Un tren infernal, de Michel Amelin, y la (des)medida de un thriller de acción

Un tren infernal, de Michel Amelin, es un thriller breve de acción constante, violenta y desagradable, bien tramada, cuya lectura atrapa. Pero los recursos literarios que emplea para atrapar son pobres —esencialmente, la brutalidad contra los inocentes; en una medida mucho menor, la tensión entre los dos protagonistas— y unir en apenas 160 páginas a mafiosos —que patean y disparan a todo ritmo y mueren uno arrollado por un tren, dos por disparos y el capo, degollado por un doberman— con soldados borrachos, intentos de abuso sexual, navajas en el cuello y viejos verdes, para concluir con el niño desangrándose en el suelo y la niña, vomitando del miedo, sin apenas personajes positivos, me parece un despropósito para las edades recomendadas de a partir de 11 o 12 años. Aunque en las cuatro páginas finales se cumpla con la entrega de la información secreta, se homenajee a los niños como a héroes y Toni entre una familia de acogida donde es feliz, ello no basta a equilibrar mínimamente la balanza.

¿Por qué me parece un despropósito? Quizá vale la pena entrar en más precisiones. Por un lado, porque nos sobra violencia en la sociedad como para añadir destilados y concentrados sin más afán ni curiosidad que el mero hecho de vivir esas emociones; otra cosa sería investigar en las raíces de la violencia y ayudar al lector a conocerla para controlarla mejor. Por otro lado, porque aquí se naturaliza la agresión como rasgo característico de la mayoría de la sociedad y, en consecuencia, cuando los niños protagonistas agreden a su vez, engañan o roban, se nos transmite que están haciendo lo justo, lo necesario para sobrevivir en el mundo de Mad Max. A mi entender, el mundo no es de color de rosa, pero tampoco el de Hobbes; y exigirle a un lector infantil que interprete todo eso quitándole hierro y valorándolo como una simple muestra de un género de ficción emocionante es confundir las tornas: es trasladar la responsabilidad desde la persona madura a la que aún está creciendo.

Sería absurdo achacar todo esto a un libro que será uno entre cien y, en realidad, solo refleja las decisiones del cine, que es el gran motor de ocio social y la influencia más clara en la literatura contemporánea. Pero de lo que se siembra, se cosecha, y como autor, padre o madre y mediador, cada uno sabrá si prefiere sembrar violencia banalizada como recurso barato de emoción o no hacerlo. A mí, desde luego, esta lectura me ha dejado asqueado y no la recomiendo.

  • Michel Amelin, Un tren infernal. Ilustraciones de Christophe Durval. Traducción de Susana Vázquez Jiménez. Edelvives (col. Ala delta internacional, 7), 1997, 2005 (6.ª imp.). 160 p. ISBN 13: 978-84-263-3730-6.

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