Nuevas formas de edición en la literatura infantil y juvenil

En la tormenta digital de la tecnología moderna no es fácil ver qué cambia en realidad y qué hace solo ruido (pero son pocas nueces). Pero que algo se mueve en la industria del libro, está claro; y que hay nuevas oportunidades y a la vez habrá nuevas formas de concentración y quizá de abuso, también.

Con el sistema actual, un autor se enfrenta a problemas como la velocidad de rotación (eres novedad una semana, con suerte) y descatalogación (¿un libro de hace cinco años?, ¡ingenuo!), porcentajes nimios en los derechos de autor (entre un 4% [de un álbum de 12€, 48 céntimos] y un 8%-10% del pvp) y la presión políticamente correcta del canal escolar en su conjunto (donde lo que menos pinta, me temo, es el criterio de los propios maestros). A cambio, por ejemplo, aunque publicar un álbum no le pague ni las horas de escritura, le puede permitir trabajar con ilustradores que de otro modo son inaccesibles y que convierten propuestas más o menos acertadas en auténticas obras de arte.

Con los nuevos sistemas, la obra queda fuera de los canales de distribución mayoritaria (recomendación-imposición en la escuela y venta a través de librerías), vive en un remolino tecnológico que la podría dejar fuera de juego en pocos años, no cuenta con promoción profesional ni un sello de respaldo (con matices) y, al menos en España, topa con que las ventas por internet no han despegado especialmente y quizá han heredado la desconfianza tradicional hacia la venta por correo (muy superior aquí que, por ejemplo, en Inglaterra). Pero se escribe con más libertad (con el riesgo adicional que esto comporta, no se olvide, dado que solemos ser malos críticos de nosotros mismos), los porcentajes de derechos tienden a ser más razonables y (en los formatos de impresión a demanda) nadie te descataloga o te corta un proyecto aún inconcluso.

El panorama es aún de luces y sombras, creo, pero lo iremos viendo y (al menos yo), probando en lo posible. Libro de Notas, por ejemplo, que nació en la red y es en buena medida una red en sí mismo, tiene desde hace poco una editorial en la que los libros se pueden descargar gratuitamente, descargar con una donación de importe voluntario o comprar en papel por medio de Bubok. Tiene colecciones de poesía y narrativa y ahora está desarrollando una colección de LIJ, que maqueta Óscar Villán y dirige Ana Lorenzo. Uno de sus primeros libros será Garabatos y Ringorrangos, de Germán Machado, con ilustraciones de José Alberto Caja. Entre los siguientes estará el Libro de Brun, un relato en verso del que esto escribe, ilustrado por Mannfred Salmon.

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5 Respuestas a “Nuevas formas de edición en la literatura infantil y juvenil

  1. Hala, qué bien, si ya corre la noticia 🙂
    Bueno, para esos dos que dices habrá que esperar un poquito más: el primero que va a salir es una novela de terror para adolescentes, escrita por Alber Vázquez (web, blog) e ilustrada por Chicho (galería).
    Cuidado porque da miedo, así que vean cómo de miedicas son sus chicos (yo es que siempre he sido muy miedica; en cambio, mis hijas disfrutan con el terror).
    Que la editorial LdN ofrezca al lector el elegir el soporte (digitalizado para e-reader, pantalla, etc. o papel en libro) me parece que es apostar por cómo puede ser la edición en breve: publicar en los dos soportes y que el lector elija el que quiere. Es una idea genial: tanto enfrentar, tanto enfrentar, cuando conciliar siempre ha sido la mejor manera de salvar las encrucijadas.
    Que cuenten conmigo para dirigirl la Colección LIJ es un privilegio.
    Y contar con estos autores e ilustradores es un lujo.
    El equipo, mimado por Óscar Villán, arropado y lanzado por Marcos Taracido, es una familia.
    Un beso, autor 😉

  2. Jorge Gómez hablaba una vez con gracia de una típica pregunta de periodista a los escritores de LIJ: ¿y cuándo “darás el salto” a la literatura para adultos?

    Ahora que, lamentablemente, Alber ha dado el salto de la rana y ha pasado a un género sin duda menor como la literatura juvenil, pues yo cubro sus vergüenzas y omito su desliz o será que directamente ni lo veo… 😀

  3. Ja, ja, pero bueno, eso es para los periodistas serios y esos seres. Los lectores y demás sabemos que la LI-J va de los cero a los noventa y nueve años 😉 ; en cambio, la LI, a veces, antes de los doce o catorce no se digiere bien (a veces sí, claro), corre uno el riesgo de que los cereales antes de tiempo le hagan tomar alergia al gluten 🙂
    Un beso.

  4. Tengo para dentro de un tiempo la reseña de dos álbumes que son estupendos para casi todos los públicos: la Historia de la resurrección del papagayo (Galeano y Santos) y ¿Y yo qué puedo hacer? (Campanari y Cisneros), y a veces ni siquiera sé cómo resolver medianamente la recomendación por edades. Cuando me canso de pensar sin fruto lo pongo todo en sucesión: “A partir de 3 años, a partir de 6 años, a partir de 9 años, a partir de 12 años…”, para deshacer el entendido habitual de que el “a partir de 3” es relativamente similar a un “de 3 a 6”. Algún día habrá que comenzar a introducir recomendaciones fantásticas, tipo “de 6 a 64 años” (desde que empiezas la escuela hasta que te jubilas), “de 4 a la tumba”, “de 16 a 39” (con la crisis de los 40 te pondrás demasiado melancólico…)

    Siempre volvemos a lo mismo, o es literatura o no lo es, y en este último caso, ¿pa qué lo queremos?

  5. Edición a demanda a un golpe de clic y, según se dice, con un coste asequible: The Expresso Book Machine.

    (Luego he recordado que lo vi antes en Nosololibros.)

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