Hacerse un hueco no es fácil, por el Perich

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Comenzar en el mundo de la ilustración (al igual que mantenerse, quizá) no es fácil. El Perich lo contaba con humor: «Convencido de que mi camino ya estaba marcado, me lancé como una fiera a invadir con mis dibujos el mundo editorial… Por desgracia, los resultados no fueron los esperados».

Para la mayoría de los escritores, a juzgar por mi experiencia y las que conozco, no es muy distinto. En tiempos de correo electrónico o envíos postales, sin visitas puerta a puerta, mi «estadística personal» sería por ahora algo así:
– 90%: No responde
– 6%: Es demasiado complejo
– 2%: No está en nuestra línea
– 1%: Lo hemos seleccionado, ¡felicidades!
– 1%: Nos ha parecido estupendo y encaja la mar de bien

Ese 2% último ya da para muchas alegrías, así que, que nadie se desanime… Es cuestión de echarse a rodar y no imponerse metas ni esperar grandes reacciones a nuestros primeros trabajos, quitando importancia a las negativas y acumulando ilusión con las alegrías.

La viñeta está tomada de Así lo vio todo el Perich, Ediciones B, 1995.

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16 Respuestas a “Hacerse un hueco no es fácil, por el Perich

  1. Gracias por esta reflexión. Ahora mismo me encuentro en una situación muy parecida a la de la viñeta: con tres o cuatro historias debajo del brazo -alguna de ellas “demasiado compleja”- y llamando a puertas.

    Y me apunto sin condiciones a eso de no imponerse grandes metas. La mía: divertirme y satisfacer la necesidad de contar.

  2. Hola Gonzalo.

    Estoy de acuerdo que el mundo de la escritura es idéntico a lo que cuenta El Perich. En mi peregrinaje por las editoriales he tenido experiencias de todo tipo. Desde que me lo han rechazado directamente sin leer una sóla línea, hasta los que me han contado confidencialmente que sólo leen la página del principio, la del medio y la del final, porque tienen tantas que…, pasando por los que me han susurrado: no te quejes que la tuya ha pasado hasta los últimos filtros, ya con eso puedes estar contenta. Los hay que la han tenido un año sin decirme que no abiertamente y dándome esperanzas para después rechazármela. En fin, he comprobado que no es garantia de publicación el ganar un premio o llegar a finalista. Por eso estoy muy de acuerdo con el anterior comentarista. Escribo porque quiero, me gusta y lo paso muy bien . Si además mi escritura les gusta a otros, el sueño es completo .

  3. Archie, te deseo la mejor de las suertes.

    Personalmente, añado que me agobia esa voluntad de reducción de la literatura infantil a la literatura fácil, cuando la literatura debe dar respuesta a las dudas, ansias e inquietudes, y el mundo de los niños no es nada fácil (no lo es para ellos, para empezar). Eso es lo que llevo peor, puestos a reconocer. Y del resto, escribir por placer, historias en las que crees con formas que no se rinden a la comercialidad pura, sino que responden, en lo posible, a la exigencia de la propia historia. Al menos, con eso, lo que nadie te puede quitar es la felicidad…

    Luz, para la parte práctica de la nota, dices una cosa muy importante: son muchas las editoriales que leen solo el principio (y quizá el final o alguna cala). De modo que el que desee presentar un original a la lectura, debe cuidar muy especialmente esa primera o primeras páginas. Claro está que esto responde también a un modelo de best-seller, pero quién sabe: Momo o La historia interminable fueron best-seller y su calidad está fuera de toda duda.

    Un abrazo y también la mejor de las suertes.

  4. No comento como escritora porque no lo soy, pero conozco historias muy buenas rechazadas por demasiado complejas y como veo que aquí os ha pasado, me pregunto qué querrán decir con eso los lectores profesionales: ¿demasiado complejas para los lectores? ¿Demasiado complejas para una línea editorial de historias ya acotadas que no dejan paso a una sorpresa? ¿Demasiado complejas para que luego, si se convierte en un buen negocio, se saque una serie?
    Especialmente en literatura infantil y juvenil parece que les gustara, como apunta Darabuc, la simpleza: simpleza hasta en los problemas, porque si se lee un libro juvenil que trate de problemas juveniles, tiene que tratar un problema concreto —anorexia, racismo, alcoholismo, violación, embarazo no deseado… la lista interminable— y hacerlo de una manera pedagógica aunque el libro parezca presentarlo en toda su crudeza. Es más, muchas veces, un caso que una historia.
    No sé si es que los editores nos consideran simplones y ramplones a los lectores.
    Un beso.

  5. Hola, Ana, la verdad es que no lo sé. Por un lado, no pocas veces hay discrepancias entre lectores y editores, cuando los primeros son externos. Por otro, quizá un escritor novel peca más de una vez de abarcar mucho y apretar poco. Dejo eso para el lado del hábeas corpus. 🙂

    Pero en general, estoy de acuerdo contigo. Hay quizá dos grandes peticiones en el mercado: aventuras (a veces, según la moda: magia, medieval, dragones…) y monotema social (en muchísimas ocasiones, según las noticias). Supongo que eso simplifica sobre todo las categorías de la distribución y la referencia posterior. ¿Surge un problema de acoso en la escuela? Novela de acoso que se llama ¡Acoso! y, por alguna extraña casualidad, obtuvo el premio X.

    Me anoto, además, esa definición de que ciertas novelas “muchas veces, son más un caso que una historia”. Creo que en pocas palabras da en la diana.

    Tampoco es fácil saber mucho más, porque en un principio, la respuesta, cuando llega, suele ser parca y quizá insincera. Una de las formas más objetivas de conocer los medios de valoración reales de las editoriales está en los comunicados de prensa posteriores a un premio, cuando se ensalzan los valores del galardonado. (Aunque hace falta leer el libro, porque algún “modelo de estilo” me ha parecido, tan subjetivamente como se quiera, digamos por debajo de ese carácter modélico.)

    Al menos, en la literatura infantil y juvenil hay menos premios de encargo, aunque barrunto que alguno hay.

    Un abrazo

  6. Acaba de pasarme algo relacionado con esta “conversación”. Tengo encima de la mesa de una editorial una novela infantil (8-9 años). El caso es que después de hacer algunos cambios sugeridos por ellos, he mandado el nuevo manuscrito y esta tarde me han respondido diciendo que la trama es demasiado simple y previsible. Puedo deciros que las niñas de esa edad que lo han leído se han divertido e incluso han terminado jugando a ser los personajes de esta historia. Y no creo que sea tan previsible o simple. Tampoco ellos me lo han transmitido.

    Por otro lado, desde la editorial me han “sugerido” una nueva trama complementaria con todo lujo de detalles. En este momento, de la idea original que les propuse, queda un 75%. Siento que se están metiendo demasiado en mi trabajo y me pica el orgullo pues siento que me convierto en un escritor de encargo. Al mismo tiempo, me hago una doble pregunta:
    ¿Es sólo orgullo?¿Será que como es mi primera experiencia editorial vivo en un mundo de ilusión y en el real este grado de intervención de la editorial es de lo más normal?

    Y ¿hasta que punto merece la pena ceder a las exigencias a cambio de hacerse ese difícil hueco?

  7. Me alegro, Archie, de la parte buena. De la parte mala, y sin pretender para nada echar jarros de agua fría, ten en cuenta lo que decía Luz: hasta que el libro no se comienza a distribuir (o al menos, hasta que se imprime), no se ha llegado a la meta.

    Respecto de la pregunta sobre el mundo real y el ideal, lo que yo puedo aportar es mi experiencia, sobre todo. Un primer editor me hizo una sugerencia bastante útil, que yo acabé transformando a gusto: él me pidió algún tipo de explicación más clara sobre lo que era el Infinito, y aquello acabó convirtiéndose en una adivinanza (en La vieja Iguazú.) Lo digo porque a veces un encargo se puede resolver bien, en el sentido de que a uno lo convenza, a uno mismo, además de al editor.

    El caso de Ojobrusco es más complejo y quizá merezca una nota propia, no sé. Por un lado, hubo varias propuestas de reducción, sobre todo de vocabulario, variedad y posibles redundancias (o elementos que aportaban demasiado poco). Por otro lado, una serie de discrepancias estilísticas, que nacían, para empezar, de que la editora y yo hablamos castellanos no idénticos. En general, no acepté (ni me impusieron) nada que no me satisficiera, aunque el libro vino y fue hasta diez veces (pese a su brevedad). En algunos detalles, la versión que cuento se sigue aproximando más a la original que a la impresa. Pero ese es otro factor propio del álbum, que hay que considerar aparte: un álbum se cuenta *y* se lee-mira. No es la misma lengua, no exactamente.

    Añado que en los libros que traduzco (muchos de ellos, prescindibles, desde un punto de vista de calidad literaria), la intervención editorial es tan alta, que corrijo aceptando por defecto.

    En suma: creo que sí, que las editoriales intervienen mucho. La diferencia entre el “mucho” y el “demasiado” es esencial y no se puede obviar. Si tu novela revisada no te convence, salvo que convenza a gente de la que te fíes lo suficiente, no me parece sano ceder a las exigencias. El hueco ha de ser el tuyo. Para empezar, porque el mercado es tan amplio, que luego es difícil moverse de “nicho”, como dicen los expertos del márqueting. Ahora bien, yo personalmente soy partidario de aceptar aquellas propuestas que entiendo que no desvirtúan mi concepción literaria. Para no dejarme cegar por la vanidad o el orgullo de autor, como bien dices. Y porque un buen lector que te lee desde fuera puede aportar mucho. ¿Es tu editora buena lectora? ¿Pone el ojo sobre todo en la calidad o en la comercialidad? ¿Sabe quizá conjugar las dos cosas? Ah, las preguntas del millón… 🙂

    Un saludo cordial

  8. Hacerse un hueco no es fácil, pero… Hablo del mundo de la LIJ, que es el que conozco un poco desde la experiencia que da el escribir cuentos (también) para niños, buscar ilustradores que los iluminen y peregrinar de editorial en editorial intentando que esos proyectos (un tanto por ciento muy pequeño, como dice Darabuc) salgan del cajón.

    Bueno, lo primero de todo: disfrutar del camino sin pensar demasiado en la meta. Disfrutar mientras escribes (a ser posible sin pensar en niños, ilustradores ni editores), disfrutar de las imágenes que te van enviando… porque luego llega la parte azarosa, que es el más que probable rechazo editorial (y, eso, con suerte, que puede ser que ni se dignen responderte), casi siempre por las estereotipadas y ortopédicas razones que exponéis aquí. Las calabazas no saben dulces, pero hay que saber aceptarlas, es muy importante aprender a aceptarlas.

    Pienso que hay mostrar los proyectos, los textos, a otras personas antes de emprender el vía crucis editorial. No podemos caer en la soberbia de darlo por terminado antes de que otros, los que pueden hacer crítica constructiva (sin dejarse influir por los vínculos que les unan a nosotros), lean y nos den su opinión. Toda opinión debería contar para nosotros, todas son valiosas. Las escuchamos, pensamos en ello, y luego decidimos, en libertad, si debemos o queremos cambiar o no algo del texto.

    Las editoriales no son oenegés, eso ya lo sabemos. Se mueven, deciden, por criterios comerciales las más de las veces. Pero también existen editoriales que se enamoran de proyectos “difíciles” de vender, y se arriesgan a editarlos. Es una suerte y una gran esperanza para los que no escribimos con tinta rosa.

    No me atrevería a culpar solo a los editores de que algunos proyectos que tratan temas “peliagudos” no salgan a la luz. Pienso que algunos mediadores (padres, maestros…) se “asustan” ante las preguntas de los niños, tienen miedo de no saber responder a cuestiones cotidianas pero “especiales”. Si ellos eluden esos libros (el grueso de las ventas de LIJ se lo llevan los coles y bibliotecas, ¿no?) , si no se venden bien, entonces, ¿para qué publicar temas “arriesgados” si no son rentables? Es la pescadilla que se muerde la cola, tristemente. ¿Qué opináis sobre la “responsabilidad” de los mediadores, sobre esta causa/efecto?

  9. Hola Ana

    Estoy muy de acuerdo contigo. El autor ha de saber aceptar las críticas porque de ellas, la mayoría de las veces, se aprende y mucho. Además, como apuntas tú, el autor tienes la libertad de cambiarlo o corregirlo si quiere. También tenemos que se conscientes los creadores que no siempre gustas a todos y que tienen los receptores todo su derecho a decir que no les gustas. ´

    Si protestamos de las editoriales y los editores es porque sentimos que en ellos prima el sentido comercial. Algunos me lo han expresado verbalmente y con toda sinceridad, por eso, algo que saben que no van a vender por lo novedoso, por la falta de nombre y por lo que sea, lo dejan aparte y prefieren ir por lo fácil, pero al hacerlo así y no arriesgarse se pueden perder algunas buenas obras de arte. No obstante, pienso como mucho otros y no es nada nuevo, que es el tiempo el encargado de revindicarlo.

    En cuanto a la pregunta que planteas, los mediadores son fundamentales en la aceptación de la obra. Te podía contar miles de anecdotas, pero soy optimista y cuando algo vale de verdad, tarde o temprano brillará por sí solo.

    Espero no habero aburrido con mi “perorata”

    Besos para todos.

    Por otra parte hay que tener en cuenta que no ti

  10. Leyendoos veo que el camino no es de rosas… pero tampoco de espinas. Lo que pasa es que yo acabo de empezarlo y el primer bache me ha parecido un pozo.Disfrutar de cada paso es una buena clave.
    En efecto, la visión de algunas editoriales es excesivamente comercial. A mí también me lo han mostrado así de claro.
    Se dice mucho que escribir es una tarea solitaria. para mí es fundamental, como comenta Ana, el compartir lo escrito en todas sus fases, a ser posible con alguien que me conozca bien, para escapar de esa vanidad de autor.
    Esta conversación me anima. Muchas gracias.

  11. Hola Gonzalo y demás buenas gentes. Interesantísimo el hilo abierto: el camino tortuoso de la edición, el peregrinaje (aprendizaje) por editoriales que cada cual ha de recorrer, y como casi todo en la vida en solitario. Aunque contemos con foros tan generosos como el de Darabuc donde tenemos la oportunidad de comunicarnos al respecto, la verdad que se recorre desde la propia experiencia, y esa es intransferible.
    Totalmente de acuerdo con Ana, lo más importante el disfrute creativo, ese es momento especial, sublime diría yo (creo que me entendéis) ,el que no se paga con nada.
    Podría contar alguna anécdota, me quedo con una situación esperpéntica que me sucedió con un ¿editor? cuya editorial no nombraré para no perjudicar a escritores e ilustradores. El asunto es que mi texto le interesaba y mucho, luego vino un calvario de cambios que sugería, y entras al trapo, y luego otro más, y otro, para al final decirte que no le interesa. Es más honrado que te digan que no desde el principio.En fin amigos/as es lo que hay. Deciros que también me he encontado editores que a pesar de no haber publicado con ellos conservo una buena amistad. Saludos. Pedro.

  12. Estaba paseando por la red y he tenido la suerte de llegar aquí, no he leido mucho, unicamente visto de reojo así que no puedo opinar sobre el blog, aunque a simple vista me ha resultado interesante y al ver la viñeta me sentí identificada con el personaje y me he animado a dejar un saludo.

  13. Recibir comentarios es un placer que además me enriquece, pero que los comentarios se crucen, hace pensar que estamos en una mesa en la que no prima nadie, solo charlamos, como en una terraza de verano. Así que gracias.

    ANA, me quedo con dos elementos: primero, esa estupenda elección léxica de “iluminar”, en todos los sentidos de la palabra. Segundo, con la necesidad de la crítica, sin duda. Nos falta la crítica despegada en la prensa (con excepciones contadas) y creo que cuando un lector encuentra un lector entusiasmado, pero crítico, debe echarle el gancho al cuello (camelarlo también se vale, je).

    El tema de los mediadores es una distorsión, sin duda. Muchas veces, se priman las historias que hacen reflexionar por encima de las que hacen disfrutar. Y es un tema espinoso: la mejor reflexión se hace desde dentro, cuando la historia te mueve en conjunto (por su fuerza literaria, para empezar), no solo cuando apela a la lágrima o al sentimiento (que a veces son una especie de chantaje).

    LUZ, gracias por el optimismo. Pero ojalá algunas obras valiosas necesitaran menos tiempo y se las pudiera divulgar cuando aún se puede aprovechar a sus autores para exprimirlos en beneficio público. Lo que no quita que una editorial es por lo general una empresa que, si no aporta dinero a sus accionistas, cierra y sanseacabó. Por eso yo veo ventajas en la autoedición, que no promete en ningún caso un eco más que minoritario, pero garantiza la plena libertad. Crítica y autocrítica, por descontado. Y uno no siempre es el mejor crítico de sí mismo, por mucho que también debe atreverse a decidir y apostar según crea.

  14. ARCHIE, creo que puedo firmar como mío tu estado de ánimo. Rosas y espinas. Placer, crítica ajena y autocrítica. Diversión, estímulo, límites, mercado. Tampoco es tan distinto de la vida en general. La mayoría de trabajos cansan tanto como puedan gratificar. La felicidad existe, pero en dosis, no como condición perpetua. Aspirar y conformarse a un tiempo, en suma. No cejar y tampoco deprimirse.

    PEDRO, supongo que la mayoría hemos visto casos como el que mencionas, en el que después de muchos cambios, se acaba descartando el proyecto. Quiero pensar que, al menos en ocasiones, es el simple descuadre final de la imagen que tiene el escritor y la que tiene el editor, que son próximas, pero al final, irreconciliables. Mi experiencia personal no es muy extensa, pero incluye, con la misma editora, un proyecto trabajado y luego descartado y también un proyecto trabajado y luego editado. Por hacer de abogado del diablo, al menos.

    YOLANDA, bienvenida y gracias por la franqueza. Me anoto tu blog, que no conocía.

    Gracias a todos por los comentarios.

  15. Me paso a saludar, que ayer no lo hice: hola a todos, es un placer compartir con vosotros este hilo largo largo y que tanto daría de sí.

    Solo una cosa, Gonzalo: estoy de acuerdo contigo en que no deberían primar, cuando priman, las historias que hacen reflexionar sobre las que hacen disfrutar. Defiendo que en este mundo tiene que haber de todo y, en los textos, también. Tiene que haber de todo para, entre otras cosas, poder elegir. Lo mío es algo personal, una elección, ni mejor ni peor que cualquier otra. Me interesa contar historias donde haya algún conflicto, por pequeño que sea, pero, desde luego, no pretendo, ni quiero, provocar emociones por el camino más rápido, más fácil, más efectista. La reflexión, desde dentro, como bien dices.

    Tanbién escribo textos más lúdicos, y me lo paso igual de bien, pero tengo que reconocer que me siento más satisfecha, cuando pasa el tiempo y los reviso o los recuerdo, de aquellos en los que los personajes maduraban a través de esos conflictos. Es algo personal, repito, y para nada menosprecio otras maneras de concebir o crear esta literatura, que se escribe también con mayúscula.

    Saludos.

  16. El tiempo es malo para los textos lúdicos. Quizá se nos pega la valoración general por la cual la Literatura casi nunca es la de humor; son mayúsculas y minúsculas incompatibles. Con el tiempo, el Quijote, que hacía desternillarse, se ha convertido hasta en material para las reflexiones de Ortega y Gasset. ¿El tiempo nos enseriece?

    No creo, por otro lado, que ninguno de los comentarios pretendiera menospreciar (si lo ha parecido en mi caso, disculpad). Ni siquiera a ese objeto del amor-odio que es el editor, culpable a veces de lesa comercialidad. Pero al menos en el plano personal, sí me gusta situarme en la preferencia por las historias literariamente bien narradas (sean como sean), antes que por las historias-documento (que aun así, cumplen su función, sobre todo cuando son esencialmente verídicas).

    Un abrazo

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