El tigre en el pozo, de Philip Pullman: sufrimiento, aventuras y redención

darabuc-pullman-cover_tiger_in_the_wellEl segundo movimiento de El tigre en el pozo (sobre el primer movimiento, esta nota) es ascendente. Tenemos a Sally hundida (en la desolación y la soledad, en los suburbios, en el sótano, en las alcantarillas: son muchas las formas que adopta el pozo) y poco a poco, con su energía emprendedora y la ayuda de sus amigos (los nuevos, y los viejos que al fin regresan), ascenderá de nuevo hasta lo alto, con una conclusión desbordante, muy propia del género melodramático de la serie.

El tigre en el pozo es, con diferencia, el mejor libro de los cuatro. Según cuenta el autor, la serie se escribió sobre la marcha, a partir de una primitiva obra teatral que dio origen a la primera novela y esta, a las posteriores. Para dar mi opinión de forma clara, si yo fuera un editor, le diría al autor que fundiera las tres primeras en una y lograría una novela excelente, llegada para quedarse. Porque el mayor inconveniente de El tigre en el pozo es que necesita las anteriores, que no son malas, pero están en otro nivel.

¿Por qué destaca esta novela? Porque recoge muy bien la siembra del primer movimiento y de parte de las novelas anteriores, es decir, tiene oficio; porque la traba con símbolos idóneos, esto es, tiene fuerza y calidad; y porque llega a proponer un modelo que no gustará a todos, pero acumula virtudes de Dickens, Poe, el Bildungsroman y Molière, es decir, vive en la tradición literaria y contagia pasión por la lectura. (Quizá incluso da códigos para que los lectores jóvenes se acerquen a los modelos antiguos.)

Esta novela del sufrimiento vive su clímax en las lágrimas: en las horas culminantes, el cielo llora hasta inundar la ciudad y, lo que es mejor, precipitar el desenlace (que no os contaré). Ahí conviven lo padecido, la injusticia brutal (con el desbordamiento de las alcantarillas), la violencia desatada y estudiada (el intento de pogrom en Londres), el enfrentamiento último, en el agua, entre Sally y el Tzaddik; Goldberg, que se mueve como pez entre las cañas (no sin heridas, pero es un héroe en el pleno sentido de la palabra, igual que lo es Sally), e incluso la sátira (a Mr. Parrish, el títere cuyos hilos mueve el Tzaddik, lo tumban por dos veces a golpe de orinal). Las reflexiones cobran fuerza propia y emotividad, y los discursos de Sally ante el Tzaddik y de Goldberg ante la masa enfurecida resultan brillantes y bonitos (dentro de los códigos del género: son hiperteatrales). Por otro lado, el cierre molierèsco se recibe con alegría, una vez vividas las brutales vueltas de tuerca del primer movimiento y las incertidumbres del segundo.

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Una respuesta a “El tigre en el pozo, de Philip Pullman: sufrimiento, aventuras y redención

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