Lope de Rueda en las aulas

La formación literaria en los colegios e institutos ha cambiado mucho, con menos peso y menos tiempo para los clásicos. Yo recuerdo, como una de mis lecturas más divertidas de octavo de la extinta EGB, al menos un «paso» de Lope de Rueda, el de «Las aceitunas», que además me llevó a buscar la forma de leer otros. Y vale que era un alumno lector, pero tampoco un prodigio.

Héctor Monteagudo cuenta su experiencia con un grupo de 1.º de Bachillerato, vídeo incluido. Selecciono solo un párrafo, pero el blog, Aguja de marear, contiene mucha más miga:

Por suerte, en una de mis visitas a librerías, encontré Antología de teatro español en un acto, de la editorial Tilde, que incorporaba cuatro entremeses de Lope de Rueda, Cervantes, Quevedo y Lope de Vega, junto con actividades de comprensión y de taller dramático, que posibilitaron un enfoque más rico y motivador de estos contenidos. Para ello, planifiqué en tres fases su aprovechamiento en el aula: la primera requería la lectura individual, silenciosa, en casa, para contestar a las cuestiones de comprensión de los textos y del teatro de los Siglos de Oro en general; la siguiente, cuando el alumno tiene ya la información y una opinión fundamentada sobre los entremeses, era que constituyeran grupos de tres o cuatro personas, y que eligieran una de las obritas leídas para redactar un escrito en el que justificasen su elección y esbozasen, a continuación, el reparto de personajes, vestuario, escenografía, música, etc. Este documento resultaba importantísimo no sólo como prueba objetiva de evaluación, sino como una manera de evitar la improvisación. De hecho, algunos grupos lo solicitaron de nuevo para añadir modificaciones y eliminar aspectos innecesarios en la futura representación. Si volviera a repetir esta experiencia, confieso que diseñaría una ficha que facilitara una elaboración más guiada. La tercera fase fue la puesta en escena para el resto de la clase. Dado que los textos eran complicados, no les exigí que los memorizaran: la lectura dramatizada era suficiente. Cada grupo tenía asignada su fecha (siempre martes, pues la última hora siempre ha sido la más dura), en el espacio físico del aula. El primer grupo representó “La Tierra de Jauja” de Lope de Rueda, bien caracterizados (hasta llevaban una cazuela con un cucharón enorme) y acompañados por música “chill out” que pretendía crear la ilusión escénica del campo. Yo me situé entre ellos, como un espectador más, pero con la libreta del profesor abierta entre las manos. Así observe que del inicial “rollo de clase” que leía en los rostros de mis alumnos (última hora, ya se sabe), pasaban a l de curiosidad (¿Cómo lo harán ahora?) y, finalmente, al del niño que piensa: “Yo también quiero actuar”, o al del adulto: “Yo lo puedo hacer mejor”. Cuando terminaron, comentamos entre todos la interpretación, defectos y virtudes. El saldo fue positivo y animó al resto para elaborar más su proyecto. A la semana siguiente, el aula se llenó de cartones que simulaban bosques, telas que cubrían los pupitres para hacerlos pasar por estrados y disfraces apelotonados en bolsas: chalecos, pelucas, capas, faldas y corpiños. Trajeron hasta videocámaras para grabar sus actuaciones. No tuve inconveniente en darles permiso a cambio de que me hicieran una copia para el Departamento: ahora me apena que no pidiese una para mí. De todas formas, ya no era una tarea de clase (no la sentían así, aunque a mí me tocase calificarla): había nacido el aula de teatro de 1º BAC A.

2 Respuestas a “Lope de Rueda en las aulas

  1. Muchas gracias por la entrada (aunque creo que no merezco tanto). Esta experiencia fue bastante enriquecedora y divertida, que nos sirvió para rebajar la tensión de final de curso. Espero que otros compañeros se animen a poner en práctica el “teatro en el aula”. Por cierto, probablemente sea un lapsus, el nivel al que iba dirigido la actividad era de 1º de Bachillerato, pues los textos eran demasiado complicados para 1º de ESO. Con estos últimos puse en práctica otra actividad relacionada con el teatro a la que dedicaré una futura entrada en mi blog.
    De todas formas, gracias una vez más a “Darabuc” por este honor inmerecido.

  2. Hola, Héctor. Ya he corregido el lapsus de ESO/Bachillerato.

    (Respecto del “honor inmerecido”, es curioso, porque he pensado muchas veces en cómo relacionarse por la red, y mi decisión al respecto afecta incluso a la concepción general del blog, que no suele dar cabida a reseñas negativas, aun a pesar de que me gusta la crítica literaria sin restricciones. Sin embargo, en este caso solo he dicho que tu blog tiene mucha más miga que ese párrafo aislado, y vaya, no veo la exageración por ningún sitio, más bien creo que he sido escueto y lacónico, si no “agarrado”.)

    Me gustará leer la actividad de ESO. El teatro ocupa poco sitio en este blog y poco sitio en general en la LIJ: ediciones, revistas de difusión o análisis, ya no digamos críticas de prensa (en cuanto al teatro infantil, que es otro género distinto de la dramatización de clásicos en el aula, ya lo sé). A mí mismo, en mi parte de autor, me confunde tremendamente. Y sin embargo (o quizá esa sea la razón) es un arte especialmente completo.

    También deben de tener su peso factores más personales que esa voluntad de hacer justicia a un género grande: a mí, personalmente, pensar en “Las aceitunas” o “La tierra de Jauja” me hace volver de pronto un montón de años atrás y hace aflorar de nuevo una sensación de descubrimiento.

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