Sobre el “Mundo de tinta” de Cornelia Funke

No suelo hablar aquí de superventas, por varias razones. La primera y quizá más evidente: porque no hace mucha falta ir engordando bolas de nieve. La segunda y más compleja: porque no suelen gustarme y aún no he decidido si es un defecto de lector, más allá de mis derechos, de Pennac y lo que queráis alegar como bandera (no hace falta, o no me hace falta a mí). Digamos que no me satisface que no me gusten libros que atrapan a muchos, ni la pose del esteta, ni el Yo Leo Selecto, o vete a saber qué. Haciendo una oposición de lógica imperfecta entre el literato engreído y el lector de best-séller, me vería obligado a quedarme con el segundo.

Lo digo porque quizá con cerca de un año de blog vale la pena que comience a explicar algunas ausencias, sin que eso signifique ni por asomo, claro está, que se pueda hacer ecuación entre lo que “no está” y lo que “no me gusta”. Ni en una vida lograría hablar de los muchos libros que me gustan.

Respecto de Cornelia Funke, mi trayecto personal es este: leí entretenido El jinete del dragón y con curiosidad y cierto pique Corazón de tinta. Pero del segundo volumen del Mundo de tinta no pasé de la mitad, de puro hastío, y el tercero no creo que lo abra. Una crítica reciente de Gustavo Puerta explica bien lo que me sentí: «Muerte en tinta se mantiene coherente a los dos títulos anteriores. Sólo que una vez leída las 1274 páginas que la preceden, con las 704 restantes uno se pregunta si literariamente se justifican tantas páginas para decir tan poco. Más allá de tanto trepidante suceso y de tantas palmadas en el hombro del lector, no hay una cosmovisión que tenga la solidez suficiente para cimentar las bases de un edificio tan pesado. La alegoría que dio origen y sentido a la saga hace mucho que se agotó y como lector uno se siente más en un agotador parque temático que partícipe de un universo paralelo.»

Efectos especiales sin sustancia, en el fondo. A mi modo de ver, el cine de consumo explica muchos de los defectos de la literatura de consumo: aunque en la olla hay de todo, el gusto de la sopa se olvida al poco tiempo y uno prefiere guisados menos ambiciosos de apariencia, pero más gustosos de experiencia.

Lo cual tiene que ver con un libro en preparación, pero lo siento, aún falta bastante para que pueda invitaros a comer.

10 Respuestas a “Sobre el “Mundo de tinta” de Cornelia Funke

  1. Mi opinión sobre Funke y en especial sobre la trilogía mencionada camina bastante a la par con la tuya y la de Puerta Leisse. Este tipo de libros me ayudan a organizarme la vida, ya que mientras los leo me doy cuenta que en lugar de adentrarme en su mundo estoy pensando si he comprado todo lo que necesitaba en el súper…

  2. Iris:

    Creo que me reconforta tu opinión. Otra razón para no hablar de best-séllers es que muchas veces los mensajes de comentario son furibundos, como si se hablara de política, o de un Barça-Madrid. Y aunque ese estilo existe sin duda cuando se habla de Letras, y en algunos casos también de LIJ, no me atrae ser ni nyerro ni cadell.

    Espero que también haya comentarios que me aclaren qué le encuentran muchos lectores a los tres volúmenes de la Funke. Para mí es un misterio, en el buen sentido de la frase, o sea, sin matices despectivos.

    Un saludo cordial

  3. Mi hija mayor se ha leído la trilogía. Me cuenta que le entretiene; que le gustó el primero, aunque no le encantó, pero que los siguientes los leyó por el mismo motivo, entiendo, por el que nosotros leíamos los de Los cinco o Puck o Misterio en… o Los Hollyster: para reencontrarnos con los personajes, supongo. Los conocemos, son previsibles, nos han dado momentos entretenidos, sabemos, como me dice mi hija, qué nos vamos a encontrar del principio al fin: sí, es lig(j)eratura. La diferencia es que ahora no es, como antes, cronológicamente indiferente su lectura (bueno, a veces no era así con el primero de la serie o el último; leed, si no, Las mellizas en Torres de Mallory, Puck colegiala y Adiós, Puck), sino que en vez de escribirse colecciones más extensas que se pueden leer en desorden, se tiende más a la trilogía o tetralogía que obliga a un orden en la lectura, pero creo que tienen más que ver, muchos de ellos, con estos de nuestra adolescencia, de puro entretenimiento y escasa calidad literaria, que con libros realmente estupendos. Lo mismo se podría decir del fenómeno Harry Potter: de hecho transcurren en un internado, el lacrosse se convierte en el quiditch, hay profesores injustos, hay niños buenos y niños malos, no faltan los enamoramientos… hasta las golosinas y platos que aquí son algo distintos (cerveza de mantequilla, grageas de todos los sabores) tienen tradición en los de Torres de Mallory y otros. Se le añade la magia, el peligro se agrava (situaciones de vida o muerte la verdad es que en estos típicos de mi adolescencia no había) y la secuencialidad. Pero lo demás, se parece muchísimo. Si acaso, la narración ahora es más visual, menos descriptiva, y la acción es más trepidante. Pero no es raro, teniendo en cuenta que el público al que va destinado proviene de un mundo audiovisual, como es la tele y el cine, cuando no interactivo, como el de los juegos de consolas y ordenadores.
    Yo no creo que estos libros sean ningún problema: a veces introducen al chico en el mundo de la lectura de libros “de más páginas” y le hacen perder el miedo al “tamaño”, al “grosor” del libro. No comparto la idea que tienen algunos de que el que lee Harry Potter se quedará en ese tipo de libros. Y no la comparto porque, en mi hija mayor tengo el ejemplo perfecto de que no es así. Ha pasado a muchos, muy buenos, aunque de vez en cuando regrese, como esta vez, a un entretenimiento. Bah, y quién no.🙂
    Un beso.

  4. Hola, Ana, mil gracias. No comprendo cómo hay blogs que no admiten comentarios. Enseñan mucho, en el buen sentido, los límites de lo que has escrito, casi debería decir propuesto.🙂

    Primero: ahora veo que, en este caso, pensaba en lectores adultos. No me gusta juzgar el criterio de los lectores jóvenes o infantiles, porque está esencialmente en formación. (También el de los adultos, siempre. Pero en este caso, ya sujeto a una crítica tan feroz como haga falta.)

    Por otro lado: yo no considero a la Funke “la Rowling alemana”, como dice la prensa, en el sentido de que veo mucha distancia entre la serie de Mundo de tinta y la de HP. Esta última la he leído completa, en ocasiones con voracidad. Le veo repeticiones, momentos fallidos, sátiras algo pesadas, no sé. Pero el conjunto me parece muy superior, pese a estar tramado sobre el modelo Blyton y pese a quedar aún muy lejos de Tolkien.

    No tengo claro, por falta de datos, si estos libros hacen lectores o no. Tengo la impresión de que sí, en una parte. Yo crecí leyendo vorazmente a los Hollister y Enid Blyton y ahora leo vorazmente otras mil cosas. Me sirvió de paso en la escalera de la complejidad (incluida la falsa sencillez, que es quizá la complejidad suprema). Mi bibliotecaria dice que no, que hay mucha gente que viene a por los Potter y a por nada más. Pero es tan pesimista en general que desconfío de la fuente, digamos. En cambio, mi bibliotecario (es que tengo la parejita, jeje, pero al estilo marinero de interior: uno en cada pueblo) quiere que la gente vaya (incluso con la excusa de la música, las películas o la conexión a internet) y luego ya buscará la forma de picarlos. Es posible que esa “ligeratura” cumpla su función; y la de perder el miedo a la extensión no es baladí, a juzgar también por las palabras de otra bibliotecaria, que me contaba que, cuando ofrece escoger entre tres libros, en el 90 por 100 de los casos el lector infantil o juvenil se lleva el más fino. En nuestro club de lectura de adultos, por último, había quien solo leía novela histórica a lo Ken Follett y luego ha podido con El perfume o 1984.

    No me extiendo más, que esta parte del espacio es más vuestra que mía.

    Aún me gustaría, si es posible, seguir sabiendo qué le encuentran los lectores de apasionante a la serie de Mundo de tinta.

  5. (Luego se me ha ocurrido más claro con una imagen: la diferencia entre la nota de un blog y un artículo de un medio cerrado es como la que existe entre un partido de tenis imaginario y uno real. En el real, la pelota no solo se obstina en dar poco en la línea, sino que el contrario te la devuelve más de lo que imaginas… y quizá él sí da en la línea. Tenis intelectual, claro.)

  6. Yo me leí Corazón de Tinta en su momento, porque otros libros de C Funke me habían gustado, y Corazón… me pareció un gran sorpresa, ya no por la técnica narrativa (3ra persona, sin complejidades ni saltos en el tiempo, etc), pero el argumento es lo que atrae, el poder que tiene Meggie para poder sacar con su lectura un elemento de entre las páginas del libro que lee, o poder incluso meterse ella misma en el libro…
    Pero me leí después Sangre de tinta y ahora estoy con Muerte de tinta, y me parece que ha perdido mucha de la frescura y la originalidad del primer libro. En el segundo, si hay un chico y una chica, de la misma edad más o menos, se tienen que enamorar y gustar… hay buenos y malos, mucha descripción (muy bien ambientado, sí, pero quizás ralentiza el relato) y menos complicaciones para los personajes que en el primer libro. De todas formas, Cornelia no deja de ser una estupenda escritora, que sabe manejar los personajes y las tramas y que tiene una imaginación para nombres y lugares que supera con creces a JKRowling y su HP. Yo tampoco compararía a Funke y JKR, son completamente distintas …😉

  7. Gracias por tu comentario, Nerea.

    Yo creo, personalmente, que Corazón de tinta partía de una idea muy buena y bastante bien realizada. Es una idea muy sugerente, la de que los personajes pueden cobrar vida literal y que, a la vez, según quién reviva, esa magia puede ser una maldición. También creo que el principio atrapa, al abrirse a medio enigma, y la organización de la trama es acertada. Lo aclaro porque no he señalado lo que le vi de bueno y ese “cierto pique” es muy tibio, fruto ya de mi decepción posterior.

    Es cierto también que maneja muy bien los nombres. Pero hay que pensar que en lo que leemos en castellano hay una diferencia: los nombres de la Funke son literales y se han traducido, los de HP son alusivos y, por desgracia, no se han traducido. Por dar solo dos ejemplos: “Slither” es el deslizarse de la serpiente (de ahí, Slytherin); Snape es “severo” de raíz, es casi serpiente (snake-snape) y uno de los sentidos del verbo “snape” es “contener” (Snape contiene mucho su carácter y lo usan para contener a Voldemort).

    Más allá de eso, las comparaciones son más cosa de una prensa que sabe muy poco de LIJ, creo yo.

    Un saludo cordial y gracias por tu comentario

  8. Ja, Gonzalo, este verano me he puesto al día en las trilogías y series juveniles: Corazón de tinta, Crepúsculo y las dos que le siguen (que no puedo evitar comparar con Memorias de Idhún, salvando muchas distancias), El amuleto de Samarkanda y los otros dos… Ya iré poniéndolo en el blog.
    Un beso.

  9. Muy buenas a todos. Soy una lectora empedernida y una gran fan de Cornelia. Su último libro, Berta y Búha, que acaba de salir, me está encantando. Casi lo he terminado y se lo recomiendo a todo el mundo. Por cierto, ¿sabéis que la película Corazón de tinta ya se ha estrenado en el extranjero -yo escribo desde España- y aquí se estrenará en primavera? Seguro que no tiene desperdicio. Un saludo para todos

  10. Hola, Berta, gracias por tu comentario y la información. Un saludo

Comentarios

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