Sagas de superventas y cine desde la perspectiva de un librero

Juan José Barrionuevo, librero y responsable de la librería malagueña Li-bri-tos, habla en esta breve entrevista sobre los libros más vendidos, la importancia del cine y el peso de las sagas en la selección de los jóvenes lectores. Lo del cine puede ser relativamente novedoso (hace veinte o treinta años no se hacía tanto cine comercial para jóvenes originado en adaptaciones de novelas, o en novelas directamente cinematográficas, como hoy abundan), pero no creo que lo sea lo de las sagas: en mi casa solíamos pedir «otro de los Hollister», «otro de Los Cinco» (o de los Siete Secretos, o de las Torres de Mallory) u «otro de Julio Verne» (o de Sandokán); y para mí fue una frustración saber que la serie de Kásperle concluía en el tomo siete. En mi caso, por no salir del mar, de Salgari pasé a London y de ahí a Conrad y vuelta a O’Brian. No me gusta Paolini, la verdad, pero no me atrevo a decir que Enid Blyton fuera mejor, ni desde luego lo eran sus traducciones.

Aun así, aunque sea exagerado rasgarse las vestiduras, tampoco es delito cambiar de punto de vista con el tiempo, y hoy me da cierta pena leer estos pasajes:

¿Y los clásicos? No ya los decimonónicos victorianos como Lewis Carroll y Charles Dickens, sino los del siglo XX, como Roald Dahl (Matilda, Las brujas, Charlie y la fábrica de chocolate) y Michael Ende (La historia interminable, Momo). ¿Se venden aún? José Barrionuevo responde tajante: no. «Muy poco. Sólo vuelven cuando los recomiendan como lecturas en las escuelas o cuando se hacen películas, circunstancia que las editoriales aprovechan para relanzarlos».

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9 Respuestas a “Sagas de superventas y cine desde la perspectiva de un librero

  1. Bueno, Darabuc, yo me sacudiría un poco la pena (aparte de la pereza sabatina), en cuanto a lo de las ventas de los clásicos del siglo XX e incluso anteriores: que no se vendan no quiere decir que no se lean. Por ejemplo, en mi casa, de Roald Dahl teníamos bastantes y también los dos de Michael Ende que cita José Barrionuevo. De lo que me alegro, porque siempre he preferido que lean o leerles el libro antes de que alguien les traiga la versión en cine o en teatro o en lo que sea, pero versión audiovisual que te impide imaginar voces, escenarios, personajes y caras.
    Por supuesto, lo que se va publicando ahora, no hay otra forma de hacerse con ello más que la de sacarlo de la biblioteca, cuando está (y muchas veces, en LIJ, las novedades llegan pronto), o comprarlo. Eso explicaría un tanto el porqué de la mayor venta de los actuales y menor de los clásicos, ¿no?, sin que necesariamente repercuta en que estos se lean menos.
    Y, en confianza, me encanta Tim Burton, pero prefiero la versión de Charlie y la fábrica de chocolate de 1971 a la suya, donde, por cierto, Roald Dahl fue también guionista; aunque prefiero el libro.
    De la saga cinematográfica de Harry Potter, me gusta la música, que ya asocio siempre a los libros, compuesta por John Williams.
    Un beso. Ana

  2. Está claro que el cine y las sagas tienen mucha influencia en los libros que se venden hoy en día a los jóvenes, aunque yo creo que hay una cosa peor que el hecho de que no se vendan los clásicos y es que los jóvenes no “entran” en las librerías, están tan acostumbrados a la compra en grandes superficies que es extraño ver a un adolescente-joven en la librería él sólo, a fisgonear, como lo hacía yo después de salir de clase en mi librería favorita… Y a ese joven adolescente que entra le cuidamos como al que más… porque de él y de otros como él depende que se siga leyendo en este país… aunque sean sagas o adaptaciones derivadas de éxitos cinematográficos.

  3. Me pilláis a punto de salir de viaje (aunque el blog continuará a su ritmo gracias a la programación) y sin posibilidad de extenderme lo que me gustaría. Primero, me alegra de tener la opinión de una librera. También desde bibliotecas (y bibliotecas bien surtidas) me han dicho varias veces cómo a determinada edad una mayoría huye de los libros. Ahora bien, una librería con tanto peso del cine y el cómic debería ser aún más atractiva para esas edades, porque sin duda son géneros muy flexibles, atentos al presente, transgresores muchas veces, y al mismo tiempo con un gran fondo clásico (que se puede usar como otra forma de rebelión juvenil contra el presente), mientras que la biblioteca está poco asociada con la transgresión. Eso me preocupa más, personalmente, aunque también me pregunto: ¿quizá ese fisgoneo nuestro ya era minoritario en nuestro tiempo? ¿Hay de veras menos adolescentes curiosos con el libro? Porque si por “grandes superficies” entendemos la librería del hipermercado, esta se termina pronto, no puede satisfacer a los curiosos.

    Un abrazo

  4. Hola Darabuc, espero que tengas un buen viaje y un estupendo regreso, ya me contestarás cuando regreses con más calma porque el tema lo merece.

    Este es realmente un tema preocupante que está en boca de casi todos los libreros que tenemos una libreria pequeña-mediana y que vemos como nuestra clientela es básicamente gente adulta o niños acompañados por adultos.

    Existe un vacío gerenacional de lectores que evitan las librerías y acuden a otros lugares (estoy pensando más en la FNAC que en los hipermercados como tales) para encontrar lo que buscan y yo creo (es una opinión particular, desde luego) que es principalmente porque se han acostumbrado a esa forma de consumo en la que el trato personal no existe, ellos van, miran y se lo llevan, en una gran superficie nadie les dice nada ni están obligados a hablar, el cajero les cobra y ya está…

    En cambio un espacio reducido como una librería les impone, aunque nosotras no preguntamos nunca a nadie si no nos preguntan e intentamos interferir lo menos posible con el cliente si él no quiere, pero los adolescentes (pienso más en ellos que en los jóvenes veinteañeros) se sienten incómodos en ese espacio. Aunque pongas música, haya libros de cine, posters, postales, figuras, cómics, y casi todo lo que puede desear un joven-adolescente, ni tan siquiera entran, no lo sienten como su lugar…

    Otro tema que creo que influye es la ausencia de una literatura adecuada para esa franja de edad, hay mucha literatura infantil, mucha literatura para adultos, incluso para jóvenes (veinte-treinta años) pero ¿para los adolescentes? Siempre es un problema recomendar alguna lectura a un adolescente…¿Qué le recomiendas? ¿Lecturas de adulto? ¿Cómics? …

  5. Tengo algunos ratos de conexión hasta el miércoles, aunque el tema da para mucho.

    A mí me gusta hablar de estas cuestiones haciendo de abogado del diablo, para dejar atrás el lamento (por fundado que sea) e ir investigando en posibles soluciones o pasos adelante.

    Por un lado, creo que la sociedad ha dado un paso de la tienda al supermercado y al híper, y eso no tiene vuelta atrás. Yo crecí en ciudad y por lo que fuera me sentía más cómodo en el súper que en las tiendecillas que en Barcelona se llamaban “colmados”. Es probable que una librería deba disponerse de forma que invite a pasar y curiosear como quien pasea por la calle, con un punto de información claro (y habitado y experto, a diferencia de los híper), pero no necesario: disponible y evitable al mismo tiempo. Diría que la mayoría de las librerías modernas ya son así, y quizá más aún las especializadas.

    Por otro lado, y en la misma línea de abogado del diablo: creo que la Fnac está bien montada. En ocasiones encuentras responsables que saben (más que en un híper o una cadena, al menos; hace poco me he hecho eco aquí de la presentación de una editorial de calidad, pero muy especializada y minoritaria) y cuenta con el atractivo adicional de la música y la electrónica, que atraen a gente de por sí. Por otro lado, su selección es imperfecta, pero mucho más razonable que la de las cadenas; su fondo es amplio (es una librería grande, sin duda); y puede permitirse muchos libros grandes y bonitos. No sé qué sugerir en este campo en concreto, diría que es un “enemigo” formidable.

    Yo creo que internet da a las librerías (y tiendas especializadas en general) la posibilidad de crear una red de blogs interlazados que multiplica su poder. Se trata de que los libreros habléis unos con otros, comentéis unos en los blogs de otros, incluyáis fuentes rss con las novedades de otros sitios; y eso, enlazado con los espacios de literatura y lectores. Lo he visto sobre todo en la literatura catalana, quizá por su peso minoritario, pero yo paso con gusto de L’Espolsada a L’Illa o La Gralla (y todas son librerías pequeñas, de ciudades poco imponentes) y creo un lazo virtual que me gusta reforzar con el personal cuando es posible. Es crear un espacio colectivo que favorece a todos los que participan en él y debe dar origen a puntos de intercambio en los que los expertos os podáis lucir, por decirlo así, sin que parezca presunción: os lucís porque dais la respuesta idónea, sencillamente. Ahí ni Fnac ni mucho menos las cadenas o los hípers pueden competir.

    Para mí, el caso concreto de la literatura juvenil está lleno de enigmas. Además, es una edad en la que el consejo del igual (el compañero, el colega, el amigo) prima mucho más que el del adulto, sea experto o no. Hay una barrera que actúa en contra de la propia maduración del adolescente, pero que es difícil de salvar: eres adulto, luego no existes. Sin embargo, son (muy) distintos los adolescentes de catorce que los de diecisiete. No sé hasta qué punto las colecciones de mercado (tipo Gran Angular; en realidad, discrepo de lo que afirmas: casi todas las editoriales con infantil tienen también colecciones de literatura juvenil) responden o no a sus expectativas (para empezar, no lo sé porque por ahora mi posición de autor “se corta” antes de esa edad). Diría que los de catorce son niños que no quieren que los consideren como tales, pero aún están muy lejos de los adultos y su literatura (lo que no implica que no puedan leer una parte, pero es muy posible que en general no les diga nada El general no tiene quien le escriba). Aunque lo nieguen, quizá a esa edad la mayoría aún se parte de risa con Mortadelo. El salto mental es muy grande en muy pocos años, aunque en el comportamiento la adolescencia empiece hoy a los doce o los trece.

    Lo veo complicado: la presión social y comercial es tan grande, que en parte se huye refugiándose en el grupo, rehuyendo el trato directo con adultos y, por lo tanto, comprando en las cadenas. Es decir: justo cuando se empieza a disponer de dinero, se forman hábitos de compra que los dirigen sobre todo a los grandes centros no especializados. Imagino que la mayoría se quedarán allí para siempre; las insatisfacciones irán generando un goteo de regreso a la pequeña librería especializada, pero ocurre lo mismo con el cine: hay una diferencia clara entre el cine comercial y el experimental, con canales muy distintos, y estos últimos, mucho más minoritarios y vocacionales.

  6. Cuestiones interesantes las que planteáis. En mi librería ocurre un poco lo mismo; a pesar de que el espacio para jóvenes tiene cierta intimidad, que comparte con la sección de cómic y de adultos para facilitar la transición entre una literatura y otra, los jóvenes no terminan de identificar que la librería pueda ofrecerles algo a ellos. Sí que ha funcionado, con los jóvenes-adultos a partir de 17 a 18 años, cuando he puesto algún escaparate temático de cómic, o ahora el de halloween con la colección de zorro rojo de clásicos de terror ilustrados o el Dr, Jekyll y Mr Hyde de Matotti.
    Por otra parte, y retomando a los clásicos del siglo XX como Roald Dahl, Ende o Rodari, tengo que decir que en nuestra librería sí que podemos decir que son de los libros más vendidos. Funcionan un poco como una serie: una vez que empiezan con cualquier título de Dahl, vuelven a por más.
    Y tienes razón, Darabuc, la única forma que tenemos de competir con los grandes y poderosos es nuestra función de mediadores…
    aunque sigamos siendo, afortunadamente, minoritarios y vocacionales (al menos yo, como peter pan, me niego a crecer).

  7. Hola, Lara.

    Yo no quiero que nadie crezca, si eso ha de implicar perder la ilusión. Por suerte, y dejando aparte los mitos, entiendo que se puede crecer sin dejar de salvaguardar esa ilusión, aunque haya que hacer muchas concesiones al pragmatismo y el realismo. Lo que creo que no conviene perder de vista es que vivimos en un mercado y no se sobrevive a base de ilusión, sino de especialización, buen hacer y (esto quizá no importa menos) difusión de ese buen hacer propio. Porque un lector interesado agradece el trato con una librera o un librero experto, pero antes tiene que saber que existen.

    Por eso mismo, me alegra ver que tu página ha crecido y ya incluye más información de lo que hacéis y los servicios de la librería en general.

    Un abrazo

  8. He tardado en contestarte porque tu comentario es muy denso y he querido darme tiempo para reflexionar. Vamos por partes, en primer lugar darte la razón, como bien dices nuestro tiempo es tiempo de grandes superficies e hipers, yo también voy evidentemente, y nuestra forma de consumir ha cambiado, eso es innegable. También comento anteriormente que nuestra librería es pequeña-mediana pero amplia, con espacio suficiente para fisgonear y no sentirte invadido por el librero. Y evidentemente la FNAC es un gran enemigo con el que únicamente podemos luchar con nuestros conocimientos y el trato personal y especializado al cliente que es lo que ofrecemos las librerías pequeñas.
    Pero el tema de los jóvenes y la lectura es algo como bien dices complicado y, al margen de que nuestros hábitos hayan cambiado, creo que hay un vacío de lectura para 16-18 años, no es que no haya colecciones para ellos, es que como bien dices, yo creo que lo que se publica no cubre muchas de sus expectativas.
    De todas formas nosotros, al ser una librería especializada, contamos con clientes jóvenes y adolescentes atraídos por el cine, pero no son muchos ni suficientes…
    Y añadir que a los libreros, creo yo que en general, nos apasionan los libros y nos encantaría tener tiempo para dedicarnos a otras labores más sociales y culturales relacionadas con nuestra profesión, pero el tiempo manda y lo que nosotros tenemos entre manos es un negocio que nos da de comer…
    Un saludo desde Metropolis Libros

  9. Hola, comiquera. Ojalá este blog quede fuera del tiempo. La reflexión pide tiempo, démosle el que haga falta.

    Conozco por varios libreros la tensión del trabajo diario. Pero ahí, justo, me pregunto si una red de libreros con presencia en internet (una red de blogs, dicho a día de hoy) puede hacer bastante para multiplicar el eco: si una actividad es “solo” semestral o anual pero aparece destacada en veinte o treinta blogs, cobra mucha más presencia y permite más que alguien se anote en su agenda visitar tal librería cuando vaya a tal ciudad (a San Sebastián, como en tu caso, a Gijón, como en el de Lara, a Málaga, como en la nota…). Y en el caso de amistades, puede incluso darse la misma actividad, perfeccionada como a lo largo de una gira, en varias librerías. En el fondo, quizá la pregunta sea si una librería especializada (o cualquier tienda especializada) no debe considerar antes a las otras similares como “aliados” que como “enemigos”. Para mí, lo primero es lo más útil, al menos cuando ya toca lidiar con los hípers, las grandes cadenas culturales e incluso la desidia y el apalancamiento o amuermamiento de una parte de la sociedad.

    En cualquier caso, ánimo y un abrazo. Vuestras librerías son imprescindibles en el tejido social y cuando por la razón que sea faltan en una ciudad, me temo que se nota mucho.

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