Caperucita en Manhattan, de Carmen Martín Gaite

darabuc-caperucita-en-manhattan-carmen-martin-gaiteCaperucita en Manhattan, de Carmen Martín Gaite, representa muchas cosas a un tiempo. Es un libro en el que la autora funde géneros y se libera por completo del realismo, habiendo sido una de sus máximas cultivadoras. Es uno de los primeros libros de Las tres edades, colección que, con sus textos casi siempre fronterizos, marca (a mi entender) un antes y un después en el panorama de la literatura española contemporánea. Es una buena novela con críticas positivas y éxito comercial. Y habla del anhelo de libertad de una niña, insatisfecha con la vida de su madre, que se atreve, pasa miedo y finalmente consigue más aún de lo que siguiera soñaba. Si se le añade que se reeditó como primer volumen de la «Colección escolar de literatura», quizá se puede poner punto a la nota aquí afirmando que es un «léeme» de los imprescindibles.

Sin embargo, tengo mis dudas, no sobre la calidad de la novela, sino sobre su público ideal. En mi experiencia personal, la leí a los dieciocho y me decepcionó, y la he leído de nuevo con el doble de años y me ha encantado. Lo que en su tiempo me pareció timorato y blando me resulta hoy valiente, porque no lo mido con la ilusión casi incorrupta de una juventud belicosa, sino con una medida de escepticismo y la ilusión reservada de quien ha aceptado renuncias y ha aprendido a ser feliz con lo que estas protegen. ¿Hasta qué punto puede aceptar (o comprender incluso) un lector joven el éxito que habita en ciertos fracasos? Lo pongo al lado de El árbol de la ciencia, de Pío Baroja, y pienso que es un libro para disfrute del doctor Iturrioz, no para Andrés. Quizá la pista más clara sean los propios dibujos de Martín Gaite, con su estilo antiguo, casi arcaizante, que no busca apelar a los jóvenes.

No se me ocurriría no recomendarlo: son los buenos libros los que aficionan a leer. Quizá sea de esos libros que los adultos quisiéramos que gustasen a los jóvenes, pero tiendo a creer que estas críticas de lectores jóvenes de ESO, con su espléndida franqueza, son al menos parte de la reacción esperable.

  • Carmen Martín Gaite, Caperucita en Manhattan, con ilustraciones de la autora. «Invitación a la lectura» y «Actividades tras la lectura» de María del Carmen Ponz. Siruela (Colección escolar de literatura, 1), 1998. ISBN 84-7844-406-8.
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14 Respuestas a “Caperucita en Manhattan, de Carmen Martín Gaite

  1. Tienes razón, es un libro más para adultos que para jóvenes. También creo que el momento en que lo escribió Carmen Martín Gaite era bastante delicado, creo que lo hizo en Nueva York tras la muerte de su hija. Aunque no estoy muy segura, porque hablo de memoria.
    A mí también me gustan mucho los dos Cuentos maravillosos, sobre todo El pastel del diablo y, desde luego, para niños no son, y para jóvenes, si son un poco especiales (en el mejor sentido de la palabra).

  2. Curioso que juntes esos dos libros. Leí el de Baroja en literatura de COU, por imposición pero con gusto. Me encantó entonces aunque no creo que me gustara hoy. Y el de Martín Gaite hace pocos años. Casi no lo recuerdo, pero sí recuerdo que me pareció sobre todo “singular” y sorprendente. Supongo que eso debe ser bueno. No sé si son para jóvenes. ¿Qué son los libros para jóvenes? Yo leí, medio a escondidas a los doce o trece años, El Abogado del Diablo, Sinuhé el Egipcio, y un montón de best-sellers de la época que tenía mi madre y desde luego… no eran para jóvenes.
    Un saludo,

  3. Libro muy recomendable. Me parece muy adecuada la etiqueta ‘a partir de 15 años’.
    Lo utilicé hace tres cursos como lectura de referencia en 2º ESO y no funcionó a pesar de que la lectura se hizo de forma colectiva.

  4. ¡Dios mío, he puesto Sinuhé en lugar de Sinhué! Perdón. Es lo malo de estos comentarios escritos a vuelapluma. El caso es que con esto he ido a investigar y acabo de descubrir que el original (en finés) es así, con la hache en el otro sitio… O sea, que he acertado por error. Sorprendente.

  5. (Quiero responder con calma. Sobre la h, Víctor: me temo que el Sinuhé lo corregí yo, de paso que te cambiaba el “blospot” de costumbre por “blogspot”. Años de haber trabajado de corrector, supongo… En general, no me meto ni creo que me corresponda; pero erratas sin importancia, si están a mano, suelo quitarlas.)

  6. Gracias por la recomendación.

    Sobre las “edades recomendadas” tengo mis reservas (aunque sean útiles como guía). No sé bien si hoy los jóvenes serán más ilusos (o escépticos) que hace unos años. Quizá sólo sea que cada persona tiene su momento en el que se encuentra con la historia de un libro. Averiguaré si es el mío para la Caperucita de Martín Gaite.

  7. Varios abundáis en el tema de la recomendación por edades. Yo soy menos escéptico de lo que era; el hecho de que tenga valor como guía (Comm.) me parece suficiente como para intentar indicarlo, aun con su margen de error. Hay razones de dificultad léxica y complejidad estilística, formal o narrativa, y otras aún más huidizas de tono y enfoque, que diría que van señalando etapas muy genéricas, en las que es fácil que nadie coincida al cien por cien, pero que se espera que orienten a grandes rasgos.

    Exagerando un poco, cada lector es un mundo, cada hora de lectura puede ser distinta a la anterior y el libro no es nada sin su lector en concreto; y hay libros, como este mismo, que pedirían otras precisiones, intuiciones o lo que sea que uno pueda llamarlas: «para quien no exija conclusiones clamorosas, para quien sea amigo de los sueños, las conversaciones y las cosas pequeñas, para quien no sea reacio a un mundo esencialmente femenino». Así, la utilidad que pueda tener el asunto está en buena medida en el «más para … que para …» de Elisa, o en su «(si son un poco especiales)». Y sin embargo hay momentos, como el que encontró Evaristo, en los que uno decide si elige una lectura para su clase o no, y abandonamos la teoría de la diversidad y sus nieblas para enfangarnos en la realidad.

    En este caso me parecía oportuno advertir que es un libro «mal colocado» en muchas estanterías, por título y colección, que podría despistar. Que a una niña de doce años le pueda entusiasmar, ¿por qué no? Pero creo (yo falible) que a la mayoría de los lectores de doce años no los convencerá. ¿A los de quince? Creo que a una minoría. ¿Y por qué no hablo de trece o catorce o dieciséis? Justo porque hay mucha generalización y no le veo mucho sentido a colocar una diana muy precisa para unas flechas muy imprecisas.

    Elisa: felicidades por tu empeño en seguir con las formas literarias mínimas. Me alegra que vayas encontrando eco para ir recargando las pilas con un género que consume mucha más energía que palabras.

    Víctor: esa pregunta de «¿qué son libros para jóvenes?» no veo que se pueda responder más que con perogrulladas: la mezcla de lo que se escribe para ellos, se vende para ellos y ellos leen (aunque se haya escrito para niños de teta o para internos de psiquiátrico o para lechugas de tres patas var. Hexafolie). A mí también me entusiasmó El árbol de la ciencia en COU (para colmo, Andrés me pareció un tontaina e Iturrioz, un tipo listo) y quizá prudentemente, no lo he releído.

    Evaristo: gracias por tu comentario, de los que no gusta hacer (o no gusta que hayan pasado), pero que son muy útiles.

    Y Commedia: ya dirás. Los buenos libros (ah, ¿qué es un buen libro?) tienen más números para gustar en cualquier momento que los «libros para», creo yo.

  8. ¡Vaya! Perdón por las molestias, Gonzalo. Lo siento. Y gracias. Lo de Sinhué, Sinuhé, me ha dejado anonadado. Pero el asunto del “blospot” es aun peor. No he logrado resolverlo y nadie más me lo ha dicho (esto suena a la típica excusa comercial: “¿No me diga? ¡Es la primera noticia que tenemos!”). El caso es que he estado revolviendo en blogger pero no sé a qué se debe. De todas formas… ¿no habíamos quedado con Chesterton en que sí existían los duendes?
    Un abrazo,

    PD: No lo recordaba, pero tontaina es un adjetivo perfecto para Andrés.

  9. No es molestia, es un clic y como es parte de mi trabajo el corregirme en todo lo que vea, lo hago sin apenas darme cuenta. Debe de ser un problema de la firma con la que accedes siempre (¿Open ID?) y en algún punto has indicado que tu sitio web es x, pero no sé más. Desde dentro no veo la puerta que se usa para entrar los comentarios, por así decir.

    Ja, y no solo para Andrés. Pero creo que me estoy desviando… 😉

  10. Me interesa este artículo y sus comentarios porque es un tema importante el de los jóvenes y la lectura y es un tema que atrae dinero desde el megaéxito de Harry Potter y secuela. Este libro recurrió a la fórmula de la fábula milesia: acostumbrar a uno a leer una larga cadena ininterrumpida de sucesos maravillosos. El niño, que admira el poder mágico de Harry y sus soluciones instantáneas, se transforma como por arte de magia en el joven aburrido al que se ha de entretener sin parar y que no puede leer algo que no abunde en acción y que no tenga una trama enresada de al menos 1 docena de personajes, todos fácilmente identificables y sin intríngulis ni medias tintas. De ahí pasan a la vampiliteratura.
    ¿Martín Gaite para jóvenes de hoy? Creo que les aburriría; son una generación acostumbrada al aborto, alertagada ante la sangre, internetizada. La gran masa de ellos han perdido la capacidad de entender a los autores no ya de otro siglo sino a los de la generación anterior. Los que no forman parte de esta masa es por sus padres les leyeron, aunque fuera a cachitos: unos cuentos de Grimm o Andersen o de las 1001 Noches; algo de la Historia Sagrada (David y Goliat etc.); algo de las tradiciones locales, poemas, cuentos etc. (en mi caso, de Venezuela y de los Andes, el cuento de las “Cinco Aguilas Blancas”, los de Lilita Barceló sobre la diosa Guayana y el dios Canaima); luego, costumbrismo, en relato corto, como los de Memorias de Mamá Blanca, de Teresa de la Parra, o Huasipungo, etc.); luego algo corto y clásico, como un episodio de la Iliada o el Mahabarata; todo eso antes de que puedan con Celestina, Lazarillo, Don Juan, o El Coloquio de los Perros.; y así, formando músculo mental, paso a paso, es que se puede llegar a las difíciles escrituras de nuestro siglo.

    Eso hacen algunos padres salvadoreños, de los que sobrevivieron la Guerra Sucia y emigraron a EE.UU., donde algunos de sus hijos son mis estudiantes. Y aun así, es con dificultad que sus hijos pueden leer “Caperucita en la zona roja”, novela de Manlio Argueta, o “El arma en el hombre” de Horacio Castellanos Moya (algo ayuda al profesor mostrarles películas como Voces Inocentes o Sin Nombre). ¡A mí me dan cada lección mis estudiantes cuando cuentan!

    Me interesa mucho el tema de Caperucita porque es el de la niña que ha de andar sola y no se puede fiar de su abuela, la cual resulta ser un lobo. ¡Cuánta pobre madre escritora no terminó homenajeando a su hija muerta, como Isabel Allende con Paula, o Carmen Martín Gaite con esta Caperucita en Manhattan!

  11. Hola:

    No se me dan bien los juegos de voces cuando tengo la impresión de que no sé con quién hablo (quizá debería tenerla siempre, pero ni sé si da este espacio para tanta hondura), así que ante la duda de si debo responder a la María Eugenia que firma o al Alber del enlace, con las diferencias que parece haber entre uno y otro, me quedo en leer el comentario y agradecer las reflexiones.

    Un saludo

  12. Es muy difícil definir la edad recomendada de los libros. Mi hija leyó Caperucita en Manahattan con 10 años y Harry Potter con 11. Con el primero, le costó entrar en materia, pero luego le gustó. Harry Potter le entusiasmó.
    Yo casi todo lo que leo es LIJ, no se por qué, me apasiona. Tiene un aire especial, entro en otro mundo, con sus reglas definidas. Con 15 años, leía sin parar literatura adulta que me entusiasmaba, y ahora me horroriza releer esas páginas.
    Libros LIJ que me emocinan, mis hijos (y sus compañeros) los encuentran aburridos o pesados, así que he llegado a la conclusión que la LIJ es un género aparte, para disfrute de muchos niños y adolescentes, y bastantes adultos.
    Qué tontería. Creo que eso es porque no se lo bastante.

  13. Hola, Artimagos:

    ¿Y quién sabe lo bastante? De lo que uno tiene que saber, digo yo, es de uno mismo. El placer lector es algo personal e intransferible, una forma del enamoramiento. Y uno se enamora de quien y de lo que se enamora, no de quien y de lo que debiera. Y que se siga siendo así por mucho tiempo…

    Por mi parte, yo también leo más LIJ que literatura “de adultos”; si el hecho de moderar un club de lectura de adultos no me obligara a ponerme las pilas, el equilibrio sería aún más desequilibrado. No sé las razones. Quizá ninguna y una suma de ellas: que hay menos pretensiones, menos textos incomprensibles, menos desesperanza (y esto me importa mucho, como lector).

    Pero vaya, que leer es un mundo, y uno opina y recomienda intentando ser lo más objetivo posible, pero al final, quedan solos el libro y su lector(a), y a cada uno le va de una manera y es de locos pretender otra cosa.

  14. Yo he pensado mucho en por qué me gusta más leer LIJ. Creo que estoy de acuerdo contigo, respecto a mis motivaciones, una importante tiene que ver con el punto de esperanza que suele flotar en esa literatura.

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