Campos verdes, campos grises, de Ursula Wölfel

darabuc-ursula-woelfel-grauen-und-gruenen-felderCampos verdes, campos grises (Die grauen und die grünen Felder, 1970), de Ursula Wölfel, es un conjunto de relatos de una clase que tal vez ha desaparecido del panorama infantil y juvenil: son cuentos sobre la pobreza (e incluso la miseria) con un aire general netamente triste, que sabe amargo incluso en el mejor de los casos. Se desarrollan en varias partes del mundo, con mayoría de ambientación en la Alemania de posguerra, y los protagonizan sobre todo niños.

Es la clase de libros que incluso parece molestar a quienes los editan: la cubierta alemana más reciente, que recojo arriba a la derecha, ¿cuánto tiene que ver con la descripción anterior? ¿No imaginamos al verla un libro alegre, casi de comunión intercultural? Lo que el libro cuenta (véase «Solo para blancos», en el que un niño negro sufre un apartheid que apenas comprende y al final le da la risa al ver el «culo de mono» de una niñita blanca, mientras los demás negros temen las consecuencias de esa risa) es mucho más amargo. Y mucho más cierto. Y por lo tanto, mucho más necesario. La segunda cubierta, de una edición anterior de Ravensburger, es simbólica y quizá tibia, pero más fiel al contenido.

darabuc-ursula-woelfel-grauen-und-gruenen-felder-loguezEl libro se tradujo al castellano en la editorial Lóguez, una de las pocas que deja sitio claro en su catálogo a la tristeza y la pobreza y, digamos, a las dificultades reales. En cierta línea de libros infantiles la pobreza es algo que se sobrelleva casi con felicidad y la tristeza, un sentimiento que se pasa y listos. A mi entender, es una mala educación social y sentimental: la pobreza es cruda y angustiosa (y resulta aún más insoportable cuando contrasta con la riqueza) y existen formas de tristeza mucho más hondas que pasajeras, que además a veces se tuercen y solo buscan ya causar más tristeza en los demás.

Si todo libro infantil comporta, de modo casi inevitable, un proceso de educación de sus lectores, ¿qué les queremos enseñar? ¿Que todo es rosa incluso cuando es negro? ¿O quizá que en el mundo —y dentro de cualquiera de nosotros— hay horrores que debemos conocer para poder evitarlos?

Me pregunto, por ejemplo, si no hay demasiado contraste entre la triste racha reciente de violaciones de menores por parte de jóvenes y niños y la convicción generalizada entre las editoriales juveniles e infantiles de que la violación es un tema de mal gusto. Sin duda, es una realidad vomitiva; pero si la literatura prefiere mirar hacia otro lado, está renunciando a su fuerza de interpretación, reflexión y convicción justo en un caso donde se la necesita, y mucho.

  • Ursula Wölfel, Campos verdes, campos grises. Traducción de Jacqueline Ruzafa. Lóguez, Salamanca, 1977. ISBN 84-85334-00-8 (1.ª ed., 1977), 84-85334-11-6 (2.ª-11.ª ed.)
  • Reseña del libro en Ladrar a la Luna, blog de animación a la lectura del CEIP ATALAYA de Palazuelos de Eresma (Segovia)
  • Reseña en el Club de críticos de Nosololibros
  • Comentario de Luis Daniel González en Bienvenidos a la fiesta

9 Respuestas a “Campos verdes, campos grises, de Ursula Wölfel

  1. Gran reflexión para un gran libro.
    Un saludo, Gonzalo.

  2. Hola Darabuc.

    Una vez leí algo muy cierto: cuando somos chiquitos vemos un frasco de monedas y creemos ver millones, porque todo parece más grande de lo que es.

    Ciertamente, en el mundo se desarrollan historias de cruda realidad, y admiro tu firmeza al sostener que esta realidad no se le debe ocultar a los niños, pero a veces para un autor es difícil escribir tantos horrores sin atormentar los sueños de un pequeño lector.

    Tal vez sea falta de entereza, porque hoy en día, todo ciego corre peligro de ser atropellado. Pero, ¿quién es capaz de abrir los ojos sin aterrarse?

    Un saludo

  3. Hola, Javier:

    No es un principio absoluto, o por lo menos yo no lo entiendo así. Depende de dónde, cómo y para quién.

    Primero hay una cuestión de modas. En Europa, al menos en España, hubo una fortísima moda de la literatura de compromiso, que al parecer se agotó para mucho tiempo. Ahora impera la literatura de evasión (o la de autoayuda), al menos en el panorama juvenil, y dicho sea con todos los reparos propios de generalizar. Yo creo que, al menos en las sociedades ricas, habría que recuperar parte del compromiso y, además, habría que levantar los vetos y tabúes que impiden hablar de la sexualidad juvenil, porque el joven aprende por cualquier camino, y si se prefiere cerrar los ojos y decirle solo “de eso, tú ya sabes, ¿verdad?”, lo educarán los compañeros o, como está ocurriendo, la pornografía de alcance universal. Cuando yo era un joven de bachillerato, hace veinte años, la pornografía existía, pero era de alcance más reducido y se la trataba en buena medida como curiosidad. Hoy me temo que se ha universalizado, ha ampliado la edad de alcance y además, muchos chicos la toman como verdad, como lo que ha de ser (incluidas sus dosis de brutalidad, violencia y primacía absoluta del tamaño sobre el cariño).

    Pero depende. Si me hablas de un barrio de barracas (como también hay en esta Europa en general rica, desde luego), pues no tendrás que contarles qué es la miseria, sino ilusionarlos con la posibilidad de abandonarla. Y claro, también depende de la edad de los destinatarios.

    El objetivo, en cualquier caso, no es aterrar ni atormentar: es afrontar con firmeza la realidad que existe (y sobre todo, la realidad interior) y dar claves para la mejor comprensión del mundo y de uno mismo y para actuar del mejor modo posible, sin traicionarse y al mismo tiempo sin herir, respetándose y respetando.

    Un saludo cordial

  4. Estoy totalmente de acuerdo con tu reflexión. Sin embargo, considero que hay muchas editoriales que temen publicar textos donde lo que se expone pueda “herir” la sensibilidad del lector. En la literatura no deberían existir temas tabú pero lo cierto es que sí que existen: muerte, sexo, violencia…

    Un abrazo

  5. Hola, Fátima:

    Gracias por tu comentario. Pienso que sobre la muerte hay más bibliografía de lo que pudiera parecer, y desde diversas perspectivas, laicas y religiosas, personales y familiares, emotivas o más simbólicas y contenidas. En cambio creo que la violencia se trata mucho desde la perspectiva de lo moralmente reprochable y poco desde la perspectiva interior y las ganas de violencia que puede haber en cualquier niño y que debe aprender a controlar. En cuanto al sexo, hay poco que decir, desde luego; la mayoría de las editoriales le tienen pavor al tema. Quizá desde una línea que se ha abierto hace no mucho, creo, como es la del amor en edad casi infantil, pueda pasarse con más naturalidad al sexo en edad juvenil.

    Lo malo, desde un punto de vista literario, es que parece difícil dotar al conjunto de valor estético y calidad literaria con tanta carga de divulgación, corrección política, rectificación de mitos y otros elementos que, en medida variable y por razones diversas, haría falta incorporar. Imagino que alguien se atreverá, saltará el escándalo e iremos ganando terreno poco a poco. La literatura nunca puede ir muy por detrás de la realidad.

  6. Hola, Gonzalo:

    Es cierto que el tema de la muerte sí que se ha tratado en algunas editoriales, pero si no son erróneos los datos que tengo muchas de las que lo han hecho ha sido con un solo álbum.
    De todas formas, no hay duda de que la literatura infantil está experimentando un auge y hay una oferta rica y variada… supongo que esto facilitará que alguien se atreva a dar el primer paso a plantear otras perspectivas.

    Un abrazo

  7. Creo que tienes razón en lo que dices, además de que abre una perspectiva curiosa, que sin duda existe: la de las cuotas. Hace nada veía un libro sobre las guarderías y veías su mayoría de niños blancos, más el negrito y el chinito. (Era un libro tan políticamente correcto, que casi parecía una burla.) También hay una cuota de temas delicados, que a veces, siendo malo, uno pensaría que están solo “para que no se diga”.

    Un abrazo y gracias por tus críticas, que siempre ayudan a ver más claro

  8. Hola, Darabuc:

    Lo que planteas es una gran verdad…

    Más aterrador, es dejar que las cosas sucedan sin hacer ni decir nada…

    Pero eso requiere de cierta madurez…

    Un saludo

Comentarios

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s