Leer a tiempo

¿Hay libros que conviene leer a determinada edad? Con la literatura de consumo, es obvio que sí: uno disfruta como un loco de Gerónimo Stilton cuando tiene la edad, pero más adelante le puede cansar lo previsible o el baile desmadrado de las tipografías. Pero ¿y los clásicos? ¿Hay libros de calidad, que aguantan bien el paso del tiempo, que debamos haber leído antes de, digamos, tener derecho a votar? Luis Daniel González reflexiona sobre el tema en «Emociones perdidas», al hilo de La isla de Coral, de R. M. Ballantyne:

Sé bien que estas y otras novelas del pasado parecen difíciles para un lector joven. Y no tanto por su lenguaje o su antigüedad, que no son un verdadero obstáculo, sino porque no forman parte de su mundo de intereses y conversaciones ordinarias. Es difícil que alguien joven, si no las ve en las estanterías de su casa ni oye hablar de ellas con entusiasmo en su entorno familiar o escolar o de amigos, sienta curiosidad por ellas; y es lógico que le suene muy poco apetecible dedicarse a leerlas si alguien las menciona de pasada. Sin embargo, a partir de mi experiencia pienso que son novelas que, quien no las lee entre los doce y los dieciséis años (por decir la mía), se ha perdido algo importante, irrecuperable ya. Pues es cierto que si uno las lee pasado el tiempo su impacto no es igual y que hay una satisfacción muy especial en la relectura de un libro que leíste fascinado por el tirón de la historia y, por supuesto, sin pensar para nada en calidades literarias y cosas así.

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13 Respuestas a “Leer a tiempo

  1. Sí, creo que hay algo de cierto en esto. O por lo menos es muy difícil leerlas luego tratando de recuperar ese entusiasmo de la “lectura salvaje”. Muy difícil…

  2. Fíjate, Gonzalo, que yo creo que libros infantiles como los de Stilton y similares, o cuentos clásicos de Andersen, Grimm, Perrault… son más fácilmente recuperables cuando uno es adulto.
    Para mí, Herman Hesse, Sartre, Ionesco, Genet, Samuel Beckett, Kafka, Brecht… y otros que me dejo fuera son autores que uno lee de muy distinta forma en la adolescencia o ya adulto. Creo que esa avidez de la adolescencia en estas obras sí es prácticamente insustituible.
    Pero es mi opinión, claro, nada más.
    Un beso.

  3. Imagino que hay casos y puntos de vista como para escribir una tesis. Yo centro la idea en algo similar a la literatura de descubrimiento, la que te abre fronteras, la que te permite (o incluso te pide) ir bastante más allá de ti; pero sin la quemazón de las ilusiones de cuando hemos crecido y tenemos tantos golpes como años. Supongo que la buena aventura te crea una sed que te marca; pero no solo, también la curiosidad por lo mágico que aún no comprendes. O eso me pasó a mí con Alfanhuí. Siempre me he preguntado por qué Alfanhuí no es libro de cabecera de más autores y más lectores. ¿Quizá solo lo leyeron de adultos? Yo conocí una primera parte de ese libro a los nueve o diez años y supongo que nunca podré ser el que habría sido de no haberlo conocido a tiempo.

  4. Mi sensación es que es muy difícil recuperar las lecturas de la infancia y de la adolescencia, casi más las de la adolescencia por lo que tienen de descubrimiento… con los años, esa felicidad de estar abriendo nuevas puertas es prácticamente irrecuperable, ni con las relecturas de libros que nos marcaron ni incluso con nuevas obras de las que esperamos nuevas sensaciones…

    • Supongo que, con el tiempo, vamos aprendiendo a proteger la ilusión, sin apostarlo todo a una sola carta. Es más sensato, pero… no por eso deja de haber una sensación de pérdida.

  5. Yo creo que sí hay ciertos libros que se disfrutan especialmente a cierta edad. ¿Sería algún adulto capaz de abstraerse en “El señor de los anillos”? Casi todos los amantes de la trilogía que conozco lo leyeron en la adolescencia, cuando tenían una gran capacidad de comprender mundos fantásticos y (todo hay que decirlo) mucho tiempo libre. Yo intenté leer a Herman Hesse de adulto y fui incapaz. Me pareció de una ingenuidad y un maniqueísmo insufribles.

  6. Tengo curiosidad por lo que comentas de El señor de los anillos. Yo lo leí a los quince o dieciséis años y no he parado de releerlo; pero lo descubrí cuando en efecto tenía tiempo libre para una inmersión auténtica (lo leí de cabo a rabo, en todos los ratos libres de algo menos de una semana) y una curiosidad aún lo suficientemente ingenua.

    Gracias por tu comentario.

  7. Estoy de acuerdo con Rosa en su comentario: Herman Hesse para mí es una lectura exclusivamente para la adolescencia que no soporta la revisión de adulto. Con algunas de Sartre, salvando la distancia (que redunda en favor de este último, por supuesto), me pasa algo parecido. Con El innombrable de Becket en especial, y la trilogía en sí, me sorprendió que hubiese estado entre mis leídos y releídos, cuando, ya de adulta, se me acomodan más otras obras suyas como Esperando a Godot o Fin de partida; ¿será que en la adolescencia la capacidad de identificación con el extrañamiento, con el absurdo, con la mayoría de las preguntas inherentes al ser humano expresadas por los escritores es mayor?
    Creo que sí y que por eso leemos con mayor avidez, tanto si es un mundo imaginado que ayuda a la evasión (El señor de los anillos, no he podido con él de adulta y me encantó de adolescente) como si es un universo que precipita la lucidez.
    Un beso.

  8. Tirando del hilo de Hermann Hesse, ¿será que el periodo hippie fue un periodo adolescente? Desde luego, muchos adultos lo dejaron atrás como cosas de juventud.

    Yo creo que no leí a Beckett en la adolescencia pura, sino en la universitaria (que al menos en mi caso, era una forma elaborada de la fase anterior). Y su teatro me fascinó: Godot, pero más aún, Fin de partida. (Será que lo vi interpretado por Alfredo Alcón y quizá sea la obra de teatro más memorable que yo haya podido ver.) En esos años también era ionesquista feroz.

    Añado que me queda una sensación rara al contarlo así, con tanto yo por aquí, yo por allá. No pretendo afirmar que Mi Experiencia sea de gran valor, tanto como para irlo divulgando en plan de lección colectiva. (No me van Sánchez Drayó ni Yoan Cruz, por colgar el sambenito.) Pero no sabría reflexionar sobre cuestiones tan generales con un valor general; sé de lo que me ha pasado.

    Ah, Ana: te retiro la palabra hasta que vuelvas a apreciar El señor de los anillos o, al menos, sepas cuántos metros con sus decímetros, centímetros y milímetros cayó Gandalf en Moria. 😛

  9. ¿Me ajuntas de nuevo si te digo que el libro es muchísimo mejor que la película? Sobre todo, los hobbits, dónde va a parar. 😉

  10. No, lo que ocurre es que si me dices lo contrario no te ajunto en serio. 🙂 Porque la obsesión por convertir en historia romanticutre cualquier libro que haya de pasar por el cine, y encima con un globolabio inexpresivo como icono… No sé, a mí la película me parece que tiene muchos aciertos técnicos, pero reduce en buena parte la novela a anécdota bélica y para colmo le añade anécdota romántica con “genuino” sabor a E-621. Suerte de los paisajes…

  11. Yo considero que no es por edad que se puede releer un libro sino por su tema, forma, estilo, incluso longitud.
    Leí Pedro Páramo a los 16 años, me parece que no aparenta ser para esa edad pero me encantó. Lo releí inmediatamente salí del parcial, de cabo a rabo. Lo repetí varias veces después; ahora me lo tengo prohibido por que no logro empezar su bello “Vine a Comala porque me dijeron que aca vivía mi padre, un tal Pedro Paramo…” y parar ahí. Lo mismo sucede con El llano en llamas.
    El Señor de los anillos lo leí de cabo a rabo desde el Hobbit hasta el Silmarillion y luego los Cuentos perdidos Vol. 2. pero no los he releido de golpe. Releo fragmentos, busco parajes y los releo pero no logro volver a cogerlo como hace 5 años cuando lo leí la primera vez. Es como si fuera tan mágico descubrirlo, que ya que sabes lo que pasa es más dificil.
    Ahora hablo de Sábato. El tunel ya va por la tercera y sigue siendo fascinante, rápido, ágil, truculento, despiadado, es como un exquisito platillo que quieres repetir siempre, igual que sus otras dos novelas y el mágico y esperanzador ensayo de La Resistencia. Esos los he leido ya pasados los 20 años, y los he repetido bastante.
    Finalmente leí a los 19 On the Road, de Jack Kerouack y los releí 4 veces, esta ultima en progreso (Ahora lo tengo en una bella edicion de Penguin en inglés) y mis amigos lo han leido en la carretera, en aviones, en mi pais y por Sudamérica, en Europa y todos le hallan, sin importar la edad, ese sabor a fresco, a viento en la cara. Y creo que lo releería mil veces mas sin hastiarme.
    Asi que depende del gusto, del libro y no tanto de la edad. Ni del tiempo, que pa leer está el bus, el metro el avion, la banca del parque la mesa del almuerzo, la espera por ella…

  12. Hm. Creo que yo tampoco puedo dejar Pedro Páramo si se me ocurre empezarlo. Además me parece un caso bonito de vuelo más allá de las fronteras propias; tiene un español difícil para los de aquí (digamos, sería más fácil leerlo en inglés), pero la magia hace vencer las dificultades.

    Gracias por tu comentario.

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