El nuevo Noé, de Gerald Durrell

El nuevo Noé, de Gerald Durrell, es un libro de la etapa de «coleccionista» de animales (léase «cazador y comprador de animales para los zoos»). Es una mezcla de anécdotas sobre ese trabajo y sobre la vida animal, cuya trama no es novelesca, sino autobiográfica. Interesa porque es difícil aburrirse con Durrell (a quien no le aburran los animales), por lo que cuenta (toda una etapa de la trastienda de la historia de los zoos, además de una faceta singular de la relación entre la Europa rica y otras zonas del mundo) y quizá también por lo que no cuenta (es interesante preguntarse qué no se narra en el libro). La segunda mitad del libro, por otro lado, transcurre en América del Sur (la Guayana, la Pampa y el Chaco); la primera mitad, en el Camerún británico (hoy parte de Nigeria).

El libro describe la vida del coleccionista con la gracia habitual de un Durrell que en alguna rara ocasión aparece como el cazador interesado (a las serpientes hay que quitarles las garrapatas porque «si no se estropearía el aspecto» y, por lo tanto, rentarían menos), pero siempre transmite respeto y amor por la vida animal («pese a todo el cuidado con que se la haya atrapado, existe el riesgo de que le hayas roto una de las fragilísimas costillas que poseen las serpientes, y una costilla rota puede causar muchos problemas»). El tono general del libro es realista y permite que, en casos como el de la persecución del oso hormiguero, un lector moderno pueda sentirse fácilmente en contra del cazador; es probable que la sensibilidad actual no sea la de 1950. También dan más repelús que gozo pasajes como estos: «[La esposa de Amós, el oso hormiguero] llegó un día, en forma de fardo atado que bufaba, apelotonada en el portaequipajes de un taxi. La persona que la había capturado no se había esmerado mucho en su trabajo y el animal tenía varios cortes de gravedad en el cuerpo y estaba extremadamente agotado por la falta de agua y comida … no creí que fuera a sobrevivir». En el libro no se cuenta ni una muerte ni sufrimientos sin remedio; sin duda eso lo hace más agradable, pero también más falso, a todas luces. Ahora bien, la historia está para conocerla tal cual ocurrió, sin omitir lo desagradable, y aunque el zoo moderno sea conservacionista, el zoo antiguo era un expositor de curiosidades que no llegaban allí de buen grado.

Estos animalillos [los kusimanses, a los que bauticé como Bandidos] me causaron probablemente más problemas y me dieron más mordiscos y arañazos que cualquier otro animal que haya cogido. Pero a pesar de todo, no pude evitar encariñarme con ellos. … Solía enfadarme muchísimo con ellos algunas veces, y pensaba qué agradable sería poder entregárselos a un zoo para que algún otro se preocupara y fuera mordido por ellos. Pero cuando por fin llegó esa ocasión y se los entregué al zoológico donde iban a vivir, sentí de veras ver que se alejaban. Me acerqué a echarles un último vistazo en su gran jaula de zoo y me parecieron tan dulces e inocentes, trotando de un lado para otro sobre el serrín, alzando sus hocicos de aspecto estúpido, que me pregunté si no les habría juzgado mal. Empecé a sentirme muy triste al pensar que me iba a separar de ellos. Les llamé para que se acercaran a la tela metálica y decirles adiós, y me parecieron tan mansos y buenos que metí el dedo entre las varillas para rascarles la cabeza por última vez. ¡Tendría que haberles conocido mejor! De animalitos de aspecto inocente pasaron de golpe a ser los chirriantes Bandidos que conocía de antiguo, y antes de que pudiera sacar el dedo se agarraron a él en manada. Cuando finalmente conseguí soltarme, me alejé de la jaula restañando la sangre con mi pañuelo y decidí que, a fin de cuentas, estaba muy contento de que algún otro fuera a cuidar de ellos en el futuro.

4 Respuestas a “El nuevo Noé, de Gerald Durrell

  1. El pasaje en que las ranitas rompen los huevos para nacer es de antología, ya que los marineros y el propio Durrell se quedan mirando horas y horas, con las ganas de usar un fósfora para abrir el huevo, pero al final marchandose a la cama tan cansados como las ranitas, pero contentos.

    De todos modos, Durrell tiene libros mejores; mi favorito es filetes de lenguado, con el inolvidable personaje del coronel Anstrhuter.

    ¿Usted cuál consideraría el mejor libro de Durrell?

  2. Hola, Zeitzler:

    Filetes de lenguado no lo he leído aún. De los que he leído, mi preferido es quizá el más conocido en general, Mi familia y otros animales.

    Un saludo cordial

  3. Hola de nuevo, Zeitzler. Ya he leído Filetes de lenguado y dejé mi opinión personal en esta nota. Me pareció un libro desigual, en el que sobresalen tanto la historia del coronel, que tú mencionas, como la locura desatada del primer capítulo (la celebración del cumpleaños de la madre con el accidentado viaje en barco).

  4. Pingback: Pariendo a Animalogía | Animalogia

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