Entrevista a Carlos Giménez en Público y candidatura al Príncipe de Asturias

¿Por qué se arriesgó con obras comprometidas que podían traerle problemas?
El primer problema no era que te dieran con una porra en la cabeza. El primer problema es que no pudieras alimentar a tus hijos. Cuando consideré que mi primer aprendizaje ya estaba hecho, pensé que yo era adulto y que el lector al que me quería dirigir también era adulto. Además, en España había una política muy determinada que te pedía a gritos que dijeras algo. Enseguida que pude, empecé a coger mis propios temas y hacerlos a mi estilo. Es verdad que hice lo que quise, conseguí dibujar y escribir las historietas que me interesaba hacer, pero es verdad que lo pasé muy mal económicamente.

¿Mereció la pena?
Sí, yo no me arrepiento y ahora sigo haciendo lo mismo. Nunca he pensado que podría darle un cambio de rumbo a mi profesión y hacer trabajos más comerciales. Si hay algo a lo que no quiero renunciar, es a ser lo que soy. Si hiciese otros temas, no los haría bien porque los haría sin convicción.

¿Cree que su éxito viene de que sus historias cuentan la vida de la gente corriente y no de héroes?
A mí no me ha acompañado nunca el éxito del millón de ejemplares. A cambio de eso me conformo con saber que tengo una buena crítica, que me da lo suficiente para poder vivir y que hay gente que lee mis cosas. Eso ya es mucho. En lo que respecta a las historias, yo cuento lo que he vivido o he conocido. Lo que a mí me gusta de mi trabajo es que procuro contarlo con sinceridad. Nunca me invento una historia. No me considero un gran artista ni un gran dibujante. Yo soy un recogedor, un mendigo de historias.

¿Por qué a pesar de que cuenta relatos trágicos siempre incluye algo de humor y ternura?
Siempre procuro que haya esa mezcla porque, a pesar de las tragedias, las personas siempre tienen un punto que te puede provocar una sonrisa, aunque a veces sea amarga. En el caso de los niños, porque, aunque estén muriéndose, juegan. Creo que entiendo muy bien lo que siente un niño. De hecho, me da la sensación de que he sido mucho más tiempo niño que adulto, porque es como si mi infancia se hubiera dilatado con tantos recuerdos.

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