el titular (no) me ha gustado». Es obvio que no se trata de una descripción científica; la elección de los adjetivos incide en que quien habla está algo harto del tema y la retórica de marras le parece risible. Podría haber sido más neutro, pero eso no quita razón, solo tiñe de colores e intenciones el lenguaje, algo que sin duda es una suerte, no una desventaja.

El artículo de Monzó:

«SOPA DE AJO A LA FRANCESA

Me jugaría un huevo de codorniz a que no fue Lluís Uría quien puso título y subtítulo a su crónica del sábado pasado en las páginas salmón de este diario. La crónica iba sobre el documental que el jueves emitió la cadena de televisión Arte: La cara oculta de las nalgas.

En el titular había un detalle que descolocaba. La fascinación francesa por el culo, se leía. Descolocaba porque, dicho así, sugiere que los franceses están más fascinados por el culo que el resto de los humanos, y no es verdad. Que el canal de televisión Arte (franco-alemán, con estudios tanto en Estrasburgo como en Baden-Baden) le dedique un programa sólo demuestra que ese canal franco-alemán está más al corriente que otros canales de televisión de lo que de verdad interesa a la gente, y tienen menos remilgos a la hora de explicarlo como Dios manda. Qué fácil sería, llegados a este punto, sacar las vinagreras, el salero y el pimentero y aliñarlo todo con el cuento ese de que, históricamente, los franceses son los grandes expertos en artes amatorias. Pero no sacaremos ni las vinagreras, ni el salero ni el pimentero, porque lo mismo podríamos decir de los italianos, los españoles, los ingleses, los polinesios y los senegaleses. Y del resto de los habitantes del planeta, a la que nos olvidásemos por completo de los clichés.

El otro detalle que descoloca está en el subtítulo: Un programa del canal de televisión Arte y varios libros devuelven al primer plano el culto a las nalgas. ¿Devuelven al primer plano el culto a las nalgas? ¿Cómo van a devolver al primer plano algo que nunca ha dejado de estar en primer plano? …» [Seguir leyendo en La Vanguardia]

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