Crítica literaria con guantes de terciopelo y autocensura

«En este país, en el que abundan quienes se calzan los guantes de terciopelo para hablar de literatura y donde el linimento de la autocensura (basada en el prudente principio del hoy por ti, mañana por mí) suaviza hasta desvirtuarlas no pocas críticas literarias, sería difícil que funcionara un galardón semejante al Bad Sex Award, instituido en 1993 por la prestigiosa Literary Review para “llamar la atención hacia el uso vulgar, de mal gusto y a menudo descuidado y redundante” del sexo en la novela contemporánea…»

Son palabras de Manuel Rodríguez Rivero en «“Esproemios” del “merpasmo”», que me hacen pensar en el estado de nuestra crítica literaria de LIJ. Hace poco leía una fantasía paramedieval muy vendida que a mí me ha resultado pesada y redicha hasta la extenuación: la frase más suave era del tipo «un páramo desprovisto de toda vegetación y arbolado», como si los páramos no fueran yermos por definición. Pero esa escritura chicletosa, al igual que los otros defectos de la novela (falta de matices, reflexiones pretenciosas de contenido pasado por agua, deformación histórica al capricho, diálogos insostenibles, personajes fotocopiados), solo se menciona en una de las críticas que he leído en diversos espacios que pasan por serios. Los otros hablan de «agilidad», calcando la contracubierta, pero sin precisar el dato clave: que se refieren a la de un caracol perezoso en mañana de domingo; y en cuanto al resto de defectos, o callan o mienten (¿o será que reseñan sin haber leído?).

Yo soy partidario de una crítica enamorada en lo posible de sus textos… pero con un amor realista, no ciego. Cuando lo que más destaca es lo malo, para mí vale callar (como yo callo autor y novela), pero no mentir. Aunque la editorial pague una página entera de publicidad o, en el caso de los blogs, envíe libros gratis que en Navidad me hacen quedar como un rey con mis sobrinos. Dejando a un lado la dimensión ética de la mentira (que sin duda importa, pero esto no es un púlpito), recomendar lo malo en espacios de literatura infantil y juvenil solo puede contribuir o a deformar o a desanimar la educación literaria de niños y jóvenes.

17 Respuestas a “Crítica literaria con guantes de terciopelo y autocensura

  1. Me falta un icono de esos del muñequito que aplaude. Siempre he pensado que la mejor crítica es el silencio. No vale la pena gastar palabras en criticar un libro, con eso le estás dando un protagonismo que otros libros mucho mejores no tendrán y que se merecen mucho más.

  2. No estoy de acuerdo con (parte de) lo que dices.

    “recomendar lo malo”

    Defíname “malo”.

    Tampoco con lo que dice Aitor, ya que hay silencios que pueden llegar a ser cómplices.

    El “problema” con los que no se dedican a ésto (es decir, no cobran por ello) es que, muchas veces, prefieren dedicar su tiempo (y espacio en sus blogs) a las críticas “positivas” (a mi me pasa) aunque sigo pensando (en eso creo estar de acuerdo contigo, darabuc) que los blogs son un espacio (¿el último?) de libertad.

  3. Hola, Aitor:

    Dedico el Premio a mi mamá, aunque estará mirando “Amar en tiempos revueltos”, y…😉

    Yo tengo varias razones para no hablar de libros malos, o no “cargármelos”. Incluyo la pesada razón con la que me encuentro a veces, como moderador, de borrar comentarios “anónimos” o firmados por “María Gómez. Salamanca” y “Pedro Martínez, Valencia” enviados desde el mismo ordenador para contrapesar la “ofensa” de una crítica negativa aportando argumentos de tanto peso como “Pues a mí me ha gustado mucho”. Pero sobre todo, ¿para qué perder el tiempo, habiendo tanto de bueno (y sin posibilidad alguna de influir en los procesos comerciales)?

    Un abrazo

  4. Hola, Commedia:

    Sin que sirva de precedente, tengo razón yo.🙂

    Bromas aparte, quiero decir solo que creo que esta vez la nota responde por sí sola a tu pregunta. Te defino “malo” como más arriba: escritura chicletosa, falta de matices, reflexiones pretenciosas de contenido pasado por agua, deformación histórica al capricho, diálogos insostenibles, personajes fotocopiados. Otros ejemplos sacados de la vida misma: en una adaptación de los doce trabajos de Hércules, este “coge un libro y lo ojea”. Abundancia de frases mal escritas, en las que el verbo aparece en un tiempo que no le corresponde (¿porque el subjuntivo es más fino?), o se utiliza un intensificador muy literario (pero no en su sentido propio), o se nota que se quiere decir a pero se está diciendo b. Imagino que te refieres a que todo esto es discutible, pero no lo firmo si supone que todo es relativo; hay libros mal documentados, con personajes mal caracterizados, con abusos retóricos como adjetivos constantes que no añaden nada, con tramas resueltas a toda prisa, con recursos de deus ex machina cuando uno lo ha complicado de más. Hay versos mal hechos, si de poesía hablamos. Como en todo, el trabajo importa y se nota: un fontanero que llega, se escupe a las manos y le dedica a la obra la mitad del tiempo necesario o no sabe lo suficiente tiene más números para hacer una chapuza. También en literatura.

    Lo segundo: hablas de “los que no se dedican a esto”, pero yo me había referido a “espacios que pasan por serios”: suplementos culturales de periódicos de tirada nacional, revistas especializadas y personas que sí se dedican a esto, porque cobran de un modo u otro. Me parece de fábula que se prefiera la crítica amable, yo también la prefiero. Pero no me parece de fábula que personas con conocimiento de causa oculten defectos claros de los libros en promoción, por la causa evidente de la amenaza de retirar la publicidad.

    Entiéndeme: en caso de duda, la razón al defendido. Pero no todo lo que se publica es bueno y varias cosas que se venden mucho son de mala calidad. El misterio insondable yo lo explico por falta de educación literaria, pero no me refiero a que los Beatles son malos y la ópera, buena, sino a que hay grupos de pop buenos, como los Beatles, y otros malos, y hasta infumables. Y el criterio de calidad no es el de las ventas o el de los 40 Principales.

    Sobre el silencio, es un arma de doble filo, estoy de acuerdo. Pero en lo de “cómplice”, no sé. El poder de un blog es escaso contra los libros muy promocionados. Aquí he tenido que cerrar los comentarios de una nota porque “terceros” hicieron una “competencia” tan sucia que no había modo. La ventaja de WordPress es que eso se ve (entre nosotros, ¿te acuerdas de mi “primo”?). En otros lugares han saltado los anónimos a rebatirme en masa, curiosamente, con una intensidad de comentario ilógica del todo para la normalidad de ese espacio e incluso para la difusión comercial casi nula de algún libro en concreto (que de pronto había leído media España a la semana de su publicación). Es cansado. Lo tramposo cansa mucho, al menos a mí. Y el ego de los autores es muy grande, lo hacemos todo siempre bien.

    Ahora, sí corresponde aclarar que al menos en lo que me respecta hay muchas razones para no hablar de un libro, incluidas la falta de tiempo o mi ignorancia, que también la tengo de muchas cosas, como todos. O sea que la ausencia no es significativa, lo cual, según se mire, no llega a cómplice, pero es un inconveniente.

  5. Sobre libros buenos y malos, un punto de humor: el generador de novelas de Dan Brown.

  6. Estic totalment d’acord amb tu: hi ha alguns llibres en els quals no gastaria ni un minut per a criticar-los ; prefeireixo emprar el temps a valorar-ne d’altres que sí s’ho mereixen…

    Mònica

  7. Entre les limitacions de temps i el mínim de respecte per la tasca aliena (ens agradi o no), no veig moltes raons per carregar-se un llibre; per molt que entenc que es poden donar opinions negatives (mesurades i raonades), sobre tot si el corrent mou a opinar i un ha tingut una experiència de lectura sincerament dolenta.

    Ara bé, a mi em preocupava una altra cosa, com a arrel de la nota (i veig que no ho dec haver explicat bé): que mitjans especialitzats en la crítica menteixin o, si més no, callin defectes evidents. Si un comentari qualsevol a Ciao.es (per posar un exemple de lloc gens especialitzat) és més honrat que un a Babelia, posem, aquest suplement s’ho ha de fer mirar i, dit només com a imatge expressiva, ve a ser com un cas de càncer on el cos actua contra si mateix i qui ha d’orientar és un guia venut…

  8. A mi lo que me ha gustado es la frase del páramo, así que rápidamente la he copiado para usarla yo más adelante. No leo mucha crítica de libros pero pasa lo mismo con la de arte y la de cine, creo que en esta última aun más. Es difícil que alguien hable mal de algo si su sueldo depende de que no lo haga… Pero aun así se dan casos. Hace poco leí una crítica demoledora de una de esas películas de animación que se estrenan precedidas ya de apariciones hasta en los telediarios. El título de la crítica era perfecto: “Aburrimiento para toda la familia”.
    Un saludo,

  9. Pues tenía yo la impresión de que en la crítica de cine hay mucha libertad de opinión, incluso gente famosa por tener la lengua suelta (o demasiada mala baba, según se mire, quizá según te toque).

    El problema esencial de la crítica de LIJ, según me decía un crítico, es otro: que en realidad no existe. Los pocos espacios que hay, decía, se limitan a contar argumentos y ensalzar, como si hubiera miedo de que lo poco conseguido (en cuanto a reconocimiento y disponibilidad de espacio) se pudiera perder por efecto de polémicas. Quizá, y ahora lo añado yo, como si el boom de la LIJ fuera en realidad un globo o una burbuja.

    Desde luego, en la prensa nacional apenas hay eco; y no sé cuánto cabe en treinta o cuarenta líneas de columna, pero entre la presentación y la despedida se quedan en nada. En las revistas del sector, bueno, en bibliotecas están todas accesibles como para hacerse cada cual una idea; hay más variedad, afortunadamente.

  10. Que suerte tienen ustedes de saber que libro es bueno o malo. Yo solo sé si el libro me gusta o no. Lo demás no me importa.

  11. Toronaga, en efecto, es una gran suerte. Más aún: en determinadas circunstancias es una necesidad. Cuando uno tiene que elegir qué libros se usarán en una actividad, o cuáles se comprarán en una biblioteca escolar, por ejemplo, lo de “a mí me ha gustado y el resto no me importa” es muy bonito, pero no sirve de nada.

    El que fue mi maestro en temas de crítica literaria insistía siempre en que “crítica” viene de “krinein”, “ejercer la facultad del juicio”. Lo hacemos en todo: ¿compramos un mueble de caoba o uno de Ikea? ¿Lo montamos o que nos lo monten? ¿De producción regulada o de madera y punto? Otra cosa es cómo se ejerza esa facultad, creyendo ser Dios o como una persona de a pie abierta a otras consideraciones. A mí no me cuesta cambiar de opinión si alguien me aporta argumentos razonados que me hacen ver las cosas de otro modo.

    En cualquier caso, lo que usted ve excluyente no tiene por qué serlo. Cabe hablar de libros de mil maneras y cada una tiene su utilidad concreta.

  12. El problema de la discusión puede que esté en utilizar “malo” como un absoluto. Haces bien en puntualizar que siempre es posible encontrar opiniones con las que confrontrar la propia y, por qué no, cambiarla.

    Aparte de que prefiramos dedicar nuestro tiempo a hablar de los libros “buenos” (que, en el fondo, son “los libros que me gustan”, como dice Toronaga) por aquello que los economistas llaman “coste de oportunidad”, no encuentro razón alguna para no hacer crítica de los libros “malos”.

    La crítica es también un género literario, pero si sólo leyéramos (y escribiéramos) críticas positivas sobre los libros “buenos” nos quedaríamos a medias de conocerlo. Eso sí, hacer una “buena” crítica sobre un libro “malo” requiere muchas veces un esfuerzo importante que, en ocasiones, no va acompañado con reconocimiento alguno sino con algún que otro dolor de cabeza.🙂

  13. Víctor ¿de qué peli hablas? Me interesa saberlo porque llegan fechas señaladas y si me fío de la crítica y es una peli “mala”, me servirá para no perder el tiempo y, de paso, ahorrarme unos buenos euros que puedo emplear en algo mejor (algo de utilidad tiene la crítica negativa). Ví ese titular en un artículo sobre la adaptación de Corazón de Tinta, pero no a una de dibujos animados. Estos críticos, qué poca inventiva con los titulares.😉

  14. El problema de la discusión puede que esté en utilizar “malo” como un absoluto

    O bien es como una esencia. Podemos decir “es” por simple comodidad y costumbre, pero en el fondo se trata de “me ha parecido malo por esto y por esto”. En realidad no hay una crítica que determine nada sino voces críticas con criterios, métodos de análisis e intereses distintos.

    En el cine hay algo que funciona bien: uno acaba por conocer el criterio del crítico y cuando con alguno se coincide lo suficiente, la guía es útil. O al revés, uno descarta la opinión. Con los libros es más difícil: tienen una vida de consumo más larga y se publican muchos más, por lo que es más difícil coincidir. Pero no imposible, al menos yo, hay voces de las que me fío.

  15. Es muy interesante eso que has escrito. Es verdad que muchas veces optamos por reseñar sólo lo que nos gusta para evitar críticas negativas, y que esto nos sirve para justificarnos más de lo conveniente. También estoy de acuerdo contigo en que existen libros “buenos” y “malos” de forma objetiva. El gusto personal es una cosa (y todos tenemos bajas pasiones literarias) y otra muy distinta la corrección gramatical, la coherencia narrativa y hasta la ortografía. Seguiremos intentándolo.

  16. Pingback: ¿Se puede determinar la calidad? Un ejemplo de mal periodismo « Darabuc · literatura infantil e ilustración

  17. Gracias por tu reflexión, Rosa. Es como si hubiera una escala. Hay casos innegables (la ortografía no admite discusión) y, a medida que «subimos», casos sujetos a criterio: si en una novela de 1000 páginas todos los personajes son planos, ¿es un defecto? Se puede afirmar, creo yo. Al menos, es una limitación. Si todos los personajes de una novela hablan igual, de los niños a los viejos, de los campesinos medievales a los grandes señores, ¿es un defecto? Para mí lo es: resulta tan inverosímil como aburrido. Si uno lee cien metáforas sobadas o cien adjetivos que sobran, ¿es un defecto? Desde luego, a mí me dan ganas de dejar la novela. Y así se puede ir hablando con conocimiento de causa y la mayor objetividad posible, que nunca es total, porque podemos no compartir los principios; pero es comprensible y además, el diálogo es enriquecedor y permite profundizar.

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