No es lo mismo un niño que un menor, artículo de Isaac Rosa

La lengua crea realidades y pretende reacciones; según llamemos a las cosas, al final, existirán unas u otras cosas. En nuestro mundo abundan los casos: por citar uno grosero, ahí está el Eje del Mal, burdo como sus creadores, pero aun así motor de reclutamientos y guerras reales. Si una guerra como tantas se puede presentar como la guerra contra algo similar a Mordor, ¿quién no va a adherirse a ella, que no sea un troll? Siempre se ha hecho y el discurso sobre los bárbaros, que ni hablar saben, es viejo como el mundo.

Quizá por eso la literatura, que explota (o debería explotar) las posibilidades de la lengua, es imprescindible en la educación infantil: como acto, en primer lugar, de resistencia a la manipulación. El que haya leído El Señor de los Anillos tiene una posibilidad clara (aunque no la garantía) de reconocer el intento de novela que hay detrás de ese discurso político.

En lo que respecta a los niños, más concretamente, el lenguaje también tiene mucho que decir y dice mucho (y a veces, quizá, traiciona mucho). Isaac Rosa propone esta reflexión sobre el distinto uso de «niño» y «menor» no según su edad, sino según sus acciones y el trato que a nuestro juicio merecen:

¿Cómo llamamos a alguien que tiene doce o trece años? ¿Es un niño, un adolescente, o simplemente un menor? Podríamos creer que son sinónimos. Pero no es así, hay una clara intención en la elección de términos. Lo vemos estos días. Los menores violan, las niñas son violadas. Incluso aunque tengan la misma edad. … Nadie encarcelaría a un niño, ¿verdad? Por el contrario, a un menor lo encerramos sin tantos escrúpulos, aunque tenga la misma edad. Al niño hay que cuidarlo, protegerlo, reeducarlo si hace algo malo. Para el menor en cambio, aunque tenga los mismos años, no bastan cinco años de reclusión, hay que endurecer el código penal.

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4 Respuestas a “No es lo mismo un niño que un menor, artículo de Isaac Rosa

  1. Gonzalo, me ha encantado tu introducción del artículo de Isaac Rosa; la frase «Si una guerra como tantas se puede presentar como la guerra contra algo similar a Mordor, ¿quién no va a adherirse a ella, que no sea un troll?» es genial.

    El artículo y la manipulación del lenguaje según el niño en cuestión sea el bárbaro o la víctima, me parecen interesantes reflexiones, pero, como madre, la reacción visceral es la de negación de que ese monstruo que ha actuado así tenga algo en común con mi hija, con los niños en general, y con gran esfuerzo tengo que reconocer en él a un ser humano aún sin formar y sin ser responsable de sus actos. Podemos llamarlo niño, y de hecho, cuando nació mi hija mayor, en la tele hubo una catarata de imágenes de dos niños (no se molestaron en decir menores a dos críos que apenas levantaban un metro escaso del suelo) que sacaban a otro de la mano en unos grandes almacenes, creo que en Inglaterra, y luego le mataron. Eran niños pequeñajos de unos siete años que asesinaron a uno de unos tres años. Todos tenían la misma carita entrañable y la misma expresión frágil de cachorro que nos empuja a proteger a los niños, a considerarlos niños.

    Lo malo es cuando el lenguaje no es el que manipula: lo malo es cuando sucede algo aberrante. Y que eso se multiplique y tenga un eco tremendo por los medios de comunicación o porque se puede grabar y colgar en youtube. Yo no creo que ahora haya más casos aberrantes que nunca (aunque sí creo que los chicos son menos responsables que nunca, y también los adultos: derechos, todos; responsabilidades, ¿qué es eso?). Pero sí nos enteramos más y le ponemos cara. Entonces surge la necesidad, quizá, de alejarlo: poniendo un eufemismo, a lo mejor.

    Como siempre, excepto enfermedades mentales y extremos sociales tremendos, la clave es la educación, la familia, el colegio, la socialización, la empatía, la pauta… mil cosas, supongo.

    Un beso.

  2. Hola, Ana:

    Quizá mi ejemplo es desafortunado en el sentido en que centra el debate en la “manipulación”, y eso siempre sugiere malas intenciones. En realidad creo que el lenguaje define y crea, y a veces, lo hace con tanta intensidad que incluso se nos escapan las consecuencias de lo que decimos. La manipulación no necesariamente es tanta o no lo es, al menos, en el sentido inmoral del término; el lenguaje es ideológico, tiene mucha carga, y eso se puede aprovechar para mal, pero también para definir sinceramente el propio pensamiento con el esfuerzo de elegir las palabras más idóneas (de entre las disponibles, quizá cabría añadir, si uno es, como yo a veces, melancólico en ese campo).

    Sigo otro rato, que tengo un trancazo que no me deja pensar con claridad; pero prefiero dejar el debate en el campo de la creación y apreciación de realidades a través del lenguaje, más que en el de la manipulación interesada, que es solo una posibilidad (que debemos conocer para defendernos, pero que no lo es todo).

    Un abrazo

  3. Es probable que solo haga estos temas a contracor y a mí mismo me cuesta retomarlos.

    No me interesa especialmente la capacidad de manipular del lenguaje, en el mal sentido. Eso siempre ha estado. Me interesa más la poética, la creativa, la que crea mundos. Claro que los puede crear con interés y hay que darle la vuelta a la margarita para ver cómo está hecha y con qué fines. Pero en buena medida, el lenguaje responde a nuestro deseo y nuestra forma de ver el mundo. Si uno se molesta en buscar su lenguaje y en contrastarlo con otros y dejar que lo critiquen, es probable que, dentro de los límites de nuestro tiempo y lugar, seamos bastante capaces de expresar lo que sentimos. Solo que hay que ir haciendo pausas para ver qué goles nos cuelan, por un lado, ante la abundancia de “medios de comunicación” (ojalá lo fueran). Supongo que Italia sería un terreno de estudio particularmente idóneo, por ejemplo, con la criminalización de los inmigrantes.

    Añado que la respuesta visceral me parece imprescindible. La teoría del lenguaje está muy bien pero lleva a un callejón sin salida, como toda la filosofía. Para mí la base es la ética y la sinceridad con uno mismo y los demás. El resto son herramientas, útiles, cacharros, que valen lo que rinden, no de por sí.

    Un abrazo

  4. necesit un dialogo entre 2 personas que no tengan el mismo nivel cultural

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