Réquiem por un campesino español, de Ramón J. Sender

Entre las novelas que pueden servir de introducción a la guerra (o barbarie) civil española, ocupa un lugar propio el Réquiem por un campesino español, de Ramón J. Sender. Su brevedad la hace asequible hasta al más reacio de los lectores y su valor literario es muy superior a su extensión.

Yo destacaría sobre todo el uso de los símbolos (Paco el del Molino como labrador poderoso, potro libre y nuevo crucificado, al par que ejecutado al que cuesta mucho dar muerte; los pobres de las cuevas con «pies de madera como los de los crucifijos rotos y abandonados en el desván»), de las pinceladas descriptivas (si Paco es el que nace teniéndolos bien puestos y nadie lo ha de echar del baile, el mozo mejor plantao del pueblo, el ser natural y claro de risa franca e incontenible amor por la justicia, en cambio «Don Valeriano … se atusaba despacio los bigotes, que estaban tan lamidos y redondeados que parecían postizos»), del acierto en los secundarios (la Jerónima, el zapatero) y en el retrato de la complejidad social (desde el duque ausente a la misma Jerónima o el centurión de aspecto amable), la vida del carasol (que es en parte coro de la tragedia y en parte responsable de ella, al ensalzar a Paco y atribuirle «todas las arrogancias y desplantes a los que no se atrevían los demás», además de víctima de la tragedia general), la organización temporal que nos va acercando al final dramático («Veintiséis años después se acordaba de aquellas perdices…», «Veintitrés años después, MM recordaba…», «Siete años después, MM recordaba la boda…», «Un año después, MM recordaba aquellos episodios como si los hubiera vivido el día anterior», «Un año había pasado desde todo aquello, y parecía un siglo»), los elementos de fuerza (la mancha oscura del muro donde MM apoya la cabeza, el ubicuo coche del señor Cástulo), y ante todo, la acertada y compleja figura de MM, que con nadie se enfrenta pero habla con todos, que intenta en vano contener a Paco y la barbarie, que la precipita él mismo, con su resignada debilidad.

Es una novela triste sobre la derrota de la ilusión, pues «si el cántaro da en la piedra, o la piedra en el cántaro, mal para el cántaro», como dice el zapatero (cántaro que también recibirá su piedra). Pero MM, cuando reprocha a Paco que sea un iluso en su proyecto de reforma de las cuevas («En lugar de traer guardia civil, se podían quitar las cuevas», decía Paco), también está tomando partido por la preservación del orden injusto, de modo que la novela permite mucha conversación sobre la justicia, el compromiso o el pragmatismo; también sobre los papeles respectivos de la izquierda, la derecha y la Iglesia en la guerra civil española; y, si se quiere, sobre la épica de la virilidad en general y en los conflictos bélicos en particular (¿quién fue, la novela o la sociedad, la que causó que el único personaje femenino de interés sea una marginal?).

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7 Respuestas a “Réquiem por un campesino español, de Ramón J. Sender

  1. Una novela corta, aunque densa en interpretaciones. Cuando la leí, vi en aquel pueblo un trasunto de la España de los años 30, con su corro de viejas que discutían atemorizadas como si estuviesen en el Congreso, su héroe/ víctima social, símbolo del pueblo, Paco el del Molino, traicionado por Mosén Millán, narrador movido por ese sentimiento de culpabilidad, que debería ser el de toda la Iglesia española, pues fue cómplice de unos agresores sin nombre, con camisa azul, que sembraron las cunetas de cadáveres que no quisieron comulgar con su ideología. Por otra parte, para leer bien a Sénder, habría que compaginarlo con Max Aub, Francisco Ayala y Rosa Chacel, sus compañeros de la Generación del Exilio, y obtener así una panorámica completa de aquel nefasto periodo.

  2. Leí este libro cuando era un adolescente. Me encantó. Para mí, por motivos personales, tiene una gran importancia leer textos sobre la guerra civil. Durante un tiempo leía sólo textos de los perdedores, los exiliados,los que Hector nombra muy bien (aunque yo también incluiría a Arturo Barea y su maravillosa – y me quedo corto- “Forja de un rebelde” que da pie para entender lo que era España en el inicio del siglo XX). Después leí : autores que estaban a favor (por ejemplo Agustín de Foxa, Ridruejo, …)de Franco y los rebeldes o que, cuando menos, los justificaban; autores que se exiliaron (acabo de leer “Automoribundía” de Gomez de la Serna, que se exilió nada más empezar la guerra); autores que aún siendo conservadores, tuvieron que exiliarse por ser republicanos. En definitiva, que aún no alcanzo a comprender el galimatías que supuso la guerra y cómo hombres, aparentemente tan preparados, consintieron que fuera tan cruel. Este libro que tú recomiendas, desde luego, refleja, estupendamente, el enrevesado y podrido ambiente de esa época. Un saludo, Jesús.

  3. Hola, Héctor, Jesús.

    No sé si nunca comprenderemos ese galimatías. O por qué, pese a todo, y pese a contar con mucho conocimiento histórico, mucho testimonio y mucha expresión literaria, la guerra no deja de repetirse. Al parecer, el gran logro de la sociedad occidental desde mediados del siglo pasado ha sido trasladar la batalla a otros países (lo que no es poco desde dentro, pero no alegra a los de fuera). Traduje en cierta ocasión un tocho (muy sobrado de páginas, pero también completo) al respecto del tema, y no era como para esperanzarse. No cabe resumir aquí su teoría, aunque tenía cierto interés el enfoque biologista: a juicio del autor, la sociedad primitiva (que tenía poco de rousseaniana) marcó nuestro carácter y seguimos siendo, en conjunto, más animales (primitivos y darwinianos) de lo que a veces nos gusta creer.

    Dejando el tercio antropológico y volviendo a los libros, aprovecho para preguntaros (si no he tardado demasiado en responder, y haciendo extensiva la pregunta a cualquier lector) cuáles de esas lecturas adicionales sobre la guerra (in)civil y la posguerra recomendaríais para adolescentes, con las indicaciones de edad o de complejidad que os parezcan pertinentes. Esta novelita de Sender es para todos, pero quizá Max Aub es solo para buenos lectores y casi adultos, por ejemplo.

    Un saludo

  4. Supongo que es obvio, pero el libro de relatos —que no novela, como se empeñan en decir desde la adaptación cinematográfica— Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez, es perfecto para adultos o adolescentes: son cuatro relatos muy buenos en los que, independientemente de a qué bando pertenezcan los protagonistas, dan cuenta de lo inhumano de una guerra civil, fratricida, de lo terrible de algunas actitudes, más allá de la política, y de lo maravilloso de algunas reacciones humanas a pesar de la política (caray, y eso que son solo cuatro relatos).
    Otro clásico por haber sido también adaptado (de una manera parecida) al cine, es el cuento «La lengua de las mariposas» de Manuel Rivas en ¿Qué me quieres, amor?; creo que es un cuento genial también sobre la actitud humana, la cobardía, la valentía… no de unos hombres comprometidos en actuaciones políticas y comprometidos con partidos políticos, sino del profesor y su actitud valiente y coherente, la cobardía de un pueblo que ni siquiera está defendiendo sus ideas, el puro instinto de supervivencia que se plasma en el coro de gritos e insultos, y esa perplejidad y dificultad del niño para increpar a su vez, que rompe con unos insultos que no son tales, palabras sacadas de las clases del maestro, que desgarran la inocencia del pequeño.
    Un autor estupendo es Jorge Semprún. Yo recomendaría El largo viaje (Le grand voyage): no es en sí sobre la guerra civil española, pero sí sobre un exiliado de esa guerra que, en Francia, es deportado a un campo de concentración nazi en su condición de «rojo español» que, además, ha colaborado con la Resistencia. Es un libro duro, muy real, triste, pero con pinceladas de humor negro geniales.
    Uno que no he leído pero que ha dado a su autor el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil es Cielo abajo, de Fernando Marías (leí su El niño de los coroneles y me pareció francamente bueno): está ambientado en 1936, en Madrid.
    Un beso.

  5. Muchas gracias por tu lista, Ana. Un beso

  6. Gonzalo, de otro autor que me gusta mucho, Alfredo Gómez Cerdá, aunque este en concreto no lo he leído, pero mi hija mayor sí (ha sido quien me lo ha soplado): Noche de alacranes.
    Otro beso.

  7. Pingback: Réquiem por un campesino español | Yo leo, y ¿tú?

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