¿Dónde ponemos los libros?

El otro día, hablando en ocasión de la feria del libro de Murcia con Clara (ella es una de las coordinadoras), me decía con su entusiasmo de costumbre que la pasión lectora no se inculca ni se infunde, no se enseña propiamente, sino que, sobre todo, se transmite. Se contagia. Y que eso va antes y está por encima de cualquier teoría pedagógica.

La pasión es una de esas partes de nuestra vida que tendemos a proteger. Pero la de los libros es curiosa: no pasa por el «ni se te ocurra tocar mi escaléxtric» sino más bien por el «¿Cómo? ¡No has leído aún a…! ¡Pues te lo paso en cuando acabe!». Creo que a todos los lectores nos gusta compartir, departir, consentir y disentir en torno de lo que amamos.

El títere de cuero de Indonesia lo guardamos en una vitrina. El ánfora romana está expuesta en un rincón, protegida por un pie de hierro, pero muy visible. Cada cual traza en su casa el camino amarillo que lleva al visitante a sus tesoros, los que sean. En esa ruta, ¿dónde ponemos nosotros los libros? ¿Estamos dispuestos a comer en la cocina y ceder el comedor, o el salón si lo hay, a nuestra biblioteca?

La pregunta anterior es meramente simbólica, si se quiere (o más para consumo interno que para exposición de la vida personal). Aunque tiene su influencia, porque en una casa de amantes de los libros los hijos tienden a leer más (aunque solo tienden, lo sé, no es matemático). Pero quizá también importa con respecto a los amigos: a la hora de invitarlos a pasar, ¿importa dónde tenemos los libros? Como militancia vital (no como exhibición de encuadernaciones de lujo), entiendo que sí, porque no tiene sentido que la pasión lectora sea privada o se oculte. Y lo mismo ocurre en ese espacio tan denostado, pero tan imprescindible en nuestro sistema social, como es el colegio (la escuela, el instituto). Imaginemos: «Buenos días: este es nuestro colegio, estos son los admitidos del curso 2008-2009, aquí pueden consultar el catálogo de la biblioteca escolar y esta es la lista de libros que habíamos recomendado para el verano. Pasen y lean.»

Por suerte, esta pasión lectora no es imaginaria, es la de muchos colegios, como por ejemplo el IES Bengoetxe de Galdakao. Véanlo si no: esta es su portada, y esta su lista de recomendados de verano (en castellano y euskera y ordenada por edades). Es todo un ejemplo, simbólico incluso, de lo mucho que pueden hacer y hacen en efecto muchos maestros, como bien me corregía hace poco Ana. Añado que me alegra ver que se incluyen en la lista recomendaciones para adultos: leer no debería ser cosa de niños, sino de todos, y en la pasión familiar compartida es donde más arraiga, donde más se contagia.

* * *

Dejo para el final de esta nota quizá demasiado larga dos buenas noticias personales. Una, que el viernes volví a pasar horas estupendas con un colegio (esta vez el Andrés Baquero) a propósito de La vieja Iguazú. A la velocidad con la que desaparecen los libros, y considerando el peso relativamente menor de la poesía, me admira que, pasito a paso, siga despertando interés. No suelo hacerme eco aquí, porque no es el objetivo del blog, pero de vez en cuando no logro resistirme. Y si el programa regional de «Escritores en el aula» va adelante, es incluso posible que el año que viene la viejilla necesite zapatos nuevos, ¡quién se lo iba a decir!

La segunda, que en las subvenciones estatales para bibliotecas de 2008 (pdf) ha entrado la compra de una barbaridad de ejemplares de Ojobrusco, y lo que es mejor, al lado de autores y narradores con mucha más experiencia que yo, como Pep Bruno (Pétala, con Luciano Lozano), Pablo Albo (Un gato en el árbol, con Geraldine Alibeu) o Roberto Aliaga (La tortuga que quería dormir, con Alessandra Cimatoribus). Me pondré de puntillas para la foto. 🙂 Por cierto que a Pep lo vi hace nada entusiasmando a los niños (y guiñando el ojo a las madres y unos pocos padres) en la misma feria del libro de Murcia. También estuvieron Pablo, su no hermano Félix y Pepe Maestro, entre otros, pero mi trabajo, ay, no me quiso dar las horas.

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13 Respuestas a “¿Dónde ponemos los libros?

  1. Yo he de confesar que me gusta recomendar libros, pero no me gusta prestarlos (será mi natural egoista). He perdido muchos libros por dejarselos a alguien, que después olvido devolvermelos. Yo mismo tengo algunos libros que también olvide devolver. La verdad es que cuando presto un libro y me doy cuenta que no me lo han devuelto y, encima, ya no me lo van a devolver me siento como si me hubieran quitado una experiencia muy personal. Ya sé que lo puedo volver a comprar, pero, desgraciadamente (manias que tiene uno), no va a ser lo mismo. Todos esos libros pertenecen a la vida de uno y es triste pensar que se pierden. Bueno, me fuí del tema, pero se me ocurrió una idea para un cuentito ¡Perdón Darabuc!¿ Quizás tambien te di una idea para un apunte? ¿Podríamos establecer una red de contactos de morosos de libros? ¿Quizás descubriríamos que hay una sola persona que tiene todos nuestros libros prestados? Un saludo y perdón de nuevo, me pillo el día tonto.

  2. Hola, Jesús. Como la nota era ya muy larga, he borrado una referencia a los libros que no prestamos o a las personas no prestables, que son dos caras de un problema parecido. Y no creas que todo se puede volver a comprar en un sistema que prima la novedad y no siempre apuesta por la reedición (a veces, ni siquiera cuando hay cierta demanda clara). Aparte, ya que hablas de cuentos, supongo que Presté y Recomendé son dos hermanos de uno de aquellos relatos en los que uno es el apasionado y el otro, el prudente. Según quién lo escriba, tendrá uno u otro final…

    Un abrazo

  3. Me decia mi padre que existen dos tipos de tontos, los que prestan libros y los que los devuelven …..a mi particularmente no me gusta “prestar” los libros, una vez decidido a entregarlo le digo directamente que se lo “regalo”, hay ocaciones en que los recupero.
    En cuanto a la ubicacion de los libros en las casas me parece que hay personas que compran libros -o colecciones- porque son un lindo “adorno”, es comun que les preguntes por uno en especial y te digan: lo siento es que aun no lo he leido …sospechoso no crees ??

  4. Es un tema delicado el del préstamo de libros. Sin ser tan radical como tu padre, Cursor, yo también soy de los que presto sin esperanza de devolución, pero presto. Sobre todo si el libro me ha gustado mucho. Pero al mismo tiempo, hay libros que no prestaría, que tienen, como en las bibliotecas, la etiqueta de “solo para consulta en la sala”. Suelen ser volúmenes a los que he dotado de una valor especial por cómo o cuándo lo compré o leí, porque siempre me apetece releerlos -aunque casi nunca lo haga- Por otro lado, cuando descubro en la estantería un libro que no he devuelto, es como una ventana de recuerdo hacia el que me lo dejo. Al principio, me sonrojo, pero cuando pasa el tiempo, me sirve para recordarle. En muchas ocasiones es el único contacto que me queda con una vieja amistad (vecinos de antiguos barrios, compañeros de institutos…). Y me gusta pensar que quien tenga un libro mío sienta algo parecido.
    En fin, que esta nota da para muchas reflexiones, añoranzas y preguntas.
    Me gusta la idea de que haya una biblioteca de libros prestados y no recuperados por ahí. a lo mejor está cerca de los calcetines desparejados que misteriosamente desaparecen cada dos o tres coladas…

  5. Hola, Cursor, gracias por la ironía, de tu padre y tuya.

    Archie, ¿tienes cien euros por ahí? 🙂

    Releo mi nota y veo que, aun sin haber pretendido hablar del tema de prestar o no, mezclo las dos posibilidades: hablo de prestar (quizá porque caminando por las casetas de la feria, una persona que acababa de conocer me ofreció un libro que decía estaba disfrutando mucho), pero en las etiquetas escribo “recomendar”. Mi parte creo que es de lo más humana y no pasaría a los anales de los puros: me temo que me he ofendido porque no me devolvieran libros que he prestado con reticencia al tiempo que no he devuelto libros que había jurado devolver. Las promesas se hacen sin conocer el futuro.

    Muchas gracias por vuestros comentarios, irónicos, divertidos, apasionados, añorantes, dubitativos y gratuitos.

  6. Hola Darabuc, antes de nada felicitarte por esas dos buenísimas noticias y aunque no tengas por costumbre hacer eco en este espacio de noticias personales, que sepas que a mí me encanta que lo hagas ;).
    Respecto al tema de debate que se ha abierto, decir que me gusta mucho que me recomienden libros, me los presten y prestarlos, así como hacer uso de las bibliotecas…y, aunque haya libros que no me han devuelto -la verdad es que han sido muy pocos-, me compensa con creces todo lo que me aporta este trueque literario.
    Así ha sido cómo he descubierto grandes libros que irremediablemente en mi memoria siempre estarán unidos a quienes me los ofrecieron/cedieron su lectura.
    Un abrazo

  7. Gracias, Fátima. De vez en cuando sienta bien, se multiplica la alegría.

    Es curiosa (pero muy verdadera) esa doble relación de lo que amamos y los que amamos porque nos lo descubrieron. Con la ventaja (desventaja, cuando de doler se trata) de que la raíz de los libros llega muy adentro.

    Un abrazo

  8. Ni más, ni menos. Y por eso siempre merecerá la pena compartirlos…
    Un abrazo

  9. lo de la pasión es cierto, se contagia. Yo entré a la casa de un profesor mio de simulación, es una Casa Tapiada en La Candelaria, barrio histórico de Bogotá. Al entrar notas esa contagiante pasión. Hay floreros por doquier y canastas de frutas, dos caballetes, cojines por montones y repisas de todos los materiales y alturas. y en vez de frutas, cuadros, flores y chucherías encuentras libros, que se abren a tu paso o que ya estan abiertos,exponiendo su interior como una pareja antes del amor. Debo reconocer el gusto con que leí esta entrada y el gusto de ir a casas así, la mia, no es mia, pero ya se parece a un mercado persa de libros. gracias darabuc

  10. Pingback: Una invitación formal a Darabuc « No esperes a que suceda

  11. Hola, Caycedo. Tu descripción da ganas de haber estado allí en ese momento. La letra despide olor a descubrimiento, a nacimiento de la pasión.

  12. efectivamente el panorama de la lectura no es alentador, pero suele ocurrir como cuando se trata del teatro, que siempre está en crisis (comentaba el inolvidable Fernando Fernán Gómez que el estado natural del actor es estar parado). En nuestro centro, IES Vega del Guadalete, queremos estimular la lectura con actividades, guías, ferias, exposiciones … y sobre todo leer en clase y casa. A través de la página de nuestra biblioteca http://www.msquelibros.blogspot.com, tenemos una ventana abierta a la comunidad educativa. Espero que alguna vez os asoméis a ella.

  13. Es un blog muy rico, Andrés, felicidades y muchos ánimos para continuar con él.

Comentarios

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