Los hilos (cortados) de la atención

… Desenganchar a un niño de las personas que le rodean hasta conseguir que se enganche a una tele, a una consola o a un bichito digital es ir cortando hilos de atención: el hilo de leerle cuentos, zas; el de jugar a la peluquería, al médico, al tendero…, zas; el hilo de contar historias juntos, zas; ese otro de dibujar todos, ese también, zas; el de bajar al parque, ¡qué pérdida de tiempo!, zas; ¿qué me dicen del de escuchar pacientemente sus chistes interminables o sus cuentos?, zas; el hilo de ensuciar la cocina con muuucha paciencia, quita, quita, zas; y el de que nos hagan una función de guiñol, ah, ¿pero aún hay algún sitio donde haya teatrillos y marionetas?, ¿es que hay padres o abuelos que tengan tiempo de ver las funciones de los niños?… ZAS
Poco a poco, pasito a pasito lo hemos conseguido: hilo a hilo. Que el tiempo es oro y uno no está para malgastarlo en jugar, contar, escuchar, bailar, cantar, crear, destrozar… Luego, cariño, ¿por qué ahora no te entretienes un ratito con ese libro tan bonito que habla? ¿O con ese ordenador para peques? ¿O con esa película que te gusta tanto? «Pero tú conmigo, mami, la vemos juntos, ¿sí?» Mami tiene cosas que hacer, luego viene.

Leedlo completo en «Lo poquito que sé de lectura, de lectores y niños», de Ana Lorenzo. Yo me quedo con una de las caras del asunto: lo que duele, y lo que uno se maldice, cuando se ve obligado a hacerlo. Pero no hay que engañarse con eso, pues la excusa vale para un día o para dos. Y si el trabajo o el lo que sea en vinagre obliga a cortar de más, la condena ha de ser para ellos, no para los que más nos necesitan y más nos piden, pero también más nos devuelven.

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6 Respuestas a “Los hilos (cortados) de la atención

  1. Ciertamente hacemos demasiado “ZAS” cuando no debiéramos hacerlo. Como dices, lo pagan los que menos lo merecen. Un saludo.

  2. El hilo de pasear por el campo, de disfrutar de la naturaleza, de explicarle todo lo que ocurre en ella. El hilo de dejarle disfrazarse con las ropas de mayores. El hilo de responder a todas sus preguntas. El hilo de transmitirle calma, serenidad. El hilo, el hilo…

    Tantos hilos…

    Muy bueno el artículo.

    Gracias Gonzalo por traérnoslo aqui.

    Un abrazo

    Luz

  3. El hilo de hablar y escuchar. El hilo de tener tiempo para todos. Acertada reflexión. Un saludo, Jesús.

  4. Gracias por vuestros comentarios. Me dio que pensar y me pareció bonito. Al menos, una verdad poética. Y para las pocas garantías de verdad que existen, no es esa poca.

  5. Gracias, Gonzalo, por hacerte eco del articulito. Lo cierto es que es una reflexión de por qué damos por sentado que los niños nacen enganchados a lo audiovisual y a las maquinitas cuando creo que no es así, que nacen enganchados a los seres que les rodean. Que tienen una curiosidad tremenda por todo lo que hacen las personas, y un afán increíble por compartir todos sus descubrimientos con nosotros.
    Sí merece la pena gastar un poco de tiempo con ellos cuando aún nos lo piden. Viene a ser como hablar y escucharlos y educarlos desde que nacen: si no se hace desde bebés, intentarlo cuando tienen catorce años es una tontería inútil. Pues lo mismo en los juegos, en las lecturas, en el cine, en la tele, en la música, en las tardes en que se pueden hacer las albóndigas o un bizcocho, en las que se puede hacer una función o verla, las noches en que se les cantan nanas, los momentos en que se les consuela, los días que se pasa uno diciendo «no, eso no» hasta aburrirse de sí mismo, y los que se ríe el bebé como solo los bebés ríen —con toda el alma— cuando jugamos con ellos a acercarnos corriendo o a aparece de repente tras escondernos… Claro, siempre habrá momentos en que no tengamos tiempo suficiente, pero deberían ser los menos (ah, lo de la conciliación laboral y familiar los políticos deberían tomárselo más en serio y no andarse con parchecitos de pega como las paupérrimas ayudas por hijo o los exiguos permisos por maternidad y paternidad).
    Un beso.

  6. Ah, pero tu artículo se ha independizado y ya no habla solo de eso. Ahora también propone una metáfora general de la vida compartida.

    Ayer en la tardenoche Micaela y yo fuimos a pasar frío por las calle y varios parques y acabó saliendo un juego teatral: ella era el caballo y yo el amo, aunque era ella la que elegía los rumbos. “Fuimos” a los caminos (no a los bosques, que hay cazadores), a la Rogativa (una rambla que lleva de El Sabinar hasta Puerto Alto, debajo de Revolcadores y antes de Cañada de la Cruz; es una toponimia muy bonita, pareja a un paisaje muy bonito), luego a un bar a pedir paja, zanahorias y garbanzos, y luego a una reunión (hace días que Cecilia tiene reuniones seguidas del AMPA local), que fue una reunión de caballos simpáticos (los primeros la querían pegar: supongo que el patio de una escuela, en P3, parece en ocasiones un Alcatraz en miniatura), nos persiguió un jabalí (amigo, como una broma) y luego… me temo que se resfrió tanto que ha pasado la noche devorada por los mocos, en fin. Reforzamos unos hilos con la mala suerte de que, enferma, se nos retrasará el trabajo y para recuperarlo habremos de cortar otros.

    Pensé que buscaría la forma de contarlo en el blog, aunque fuera en un comentario, porque fue toda una obra teatral imaginada por una niña de 4 años, a partir de retazos de los cuentos, la escuela, la vida de sus padres y la vida cotidiana (los garbanzos, por ejemplo, son su pesadilla, de modo que en los cuentos siempre los da a comer; supongo que con la esperanza de acabar lo antes posible con todas las cosechas de garbanzos del mundo).

    Sus cuentos también cambian según sus miedos: antes no “íbamos” al bosque porque había lobos, ahora ya se convenció de que aquí no los hay; aunque tiende a confundir Ávila con África, con toda una lógica de los monstruos, ya que siendo África tierra de cocodrilos y leones, los lobos ya le pegan. En el mismo aprendizaje del miedo hay dos juegos que le encantan: el escondite en el bosque (sin alejarse demasiado del camino) y el paso del callejón oscuro: si le ofreces ir, se arredra y protesta; si no se lo ofreces, te mira con ojos gamberros y te lo propone ella.

    Un abrazo

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