La biblioteca mágica de Bibbi Bokken, de Jostein Gaarder y Klaus Hagerup

Imagino que La biblioteca mágica de Bibbi Bokken, de Jostein Gaarder y Klaus Hagerup, se tradujo para seguir exprimiendo en lo posible el éxito internacional de Gaarder con El mundo de Sofía, pero personalmente me ha resultado una decepción.

A mi juicio, la novela nace con un interés local poco exportable (celebrar el 350 aniversario de la publicación del primer libro noruego y, junto con ello, a varios autores del país), la acción resulta algo confusa y pesada (cuando la hay; otras veces solo hay clase de cultura) y la voz de los personajes no es coherente (los protagonistas son a veces niños de su edad y a veces una mera excusa para que los autores pongan en su boca párrafos de adulto sobre las bondades del libro). Una deficiencia que tal vez sea más subjetiva: el conjunto adolece en general de la ambición pretenciosamente libresca y más bien huera de un discurso de político a favor de la cultura (sus autores creerán en lo que proclaman, no lo dudo; pero a este lector le han despertado más bostezos que emoción).

Podría añadirse que el juego que se da en ciertas páginas entre noruego e italiano queda estropeado en la traducción por la enorme semejanza que existe entre castellano e italiano: «¡Ahora de repente entendía el italiano!», exclama Berit, arrobada, comparando ese hecho con una vez en la que soñó que conocía todos los títulos y autores de la literatura mundial. Pero la frase que ha entendido es casi obvia en castellano: «Naturalmente, signore… una biblioteca magica… e molto segreta!», con lo que el pasaje no resulta climácico, sino más bien chistoso. No veo modo de remediarlo, salvo que se reescriban los pasajes y en vez de traducir, se adapte.

La novela tiene también sus virtudes, claro está. Quizá dos, sobre todo. La primera es la riqueza de la estructura, en parte de intercambio epistolar (bajo la forma de escritura a dos manos en un diario compartido que, según avance la trama, se convertirá más o menos en el libro que el lector tiene entre las manos), y siempre con variación de puntos de vista. Se nota que Hagerup es dramaturgo, aunque, como decía arriba, el conjunto me resulta en ocasiones o repetitivo o confuso (a mi entender, carece de la gracia constructiva de El conde Karlstein, donde Pullman maneja de un modo muy ágil y atractivo los puntos de vista narrativos).

La segunda es otro elemento lúdico: el juego con los nombres propios. Los protagonistas se denominan entre sí y a sí mismos con una treintena de nombres distintos, adecuados al contexto narrativo concreto. (A este recurso también se le saca mucho partido en el gamberro El tigre de Mary Plexiglás, de Miquel Obiols.) Lástima que lo lúdico quede enterrado por el peso de lo didáctico, por un lado, y del afán celebratorio-grandilocuente, por otro.

  • Jostein Gaarder y Klaus Hagerup, La biblioteca mágica de Bibbi Bokken. Siruela, 2001 (original de 1993), traducción de Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo.

2 Respuestas a “La biblioteca mágica de Bibbi Bokken, de Jostein Gaarder y Klaus Hagerup

  1. Bueno, lo del parecido del italiano con el castellano se puede disculpar: al fin y al cabo, si se leyera en noruego el italiano quedaría muy lejos, y uno puede imaginar esta circunstancia.
    Lo malo del libro es lo que apuntas antes. Nosotras lo sacamos de la biblio por el tema, más que por el autor, y sí, lo lúdico se desvanece entre lo didáctico. Ni a Marta ni a mí nos gustó demasiado, qué pena. La verdad es que a mí también me extrañó el éxito de El mundo de Sofía por la misma razón: no sé qué parece que tenga de maravilloso si consiste en dejar pistas y preguntas para ir conduciendo al lector didácticamente por entre la historia de la filosofía, y bastante simplificada, además. A lo mejor es que el nivel de las preguntas fundamentales y de la crisis de la existencia de los chicos actuales no da para más, ni tampoco da para mucho el estudio de la filosofía en el plan de estudios del ministerio; y va a ser que el de Noruega tampoco nos supere.
    Siento no estar muy optimista con estos temas.
    Un beso.

  2. Supongo que lo del italiano incomprensible es sobre todo un colmo, pero bueno, valga para intensificar el alegato (aunque sea en vano) de que cuando una editorial abusa de un autor, es contraproducente incluso para el propio catálogo.

    Creo que El mundo de Sofía llenó el hueco de interés y de curiosidad filosófica que hay ahora en nuestro sistema educativo, y en ese sentido, su misma sencillez no es un demérito, sino al revés, lo hace accesible. Es una píldora no desagradable que no pretende más. Si lo conviertes en un boom, pues matas a la gallina de los huevos de oro. Pero vaya, por una vez soy yo menos pesimista que tú. Pienso que podría pasar lo mismo con un buen libro sobre la literatura clásica; en realidad, quizá el gran boom de la novela histórica nazca en buena parte de una sed mixta de ficción y divulgación.

    Un abrazo

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